Moonspell - The Antidote

Enviado por dHt el Dom, 20/12/2015 - 15:02
294

1. In and Above Men (04:11)
2. From Lowering Skies (05:25)
3. Everything Invaded (06:16)
4. The Southern Deathstyle (04:07)
5. Antidote (04:45)
6. Capricorn at Her Feet (06:04)
7. Lunar Still (06:55)
8. A Walk on the Darkside (04:44)
9. Crystal Gazing (04:52)
10. As We Eternally Sleep on It (07:09)

Álbum completo (54:34)

Edición reseñada: The Antidote (‎CD, Álbum, 2003)

Siempre he opinado que la manera más idónea y objetiva de abordar cualquier álbum de cualquier época es aislándolo de su propio entorno. Tal cual fuera una obra nueva de una banda desconocida y tan sólo contextualizándola en la escena de la época. Es el único modo que tenemos de asegurarnos de que analizamos el disco de forma aséptica, sin dejarnos influir por los prejuicios o expectativas creadas a partir de un trabajo anterior, o como a veces ocurre, posterior. He de admitir, no obstante, que ésta labor es extremadamente difícil pero que, con la trayectoria de Moonspell, resulta algo más sencilla ya que es prácticamente imposible encontrar dos discos iguales en su discografía. En cada uno de sus álbumes siempre hay matices que los hacen únicos y que pueden ir desde el rock gótico, incluso electrónico, hasta el black o los toques death metal en alguno de sus últimos álbumes por lo que las comparaciones entre un disco y otro son complicadas.

Lo expuesto anteriormente no sirve de excusa para no hacer aquí una presentación de la banda. Moonspell se iniciaron en 1989 bajo el nombre de Morbid God en Brandoa, un municipio de Lisboa en Portugal. Tras una demo y el cambio al actual nombre (1992), editaron Anno Satanæ (Demo, 1993) y el magnífico EP Under the Moonspell (Adipocere Records, 1994) con los que llamaron la atención de la escena underground y del sello Century Media Records, lanzando al año siguiente, de la mano del prolífico productor Waldemar Sorychta, un pepinazo de dimensiones inimaginables que supuso un soplo de aire fresco en la escena. Sorprendieron con un gothic metal con tintes black que hizo que todos los que disfrutamos en su día de éste trabajo, nos emocionáramos con el aullido del lobo, cayéramos en las redes de la sensual Vampiria, nos enfundáramos nuestro traje más folclórico, o cantáramos a nuestra tierra que siempre será nuestra Alma mater. Hablamos, por supuesto, del sublime Wolfheart. Después de esto, mantuvieron un nivel notable con Irreligious (1996), abandonando los toques black y centrándose en el gothic metal. A partir de aquí, una caída en picado con un mediocre Sin/Pecado (1998) y terminaron el siglo con una obra… “experimental”, Butterfly Effect (1999). Eran tiempos confusos donde algunos temían el efecto 2000 y otros nos espantamos y salimos huyendo por culpa del efecto mariposa. Seguidamente de rebozarse cual croqueta en semejante desecho, parece que estos chicos recapacitaron y se dieron cuenta de que el mariposeo no tuvo el efecto que esperaban e intentaron granjearse de nuevo el favor de sus viejos fans remontando algo el vuelo con el álbum Darkness & Hope (2001), un disco decente con mucho gothic, bastante rock y poco metal. Finalmente llegaron a éste punto, 2003, con un álbum con el que, por momentos, al menda que tenéis la paciencia de soportar le hicieron creer que habían regresado ocho años atrás con la misma fuerza y determinación que en aquel glorioso Wolfheart.

De éste modo, ya pasados algunos años del comienzo del milenio, la fiebre por el “goticismo” más electrónico y melódico plagado de teclados, sintetizadores, voces femeninas y poca distorsión de guitarras comenzó a decaer (véase el cambio de estilo que también experimentó otro de los clásicos como Paradise Lost, que precisamente tuvieron una evolución paralela tras el cambio de milenio). Al fin y al cabo el mundo no se acabó, no era tan distinto del mundo del siglo XX, y esa revolución industrial de la música (nunca mejor dicho), se fue desvaneciendo. Lo electrónico, lo industrial y aquello que llamaron nu metal dieron paso a una vuelta a las raíces en los estilos más oscuros del metal. Experimentamos un renacimiento de aquellos géneros denostados y pasados de moda que tanto furor causaron en los años 80 y 90 del siglo anterior, resurgiendo así un sinfín de bandas al estilo de las viejas y gloriosas escuelas del thrash metal o del death metal. Por otra parte, poco a poco fuimos viendo un cambio en las estructuras, ejecuciones y técnicas de la música extrema, plagándose ésta de bandas que llevarían muy cercana la etiqueta de progresivo, siendo los máximos exponentes bandas como Opeth o Enslaved, como más representativas de los dos estilos extremos más comunes, el death (y/o death/doom) y el (renovado) black metal. Entonces, ¿en qué tesitura se encontraron Moonspell? En la de un grupo que, a pesar de su gusto por el estilo de Type O’ Negative o Sisters of Mercy, tendría que reinventarse para sobrevivir y volver la vista a sus orígenes. Regresar a esa madriguera apartada y oscura en que moraban todos aquellos licántropos que se vieron seducidos por un hechizo de luna que alcanzó lo más profundo de su corazón lobuno. Así pues, Ribeiro y compañía encontraron el antídoto a sus males dándose de nuevo un paseo por el lado oscuro. El que nunca debieron abandonar.

Ya metidos en materia, el álbum está elaborado como una obra conceptual, no en el sentido de narrar una historia en particular, sino en el de contar la historia de todos los hombres en su búsqueda de la singularidad, en su lucha contra los dioses, y contra la propia esencia inherente a todo hombre: la de la bestia animal y depredadora, en constante duelo contra el ser que se supone debe ser humano. Al hilo de éste concepto existe otra novedad destacable: muchas veces nos encontramos con que una obra de un escritor ha inspirado multitud de álbumes y canciones (se me viene a la cabeza ahora algunos temas ilustres de Iron Maiden inspirados en poemas y relatos de Edgard Allan Poe, Samuel Taylor Coleridge o Josep Conrad, entre muchos otros), pero no es habitual que sea al revés. Y es que, si exploráis en el interior del disco, podréis encontrar, además del videoclip Everything Invaded, un libro digital de José Luís Peixoto (Galveias, Ponte de Sor, 1974), un novel narrador y poeta portugués apasionado del rock, del metal y de la literatura que colaboró con Moonspell y que dio vida a Antidote, una novela inspirada en los temas del álbum.

Podríamos decir que el disco se divide en dos partes: la primera, más violenta, rabiosa y enérgica; y la segunda, más gótica, intimista y siniestra. De cualquier modo, el denominador común de los temas en todo el disco es la oscuridad, vertebrado en cada una de las partes por un elemento focalizador distinto: En el primer bloque, por la batería de Mike Gaspar, donde apreciamos que es el elemento que une al resto y los ata eternamente en esa oscuridad. En éste disco la percusión se torna grave y contundente, repleta de toms y doble bombo que le dan un aire tribal y primitivo en muchos de los temas; unos splash, crash y “chinazos” perfectamente escogidos, y acompañado por un magistral bajo que apoya y amplifica esa sensación de oscuridad allá donde el eco de los parches no llega. En la segunda parte, esa oscuridad viene fundamentalmente de la mano de unos teclados ambientales muy bien traídos, sin resultar excesivamente sinfónicos, sin barroquismos cargantes, y con un equilibrio con el resto de instrumentos perfecto donde lo importante es crear la atmósfera idónea para dar rienda a unos melódicos riffs y una voz que se aleja de la rabia de los growls de la primera parte, para centrarse en el intimismo de las voces góticas y susurradas.

En los primeros temas se aprecia que dejan de lado la ambientación más puramente gótica y romántica de antaño y que todo queda invadido por la oscuridad. Sólo iluminada por una fría luz de rencor, odio, y desesperación. La inmensa luz de las profundidades. Son sensacionales los dos primeros temas, que se engarzan entre sí como si fueran uno solo. Moonspell recrean aquí la tensión y disputa de poder en los cielos, donde algunos seres son desterrados, arrojados de cielos furiosos y encapotados, sembrando una semilla de odio en el corazón de los hombres. Destacables ya esos growls rabiosos, en un tono furioso y desgarrador, semejante al grito de impotencia de alguien que no puede hacerse oír. Con riffs metálicos; un bajo rasposo, sibilino y denso; y una batería contundente que golpea con autoridad reclamando tu atención para decirte: ¡Eh! ¡Estamos aquí! ¡Hemos vuelto! In And Above Men y From Lowering Skies: Dos temas que ya te dejan con un ligero balanceo en el cuerpo, a punto de saltar, con ganas de más. Por cierto, no os perdáis la espléndida introducción al comienzo del segundo tema, dejando bien sentadas las bases de quién porta la batuta en ésta canción y buena parte del álbum, sabiendo posteriormente como dinamizar y volarlo todo por los aires con ese magnífico bombo del estribillo de la canción.

El tercer tema, Everything Invaded, fue el escogido como videoclip de presentación del disco, algo muy bien traído ya que sintetiza de excelente manera muchas de las virtudes del álbum. Aquí encontramos uno de los mejores momentos del disco en 2:53, en el puente tras la segunda estrofa, con una guitarra sensacional y un riff serpenteante, como el agua metiéndose en cada surco de tu alma, inundándola por completo hasta quedar invadida por una lóbrega calma. Culminado con un solazo genial que duele cuando se desborda y desata toda esa maldad que hay en tu ánima. Para dejarte caer de rodillas. Un pasaje de más de dos minutos y medio apoteósico (la versión que escucharéis del videoclip está editada y reducida), tan solo la antesala al último estribillo y a lo que viene después…

Para algunos la existencia es un periplo de tiempo en el que se trata de vivir la vida de la manera más convencional posible. Pero para otros se trata de vivir la vida como un proceso hacia la muerte. Así nos presentan Moonspell la magnífica The Southern Deathstyle, para dejarnos claro cómo es el Ars Moriendi en el Sur. Un temazo de los que puedes hablar y escribir durante horas. Ésta canción se aleja un poco de la temática conceptual del álbum y nos muestra a los cuatro miembros del grupo representados bajo algún sobrenombre: donde Silver Bullet es el teclista, además de guitarrista, Pedro Paixão (me encanta esa detonación que se oye en el minuto 2:47); Morning Blade representa a Ricardo Amorim, el guitarrista principal; Mandrake’s Pill (o Root), es Ribeiro el vocalista; y Forever Rope es la soga que todo lo une, la batería, ejecutada por el (rey) Gaspar. Es curioso que dentro de las espléndidas letras del disco, la parte que más me gusta es el final de ésta canción donde dice:

“The Elements all moulded together.
A family whose name is Death.
The Elements in circlefear.
Bullet, Root, Blade and Rope.
All hold so dear!”

Todos los elementos hacen aquí un espectacular trabajo. Sin olvidarnos por supuesto del bajista, Niclas Etelävuori, músico de sesión prestado por Amorphis tras la salida de la banda del anterior bajista Sérgio Crestana. Llama la atención que para ser músico de sesión se haya currado un trabajo tan bueno a las cuerdas, dotando a las canciones de la densidad, gravedad y oscuridad que necesitan. En especial cabe destacar la amplificación que le da en muchas de las canciones al sonido del bombo de la batería, aportándole la contundencia de una pisada de rinoceronte, expandiendo el sonido y haciendo que se levante polvo a cada golpe de pedal, con la misma onda expansiva de una bomba atómica. Y para muestra, el pasaje que sucede al vociferio desesperado de Fernando de “In venenum veritas, VERITAS” en el minuto 1:34, con una batería descomunal desparramándolo todo, seguido de un riff bien heavy y vacilón, para desembocar en otro pasaje de lucimiento al bajo, con efectos y samples sutiles incluidos, y la voz polimórfica y versátil de Ribeiro. Sencillamente exquisito. Un tema de banda, de metal, todos juntos como amigos abrazados formando un circlefear.

Los acordes que abren Antidote invitan a dar un paso adelante, con una mano a la espalda y la otra alzando un cáliz para brindar juntos por el miedo, por el sueño, por la resistencia o por la derrota. Un buen tema que inaugura la que se podría considerar la segunda parte del álbum, con un inmenso riff en el estribillo, de los de alzar la cabeza al cielo y dejarse llevar por la melodía, y con un sencillo solo al finalizar el tema que intenta parafrasear al riff principal, pero al que le falta algo de garra para arrancarte el vello de la piel.

Espero que no sea tarde para advertirlo, pero ¡Cuidado con el volumen! Ya os habréis dado cuenta de que Moonspell abusan aquí de los cambios de ritmos a lo “stop & go”, con lo que puedes llevarte más de un buen susto (incluso escuchar una voz a lo lejos que grite: “¡Bájalooo!”), como ocurre en éste tema, por ejemplo, en 3:40, cuando ya parecía que acababa la canción. Aprovecho también aquí para hacer un inciso respecto a la producción. Nunca había escuchado algo así. Es el vacío absoluto. De tal manera que pareces sumergido en una total y densa oscuridad en la que los sonidos van emergiendo de la nada, limpios, puros y cristalinos. Todo está en su sitio, puedes pararte en cada rincón de la lóbrega habitación a escuchar el instrumento que quieras. No tienes ni que cerrar los ojos para concentrarte y buscarlo, porque los sonidos emiten su propia luz entre tanta oscuridad ¿Puede haber alguna pega a tan excelente producción? Pues para mí sí, aunque pequeña. Se percibe claramente, en éste tema que da título al disco (así como en algún otro pasaje del álbum), cuando el vocalista comienza a cantarte casi al oído y puedes incluso oír como “crepitan” sus labios antes de emitir ninguna palabra, como si estuviera degustando un exquisito manjar. Un sonido para mí un tanto repelente.

A mi pesar, en el tema que sucede, Capricorn At Her Feet, ya se percibe claramente que me he quedado solo y sin banda para hacer un mosh. La canción continúa en ése tono dramático, aunque menos violento, del disco. Uno de los temas más góticos, siniestros y esotéricos; con una lírica llena de símbolos y alegorías, donde Snowbird (el pinzón de las nieves) simboliza a Capricornio a través del paralelismo con el horóscopo indígena. Una letra compleja donde vuelve a evocar la imagen de esa alma gemela desconocida que nunca sonríe y que todos llevamos dentro. Unos versos sensacionales, rematados además por una cita del poema del Requiescat de Oscar Wilde (Poems, 1881), pero que compositivamente se hace demasiado larga y no está a la altura. Por cierto, esas voces que corean aquello de “spreading and eclipse” harán recordar a más de uno a los excepcionales Tiamat. Incluso esa manera susurrada de cantar.

Lunar Still también se solapa a la que le precede, haciendo un conjunto extremadamente largo en el que se recrean en un teclado puramente gótico y atmosférico. Abre con un sample que semeja el sonido de esos carillones de viento que se cuelgan junto a las ventanas y que se prolonga durante toda la canción. Tema repleto de efectos siniestros y esotéricos con un fondo tenebroso, como el silencioso y majestuoso tránsito de una insondable sombra que nos envuelve y cubre de oscuridad, en esa inquietante calma lunar que desemboca en una previsible, aunque devastadora, descarga de desolación. Muy buena idea, excelente ambientación. Lo malo es que discurren demasiados minutos hasta el susto que cabía esperar en 3:42. Sección donde quedamos hechizados por la luna y cubiertos de sombras. En éste pasaje, el protagonismo absoluto lo cobra ese teclado incisivo y gótico de principio a fin. Los efectos y samples del final de la canción desembocan, otra vez, en esa manía que tienen éstos lusos de asustarnos como en las pelis de terror con el comienzo del siguiente tema.

Con éste nuevo sobresalto empieza A Walk On The Darkside, una canción que trata de retomar levemente la intensidad de los primeros temas, pero que suena demasiado a otras composiciones, tanto por la repetición de estructuras, como por el riff, que recuerda bastante al del tema Antidote. También continúa escuchándose aquí el recurso del carillón que mencionaba antes ¿Tratan Moonspell de lograr ese sensacional efecto del Voodoo Child (Slight Return) de la gran The Jimi Hendrix Experience? No lo creo, y si es así, no lo han conseguido.

Es empezar a escuchar el riff que abre Crystal Gazing seguido de un redoble y pensar: aquí vuelven. Parece que toda esa rabia que caía de los cielos encapotados ya se ha disipado por completo en la voz de Ribeiro, pero el dinamismo que le imprime la base rítmica a la canción, y esa lluvia de riffs que descargan las guitarras invitan de nuevo al balanceo irracional de cabeza. Aunque ya es tarde y nos hemos quedado algo fríos. Con otro buen, aunque tímido, solo de Amorim, nada comparable al de los primeros temas.

El álbum concluye con As We Eternally Sleep On It. Las semillas que sembramos, ya germinaron. La cosecha fue buena. Recogemos lo que sembramos: La muerte. No queda ya nada del hombre, del ser humano que había dentro. La locura, la fiereza y la maldad han prevalecido. La bestia creció, se asentó. Está aquí para quedarse. Otro alarde de lirismo pero que a mí me sobra. Canción demasiado larga para no aportar nada y en la que siguen tirando de los mismos recursos de temas anteriores. Eso sí, desconciertan con un final brusco, donde las sombras y la oscuridad acaban apoderándose de todo sin que podamos evitarlo. Del mismo modo que sorprendió, en el inicio del álbum, que no tuviera una intro al uso, y que abrieran con un tema corto y directo.

Aquellos que conozcan a Moonspell habrán apreciado que no existe ninguna canción tradicional ni de aire folclórico, como venía siendo habitual en todas sus entregas. Son pequeños detalles que hablan mucho de la concepción única de ésta obra. Así como el artwork y la portada: mucho hay que fijarse para observar que de ese desenfocado cráneo cuelga una soga (Rope) y que tras ella acecha un nubarrón. Sencilla, pero muy simbólica y sombría. Igual que el libreto: con letras en color cobrizo (como el logo) sobre un fondo negro. Con un único verso (“The beauty of horror, the horror beauty”) en las dos primeras páginas y unas enigmáticas fotografías en claroscuro de los miembros de la banda emergiendo de la nada.

Una vez expuestos todos los puntos fuertes (¡Y vaya si son fuertes!) y débiles, la conclusión que deja la obra después de 54 minutos de reproducción es muy buena, pero con un clara sensación de decadencia. Un disco que va de más a menos. Comienzas teniendo la sensación de estar escuchando una obra maestra y terminas con la impresión de que le sobra el último tema (algo que lo dejaría en unos resultones 47:25 segundos), y si quitamos otro más de los temas menos inspirados, les hubiera quedado un discazo con unos más que sobrados 42 minutos si suprimiéramos, por ejemplo, también el penúltimo. La disposición de temas no parece acertada, pierde puntos. Creo que es más adecuada la distribución que eligieron en Alpha Noir/Omega White (Napalm Records, 2012) donde separan claramente en dos volúmenes la parte más agresiva de la más siniestra y calmada. La banda está formada por muy buenos músicos, pero da la impresión de que sus ideas desfallecieron a lo largo de un disco en el que acabó pesando mucho la losa de una obra conceptual que tenía que ajustarse al hilo principal de la temática, y que ésta era más ambiciosa que las composiciones que la daban vida. Pero por suerte, supuso un renacimiento. Tras este paseo por el lado oscuro, decidieron quedarse y continuaron ofreciéndonos entregas de calidad, bien siniestras y extremas.

Aún con todo, tengo que darle a éste magnífico álbum tres cuernacos para tratar de ser objetivo. Aunque en mi wolfheart se llevan los cuatro de sobra, además de un aullido largo y profundo a ese lado oscuro de la luna.

Fernando Ribeiro: Voces
Mike Gaspar: Batería
Pedro Paixão: Teclados, samplers, guitarras
Ricardo Amorim: Guitarras
____________________________________

Niclas Etelävuori: Bajo (músico de sesión)

Sello
Century Media Records