Nocturnal Rites - Phoenix

Enviado por hellfirehorns el Mar, 02/10/2018 - 21:33
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Cuando una banda está diez años sin publicar un trabajo, se la puede considerar retirada. Aunque no hayan hecho público su retiro, sus adeptos ya se habrán cansado de esperar un nuevo disco, los medios habrán dejado de publicar noticias sobre ellos y su última publicación discográfica se empezará a tratar ya como un clásico dentro del panorama musical.
Si tras esa década esa banda decide volver a la escena, mediante la publicación de un nuevo disco, no serán pocos los baches que se encontrará en el camino. El mercado musical evoluciona sin descanso y las tecnologías asociadas a la grabación y escucha de música se dirigen inexorablemente hacia su punto de perfección, si es que existe.
Pero todo esto son pequeños baches, no muy difíciles de sortear para una banda musical experimentada. El gran bache (ese que puede dejar encallada a la mejor máquina de hacer música), es la opinión popular.
Todos sabemos que existe una relación directa entre expectativas y calidad, que afecta directamente a la opinión de los adeptos. Así, como mayores sean las expectativas que se tengan sobre una obra musical, mayor calidad se exigirá a esa colección de canciones. También sabemos que los retornos generan expectativas enormes, así que sacad las cuentas y acertaréis.
¿Cómo puede intentar satisfacer las expectativas una banda que regresa a escena? Un músico retirado de la escena metálica afirmó que nunca volvería a sacar un álbum con su anterior banda. Defendía este argumento esgrimiendo que si se acogía a la onda compositiva habitual de su anterior grupo lo acusarían de repetirse, pero si intentaba innovar lo acusarían de cambiar demasiado la dirección musical. Hiciera lo que hiciera sería blanco de las críticas, así que prefería trabajar en otros proyectos musicales que no estuvieran en el ojo del huracán mediático.
Expuesto todo esto podemos concluir que Nocturnal Rites lo tenían crudo antes de sacar el disco cuya reseña nos ocupa. Sin embargo decidieron aventurarse, quizás porque ellos nunca estuvieron retirados.

Phoenix. No hay que negarlo: el nombre del álbum es adecuado a la situación, y seguramente por eso lo eligieron. Cual ave fabulosa que ha pasado una década en llamas, Fredrik Mannberg y los suyos pretenden resurgir de sus propias cenizas. Es hora de saber si lo han conseguido.

Los suecos nos presentan su último trabajo mediante una portada en la que predominan los colores oscuros, destacando sobre estos el nombre del grupo y la denominación de la obra en amarillo, dorado y fuego. En el centro de la portada nos presentan a un ser con unas alas de ángel desplumadas que está anclado al suelo mediante unas piernas que progresivamente se convierten en raíces de árbol. Este personaje está enclavado en un paisaje verdaderamente apocalíptico. Una portada muy metalera y en mi opinión la mejor de su carrera.

La música da inicio con "A Heart As Black As Coal". Pocos segundos son necesarios para ver que Nocturnal Rites no han decidido arriesgarse y que continúan con la dirección que tomaron en su anterior “The 8th Sin”. Hay varios elementos en esta canción que nos recuerdan a uno de los temas más pegadizos de su anterior plástico, “Never Again”. Así pues, nos encontramos a los Nocturnal Rites más recientes; los que dejaron atrás el power metal clásico para centrarse en un metal más moderno y rítmico. A esos Noctural Rites que dejan que sea la voz de Jonny Lindqvist la que dibuje las melodías, dedicándose el resto de la banda a trabajar en los ritmos. Y es que disponen de los ingredientes perfectos para elaborar la receta de este tipo de música sin miedo a equivocarse. La voz de Lindqvist es tan espléndida que puede vender discos por sí sola, y los ritmos que nos presentan están muy trabajados y no son nada lineales.
Si hay algo que destaca en las canciones de Nocturnal Rites esa es el toque de himno con el que impregnan a los estribillos que componen, y el primero que aquí nos presentan en este sentido no defrauda.
Cabe destacar la labor del nuevo hacha de las seis cuerdas que la banda nos presenta en este álbum, Per Nilsson. El solo de guitarra que nos regala en este primer tema demuestra la calidad que atesora.
No hay que negar que “A Heart as Black as Coal” es un buen tema, sin embargo es algo lento y pesado, lo que no lo hace recomendable para abrir el disco.

"Before We Waste Away" da continuidad el álbum. Es otro medio tiempo, y se trata del primer single que los suecos nos presentaron y que ya nos dejó ver que el tema se podría haber incluido en su anterior álbum sin desentonar lo más mínimo. La melodía de guitarra que da inicio al corte es preciosa y emotiva, como lo fue en su anterior álbum la de “Tell me”, y el estribillo es de los más pegadizos de este “Phoenix”. Per Nilsson sigue en esta canción con su demostración de técnica en el solo. La letra es una crítica a cómo nos integramos en la sociedad actual, como si fuéramos un rebaño que vive a la espera de perecer, y nos pregunta si alguien nos puede salvar antes de que nos consumamos.
Estamos ante una de las mejores canciones de “Phoenix”, sin embargo el gusto a “The 8th Sin” que desprende la empaña un poco.

La letra de "The Poisonous Seed" es muy parecida a la de “Before We Waste Away”, pues también habla de la humanidad, en este caso destacando la maldad que hay en ella. Sin embargo a nivel musical aquí encontramos el momento más diferente del disco. La banda en este momento se acelera, recordándonos a los Nocturnal Rites de la época del “New World Messiah”. Aquí no encontramos estribillos pegadizos ni ritmos modernos, simplemente baterías de doble pedal y guitarras con tintes de agresividad.
En cuanto a las letras, hay que decir que la mayoría de canciones siguen los temas tratados en las dos anteriores. No se centran en una temática fantástica ni antigua, como se acostumbra en el género, sino que optan por hablar de la sociedad y de situaciones humanas actuales.

La música vuelve a la tónica de sus dos primeras canciones con "Repent My Sins". Otro medio tiempo que comienza con una melodía de guitarra, que sigue con una estrofa en la que Lindqvist canta sobre un ritmo machacón y que continúa con otro estribillo marca de la casa. No puede faltar el solo de Nilsson, en la línea de los anteriores. Al final del tema Lindqvist se anima a lanzar las notas más agudas que haya cantado hasta este momento, haciendo gala de cuerdas vocales. Eso nos hace darnos cuenta que hasta aquí no hemos encontrado los grandes momentos de lucimiento vocal que sí que se encontraban por doquier en su anterior álbum. Sin duda un punto negativo para este “Phoenix”, pues la voz de Lindqvist es el mayor exponente de los Nocturnal Rites de los últimos tiempos.

"What's Killing Me" comienza con un ritmo machacón sobre el que Lindqvist poco a poco va incrementando la intensidad de su voz. Quizás es la canción del disco en la que se puede disfrutar más de su voz. La estrofa va acumulando tensión hasta que se produce un parón y se libera un estribillo que es de los más destacables del disco.

En "A Song For You" no nos presentan nada nuevo. En las estrofas, ritmos de guitarra de mano derecha y cuerda tapada, y en los estribillos, rasgados al aire acompañados de una melodía de voz que no pasará a la historia y de una letra simplona.

El siguiente tema "The Ghost Inside Me" comienza rápido, de nuevo en la línea de los Nocturnal Rites anteriores al “The 8th Sin”, como ocurre con la canción “The Poisonous Seed”. Es destacable el estribillo cantado con el único acompañamiento de unos instrumentos de cuerda, y la majestuosidad que le confieren cuando a este le incorporan el resto de instrumentos. Poco a poco convierten la canción en una orquestación decorada por una colección de coros majestuosos. Este es uno de los temas a destacar el álbum, especialmente por su vertiente distinta en innovadora en el conjunto de este “Phoenix”.

"Nothing Can Break Me" emula a su “The 8th Sin” de nuevo, empezando con unos ritmos de tinte moderno, con sintetizadores, siguiendo con melodías emotivas de guitarra y presentándonos otro estribillo de corte hímnico. Además Per Nilsson sigue con su lucimiento personal, como hace en todas y cada una de las canciones del plástico.

En "Flames" encontramos el corte más lento del larga duración. Sin llegar en ningún momento a ser una balada, lo que aquí escuchamos son melodías melancólicas y un estribillo precioso bajo el que suenan unos sintetizadores emulando a instrumentos de cuerda, repitiendo la misma melodía sin descanso. Nos presentan un despliegue de melodías entrelazadas muy disfrutable.

Y bienvenidos al final. Cuando escuchamos "Welcome To The End" caemos en cuenta de que los chicos de la banda de Fredrik Mannberg estaban reservando lo mejor para el cierre del álbum. Una canción rápida, de las que hacen mover la cabeza. Agresiva pero con sentimiento. De esos temas que no se quedan en el tímpano, sino que lo traspasan y se propagan por nuestro riego sanguíneo para poseernos. Con un estribillo que no pretende ser tan dulce como los que hemos escuchado durante todo este “Phoenix”, sino que te mira de frente y te habla a la cara. Sin descansar durante cuatro minutos intensos, la canción termina de forma abrupta, dejándonos con ganas de escuchar más de esto.

Nocturnal Rites estuvieron apartados de la escena durante diez años y resurgieron de sus cenizas. Y lo hicieron como si el tiempo no hubiera pasado, alzándose en la misma forma en la que ardieron. De hecho nadie se hubiera sorprendido si hubieran publicado este mismo álbum en 2009 en lugar de en 2017.
Es seguro que “Phoenix” no es el mejor álbum de la carrera de Nocturnal Rites. Se le puede acusar de continuista y de lineal. La mayoría de canciones pretenden ser singles, y es cierto que tienen buenos estribillos, pero la mayoría de ellos no consiguen el objetivo de quedarse en nuestra memoria, ni con decenas de escuchas. Lo curioso es que justo las canciones que no pretenden ser singles destacan por ser lo mejor del álbum. Además la voz de Lindqvist, su mayor exponente en su última época, no luce tanto como antaño. Sigue mostrando un nivel espectacular, pero parece haber perdido fuerza y no se arriesga en agudos en los que en otras épocas se explayaba. Sin embargo este “Phoenix” tampoco es de lo peor de su carrera.
Este álbum nos regala grandes momentos de música que hacen que se merezca tres cuernos y medio sin pestañear.

Fredrik Mannberg: Guitarra Rítmica
Jonny Lindkvist: Vocalista
Nils Eriksson: Bajo
Owe Lingvall: Batería
Per Nilsson: Guitarra

Sello
AFM Records