Obliveon - Nemesis

Enviado por Cuericaeno el Jue, 21/06/2012 - 16:12
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1. Nemesis (5:40)
2. The Thinker's Lair (4:32)
3. Obscure Mindways (4:55)
4. Dynamo (5:19)
5. Frosted Avowals (5:30)
6. Factory of Delusions (5:50)
7. Estranging Abduction (4:43)
8. Strays of the Soul (6:01)

Tanto dentro del Thrash como del Death, siempre ha habido una elite congregada a parte, como un ghetto de mutantes delineado con vallas de oro, y aquella elite no es otra que a la que le fue colgada la etiqueta “Technical” en el nombre, ya de por sí compuesto, del subgénero al que pertenecían.

Las nomenclaturas en nuestra tabla periódica personal, la de nuestros Metales, pueden llegar algunas a ser curiosas. Pero sí es verdad que a veces son necesarias para avisar de ese componente como extraterrestre, de acrobacia imposible, ese algo que se diferencia del resto por una capacidad especial; el fructífero esfuerzo por sonar diferentes, como el caso de esa rama de la música cuya arma estratégica se basa en la sofisticación.

Coroner en el Thrash, Atheist en el Death, lo cierto es que el gremio de lo Técnico se ha ganado a pulso su propia parcela, y la banda que te traigo aquí y ahora es una que no se conformó con elegir entre una de las dos corrientes citadas, sino que abarcó el aspecto más técnico de las dos. En esta ambiciosa obra de Obliveon no encontraremos una mera mezcla entre los tech-thrashers suizos y los Ateos de Sarasota, sino una visión y factura muy personal venida de la tan fértil cuna de visionarios del Metal que fue y es Canadá, tierra de exóticas transgresiones sonoras como las de Voivod, por poner el más célebre ejemplo, sin obviar, a nivel de alardes técnicos, la también notoria figura de Jeff Waters de Annihilator.

Parece ser que la brisa de esas tierras oxigena mejor el cerebro del artista, que lo hincha de ideas frescas, de musas de otro plano traedoras de frutos inimaginables, de igual modo que el Death más bizarro manufacturado en Finlandia a principios de los ’90. No sé si es el Trópico de Cáncer, la Zona Templada del Hemisferio Norte o el Perihelio de su Padre, lo que sí es verdad es que la franja septentrional de nuestro globo tiene mucha miga, el norte es mucho norte, quizá donde más meteoritos cayeron venidos de quién sabe qué regiones celestes, aureolados por cualquiera sabe qué tipo de radiaciones que ungieron y mutaron a algunos escogidos. Bueno, dejemos ya el relato de superhéroes…

De una escena ya de por sí más marginal de lo que merece que es la canadiense, ahondamos más profundo para encontrar el tesoro secreto de Obliveon. Formados en Montreal, Québec, y fundados en 1987 con el nombre de Oblivion, ellos decidieron darle un “cambio radical” a su nombre y cambiaron una “i” por una “e”, pasando a ser Obliveon. Menos mal que a nivel musical su cambio respecto a lo conocido sí marcó una gran diferencia, una gran distancia frente a lo tradicional. Después de tres demos lanzadas durante finales de los ‘80 y un LP debut en 1990 llamado From This Day Forward, el cuarteto presentó en 1993 el que hoy se cataloga como su mejor trabajo, que es este Nemesis que te vengo a mostrar como buenamente pueda, pues es difícil de explicar.

Me es un placer enseñarte lo que consiguieron estas cuatro caritas oriundas del gran hogar del castor, una banda que explotó su creatividad a niveles estratosféricos, conservando en los afilados ángulos de su logo sus raíces Thrash, embrolladas en las concepciones más algebraicas del Death.

Ya puestos en faena y con el disco ya girando, me fascina cuando en el 1:34 del tema que abre y nombra al disco ese riff avanza con tan inquietante tic de letal autómata, y es que esas frías zancadas de droide son escalofriantes. Es lo que me maravilla de esta banda, que su música en apariencia es insensible y mecánica, pero tiene un trasfondo tan expresivo y monstruoso que provoca tensión y alucine en el oyente.

Pero pasado el segundo tema (la misteriosa “Guarida del Pensador”), hasta que no llegamos a Obscure Mindways (sin duda la mejor) no empezamos a vislumbrar la virtud técnica de los de Québec, y la desmesurada capacidad de sorprendernos riff tras riff, y a escala ascendente de excelencia, en progresión geométrica, donde si con uno presenciamos la más exquisita musicación de un futuro post-apocalíptico (1:14), con el siguiente riff nos encontramos con poliedros imposibles en forma y belleza (1:48); y no hemos terminado de sorprendernos cuando en el 3:37 asistimos a la sublimación absoluta de justo lo anterior, superada a su vez y pasmosamente en ese glorioso e inexplicable 3:54 donde Martin Gagné y Pierre Rémillard entran juntos en un místico trance melódico, que aunque quizá no llegue a la elevación de los mesías alienígenas Cynic, sí logra que, si al suelo no llegan nuestras lágrimas, sí llega y en caída libre nuestro maxilar inferior. Increíble es lo que daban de sí sus “obscuros caminos mentales”, con los que esta banda, no es que viajaran a otra galaxia, sino que se la inventaban, la fabricaban y enchufaban como a sus guitarras, y funcionaba, rotando y luciendo como pocas maravillas que han experimentado nuestros sentidos. La letra de esta tercera pista define a la misma a la perfección:

”El laberinto debilita,
Mejor que cuides de tu cerebro.
El laberinto adjudica,
Decide la forma en que te volverás loco”.

Precisamente así era la música de esta gente, eso sin contar lo gráfico de su grito de guerra en ese “Intricacy” (“Intrincación”) que será entonado en la misma canción, como consigna, como título de su tratado de intenciones, siendo además la palabra idónea con la que dan paso al primer gran momento de los varios que apunto arriba, coordenadas incluidas (transcríbanlas en vuestra pantalla de ruta, no se arrepentirán).

Después de semejante odisea espacial, Dynamo no deja tan honda huella en nuestro aturdido coco, aunque no está carente de un gran dominio por parte de la base rítmica (genial ese Alain Demers a las baquetas), que caprichosa encarrila a las guitarras por diversos rumbos, donde el bajo de Picard se asoma varias veces con ademanes Prog., en un tema más sobrio que el anterior y el posterior.

Y el posterior no es otro que Frosted Avowals, un ávido constructor de atmósferas que empuja con fuerza y nos regala luego un pasaje etéreo protagonizado por una de las guitarras. Fabricando espejismos y delirios, la cadena de montaje de la Factoría de Ilusiones (Factory of Delusions) echa humo a base de parir masivamente riffs de múltiples aristas, y una melodía reina que progresa, crece y se sofistica al paso de la canción. Y es que en este álbum, si desvías la atención un sólo momento, se le puede escapar a tu oído cualquier matiz de los miles que llueven nota a nota de forma torrencial de las guitarras de Martin y Pierre.

Un buen ejemplo de ello lo tenemos en Estranging Abduction, que prácticamente es eso mismo, una abducción de estos Nocturnus del Canadá, que quizá no siendo tan grandes como los yanquees a los que cito, a su manera sí se encargan y con sobrado éxito de también tenernos embobados, respirando lo justo para poder discernir cada microscópico recoveco de este laberinto ríffico que parece no tener fin. El final de este viaje lo oficia solemne Strays of the Soul, con esa intro narrada que luego desemboca en una canción de diferentes climas, de acústicas que se turnan con las eléctricas, de distintos niveles de tensión, verbalizados por ese mismo Stéphane Picard (al micro, al bajo y a la pluma) que aquí como en toda la obra da su toque de oscuridad y misterio con su gutural reverberante en la cabina central de la nave.

Aunque hoy retirados y con pocas obras en su haber, los de Montreal dejaron un legado muy a tener en cuenta, y sea tomado como mejor ejemplo este disco que tienes ante ti, lanzado primero por un sello independiente, pero que en 2007 la discográfica Prodisk lo rescató para reeditarlo en CD. Es bueno que la tecnología salve a las especies pretéritas del movimiento, sobre todo las menos estudiadas como Obliveon y tantas más. Sean bienvenidos a la danza astronómica de las seis cuerdas, a la delirante sinfonía eléctrica, a la música de Nemesis, tan enfermiza, surrealista y enigmática como la portada de la que es rostro. Aconsejable para los gourmets más extravagantes de lo extremo.

Stéphane Picard: Voz y bajo
Martin Gagné: Guitarra
Pierre Rémillard: Guitarra
Alain Demers: Batería

Sello
Prodisk