Porcupine Tree - In Absentia

Enviado por punhal el Lun, 18/07/2011 - 06:52
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Blackest Eyes – 4:24
Trains – 5:56
Lips of Ashes – 4:39
The Sound Of Muzak – 4:59
Gravity Eyelids – 7:56
Wedding Nails - 6:33
Prodigal – 5:35
.3 – 5:25
The Creator Has a Mastertape – 5:21
Heartattack in a Layby – 4:15
Strip the Soul – 7:21
Collapse the Light into Earth – 5:54

En esta generación digital, se ha cambiado el “modus operandi” del coleccionista. Yo crecí viendo a mi hermano apilar montañas y montañas de discos, colocándolos en sitios insospechados; siempre había una cajita con un cd rellenando los espacios vacíos. Incluso si hago memoria, recuerdo cajones llenos de cintas de cassete (¿se dice así no?) en donde estaban joyitas de Pink Floyd o Led Zeppelin. En cambio, ahora ya no. Todo está en nuestro disco duro del ordenador o en otro soporte digital ajeno. Supongo que tendrá su encanto ir a la tienda y gastarte tu paga en un disquito que ni conoces, descubrir cosas por casualidad, por mera intuición, simplemente porque te guste la fachada del compact disc. Que es loable e incluso satisfactorio tener el formato físico de lo que escuchas, pero para que nos vamos a engañar, siendo hijo de esta sociedad digitalizada, es prácticamente imposible hacer caso omiso a las ordenanzas de tu época y no tener todo bien ordenadito en bytes (qué se le va a hacer). Esta pequeña reflexión viene al caso de esta pieza que pretendo presentar, pues no ocupa un lugar privilegiado en ninguna estantería de mi habitación, no lo guardo en la mesita de noche para tenerlo a mano, ni siquiera está en el tocadiscos con mucha frecuencia. Pero lo escucho habitualmente y, muchas veces, porque antes de ponerme a rebuscar otra cosa, sé que esta música me dará siempre lo que necesito. Y eso es injusto. Está ahí, en una carpeta amarilla, igual que todas las demás, sin destacar nada, a pesar de todo lo que esconde dentro. No puede destacar de ninguna forma, no puede tenérsele cariño a una carpeta amarilla, joder. El caso es que si quiero tenerlo físicamente tampoco puedo, pues viviendo donde vivo a ver dónde coño lo compro. Este hecho, que puedo parecer en un inicio absurdo, hace que muchas veces uno se pregunte los motivos de nacer en estos tiempos, de tener estas costumbres a la hora de consumir música, teniendo todo a mano con un click, que por muy idealista que parezca, realmente a veces se hace una mierda, una experiencia plana y a veces carente de gracia. A saber la de discos que he calificado de prescindibles por saber que tengo infinitos más a mi disposición inmediata por la red. Bueno, uno es pesimista en este aspecto y prefiero optar por ver el vaso medio vacío, cosas de uno.

En fin, “In Absentia”. Un disco grandioso, lleno de matices y el cual me llena de un estado de tranquilidad electrizante. ¿Es que existe alguna canción más especial que “Trains”, por ejemplo? Mi cerebro lo pregunta y mi corazón se lo niega. Como emisario especial de este gran portal (es que desde que puedo reseñar me siento como un Jedi que tiene la fuerza), pues me parece muy buena idea exponerles este trabajo, habiendo visto ya varias referencias a él en foros y comentarios; así aquí una vez tendido los que lo conozcan que opinen y aporten y los que no, ojalá lleguen a descubrir los entresijos de esta maravilla. No estaba muy reseñador yo esta época pero la ocasión lo merece, sí señor.

El artífice principal del grupo es el inglés Steve Wilson, un músico de los que me gustan a mí, inquieto. Centrado este proyecto en el rock progresivo, no ha parado de participar en experiencias y grupos de cualquier índole, incidiendo, eso sí, en el género dicho. Se nota que el chico mamó de Pink Floyd y King Crimson, entre muchos otros. Colaborador habitual de la escena, se pueden destacar entre sus amigotes a Opeth y Anathema, casi nada. De hecho, su amistad con Mikael Akerfeldt es de sobra conocida, inspirándose el uno en el otro y pudiéndose apreciar ciertas similitudes en sus obras, salvando las distancias evidentemente (no olvidemos el tinte death de los suecos). De esta actitud inquieta innata de Wilson podemos pues, repito, apreciar la gran cantidad de bandas en las cuales participa de pleno, digamos I.E.M. o No-Man, por señalar dos de mi gusto (decir que este último era el primero en su lista de intereses). Aunque la reina de ellas es, sin duda, Porcupine Tree. La banda tiene un origen curioso, pues empezó como una coña. Él y un amigo llamado Malcolm Stocks crearon como dos buenos colegas con imaginación una banda ficticia que buscaba semejarse a las agrupaciones del rock psicodélico de décadas pretéritas. La idea, véase como la materialización de un sueño juvenil, se acabó convirtiendo en realidad. Una maqueta inspirada en el asunto pondría la dinamita, la publicación en medios underground ingleses pondría la mecha y ni que decir tiene que el público soberano la prendería. Esto, ocurrido en el 1989, haría que a principios de los ´90 el hombre ya pudiera dedicarse a la música, permitiendo que su ideario creativo se difundiera con mucha más facilidad. El tío, eso sí, tuvo que hacerse con músicos de verdad, qué remedio (en la maqueta siguió con la broma y adjuntó un folleto con unos componentes de grupo totalmente inventados). De este modo, a grosso modo, nació Porcupine Tree.

Con una carrera consolidad y dilatada, con muchas muestras de interés que tocan prácticamente todo lo tocable en cuanto a rock progresivo, llegamos al año 2002, momento cumbre de su carrera para un servidor, con este “In Absentia”. Mientras que en un inicio la banda generaba sonidos complejos y, digámoslo así, de difícil asimilación inmediata, hacia finales de la década de los noventa la cosa se tornó más accesible y la simplificación (qué no simpleza) se mostró patente. Aquí nos encontramos con pasajes más pesados (una distorsión de guitarra no demasiado acusada) y otros más ambientales y suaves, predominando éstos últimos. Las voces son calmadas, generando y sugiriendo paz y tranquilidad, dejando entrever atisbos de movimiento y agitación en los momentos justos y necesarios. La música es la corriente, la voz es el agua; una lleva a la otra y no al revés.

La duración del cd sobrepasa la hora y es entendible que a algunos, sobre todo los no acostumbrados al género, pueda hacérseles un poco largo. Sin embargo, no creo que sobre nada en él, pues todas las piezas son interesantes en sí e imprescindibles en su conjunto, formando un bloque compacto que no cojea en ningún momento. Si uno busca apreciar música y disfrutarla como dios manda, aquí hay mucha tela que cortar señores. Como los grandes discos, puede que no entre a la primera, puede que no sea fácil de empatizar con él, pero a lo poco que uno se esfuerce y muestre amor por este arte intentando inmiscuirse en la experiencia que nos ofrecen Wilson y los suyos, les aseguro que la satisfacción recorrerá su cuerpo de forma inmediata, para siempre.

¡Y es que como no va a ser esto una joyita empezando con “Blackest Eyes”! Imposible. El amor es aquí el tema principal. Aprovechemos para decir que, resumiendo, la música de Porcupine Tree versa sobre la vida. Recomiendo encarecidamente atender a las letras, en general, muy sentidas y sinceras, críticas con esta sociedad que tenemos. No hay, sin embargo, acidez lingüística en los primeros cuatro minutos y venticuatro segundos, pues si alguna cualidad estaba reservada para estos instantes iniciales, esa era la belleza. Un inicio sosegado en seguida nos rompe con un riff duro, en apenas unos veinte segundos. Decir que no es la complejidad compositiva, diría yo, una de las cualidades del cuarteto, ahora que nos atronan por primera vez los instrumentos. Todo se deja llevar de una forma sorprendentemente deliciosa. Así, tras esperarnos los pasajes musicales venideros con cierta precaución debido a los altos rudos volúmenes propuestos en un inicio la sorpresa hace su presencia. Nos tenemos que acostar, relajar, dejarnos llevar. Nos paralizan:

“A mother sings a lullaby to a child
Sometime in the future the boy goes wild
And all his nerves are feeling some kind of energy

A walk in the woods and I will try
Something under the trees that made you cry
It's so erotic when your make up runs”

Se me traban incluso los dedos al escribir, pues no puedo hacer justicia a lo aquí expuesto. Un alma perdida recupera sus experiencias y las comparte con una dulce chica a la cual ama. Hombre, no quiero ponerme cursi; he escuchado a Death toda la tarde, que lo confirme mi madre, soy un tipo duro. Fuera bromas, la verdad que es muy complicado no esconder el alma guerrera que uno tiene para dejarla suelta desarmada campo abierto, libre, sin ataduras. Una canción para compartir y ser compartida.

La cosa sigue con “Trains”, que habla del verano, de lo que pasa en él. O más bien de lo que pasó, pues parece evocar un tiempo pasado en el cual lo que sucedía en esta época no era sino intrascendente, pero inolvidable. Demostración de cómo hacer en seis minutos una pieza musical. No tengo nada qué decir, la música lo dice todo; es un tema que verdaderamente me fascina. Un uso magistral de la sencillez, un discurso humilde y tratado con humildad, que se hace grande por sí mismo, generando en el que lo escucha lo que pretende y más.

Destacar un momento álgido más, en esta cordillera de grandes altitudes, para el que aquí escribe. Éste se sitúa en la pieza instrumental “Wedding Nails”. Nunca fui mucho de música instrumental, en cuanto a rock o sucedáneos se refiere, pero aquí la excepción confirma la regla. Protagonismo para una guitarra que cabalga a su antojo en un perfecto camino diseñado por demás acompañantes rítmicos hasta trazar una trayectoria contundente y satisfactoria a partes iguales. El pasaje ambiental del centro de la composición remata en un delirante y poderoso final, reafirmando lo anteriormente ejecutado, para morir en sonidos crepusculares que acercan el ocaso de la canción de un modo natural y firme.

Y es así como a lo largo de este ´In Absentia´ las muestras de calidad se cuentan por doce, tantas como partes en las que se divide el mismo. Variedad para todos los gustos en cuanto a rock progresivo, una muestra perfecta de lo que aún se puede hacer hoy en día. Alegra ver como el espíritu más psicodélico aún no ha muerto, está siendo rescatado por gente como Steve Wilson. A su manera, nos sabe hacer disfrutar de lo lindo. Por otra parte, aclaro que yo he elegido tres canciones para ejemplificar la obra, no como mejores, sino como paradigmáticas. Espero que, cómo yo, sepan sacarle todo el jugo al disco, en su hora y poco de duración, participando de una experiencia que realmente merece la pena.

Termino ya, con una reflexión que el propio grupo inglés nos plantea en la canción “The Sound Of Muzak”, acerca de la música comercial (sintetizando). Tan extendida hoy en día, “música” que nos golpea ferozmente en nuestros oídos aunque uno quiera y sodomiza mansamente nuestros cerebros:

“One of the wonders of the world is going down
It's going down I know
It's one of the blunders of the world that no-one cares
No-one cares enough”

Nosotros desde aquí contribuimos en lo que podemos a cambiar este aspecto, defendiendo la buena música y debemos alegrarnos por ello. Quizás no sea tan mala idea lo de tener todo a mano a disposición de un click, podemos verlo como justicia divina ante la avalancha de mierda succiona-neuronas que nos aplasta día tras día, en esta sociedad tan putrefacta culturalmente (en su superficie).

Vale. No compraré discos en tiendas escondidas y misteriosas, no arriesgaré mi paga semanal para jugármela en un cd molón, no tendré mi aparato de reproducción atractivamente pleistocénico para apreciar lo musicalmente desconocido. Pero… ¿dejarme vencer por una dictadura de estupidez supina que nos invade y entregar mi cerebro a los nichos de la intrascendencia, con don dinero de enterrador? Y una mierda. Es una carpeta amarilla, y después de pensarlo mejor, aún la veo bonita.
Soy un hijo de esta sociedad, pero bastardo. Porque ver que para un generación un estandarte sea Pink Floyd y para la mía Justin Bieber, es que manda huevos.

Con este mensaje salvajemente pacifista, definitivamente, acabo. Esta joya aquí se queda, archivada en este admirable lugar. Puntúo a ´In Absentia´ de Porcupine Tree con 8,5 punhales. Y como la aventura del saber nunca debe tener fin, recomiendo otro luminoso diamante de los ingleses, el ´Signify´. Cuando acaben con éste.

Steven Wilson - Voz y guitarra líder
Gavin Harrison - Batería y percusión
Colin Edwin - Bajo
Richard Barbieri - Teclados

*Toda la música y las letras han sido compuestas por Steve Wilson exclusivamente, a excepción de “Wedding Nails” donde colabora Richard Barbieri y de “Strip The Soul” donde lo hace el bajo Colin Edwin. Así mismo, colaboran:

Aviv Geffen - Coros
John Wesley - Coros y guitarra adicional

Sello
Lava Records