Nocternity - Onyx

Enviado por MetalPriest el Jue, 16/04/2020 - 19:48
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1. The Song of Hammers
2. Onyx
3. Secreta Ayra (The Key)
4. Valyrian Steel (Blood of the Dragon)
5. The Red Dawn
6. Schwarze Nacht

Grecia, junto con Noruega o Suecia, es de las naciones que mejor defiende los sacramentos del Black Metal. Es posible que, netamente, los griegos llegasen un poco tarde a la segunda (y gloriosa) oleada, pero hubo un puñado de agrupaciones que hicieron valer la tardanza. Que… aun llegando con años de retraso, serían capaces de marcar fieramente una diferencia. Porque Escandinavia no tiene la exclusiva de las tinieblas, ¿sabes? Y aunque así lo pareciera en el crepúsculo del estallido inicial noventero, poca de esa hegemonía les queda a día de hoy.

Es bien sabido que del Norte llegaron los colosos que pondrían en el mapa al Black Metal. Titanes como Bathory, Emperor, Immortal, Mayhem o Burzum; entidades que definirían de manera firme este nuevo universo que a día de hoy parece extenderse más que el propio “Metal” por increíble que parezca y absurdo que suene. Y como decía, más allá de las fronteras y de las frías aguas del Báltico se extendía “buena” nueva, y en tierras de helenos, mitos y leyendas milenarias, prosperó el credo. De ahí salieron mastodontes archi-conocidos como Rotting Christ, pero también otros como Necromantia, Nocternity, Macabre Omen, Kawir o Thou Art Lord. En esta ocasión, toca dedicarle unas palabras a Nocternity y en particular a su joya más fulgurante: Onyx.

Nocternity, fundados en 1997 por Khal Drogo y Merkaal, irían dando forma a su música con el paso de los años, jugando con varias influencias musicales que bien podrían remitirse a los colosos a los que hacía referencia un párrafo más arriba. Y es que los aires paganos a lo Bathory, las atmósferas mágicas estilo Emperor y su épica ancestral griega propia, terminaría por marcar una diferencia clave. Esa que precisamente arrebataría el monopolio de las tinieblas a Escandinavia. Nocternity son sólo un ejemplo, ojo. Pero ¡Qué ejemplo! Señores… ¡qué ejemplo! Porque la obra que hoy nos toca honrar de Khal Drogo y Merkaal no es que sea “otro” discazo de black metal, sino UNO de los más mágicos jamás paridos por mano helénica. Onyx no es un mero álbum de metal negro, sino que viene siendo una de esas obras que condensan todo lo que hizo grande y especial el género diez años al pasado: paganismo, misticismo, atmósfera, tenebrosidad y épica. Desde la opening The Song Of Hammers (un excelente homenaje a Quorthon y su Hammerheart) hasta la ambiental Schwarze Nacht, Nocternity descargan treinta y siete minutos de lo que debería ser el arquetipo del black metal europeo. Si el hombre de vitruvio marca las proporciones perfectas del ser humano, bien podría ser Onyx el homólogo para el metal negro.

Por supuesto, Onyx no ofrece musicalmente nada que no se hubiera escuchado ya por aquella fecha de 2003, pero cuesta mucho (muchísimo) imaginar agrupaciones o proyectos que fueran capaces de condensar tan putamente bien aquellos elementos y formas que (insisto) hicieron tan grande al Black Metal. Y menos en el siglo XXI.

La portada del Onyx ya deja claro que aquí nos encontramos ante una música guerrera, férrea y majestuosa. Concepto que Khal Drogo conservaría hasta días presentes con posteriores lanzamientos tales como A Fallen Unicorn y Harps of the Ancient Temples. Como comentaba, The Song Of Hammers nos remonta a Bathory y su sagrada opus de 1990, pero cuidado: que actualizando el mensaje con las guitarras y herrumbre de la segunda oleada. Onyx, aun siendo un corte avasallador, tormentoso y agreste, con sus dejes a Manes y Burzum, no llega a ser siquiera la cúspide del álbum homónimo. Y cuidado: porque estamos hablando de una canción que cualquier agrupación mataría por tener bajo su firma, pero es que te topas después con Secreta Ayra (The Key) y ¿cómo te quedas? Sencillamente de lo más “brillante” que nos trajo Nocternity y el género en lo que llevamos de milenio. Black metal auténtico, sin edulcorantes ni pilotos automáticos. Nocternity sabían (y saben) de qué va esto y no pierden el tiempo en chorradas ni alardes estúpidos. Secreta Ayra (The Key)… simplemente néctar de los dioses.

Valyrian Steel (Blood Of The Dragon) – nótese el amor de Khal Drogo por la obra de G.R.R. Martin – prosigue la travesía que Nocternity creó en esta opus, pero poco resta por detallar porque ¿realmente vale la pena? ¿Para que matizar o describir lo que nos trae Valyrian Steel o The Red Dawn si ambas son una coherente continuación de lo escuchado hasta esta parte? Lo que sí, es quizá comentar que Schwarze Nacht (que cierra el Onyx) es un outro protagonizado por el alemán Christoph Ziegler, quien con los teclados crea una pieza ambiental que poco tiene que envidiar a otras obras del dark ambient. Un cierre etéreo y calmado para un álbum que previamente ya nos había ofrecido toda la tormenta que nos tenía que dar.

Onyx es seguramente el engendro más perfecto e inspirado de Nocternity. No es el primer álbum de estudio de la banda (de hecho, es el segundo) ni sería el último. Pero de verdad veo que aquí Drogo y cía tocaron techo. Y es más: fueron capaces de alinearse, aunque sea efímeramente y tarde, junto a los maestros. Como decía más arriba: es difícil imaginar otros discos de black metal a estos niveles de calidad, y más aún en el siglo XXI. Por todo esto, poco cuesta el plantarle cinco cuernos a este Onyx de Nocternity.

Está claro que los griegos aquí no inventaron absolutamente nada, pero hacer genuino aquello que ya fue utilizado hasta la extenuación durante una década entera… pocos están en situación de conseguir eso. Un 9.25.

Khal Drogo: guitarras.
Merkaal: voz, bajo y letras.

Músicos de Estudio:

Christoph Ziegler: teclado en track 6.
Awraun: batería en track 1.
Therthonax: voz en track 1.
G. Potenti: batería.

Sello
Solistitium Records