Morbid Angel - Altars of Madness

Enviado por stalker213 el Dom, 15/01/2012 - 23:10
1235

1. Immortal Rites (4:05)
2. Suffocation (3:14)
3. Visions From the Dark Side (4:08)
4. Maze of Torment (4:23)
5. Lord of All Fevers & Plague (3:26)
6. Chapel of Ghouls (4:58)
7. Bleed For the Devil (2:22)
8. Damnation (4:09)
9. Blasphemy (3:28)
10. Evil Spells (4:12)

Al igual como acostumbraban a proceder los divinos monarcas desde los tiempos del ya remoto Medievo -mirando orgullosos al frente y a la espera de ver picar al puente de paso contra el suelo para adentrarse en sus fortalezas y ser agasajados al punto por sus entregados súbditos después vencer la batalla- los norteamericanos MORBID ANGEL (hace también mucho, sino más) fueron igualmente reverenciados como las mismísimas majestades de un arrogante y avasallador género que, se quiera o no, estuvo destinado desde sus primeros pasos a mutar fatalmente, cuando no destruir, al rígido cuerpo de leyes que hasta el momento había regulado en el seno del Feudo del Metal. Y hace tiempo, digo, porque bastantes son ya veintitrés años desde que los de Florida aterrorizaran al orbe merced aquellas desmedidas diatribas -comúnmente armonizadas en una grotesca, obscena e informe aleación alcanzada tras la caótica fusión del anti-cristianismo militante de antaño, los cultos orientales del mundo antiguo y aquellos otros cogitados por el chiflado Lovecraft- con las que habrían de pasar a la historia del bendito Death Metal.

Las cosas nunca son más ciertas por más que nadie las repita, eso todos lo sabemos. Aunque tampoco es menos cierta la sagrada e infinita ecuación de nefarios efluvios que, por los tiempos de los tiempos, sentenciará sin posible turno de réplica cómo si tú juntas los cuatro números que conforman 1989, las siete letras que integran el pestífero nombre de Earache y al punto lo enmarcas todo en un aborrecible y nauseabundo tapiz labrado por el orfebre del horror y la mueca, Dan Seagrave, aquello que resulta no es otra cosa que una aterrorizante, zafia y pérfida alineación perfecta de las estrellas para que los Primigenios, de nuevo, lleven a cabo por enésima vez su retorno a la Tierra para someterla infinitamente a su aciago destino y al horror de sus caprichos.

Y es que el puente de paso al que hacía antes referencia, baja lentamente y plagado de rancio e iridiscente moho procedente de otro mundo, ante el regio e imperturbable semblante de ese Rey de Reyes, exhausto aunque firme e intimidante, que ha vuelto a casa no habiendo dejado tras de sí más que cientos de miles de almas quebradas, así como los ecos sordos de una sangrienta batalla que jamás cesa. Baja lento, os digo. Desciende casi imperceptiblemente y sus cadenas, chirriando como un millón de puercos hirviendo en una caldera de kilométrico diámetro, no hacen sino convertir en trizas al silencio que gobierna ese instante en que todos los siervos del señor aguardan ansiosos a la expectativa de que el puente besé el piso y ver que su padre ha retornado con aliento en el pecho.

Y vaya si lo hace. Porque es precipitarse un torbellino de cuerdas invertidas sobre el oído del oyente, cual suicida catafracta sobre las cabezas de su oponente, con el que abre la horripilante ‘Immortal Rites’ y ya sin más uno se sabe del todo indefenso ante un horror de magnitud inimaginable ante el cual no hay medios posibles de escapatoria. La espeluznante instantánea de David Vincent empotrada en la contraportada del disco no miente: Ese no es alguien que actúe o esté por la labor de andarse por las ramas malgastando su tiempo para entretener a nadie, sino más bien antes alguien lastimosamente enfermo en su mente, transido de éxtasis en su bendita insania y presto al punto de dejarse llevar por mil diablos que lo guíen directo al precipicio.

Azagthoth, en cambio, oculta el rostro tras su larga y oscura cabellera; Esa misma tras la cual no se hallan sino los ojos huecos y abismales de un maldito demente que, articulando una pavorosa tonada dueña ella de los más abyectos prospectos y temores, encadenará sin remisión posible a toda la humanidad para hacerla danzar cual idiota muchedumbre ciega por los días de los días. Y así es justo como nos lo hace saber a continuación la hiriente y abominable hasta lo indecible ‘Suffocation’, mediante la cual la incomprensible fusión de temperaturas imposibles sobrenaturalmente alcanzada de modo conjunto por las cuerdas de Vincent y el martillo de guerra de Sandoval, hace menguar en el más absoluto oprobio hasta las mismísimas calderas del Infierno donde quien gobierna con puño de hierro no es otro que su Señor.

Tanto la infinita complejidad de la cambiante anatomía de esta bulbosa bestia, como la asfixiante geometría de todos y cada uno de sus vaporosos y tumefactos poros, se tornan por momentos odiosas, revelando al punto una naturaleza y unas formas que lejos de antojarse terrestres, suscitan para el vertiginoso delirio del sobrepasado oyente una enfermiza certeza de que aquello ante lo que se encuentra no es otra cosa que una sofocante e incandescente blasfemia -infestada de incontables tormentos- coronada en pesadillas y del todo desconocida para los sentidos humanos, aunque eso sí: Arrebatadoramente hermosa.

Y es que ‘Visions From the Darkside’, amigos, no es sino eso y cientos de miles de millones de trillones de cosas más, además de la desoladora y salvajemente calamitosa antesala a una de las tríadas más descomunalmente incomparables dentro de toda la historia del Death Metal, como la que se erige ante las mismas puertas del Averno, aglutinando ensambladas en su enloquecedora estructura nada menos que a la devastadora ‘Maze of Torment’, ‘Lord of All Fevers & Plague’ (y su truculenta retahíla de infectos sermones consagrados a las mil y una formas del Diablo) y la desquiciada, alevosa y cerval ‘Chapel of Ghouls’, donde el odio y el más lacerante menosprecio para con la Iglesia y sus oficiantes se desborda ya por completo, alcanzando por momentos cotas de enajenación y esquizofrenia absolutamente insospechables en alguien que tan solo estuviera grabando un disco.

Inexcusablemente, la primera, es sin lugar a dudas la más “comercial” de todas ellas, ya que incluso entre sus más recientes seguidores, ‘Maze of Torment’, aparece siempre entre las escogidas cuando tú lanzas un globo sonda acerca de cuáles son los temas predilectos del personal cuando MORBID ANGEL es el tema central de conversa (más que nada -imagino- por su sección de cuerdas del final). Y digo lo de “comercial” a falta de un término más apropiado, porque si algo resulta meridianamente claro, eso es cómo esa primera palidece, cuando inmediatamente la confrontas a dos ciclópeas columnas de turbio humo compuesto de carne, pelo y hueso como inefablemente son la abrumadoramente epatante ‘Lord of All Fevers & Plague’ y el descontrolado tornado forjado a base lava y víscera angustiosamente transfigurado bajo el vil y lúgubre nombre de ‘Chapel of Ghouls’.

Exactamente lo mismo sucede con ‘Bleed For the Devil’ que, combinando atrozmente en un extravagante y disparatado coctel a los primeros preceptos de VENOM, POSSSESSED y SLAYER, acaricia unos niveles de maestría extrema y repulsiva monomanía que sencillamente nadie con sangre en las venas podría ignorar al escucharla.

‘Damnation’, descendiendo a velocidades concluyentemente al margen de la física, consigue lo impensable al hacer subir todavía más grados la temperatura de los raíles por los que discurre la divina vagoneta que conduce sin frenos al profundo Hades en esta funesta aventura, y el juicio se antoja lo mismo único como inapelable: Nadie nunca jamás ha vuelto a acercarse ni por asomo a semejantes niveles de exceso y locura al mando de ningún instrumento.

La riqueza de matices en cada uno de ellos hiere sin límites a la capacidad de quien sea, por más dura o resistente que aquella fuere; Pero es que lo de Azagthoth raya en un punto, que ahí es ya es únicamente donde convergen el más rematado genio con la más exacerbada de las barbaries. El “Van Halen” del Death Metal lo bautizaron algunos, y créanme ustedes cuando les digo que el apelativo no es para nada desafortunado. El talento del tipo es del todo degenerado.

‘Blasphemy’, entrando en liza a golpe de metralleta (e inaugurando una de las trademarks más características de Azagthoth, cuando éste genera ese efecto de guitarra inexplicable en forma de nube densa y flotante que asola todo a su paso), y la insolente ‘Evil Spells’, cabalgando a lomos de una insensata montura presa del trastorno más ignominioso y despreciable, ponen el colofón a este avieso festival de la deshonra y la infamia más absoluta en el que la raza humana siempre resulta y resultará perdedora sin posible respuesta. Tocada y hundida. La humanidad permitió a ‘Altars of Madness’ asomar su cabeza en aquél nefando mayo de 1989 y ya nada podrá borrar jamás el daño causado, porque justo fue en ese instante cuando al respeto y las buenas intenciones (dentro del negocio) se les colocó una etiqueta con fecha de caducidad al no haber detenido a tiempo el vergonzoso parto en que nació la Bestia. 1989 os digo, hermanos, fue el año en que la música enfermó y la fractura dura hasta hoy.

Valorar a esta obra bajo cualquier circunstancia que nadie imagine, se antoja como poco fútil, ya que hablar sobre el mejor Death Metal jamás creado es hacer lo propio con ella y viceversa, de modo que poco más suscribiré al respecto. Luego, lógicamente, andan de por medio los gustos y las preferencias inherentes a cada ser, las vivencias personales que cada uno tiene asociadas al disco, así como un sinfín de muchas otras vinculadas a motivaciones de índole variopinta, pero nada de todo ello variará un solo ápice el incontestable hecho de que junto a ‘Left Hand Path’, ‘Scream Bloody Gore, ‘Cause of Death’ y ‘Realm of Chaos’, ‘Altars of Madness’ reposará por los restos de los restos en lo más alto del altar más sagrado del panteón del Death Metal.

Valoración: 10.00

David Vincent: Voz & Bajo
Trey Azagthoth: Guitarra
Richard Brunelle: Guitarra
Pete Sandoval: Percusiones

Sello
Earache