Ozzy Osbourne - Live at Budokan

Enviado por Hawkmoon el Vie, 26/08/2011 - 14:56
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1. I Don't Know
2. That I Never Had
3. Believer
4. Junkie
5. Mr. Crowley
6. Gets Me Through
7. No More Tears
8. I Don't Want to Change the World
9. Road to Nowhere
10. Crazy Train
11. Mama, I'm Coming Home
12. Bark at the Moon
13. Paranoid

Ozzy es una leyenda. Intocable. Del todo. Su voz, para nada la mejor del planeta, sus movidas locas, su pasado como máximo amo del desfase (esnifar hormigas, mear en El Álamo, ir borracho a conocer a la reina de Inglaterra, arrancar a bocados cabezas de palomas y murciélagos...), su controversia con Sabbath, sus follones con el P.M.R.C...todo ello forma parte de la historia del Heavy Metal. Y para siempre. A Ozzy no solamente se le debe el poner la voz a los cimientos del género. Se le debe mucho más. Ozzy Osbourne sentó cátedra junto sus coleguitas Sabbath. Su carrera solista, en los ochenta, apoteósica, y en los noventa, decente, acabó por encumbrar al británico a los altares del reino. No hay banda en el género que no cite a Sabbath y, por ende, a Ozzy, como estandarte del movimiento, como influencia total.

El tio jamás ha sido un Bruce Dickinson o un Rob Halford en términos vocales, a nivel técnica. Su puesta en escena, salvo cuatro saltos, tirar cubos de agua a las primeras filas, y gritar "come on" o "screeaaaam", tampoco es que mate demasiado. Pero hay algo en Ozzy, algo en su voz rota, en su mirada perdida, en sus movimientos de pato mareado, de notas con los cojones escaldaos, que te hace volcarte en lo que te cuenta, en lo que te dice, en cómo lo dice, en cómo se lo curra. Aún dentro de sus limitaciones, su edad y el evidente deterioro, físico y mental (las drogas nos acaban pasando facturita, colegas), el asistir a un show de Ozzy sigue siendo algo para recordar. Está claro que ya suele tener más noches malas que buenas. Ya no acierta casi ninguna nota, si es que alguna vez lo hizo. Pero Ozzy es Ozzy. Y no hay más. Renegar de Ozzy, ignorar el poderío de su legado, no abrazar con amor temazos como "Shot in the Dark", "Crazy Train", "No more tears", "Mr. Crowley", "Miracle Man" o "I Just Want You", por citar algunos de los temas que más me dan de lleno de la extensa discografía del Madman, es simplemente pasar de largo de una parcela gigantesca de nuestro rollo. Tan grande es la jodida que pasar de largo sólo denota ceguera. Y sordera. A lo que vamos, que me lio con tanta historia (se nota que le estoy dando cera a su biografia en éstos dias).

El 2002 nos trajo a todos los "Ozzymaniacs" una grata sorpresa. Un "Live" (¿quizás un nuevo "Tribute" o un "Live and Loud"?), grabado en el Budokan (Tokyo, Japón), cuna de muchos directos sacros en nuestro rollete, y presentando lo que era, por aquel entonces, su última obra en estudio, "Down to Earth", un disco que, aún con buen material, dejaba claro que los años de gloria del Madman ya quedaban pelín lejanos. Siempre me ha encantado el material de Ozzy como solista. De hecho, a pesar de sonar blasfemo, lo disfruto mil veces más que lo que parió con Sabbath. Me puede esa atmósfera festiva, épica, mágica y desmadrada que emana de cualquier trabajo del Ozzy "ochentoso". Y siempre es grato, almenos para el mendas, darle cera a las ondas del maestro de las tinieblas (con el permiso de John Carpenter).

Y más, si están paridas junto al tremebundo Zakk Wylde. Qué tiempos aquellos. Tiempos sacros, en los que la voz de "Paranoid" se unió a uno de los hachas más sagaces, brutales y eminentes del reino de los seis cuerdas. Impagable unión. Rhoads fue un clásico, el dios a batir. Lee, sin duda, un as. Pero la unión de Ozzy con Wylde, joder, roza la puta perfección. Nunca una voz estuvo tan diseñada para unas cuerdas de guitarra. Y viceversa. Ni Iommi, ni Rhoads, ni Lee. Zakk cuaja un material de puta madre y se enfrenta al de otros guerreros con un nivelón que quita el sentido. Hay que tenerlos cuadrados para ser el tio que barre el recuerdo del gran Randy Rhoads. El mejor Robin que pudo tener el Batman que es Ozzy Osbourne (todo un superhéroe sin duda, burlando a la muerte cada dos dias) es Zakk. Todos sus tours son testigos de ello. Y unas canciones memorables, destinadas a sobrevivirnos. Y a nuestros tataranietos. Y a los suyos. Y así, hasta el año 4000.

Venga, joder, al disco. Que me lio. Se me va la pinza. Si es que soy de excesos "Ozzynistas" y, claro, luego me voy por las ramas. Los japos empiezan a llegar en manada al Budokan. Muchos con sus camisetitas del "Bark at the Moon" o el "Blizzard of Ozz". Clasicotes. Siempre han sido ochentosos a más no poder. A ver si Ozzy se lo curra tan bien ante la audiencia nipona como para vendernos su nueva moto . La gente quiere algo a la altura de su pasado. ¿Lo lograrán Ozzy, Zakk, Mike y el futuro Metallica, Rob Trujillo? Dale al "Play" y pilla primera fila. Los japos son bajos y no dan problemas. Haz reverencias y ve directo a la primera fila. Pónte en el centro y así, encima, te plantas ante Ozzy. No se puede pedir más. Luces fuera. El rey del infierno, el amo de la juerga, ya anda por aquí. Aullidos, reverencias, tremperas y más aullidos. La locura se desata. Ozzy ya anda en el escenario...aunque sin paloma ni murciélago. Qué pena.

"I don't Know", recuerdo al primer disquito como ex-Sabbath, suena estupendamente, aunque realmente por la labor de los instrumentistas, todos ellos muy metidos en lo suyo, siendo certeros, técnicos, y con un notable carisma y entrega. La guitarra de Zakk, aunque otras veces ha sonado mejor, tiene cierta chulería, cierto registro Wylde, marca de la casa. Y Bordin, joder, la clava. Pegada y puntería. La voz del Madman, uffff, flojita, en su línea, no dando demasiados tiros en la diana, con su timbre apagadote. Está claro que la voz de Ozzy nunca será algo que te ponga los cojones por corbata, pero, no sé, he visto videos de la era y ha tenido noches mejores. Eso sí, desde el escenario se expulsa bastante magia. Y la gente está por la labor de disfrutar.

Nos toca movernos hacia "Down to Earth", pues al fin y al cabo es el motivo de la visita de Ozzy a la tierra de Akira. "That I Never Had" suena a estropicio, sobretodo por Ozzy, que ahora no da una, y por la naturaleza del tema en sí mismo, que queda pequeño frente a lo que espera vivir en un show de Ozzy. Hay electricidad, hay energía, se palpa el músculo del tema, su feeling...pero nada. Onda pequeña.

"Believer", de su mítico "Diario del loco", y que siempre me ha encantado, es la que se planta ahora en el escenario. Medio tiempo vacilón, con un Ozzy que mejora levemente y con unas cuerdas "Wyldenianas" que no apuestan por la máxima técnica, ni el mayor desfase, sinó por el mejor camino posible, un buen asfalto para la voz del tito "Paranoid". Cuando le toca rendir tributo a Rhoads, señores, el tio demuestra lo que vale. Si es que no se ha pasado ya años demostrándolo. En cada bolo, en cada clip, en cada surco de su trabajo en "Ozzland".

"Junkie", el siguiente viajecito al nuevo disco, tampoco me convence en exceso. Ni a nivel composición, ni por cómo está sonando en el pabellón japo. La cosa suena gris, lentorra, como a nada de decaer, sin fuelle. Falta Metal. Faltan cojones made in Ozzy. Todo sea por seguir saliendo en la Mtv. Pero, ufff, todo un coñazo "Pearljamista". Ideal para aprovechar e ir a por cerveza o a mear. O a hacerse el porrete.

"Mr. Crowley". Ahora sí, tio. Ahora todos tenemos permiso para quitarnos la camiseta, soltar el grito al aire y poner el puño lo más alto posible. Vamos a vivir un jodido himno y hay que prepararse. Mientras la famosa intro, que me pone los pelos de punta cada vez que caigo ante ella, va creciendo, va haciendo que las nenas mojen las bragas y los tios necesiten calzones más amplios, el griterio va en paralelo. Ya hay hambre de un tema "cien por cien Ozzy". Uno de los momentos por los que toda la peña que ha pagado por el show viene a ver. Ozzy, desgraciadamente, como ya he ido diciendo, no tiene su mejor noche. Su voz no llega, la banda está como ralentizada, pegando al sesenta por ciento, cuando su poder podría hacer que tu cabeza acabase en Moscú. Y pensando que te pegan el hostión en Nueva York, ¿eh?. Una de las peores interpretaciones del tema. Muy dejada, poco mística, con poco fuelle. Podría haberla firmado una banda tributo. Disparo en un dedo del pie. Nada letal.

La groovielona "Gets me Through", último ataque de su nueva onda, y que tampoco me acaba de matar, pese a ser la que mejor ha encajado en el show frente a material más clásico, nos coge de la mano y nos lleva a vivir una tripleta de temas de su disco del 91, "No More Tears". El tema-título, "I Don't Wanna Change the World" y "Road to Nowhere". Ala, las tres seguiditas. Certeros. Ahora sí. Me gusta como se han enfocado los tres temas. La gente vibra, los temas tienen naturaleza molona, las cuerdas suenan densas, la batería machacona y Ozzy se pone las pilas. Los coros de la peña ayudan a que la onda llegue más y mejor. Sigue faltando chicha, sigue sin gustarme la entrega general de los cuatro astros, pero hay que decir que la cosa sube enteros mientras la movida avanza. La banda va cogiendo el pulso. Más vale tarde que nunca.

"Crazy Train" (Bordin es un crack, aún sin grandes aspavientos), "Mama, I'm coming Home" (muy lograda, con ese estribillo mágico y Wylde dándolo todo, a pesar de que la cosa no suene como debe) y "Bark at the Moon" (sonidazo de guitarra, por fín crujiendo), los entes finales, los que sirven de antesala a la despedida, son los que son mejor son recibidos. La producción, que no deja brillar del todo a los músicos, y nos ensalza demasiado la voz de Ozzy, cuando no está dando pie con bola en muchas parcelas, le hace flaco favor a los temas, a los fans, a los oyentes y a todo aquel que se acerque a conocer qué paso en el Budokan. La selección de los tracks ha sido molona, aunque habría agradecido un par más (un "Shot in the Dark", un "Perry Mason" o un "Miracle Man" no le habrían ido mal al asunto). Se nota que los japos se divierten. También lo hace Ozzy. Pero la cosa podía haber dado más de sí. Será que Ozzy ya no está para grabar grandes movidas en directo. Las hace divertidas, le pone empeño, pone lo que haga falta. Pero es poco. Todo es poco para cubrir el legado de su material ochentero. Y más, no estando en un buen momento de forma.

La cosa se acaba, tio. Ya nos tenemos que ir a casa. Y con el mal sabor de haber vivido un show mega-mejorable del tito Ozzy. Menos mal que "Paranoid", de los tiempos junto a Ward, Butler y Iommi, pone remedio y nos acaba dejando una sonrisilla de gilipollas. Siempre mola cerrar con un himno. Y hay pocos del nivel del "Paranoid". Tema gigante, para la posteridad, y que está sonando mejor que ningún otro. Los cabrones se nos ponen las pilas en el último track. Tiene cojones.

3 cuernos (medio-bajos) para "Live at Budokan". Ejemplo de la pasión que le mete Ozzy al momento escenario. Pero ejemplo, también, de cómo a veces no se llega ni a ser sombra de quién llegaste a ser. Ozzy ya no brilla en 2002 al mismo nivel que antes. Y eso es algo muy patente en el directo que nos hemos comido. Demasiado evidente.

Directo agridulce. Mola reencontrarse con Ozzy junto a Zakk. Pero no mola ver que ya no eran "lo más". Sonido mejorable, actitud ideal. Ozzy siempre da el máximo que tiene. Aunque sea un 12 %. Sólo por eso, mis respetos eternos.

Ozzy Osbourne - Voz
Zakk Wylde - Guitarra
Robert Trujillo - Bajo
Mike Bordin - Batería

Sello
Sony