Pestilence - Spheres

Enviado por Cuericaeno el Mié, 16/04/2014 - 05:33
875

1. Mind Reflections (3:21)
2. Multiple Beings (4:05)
3. The Level of Perception (3:49)
4. Aurian Eyes (instrumental) (1:32)
5. Soul Search (3:19)
6. Personal Energy (4:09)
7. Voices From Within (instrumental) (1:12)
8. Spheres (3:29)
9. Changing Perspectives (3:24)
10. Phileas (instrumental) (1:17)
11. Demise of Time (3:40)

Bien conocida es o debe ser la naturaleza siempre camaleónica de estos holandeses, que emergieron del Viejo Continente con ese Death-Thrash de su legendario debut Malleus Maleficarum, para luego ir mudando piel y adentrarse por lógica inercia en el Death, manifestado éste en trabajos como el rocoso Consuming Impulse y posteriormente el venerado Testimony of the Ancients.

Pero sus metamorfosis no quedaron ahí, y es que Pestilence, una de las formaciones pioneras del Death europeo, siempre estaban rascándose la cabeza y no caían en la comodidad del piloto automático, y en 1993 volvieron a pillar a sus seguidores a pie cambiado lanzando este Spheres que os vengo a retratar.

La esfera armilar que presidía la estancia de su ‘Testimonio de los Antiguos’ despegaba de aquella arcaica torre, para surcar el espacio y adentrarse en ese agujero negro de la nueva portada, un peligroso túnel del que sobrevivirían nuestros Pestilence pero a cambio de dejarnóslos casi irreconocibles. Renovados, purgados de tejido muerto, los de Overijssel nos presentaban con Spheres su sorpresivo salto al Progresivo, integrado en su Death de forma parecida (no igual) a lo que harían Atheist por ejemplo, pero dando su toque personal al coctel. Con este álbum los neerlandeses se adentraron y con éxito en lo que también viene a llamarse Technical Death Metal.

El bueno de Patrick Mameli (eterna voz y primer hacha del combo) era acompañado desde el ’89 por otro Patrick a las seis cuerdas, Uterwijk, y ya juntos mostraban compenetración de sobra para rizar el rizo en materia de técnica, aquélla de la que ya manifestaban de antiguo el ir sobrados los Pestilence, pero que aquí ya llegaba a una dimensión de locura. A lo largo de todo el trabajo, los dos Patrick extienden guitarras en ristre un arsenal de riffs al cual más minuciosamente labrado, convirtiendo la media hora que dura este invento en un hirviente y angustioso laberinto de ecuaciones disonantes, como un vivaque de hormigas legionarias correteándonos de sien a sien, devorándonos de la misma forma que a aquel pobre infeliz de la carátula de dos discos atrás.

Aunque no todo es así al cien por cien, pues la otra particularidad en ese nuevo sonido del combo estaba en que los dos Patrick alternaban las guitarras eléctricas de siempre con guitarras sintetizadas, usando en estas últimas unos efectos tales que muchas veces parece que se tratan de teclados, por lo que la banda se vio en la necesidad de poner en el libreto del CD la siguiente nota: “There are no keyboards on this album”. Con todo y con eso, hay algún que otro sonidillo por ahí que bien parece más tecla que cuerda, pero daremos nuestro voto de confianza a los de Enschede, que además se molestaron en reflejar en el libreto el tipo de efecto y el aparato que utilizaron en cada tema.

Con ello asistimos a dos formas de escuchar este disco, dos caras de una misma moneda que se revaloriza en alza por cada escucha, por un lado el ataque disonante y trallero de las eléctricas en temas como Mind Reflections, la tortuosa The Level of Perception, la sofocante praxis de Soul Search, el tema-título (con esos solos tan frippianos que lo adornan en ciertos momentos) o la final Demise of Time (¡qué locura de riff arranca en el 1:36!, el más destacado de su clase, tanto, que tendrá el honor también de cerrar el disco); y por otro lado, como dijimos, las atmósferas que vierten las cuerdas sintetizadas tanto en los instrumentales que salpican la obra (idílicos altos en el camino) como en esa parcial incursión en el más añejo Rock Progresivo por medio de temas como Personal Energy, donde a mitad de trayecto viviremos solos de gran belleza y sentimiento, contrastando fuertemente con la agresiva extrañeza que reina en casi todo el plástico. En materia de solos, no hay que perderse tampoco el que surge al tercer minuto y cerca del final de la citada renglones arriba Demise of Time, pues también en los temas digamos cañeros se puede esconder alguna perlita melódica realmente exquisita. Aunque en un principio parecen vivir algo separados, lo retorcido con lo armonioso iba bien entretejido en la trama de Spheres.

En lo concerniente ya no a la música sino al concepto, y como si se tratara de una ley no escrita, al igual que casi todas las bandas que se apuntaban al carro Prog las letras de Pestilence cambiaban aquí de lo truculento y blasfemo a lo espiritual, lo abstracto o lo filosófico. Es increíble cómo casi siempre iba unido a ese tipo de música ese tipo de letras (véase Schuldiner cuando pasó de nigromante a filósofo), por lo que Pestilence ya no daban honor a su fétido nombre, dejando de lado el horror, la oscuridad, la amargura o lo impuro para abrazar y abandonarse a otros derroteros, sintonizando “el nivel de percepción”, oyendo las “voces del interior”, “cambiando perspectivas”, y en resumidas cuentas haciendo que no les reconocieran ni sus respectivas madres que los parieron (“¿¡qué nos dice este niño del consciente y el subconsciente?!”). Pero todo sea para un buen resultado, y sin duda lo obtuvieron, dando fruto en estas “esferas”, que de tan suculentas y gratamente desquiciantes, las malditas llegan a ser algo adictivas.

Para los amantes tanto del Prog como del apodado Death Técnico, Spheres es altamente recomendable, no llega a ser ni por asomo un Focus ni un Symbolic, pero sin duda es una obra que merece la pena si quieres seguir disfrutando de las fascinantes formas que puede adoptar la disonancia, las figuras imposibles que troquela este arte de embellecer lo deforme. Si te apasionan extraterrestres como Cynic, Nocturnus u Obliveon, yo que tú me asomaba a averiguar qué tipo de nebulosas conquistó el astrolabio esférico allá por 1993.

Patrick Mameli: Voz, guitarra eléctrica y guitarra sintetizada
Patrick Uterwijk: Guitarra eléctrica y guitarra sintetizada
Jeroen Paul Thesseling: Bajo (4 y 6 cuerdas, sin trastes)
Marco Foddis: Batería

Sello
Roadrunner