Queen - The Game

Enviado por Txondo el Sáb, 20/07/2013 - 16:53
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No falla. En el mundillo de la música, raro es el grupo o solista al que no le dé por vivir distintas experiencias, otear nuevos horizontes, dirigir sus trabajos por derroteros de lo más variopinto, dar un cambio sustancial a su estilo... vamos, lo que viene a ser "hacer cosas raras", hablando claramente. A ver qué es lo pasa, qué sale de todo eso, o simplemente comprobar si suena la flauta. Que esta vida es muy perra y nunca se sabe. Y si encima la cosa parece que chifla, pues para qué pedir más.

Normalmente suele ocurrir cuando dicha banda ya está tremendamente asentada y ocupando un lugar privilegiado en el puesto que la ha encumbrado, si bien es cierto que otros casos se han dado en los que el asunto no ha sido precisamente así y tal experimentación se ha dado en otras circunstancias que no les voy a mentar, puesto que no son las que aquí nos ocupan. Así que al turrón, que se me alarga la reseña encima, leñe.

Como les venía diciendo, si además esa formación ya ha hecho gala de una considerable variedad sonora en la mayoría de sus álbumes, a base de pequeñas grandes dosis a modo de una o dos cancioncillas por disco, lógico es que cuando se dispongan a cruzar cualquier límite (auto impuesto o no) la cosa adquiera proporciones inmensas o incluso grotescas. Donde antes había medio cazo, ahora van seis tazas, para que me entiendan.

Tras la exitosa gira de su LP "Jazz", reflejada en el no menos exitoso "Live Killers" del año 1979, nuestros queridos y admirados QUEEN entraban en los ochenta dispuestos a renovarse musicalmente e incluso luciendo un novedoso "look" de macarrillas de barrio, con esa carátula bajo la que editaron su octava criatura de estudio. Hasta Mercury nos sorprendió calzándose su mítico mostacho por vez primera, a pesar de que tal cosa no quedase reflejada en dicha cubierta. Pero sí señores, fue aquí donde uno de los bigotes más famosos de todos los tiempos hizo su gran y apoteósica aparición. Y junto a él, los tan denostados sintetizadores de los que tanto habían renegado en anteriores trabajos, componiendo una obra en la que se volcaban de lleno en la exploración y ejecución de los más diversos estilos, para admiración de nuevos seguidores y enervamiento de sus antiguos y fieles devotos

Ahora bien, dados los músicos que se encontraban tras esta placa, era cuestión de tiempo, o de darle las escuchas necesarias, para que dicho enervamiento fuese disminuyendo notablemente debido a la calidad que atesoraba y sigue atesorando este "The Game". Eso sí, no les digo que no hubiera un sector que no perdonase lo que aquí parieron estos genios y se desenganchasen de su magia, pero en líneas generales la cosa no terminó yendo por ahí. Por lo menos todavía, ya que en cuestión de ventas, éste fue su primer disco en alcanzar el número uno a ambos lados del Atlántico y el mayor éxito comercial de su historia, con lo que indudablemente la cosa cuajó a pesar del radical cambio que dieron.

"Play The Game" abre este trabajo. A priori iba a ser el título de la obra, pero tras unas sesudas meditaciones (o pajas mentales si me apuran) por parte de Roger Taylor, al nombre del disco le quitaron el "Play" y así es como nos lo brindaron. Sea como fuere, esta es la primera canción de QUEEN en la que se incluía un sintetizador y, curiosamente, también es una en las que para nada se perciben las renovadas fórmulas aquí contenidas, dado a que sigue unas pautas muy similares a lo mostrado anteriormente.
Un innovador y breve comienzo da paso a unas notas de piano, Freddie empieza a cantar con la belleza que le caracterizaba y hala, éxito al canto. Y totalmente justificado. Emotiva pieza compuesta por Mercury, en donde su tranquilo desarrollo es reforzado por la desgarradora y eléctrica interpretación de May, resultando así un corte conmovedor, lleno de fuerza y que en vivo lograba reflejar aún más todas las facetas aquí descritas. Por algo fue uno de los cinco sencillos que extrajeron y tuvo la repercusión que tuvo.

Le siguen "Dragon Attack" y "Another One Bites The Dust". Dos cortes de clara influencia Disco/Funk, bastante bien diferenciados.
En el primero, además de usar al dragón para referirse especialmente a una mujer, se funde ese sonido con el del Hard Rock más potente gracias al magistral aporte de Brian, creando así una de las primeras fusiones entre ambos estilos, asentando un poco las bases de lo que algunos denominarían como "Funk Metal". Una pista realmente genial, únicamente realizable por auténticos maestros del gremio, que se añadió a los sucesivos set - list de sus siguientes giras con los previsibles excelentes resultados que, como no podían ser de otra manera, logró obtener.

De la otra poco que no se sepa ya se podría decir. Tema compuesto por Deacon, con gran presencia de su labor a las cuatro cuerdas desde que empieza hasta que acaba y que se convirtió en el primer número uno compuesto por el bajista, a la vez que consiguió alcanzar dicha posición hasta en nueve listas distintas de las más diversas índoles, dentro del panorama musical norteamericano. Incluso emisoras de la llamada "música negra" la pincharon en su día aun sin saber quienes eran los que se encontraban tras aquellos ritmos tan propios de sus hits del momento. Y no es de extrañar debido a lo que aquí nos ofreció el bueno de John, y que no convenció mucho a Roger una vez se dispusieron a grabarla. Sinceramente le parecía abominable al batería la forma con la que tenía que tocar su instrumento, pero dado a que Freeddie se entregó a fondo en esta pieza llegando a cantar hasta el agotamiento durante las sesiones de estudio, como a que el mismísimo Michael Jackson visitó a nuestros cuatro amigos al término de un concierto para recomendar ésta como nuevo single, la cosa acabó por cristalizarse del todo. Es evidente que consiguieron un sustancioso éxito comercial sin precedentes, como también lo es el hecho de que, a pesar de todo esto, la canción resulta de lo más simple y tampoco es que sea una de sus mejores realizaciones precisamente, en cuanto a razones compositivas nos refiramos. Ahora bien, enganchar engancha y todo lo dicho anteriormente a sus bolsillos poco les importó, créanme. Y háganlo también si les digo que aquí no existe sonoridad sintetizada alguna. Todo son efectos creados alterando los convencionales instrumentos, en una muestra más de la impresionante creatividad que atesoran estos artistas.

"Need Your Loving Tonight", "Crazy Little Thing Called Love" y "Save Me" también serían lanzadas como singles. No tuvo mucha repercusión el primero al no ir acompañado de video alguno, y a pesar de ser un dignísimo corte de Pop Rock de lo más animado, firmado nuevamente por Deacon.
Por contra, sí obtuvieron su consiguiente premio los otros dos. "Esa cosita loca llamada amor", compuesta en unos diez minutos mientras Mercury se encontraba dándose un baño y usado como adelanto de este LP, supuso otro de los momentos imprescindibles de todos los sucesivos conciertos del grupo, así como una estupenda incursión en el Rockabilly por parte de estos carismáticos artistas. Grabada en el año 79, y en cuyo video se logra ver a May tocando una Fender Telecaster en lugar de su queridísima hacha de facturación propia.
Con "Save Me" cerraban el álbum, sirviéndonos un nuevo baladón en el que Freddie se desenvolvía cual gacela en sabana libre de depredadores, y que también dejaron plasmada un año antes de lanzar el disco.

Otro conmovedor corte es también el entonado por Brian, "Sail Away Sweet Sister". Dedicado a la hermana que el melenudo guitarrista nunca tuvo, es otro de los mejores rematados de toda la placa, al igual que "Rock It".
Radicalmente distinto este último, y del que llegaron a realizarse dos versiones. Una cantada íntegramente por Freddie que para nuestra desgracia no llegó a incluirse en el plástico dada la cabezonería de su autor, el cual deseaba ser él quien llevase la voz cantante. Mercury interpreta la intro, mientras que Taylor se encarga del resto de la parte vocal, con las consecuentes testiculares secuelas. Nada de voz, pero todo huevos una vez más, para engendrar el que posiblemente sea el corte más hardrockero de toda la obra.
El otro compuesto por él ("Coming Soon") es un alocado y movido temita rockero, que tan sólo logra ser mero relleno de lo más prescindible, junto a "Don´t Try Suicide". Escrita por Mercury esta última, una canción con una oscura letra y una ejecución acorde a ese tenebrismo, por medio de las líneas de bajo y la entonación de la que hace gala y que contrasta totalmente cuando llega el estribillo. Aún con todo, enteramente aburrida, superflua, y de esas que pasan con más pena que gloria a lo largo de todo el disco.

Disco que si bien supuso un cambio drástico en lo que hasta entonces nos habían ofrecido por tal variedad de estilos perpetrada, cuenta con una ejecución y arreglos bastante más simple que la de los anteriores trabajos. Si a todo esto le unimos la notoria comercialidad que ganaron, es posible que encontremos una explicación a las críticas tan duras que cosecharon por un importante sector de la prensa. Aunque si les soy sincero, creo que más envidia y ganas de tocar la huevada había ahí que otra cosa. Y es que es inevitable que cuando uno consigue conquistar el mundo, se produzca un efecto rechazo en buena parte de la sociedad. Si venden es porque son comerciales, y si son comerciales es porque se han vendido. Y no hay más. Vayan ustedes a convencer a esas "cabecitas" de que no es así, que no habrá manera. Es igual que hayan querido explorar nuevas técnicas cansados de repetir viejas y quizás gastadas fórmulas. Poco importa que, sabedores de la formación y el talento musical que gastan, se atrevan a hacerlo poniendo todo su talento para que la cosa no chirríe. Mentes cuadriculadas existen y existirán siempre a las que será imposible hacerles cambiar de opinión dada su extrema y purista testarudez.

Pero no se preocupen amigos. Esas mismas mentes ya les dieron lo suyo cuando editaron el inmenso "Jazz" que precede a este "juego". El paso de los años les ha ido quitando la razón a todos cuantos echaban pestes de ambos plásticos, así que ya no queda otra que postrarse ante los pies de esta colosal banda y aplaudir lo que aquí nos ofrecieron. No será su mejor álbum. Tendrá algunos rellenos un tanto pobres. Se desmarcará del anterior y rockero sonido con el que hacían vibrar al mundo... Lo que quieran, pero calidad derrocha por todos sus costados. Y creatividad e incluso cierta reinvención. Y eso es algo que siempre se le agradece a cualquier artista. Aunque baje un poco el listón con respecto a lo que nos ha ofrecido en anteriores entregas. Todo lo que no suponga rebasar y rebajar el límite, bienvenido sea. Y si bien tal cosa acabaría por llegar, olvidemos ahora eso pues nos encontramos ante una obra perfectamente producida, con un escueto metraje de los que ya por desgracia parece que no se llevan, merecedor de cuatro lustrosas cornamentas. Por lo menos. Que ya vendrían tiempos peores además...

Freddie Mercury: Voz, coros, órgano, piano, guitarra acústica, sintetizadores
Brian May: Guitarras, piano, sintetizador, voz, coros
John Deacon: Bajo, piano, guitarras, coros
Roger Taylor: Batería, percusiones, guitarra eléctrica, sintetizador, voz

Colabora:
Reinhold Mack: Sintetizador

Sello
EMI