Pantera - Reinventing The Steel

Enviado por Cuericaeno el Mié, 02/07/2008 - 03:16
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1. Hellbound (2:41)
2. Goddamn Electric (4:58)
3. Yesterday Don't Mean Shit (4:19)
4. You've Got to Belong to It (4:13)
5. Revolution Is My Name (5:19)
6. Death Rattle (3:17)
7. We'll Grind That Axe For A Long Time (3:44)
8. Uplift (3:45)
9. It Makes Them Disappear (6:22)
10. I'll Cast A Shadow (5:22)

Amenazantes entran gruñendo las guitarras en un vaivén de frecuencias que brinda el clásico efecto jet, mientras, el bajo y la batería llaman al unísono para entrar, avisando hasta irrumpir con saña en el feudo como un ariete en su último embate. Ya sólo falta un elemento para que estemos seguros de que lo que está sonando es de quien creemos: “Eliminate!... the life decline…”, pues sí, es el gran Phil Anselmo, y tras él, los mejores demonios custodios de su vida musical: Pantera.

“Reinventando el acero” retornaron los tejanos como cumpliendo matemáticamente los criterios de un calendario profético, lanzando este trabajo justo dos décadas después del significativo “British Steel” de Judas Priest (1980), y una década después de que encontraran su sonido y lo difundieran con “Cowboys From Hell” (1990). Parecía que con este último trabajo, Pantera eran los elegidos para reencauzar el sonido que ellos mismos crearon y que las demás bandas siguieron, pero yéndoseles de las manos a estas últimas trayendo al mundo por accidente a engendros descastados como el Nu Metal. Esta misión sin duda tenían que desempeñarla ellos, para recordarnos a todos que ellos transformaron el Metal pero con sabiduría y fidelidad a las raíces del mismo, en una evolución sana y natural, sin artificios que les desarraigaran del género.

Por ello este disco se muestra como un “Vulgar Display Of Power” pero más embrutecido, aunque muy concentrado en las canciones, en las composiciones en sí, no con la saturación con la que quisieron plasmar su actitud en “The Great Southern Trendkill”, en la que pesaban más sus atmósferas que sus propias canciones. Y retornando también al sabor más puramente clásico que aún latía levemente en “Cowboys From Hell” en cuestión de solos y en el dinamismo de los riffs. Tomando así lo mejor de sus mejores discos, en este “Reinventing” se suma un ingrediente que siempre estuvo, pero esta vez probaron a inyectarle una dosis más: La primigenia influencia Black Sabbath.

Después del pulso demonial de “Hellbound”, llega un manifiesto sonoro plagado de símbolos familiares llenos de energía: “Goddamn Electric” pasea su sello con orgullo, como un himno propio inundado de elementos que dieron vida a lo que hoy son como grupo y todo lo que les rodeó en su carrera, las bandas que lo inspiraron y con las que giraron. Tanto es así que el solo está a cargo de Kerry King de Slayer, que como dato anecdótico, fue improvisado y grabado en un cuatro pistas en pleno backstage del Ozzfest, capturando en el plástico el espíritu y la aún latente tensión y atmósfera del directo, con el calor y furor del público allá afuera. Esa rudimentaria espontaneidad y la presencia en las letras de nombres como Black Sabbath y los propios Slayer es la que llena de honestidad y vigor al tema, sumergiéndote de lleno en ése su universo, conducido por la profunda voz de Anselmo y sus cálidas entonaciones bluesies del estribillo.

Sobre el vacilón, apabullante y enfermizamente pegadizo riff de “Yesterday Don’t Mean Shit”, no sé qué decir, pero sí se lo que me hace sentir, yo erigía un monumento en honor a él, y cuando digo a él, digo al riff y a su progenitor, nuestro añorado Dimebag Darrell, el artillero del riff. Posiblemente este sea el riff que más me ha hecho vibrar en toda mi vida, no quiero que éste acabe nunca de sonar cuando salta ese tercer corte en el compacto, para saltar a lomos de él y que te lleve al infinito, quizás retornando, como paloma mensajera, a las manos que lo soltaron, y así, siendo el jinete de ese ave, le podría decir a Dime cara a cara que Siempre se le recordará aquí abajo. Escribiendo ahora esto, suena en mi mente ese riff incesantemente, como un bucle, como un mantra, ése es el poder del arte: "homo finit, opera manent", “el hombre muere, las obras permanecen”.

Se suceden sin tregua corte tras corte: El machacón “You’ve Got To Belong To It”, con ese fantasmagórico ecuador de susurros y ruidos; el blacksabático “Revolution Is My Name” (me levanta la moral ese imponente Anselmo gritando “What is my name?!”, lo ves ya sobre el escenario dirigiéndose a las masas en pleno infierno de sudor y decibelios); la tétrica “Death Rattle”, la vacilona “We’ll Grind That Axe For A Long Time”, el nervio de “Uplift”, y el más notorio homenaje a la ya mencionadísima banda de Birmingham, la densa “It Makes Them Dissapear”, cautivadora. Sin olvidarnos de la traca final “I’ll Cast A Shadow”, con un empuje arrollador que escribe el colofón de esta gran obra, que por desgracia para todos no tendrá nunca secuela. Aunque yo lo prefiero así, porque mejor no se pudieron despedir que con esta pieza de culto.

Fundiéndose en tu mente esos riffs, punteos, punzantes harmónicos, esa voz, letras y esa versátil base rítmica de Pantera, cierras los ojos y ves regueros de whiskey que tras una chispa incendian graneros bajo el intenso sol de Texas, o huellas de sierpe sobre árida tierra constelada de cráneos de carnero. Como en un delirio febril, se apelmazan salvajemente todos los iconos, todos los elementos que definen el sonido y la actitud de estos sureños… los deshilachados vaqueros de Phil, plagados de parches de sus ídolos más extremos, la perilla rosada de Darrell, la bandera confederada… en fin, pocas bandas han conseguido ir más allá de su propia música para proyectar una atmósfera propia alrededor suyo.
Uniendo música, letra e imagen, Pantera fueron como una tendencia, una cultura. Y si a todo eso le sumamos el ingrediente Black Sabbath que unge las composiciones de este último legado que nos ocupa, nos encontramos con esa materia prima que parece que no encaja con el resto, pero sí lo hace y con gran eficacia, como la pirámide azteca con la egipcia, que aunque las separa todo un océano, parece que ambas fueron erigidas para un mismo fin, siendo también ambas inalterables en el tiempo.

Larga vida a los Cowboys del Infierno…

…Y descanse en paz, artillero del riff.

Phil Anselmo - Voz
Dimebag Darrell - Guitarra
Rex Brown - Bajo
Vinnie Paul - Batería

Sello
Eastwest