Metalica - S&M

Enviado por MeFuMo el Sáb, 11/09/2010 - 01:24
9

Disco Uno

1. The Ecstasy of Gold
2. The Call of Ktulu
3. Master of Puppets
4. Of Wolf and Man
5. The Thing That Should Not Be
6. Fuel
7. The Memory Remains
8. No Leaf Clover
9. Hero of the Day
10. Devil's Dance
11. Bleeding Me

Disco Dos

1. Nothing Else Matters
2. Until It Sleeps
3. For Whom the Bell Tolls
4. -Human
5. Wherever I May Roam
6. The Outlaw Torn
7. Sad But True
8. One
9. Enter Sandman
10.Battery

Aquí tenemos de nuevo a los amigos de Metallica, esa banda "tan grande", en palabras de alguien tan imparcial como Lars Ulrich, que puede hacer lo que le salga de la bolsa escrotal y luego sonreir beatíficamente cual niño travieso. En esta ocasión decidieron colisionar, me parece el término más ajustado, una orquesta sinfónica al completo contra su música. Una idea de Cliff Burton, parece ser, que ya estaba pensando cuando se cambiaba de litera en la furgoneta que había que hacer una cosa así. La verdad es que suena a excusa, ya que los muertos, al fin y al cabo, poca opinión pueden formarse.

Y digo bien, colisionar. No fueron los primeros en hacerlo (unos tales Deep Purple ya trabajaron este concepto con repercusión limitada hace más de treinta años), pero quizá sí los primeros en hacerlo con los cojones por bandera. Con esto me refiero a que no conceden absolutamente nada a la Filarmónica de San Francisco. Metallica, que, reconozcámoslo, no se distinguen por un directo sobresaliente, interpreta con desparpajo esta mole de dos discos donde se lamen solidariamente sus mismos cojones mientras una orquesta abre a cuchillo sus interpretaciones.

Y digo bien de nuevo, ya que los chicos de la Bay Area (es un decir), no hacen el mínimo esfuerzo por integrarse en lo que les podría ofrecer una maldita orquesta sinfónica. El amigo Michael Kamen, que puede ser cualquier cosa menos mal compositor o mal director de orquesta, se encarga de personalizar todos los contrastes posibles en una obra de encargo en cuya mesa de producción se juntó a los sempiternos Ulrich, Hetfield y el ubicuo Bob Rock, que ya se había encargado de hundir a los fans más tradicionales de la banda mediante los manidos Load y tal. Los fab four del Metal se limitan a una interpretación de manual de muchos de sus clásicos, con tal nivel de sobreproducción que hasta Cuericaeno y yo aporreando una acústica y gritando cosas sobre falos sonaríamos cual ángeles de San Gabriel. Las más que limitadas habilidades instrumentales del grupo quedan afiladas, profundas, cavernosas. La voz de Hetfield, tras un esclavo trabajo de sonido, me temo, suena como si el multimilonario amante de los coches horteras supiera cantar y todo, lo cual ya de por sí, conociendo su pura imposibilidad de mantener el tono en un concierto de, digamos, un cuarto de hora, ya debería sonar a gloria celestial a los verdaderos amantes del asunto.

Evidentemente, Ulrich, que es el que maneja los hilos comerciales de Metallica mientras pueda servir una cantidad constante de cerveza a Hetfield (y estoy hablando de esta época en concreto, antes de que algún purista me recuerde el Some Kind of Monster y aquella supuesta terapia de rehabilitación) puede ser un pigmeo, pero no es idiota. "S&M", aparte de un trabajadísimo juego de palabras y un logo la mar de original, es un gigantesco capricho de una banda cuya inmensidad comercial ya escapa incluso a las firmes tenazas de su avezado batería.

Dejada atrás la rabia juvenil que desembocó en el aburridísimo And Justice For All (todo comentario sobre esta opinión será ignorado) y se hizo maduro, dios me asista, con Load y Reload, Metallica pone al servicio de esa colisión entre orquesta sinfónica y limitación instrumental una serie de temas de su repertorio clásico y menos clásico, con un par de canciones seminuevas para atrapar a los más incautos e incluso a Juan Pablo II, que como mantengo poseía junto a su colección de encíclicas el cd del álbum negro.

Y eso supone este S&M, un nuevo paso hacia el mainstream, el orgasmo del fan incondicional a través de la "valentía" de lijarse contra una orquesta bien avenida, y aún así tiene su valor. Un servidor, acostumbrado a los excesos instrumentales de bandas como Dimmu Borgir cuando reunieron diez euros, no encuentra en este disco nada que le sorprenda o suene realmente original. Es más, hay temas, como "Call of C'Thulu", "One", "Sad But True", "Wherever I May Roam" o "Nothing Else Matters" son como tostadas esperando que las unte un elaborado trabajo de instrumentación clásica. Realmente ningún tema (ya que yo, como crítico de Metallica, he tenido a bien cumplir la penitencia de engullir todos sus discos) parece subordinado al trabajo orquestal. El grupo toca lo que le da la gana y ya si eso Kamen se acopla como pueda. Sólo por eso el trabajo del compositor de bandas sonoras y otras hierbas es de admirar. La perplejidad del grupo de cuerdas de la Filarmónica ante sus ataques de "For Whom The Bell Tolls" o la brillante versión de "Battery" queda patente mientras Hetfield aulla sus "Hey Hey Hey" que merecen sin duda ver su cerebro atravesado por un arco de cello. Eso suponiendo que le quede algo de cerebro. claro.

No veo, pese a ello, que Metallica cayera en la prostitución más evidente al hacer este disco. Sus baladones babosos (ver Scorpions para hacer baladones sin ser babosos en tal medida) salen incluso reforzados de esa lucha entre melodías discordantes contra una puñetera orquesta sinfónica al completo, que ahogaría sin dudar al grupo si no fuera por la anteriormente citada producción. Una cosa tremenda, en términos técnicos, que obliga a quitarse el sombrero ante el presupuesto manejado para este evento. Los chicos de Metallica salen airosos de ese encuentro entre lo divino y lo mundano que dota al disco de un aire que creo ha sido injustamente vilipendiado por los fans de la banda. Basicamente los mismos que los descubrieron con el farragoso album negro y se atreven a acusarles de "comerciales" por experimentos de este calibre.

Un experimento que sin duda tiene poco de necesario, con versiones que aguantan el tipo con más prestancia que otras, lo cual no es de extrañar. Pero es un experimento que adopta la dimensión que posee tan solo porque el grupo al mando es Metallica. Y todo lo que hace Metallica es desmesurado, destripado, analizado y fist-fuckingzado hasta la médula, tan solo para provocar una dicusión entre sus fans. Sus temas chungos (más de dos y tres) siguen siendo chungos. Sus temas buenos (más de dos y tres) siguen siendo buenos. Si sus fans no son capaces de engullir estas reiterpretaciones sin complejos que hicieron huir cual conejo al amigo Jason Newsted es que no son fans de verdad, ya que, sin entrar en temas realmente terroríficos en su versión de estudio como "Fuel" o similares, lo que se ofrece aquí es un gigantesco experimento con ínfulas de grandes compositores que, desde luego, Kamen consigue no hundir con su grupo de músicos de verdad. Una banda de músicos que, dejada atrás su mala leche, evolucionan como mediocres compositores despojados de lo que de verdad les hizo únicos. Y aún así, tres cuernos se lleva en mi opinión un trabajo que, por pura valentía se merecería alguno más. Lástima que la valentía no cuente en este contexto de clásicos del Trash Metal, ya que todo lo que haga Metallica simpre estará sujeto al verdurelismo público. Y por mucho que estos chicos se empeñen, su música envejece diez veces peor que ellos, y eso ya es mucho decir.

James Hetfield: Voz, guitarra
Kirk Hammett: Guitarra
Jason Newsted: Bajo, coros
Lars Ulrich: Batería, percusión.

Un montón de gente: Filarmónica de San Francisco.

Sello
Elektra