Nine Inch Nails - Year Zero

Enviado por Guy Montag el Vie, 07/01/2011 - 18:05
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12 de Febrero de 2007. Trent Reznor (o su alter ego, Nine Inch Nails) inicia la gira de presentación del “With Teeth” por el viejo continente, y lo hace en Lisboa. Por primera vez se pueden ver y comprar las camisetas conmemorativas del circuito europeo, con los nombres de las ciudades que la banda visitará. Hasta ahí todo normal… Pero, sorpresa, algunas de las letras resaltan sospechosamente sobre el resto. A alguien se le ocurrió juntarlas, y es entonces cuando comienzan a surgir las preguntas.

I AM TRYING TO BELIEVE

Una enigmática frase sin sentido aparente. Reznor ya había dejado caer en recientes entrevistas que estaba preparando “algo” diferente a lo visto hasta el momento, pudiera ser una obra conceptual. Nada más se sabía al respecto.

Así las cosas, la gente se lanzó a indagar en la red sobre aquella inesperada y desconcertante averiguación; tan fácil como teclear la consigna en Google, y de repente nos topamos con una página llamada iamtriyingtobelieve.com, donde aparecían unas extrañas fotos: esa cosa que parecía ser una mano blanca gigante que cae del cielo llamada la “Presencia”. Y junto a ellas, narraciones incomprensibles sobre una droga llamada Parepin, contaminación del agua por parte de un Gobierno-Iglesia autoritario… ¿Qué puñetas quería decir todo aquello? Más si tenemos en cuenta algo que muchos pasaron entonces por alto: 8 años atrás, Reznor había cantado en el tema “The Wretched”, perteneciente a “The Fragile”, estas proféticas palabras:

The clouds will part and the sky cracks open
And god himself will reach his fucking arm through
Just to push you down
Just to hold you down

¿Casualidad?

A partir de ese momento, y gracias a diversas pistas y referencias de todo tipo, se fueron descubriendo alrededor de 30 páginas más relacionadas con lo anterior, y creadas en colaboración con la empresa 42 Entertainment: Another Version of the Truth, Be The Hammer, The 105th Airborne Crusaders, The Church of Plano, Consolidated Mail Systems, Art Is Resistance, U.S. Wiretap… Cada una de ellas aportando nuevas piezas a un tapiz mucho mayor y, por entonces, indescifrable.

Más datos, más enigmas que nos llevan a un desconcierto total. Pero aquí no acaba la cosa, puesto que ya en el concierto de Lisboa un afortunado asistente a la velada se topó con una misteriosa memoria USB en el baño. Al llegar a casa, preso de la excitación, la introdujo en su ordenador, y comienza a sonar “My Violent Heart”, un nuevo tema donde se puede reconocer la voz de Reznor. Ipso facto la cuelga en Internet, y horas después una mente brillante a la que se le ocurrió analizar en profundidad la nueva canción realizó un hallazgo increíble: hacia el final del tema, si se somete a un estudio con espectrograma, se puede ver claramente como la figura de un brazo surge de entre las frecuencias y ondas sonoras. La “Presencia” hace acto de aparición de nuevo.

Más camisetas en los siguientes conciertos de NIN, y otra vez símbolos resaltados, esta vez números en lo que parecían formar un código telefónico de los EEUU. Desconozco quién sería el primer valiente en llamar, pero su asombro debió de ser enorme cuando puedo escuchar a través del aparato unas vocecitas cantando el estribillo de otro tema. Este era “Survivalism”, hallado en otra memoria USB en Londres. Otra de las nuevas canciones, “Me, I'm Not”, se encontró en los lavabos de Barcelona, al igual que “In This Twilight”, esta vez en Manchester.

El revuelo que ya se había levantado en Internet era inmenso, sólo unos días después de iniciarse la gira. La gente que asistía a los conciertos de la banda lo primero que hacía era acudir a los baños, buscando desesperadamente alguna memoria USB que contuviera nuevas composiciones, o nuevos datos referentes a aquel entramado de pistas y retazos sin coherencia aparente. Claves morse que surgían al realizar espectrogramas a las composiciones de los USB que se iban encontrando, direcciones de email que nos respondían con mensajes amenazantes desde el Gobierno, nuevos números de teléfono atendidos por una inexistente y ficticia “Agencia de Moralidad”, sugerentes carteles y graffitis que infestaban las calles de algunas ciudades, “flyers” repartidos durante los conciertos del grupo… Pero fue el día 22 de Febrero cuando por fin se reveló la razón de ser de todo este sinsentido.

Ese día, un inquietante tráiler apareció en la página yearzero.nin.com. En este teaser, que no llega a los 30 segundos, podemos ver lo que parece ser una grabación casera realizada desde un vehículo que se desplaza por una carretera en mitad del desierto. De repente, y mientras enfoca al horizonte, algo sucede: una especie de mano divina desciende sobre la tierra, la imagen comienza a sufrir interferencias y funde a negro, e inmediatamente aparecen unas letras que nos anuncian el Year Zero de Nine Inch Nails para el 17 de Abril. Si detenemos la secuencia a los 5 segundos, podemos leer en una señal de tráfico la frase que dio inicio a toda esta aventura.

I AM TRYING TO BELIEVE

El mismo 22 de Febrero, en la anterior página web, se publicó algo semejante a un “track list” formado por 16 canciones, pero cifradas en una especie de código binario lleno de ceros. Con el paso de los días, los números se fueron transformando en los nombres de canciones, y así se hizo oficial el lanzamiento y el contenido del “Year Zero”.

Pero seguíamos sin conocer lo más importante, y era la relación existente entre el nuevo trabajo de Nine Inch Nails y toda la parafernalia orquestada alrededor. Tuvimos que esperar a que el disco viera la luz y poder escuchar todo su contenido de principio a fin para que el puzzle entero cobrara significado.

Y es que, tomando como referencia clásicos futuristas como 1984, Fahrenheit 451, El Hombre en el Castillo o Los Invisibles, así como otros grandes discos conceptuales similares en su concepción ("Operation: Mindcrime" de Queensryche), Reznor abandonó, por primera vez, sus fantasmas y demonios personales que tanto le habían inspirado hasta el momento y, dando un giro radical a su carrera, articuló un basto entramado distópico de ciencia ficción basado en el tremendo descontento y malestar que sentía hacia la administración Bush, rebosante de hipocresía y belicismo. También influyeron hechos como el empleo de canciones de NIN por parte del ejército estadounidense para la tortura de presos, o la intención de la MTV de emitir imágenes de George Bush durante una actuación de la banda, debido a lo cual Reznor canceló el acto.

Pues bien, nos situamos en el año 2022, también denominado Año Cero. Esto se debe a que el tradicional calendario religioso ha caído en deshuso. Este es el Año Cero porque una nueva América va a renacer, o eso se proclama orgullosamente desde las altas esferas del Gobierno estadounidense. Para entonces, el mundo se encuentra condicionado por el terrorismo y las guerras, haciéndose referencia directa a acontecimientos ya sucedidos como el 11-S, la guerra de Iraq, un supuesto atentado en la ceremonia de los Oscars de 2010 (en clara mofa hacia la industria de Hollywood) o incluso una guerra nuclear con Iraq.

Precisamente es el miedo a ataques bioterroristas el que ha llevado a que Gobierno e Iglesia (la llamada Iglesia del Plano) se fusionen en un solo ente, ultraconservador y totalitario. Y es el miedo el que ha llevado a la sociedad norteamericana a una situación extrema. Con el pretexto de proteger a la población de dichos actos terroristas y hacerles más resistentes frente a ataques biológicos, esta Administración semiteocrática ha contaminado el agua con Parepin, una droga cuya supuesta eficacia a la hora de proteger a los humanos no está probada. Sin embargo, sí parece que su consumo llega a ocasionar paranoias y visiones en las personas. Y ahí es donde entra en escena la “Presencia”, la omnipresente mano gigante que abre los cielos, y de naturaleza dudosa (¿diabólica o divina?).

¿Existe de verdad dicha “Presencia”, o sus avistamientos se deben al consumo de Parepin, siendo ésta la forma de anular y mantener controlados a los ciudadanos? Más retorcida resulta la cuestión si encima tenemos en cuenta que Cedocore, una de las grandes farmacéuticas, es la encargada de lucrarse a través de la fabricación y venta de ésta y muchas otras drogas, incluyendo la distribución ilícita del Opal, versión callejera del Parepin. Sin embargo, numerosas fotos y documentos gráficos revelan la entidad corporal de la “Presencia”, además de testimonios de gente que asegura haber asistido a alguna de sus manifestaciones sin haber ingerido ningún tipo de sustancia psicotrópica o alucinógena.

Para más inri, el Gobierno cuenta con un terrible brazo ejecutor e inquisidor, la “105th Airborne Crusaders”, división armada encargada de velar por el cumplimiento de las políticas gubernamentales y los estrictos principios religiosos de la nación. Dicha fuerza militar está formada, como se informa en alguna página web, por “hombres y mujeres que mantuvieron una relación personal con el Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, y permitieron que el Espíritu Santo guiara la verdad de sus rifles”. Puro fanatismo y fundamentalismo religioso en plena América del siglo XXI.

El control legal y administrativo de la sociedad corresponde a organismos como la “Agencia de Moralidad”, encargada de regular numerosos aspectos de la vida americana suprimiendo las libertades civiles y de prevenir y frenar los actos de subversión, o el “Centro Correccional Judson Ogram”, donde acuden todas aquellas personas “incómodas” para el régimen, y no solamente criminales, sino también enfermos con alguna deficiencia o disfunción mental.

Pero en esta América plagada de corrupción, extremismo y violencia, también se han formado grupos de resistencia y oposición al dictatorial poder central. Dichos grupos creen firmemente en que el Parepin ha anestesiado a la sociedad y sus ciudadanos, volviéndolos totalmente apáticos, y combaten por despertar a las personas de su letargo. Para lograrlo, unos abogan por la fuerza y el enfrentamiento directo como único camino; ente ellos se encuentra “Angry Sniper”, antiguo miembro de los Cruzados Aerotransportados y firme opositor al Gobierno, postura reflejada a través de diversos actos terroristas, como el atentado en el estadio Wrigley Field de Chicago. Incluso se rumorea que podría ser el líder de la facción más radical de la Resistencia.

Otros, sin embargo, apuestan por la lucha pacífica e intelectual. Este es el movimiento clandestino denominado “Art is Resistance”, que cree en el arte como la vía de escape y oposición más efectiva. Todos tenemos una voz, y debemos hacer que sea escuchada.

Toda esta información nos ha llegado gracias a “Solutions Backwards Initiative”, una agrupación de estudiantes, profesores y expertos en física cuántica que nos la han conseguido hacer llegar al pasado (nuestro presente) a través de la extensa maraña de páginas web ya mencionadas, rompiendo las leyes del tiempo.

La historia y el sentido de todo Year Zero gira en torno a “Art is Resistance” y la captación de nuevos miembros. Tanto es así que muchos de los fans de NIN residentes en Los Ángeles recibieron un mail el día 12 de Abril indicándoles la situación de un nuevo mural callejero relacionado con la causa , y convocándolos para el día siguiente en ese mismo lugar. Allí, unos hombres bajaron de una furgoneta, les entregaron cajas de munición repletas de material de la Resistencia, y móviles con saldo para 100 minutos. En los días posteriores se les sometió, mediante estos teléfonos, a un exhaustivo interrogatorio y después se les citó de nuevo para el 18 de Abril, esta vez con motivo de una reunión secreta de la organización.

El 18 de Abril, 50 fans de Nine Inch Nails acudieron a un parking de la ciudad, se les introdujo en un autobús sin poder ver el trayecto que realizaron, apareciendo en un almacén abandonado donde el futuro mártir de la Resistencia, Neil Czerno, dio una charla sobre la libertad y sobre cómo cambiar el mundo. A continuación, en otra sala, el mismísimo Reznor y los miembros de NIN les sorprendieron con una actuación en directo que debió ser cancelada de improviso ante la súbita intervención de los SWAT. Los invitados pudieron escapar por una puerta lateral, y regresaron al parking.
Suena a película, pero sucedió de verdad.

Llegados a este punto, podemos dar por finalizada la “breve” introducción sobre qué es Year Zero, una descripción que a más de uno le habrá resultado demasiado extensa y ardua. En mi opinión, sin embargo, la ocasión lo merece, puesto que la música queda relegada a un segundo plano cuando hablamos de esta obra. No obstante, pasemos ya a lo que nos interesa: el disco en sí.

En la portada del álbum podemos observar una imagen muy similar a la del tráiler del disco, con el fantasmal brazo de la “Presencia” cayendo sobre nosotros. Por si fuera poco, cuando sacamos el disco del reproductor una vez escuchado durante un tiempo prudencial, podemos observar estupefactos cómo el negro termosensible que cubría el cd se ha transformado en un espeso blanco con una especie de código binario encima. Dichosa Resistencia y sus mensajes ocultos.

En el apartado meramente musical, Reznor vuelve a dar otra vuelta de tuerca al sonido de la banda y, tras pasarse a terrenos más rockeros con “With Teeth”, en “Year Zero” recupera un sonido electrónico que, no obstante, resulta totalmente novedoso y diferente a lo que nos tenía acostumbrado el artista. Podríamos definir la paleta sonora del disco como una gama infinita de grises que van moviéndose entre momentos brillantes y oscuros, pero con una sensación de opacidad y suciedad permanente. Mucha electrónica, sí, pero llena de ruido: ruido blanco, rosa, y de todos los colores. Gran elección por parte de Reznor, puesto que esta nueva orientación musical es la que mejor encaja con el sombrío y pesimista futuro en que la obra toma lugar. Aun así, el disco está lleno de estribillos efectivos y ritmos animados, elementos que, combinados con la chirriante y tortuosa electrónica, crean un paisaje sonoro muy interesante y estimulador.

Podríamos desmenuzar los temas uno a uno, pero entonces le quitaríamos la gracia y el atractivo principal a “Year Zero”, que es el de ir sumergiéndonos, poco a poco, en este fascinante nuevo mundo del año 2022. No es fruto del azar que el disco comience con la instrumental “HYPERPOWER!”, una suerte de marcha militar conducida por un ritmo de batería que recuerda a los acompañamientos de los desfiles bélicos. O que el primero de los temas sea “The Beginning of the End”, significativo preludio de lo que se nos viene encima. O que “The Good Soldier” finalice con la recurrente frase “I am trying to believe”.

Largos paréntesis de ruido y experimentación electrónica reinan en muchos de los temas como “Vessel”, composición dedicada al Parepin y sus efectos, “The Great Destroyer” (con ese comienzo absolutamente brillante) o la movida “Violent Heart”. Otros como “Capital G” o “Meet Your Master” conservan parte del espíritu más accesible del “With Teeth”, las piezas instrumentales “The Greater Good” o “Another Version of the Truth” (título bastante ilustrativo) nos inducen a un estado verdaderamente incómodo a la par que sugestivo, y el final de disco con los emotivos coros de "Zero-Sum", a modo de cánticos religiosos expiatorios, resulta sublime.

Mención especial para el vídeo de “Survivalism”, la mejor iniciación posible al Year Zero. Una serie de monitores que representan diversas cámaras de vigilancia nos van mostrando alternativamente a un matrimonio de ancianos viendo la tele con una imagen de Cristo detrás, una mujer que ha consumido Opal, tres miembros de la Resistencia preparando una especie de carteles que más tarde cuelgan en la calle, un grupo de SWAT que penetran en el edificio, varias pantallas censuradas por la “Agencia de Moralidad” bajo el lema “One Nation Under God”… Y, por supuesto, la banda al completo tocando en una habitación de forma clandestina, mientras entonan el himno rebelde:

I got my propaganda
I got revisionism
I got my violence
In hi-def ultra-realism
All a part of this great nation
I got my fist
I got my plan
I got survivalism

Todo ello plagado de referencias bíblicas. Y el final del clip, desconcertante.

Valoración: un disco que, si atendemos únicamente al apartado musical, merece 4 cuernos, no mucho más; muy buen trabajo, algo arriesgado pero sorprendente, y del nivel que se podría esperar a estas alturas del músico estadounidense.

No obstante, hay ocasiones muy contadas en las cuales la música no sólo es música, y este es uno de esos casos.

El elaborado y rico trasfondo concebido por Trent, el contenido de las excelentes letras (henchidas de crítica social, política, religiosa…), la enésima reinvención sonora de la banda (que le va como anillo al dedo a la temática y contexto en que se ubica la obra)… Y, por encima de todo, la sobrecogedora y vanguardista campaña viral dirigida por Reznor, algo nunca visto hasta el momento, que ha marcado un antes y un después en la forma de entender el negocio musical y ha abierto horizontes inmensos a la comunidad del ocio sonoro, involucrando a los fans directamente. Ya ha habido unas cuantas bandas que han seguido los pasos del genio industrial.

Y no sólo como campaña de marketing, sino que todo el entramado de páginas de internet y demás contenidos adicionales constituyen un complemento imprescindible al disco y a la historia que desarrolla. No en vano, la iniciativa le valió a la empresa 42 Entertainment y al propio Reznor varios Premios Webby (uno de los galardones internacionales más prestigiosos e importantes en cuanto a desarrollo de sitios web en Internet), y se calcula que aproximadamente 2,5 millones de usuarios se vieron involucrados en la trama del Year Zero, amén de los 7 millones de mensajes depositados en foros de la red.

Os invito a todos a adentraros en el alucinante mundo del "Año Cero", y darle al menos una escucha. Antes, por supuesto, es obligado echar un vistazo a las webs, el tráiler del “Year Zero” el vídeo de “Survivalism” y demás accesorios que nos sumergirán en un futuro, lamentablemente, demasiado creíble y tristemente próximo. Un futuro tan complejo e interesante que pronto dará el salto fuera del terreno musical: una serie de TV se encuentra en desarrollo, respaldada además por pesos pesados del mundo cinematográfico como Lawrence Bender (amigo y productor de Tarantino), Daniel Knauf (guionista de la grandiosa e hipnótica Cárnivale) y la cadena HBO, nada más y nada menos.

Disfrutar el disco y sus letras habiéndose empapado de la mitología “sci-fi” que lo rodea hace de este trabajo una genuina e innovadora creación artística, y una experiencia insuperable. Reznor se ha dado cuenta, antes que nadie, de algo que ha llevado a la industria musical al fin de su existencia: lo importante son los consumidores y los oyentes, puesto que el negocio depende en última instancia de ellos. Las nuevas tecnologías suponen una herramienta de inestimable ayuda para expandir el arte, lejos de suponer el fin de la cultura, como se nos ha querido transmitir. De esta forma, Reznor ha dejado en evidencia, una vez más, a multinacionales y sellos discográficos, mientras aprovecha para lanzar dardos envenenados contra el gobierno y el sistema de su propio país, EEUU.

La banda sonora de un futuro estremecedor y terrorífico, de un oscuro apocalipsis que tal vez nos toque vivir… Pensándolo fríamente, no suena tan lejano, ¿verdad?

Trent Reznor: Instrumentos, voz, producción
Josh Freese: Batería en "HYPERPOWER!" y "Capital G"
Saul Williams: Coros en "Survivalism" y "Me, I'm Not"
Atticus Ross: Producción, ingeniero de sonido
Alan Moulder: Mezclas

Sello
Interscope