Metal Church - Hanging In The Balance

Enviado por DevilSeed el Jue, 14/10/2010 - 00:44
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Corría el año 1993, el heavy metal andaba de capa caída ante la aparición de nuevos subgéneros de naturaleza mucho más extrema como el black metal (con álbumes como ‘Pure Holocaust’ de Inmortal o ‘Under A Funeral Moon’ de Darkthrone) o el doom metal (‘Turn Loose The Swans’ de My Dying Bride o ‘The Ethereal Mirror’ de Cathedral).
Otros subgéneros se consolidaban como era el caso del death metal con álbumes como ‘Cynic’ de Focus, ‘Covenant’ de Morbid Angel y ‘Heartwork’ de Carcass.
Por otra parte, el thrash ya comenzaba a notar símbolos de decaimiento y por tanto la mayoría de las bandas optaron por reinventar la fórmula con la que se habían dado a conocer o simplemente tirar por otros derroteros.
Estos símbolos de decaimiento eran principalmente infundidos por los medios, los cuales en los 90’s se centraron sobre todo en la oleada del nuevo género de moda: el grunge.
Así pues, con este nuevo género dando guerra y con nuevas tendencias metaleras surgiendo por doquier, al thrash no lo quedo otra que sacrificar sus convicciones y reformar su estilo (ya sabéis, renovarse o morir).
Esto cambio de estilo se vió acrecentado y motivado no sólo por la indiferencia de los medios sino también por las propias discográficas que maltrataron en muchos casos a grupos de thrash. Y no estoy hablando de maltrato a grupillos de mala muerte, ni mucho menos… bandas consolidadas en el ámbito como Testament estuvieron al borde de la separación por este motivo.
Por todo ello y viéndose obligados al cambio, la manera de reinventarse fue distinta en cada uno de los grupos que componían este mosaico de ritmos acelerados e iracundos.
Algunos tomaron vías mucho más sosegadas, otros senderos más progresivos y técnicos, otros cuantos optaron por fusionar su sonido con estos subgéneros crecientes (en la mayoría de los casos con el death metal)…

Fuera como fuese, ahí tuvimos a uno de los pioneros absolutos del género que nos ocupa, que no fueron nada más ni nada menos que Metal Church.
Y ahí se encontraban, sumidos en esa pre-decadencia thrashmetalera y obligados a dar un giro a su música al igual que la gran mayoría de los grupos de la escena.
Finalmente optaron por la disminución de su potencia y de su rapidez a la hora de componer y ejecutar los temas. Sin embargo, hay que señalar que esta tarea fue algo más fácil para los de Washington que para el resto de los grupos, ya que Metal Church pese a ser uno de los pioneros del género, siempre optaron por un registro mucho más speed metal lo que hizo que el cambio en el sonido no fuese tan brusco como lo fue en el caso de bandas puramente thrash como Kreator.
Por otra parte, tenían una traba en su contra: tenían que superar o como mínimo igualar el registro del espectacular ‘The Human Factor’, un álbum que pese seguir en líneas generales con el estilo de la banda, es en muchos sentidos más directo y burro que sus anteriores trabajos, gracias a canciones que suenan descaradamente a bandas como Anthrax (‘Flee From Reality’ es un ejemplo).
Ante este panorama, el grupo decide sacar al mercado ‘Hanging In The Balance’ justo en el año 93.

El disco en sí, comienza con ‘Gods Of A Second Chance’. Un tema variante en cuanto a ritmos se refiere, dejando intercalar partes predominantes de bajo que nos brinda el señor Erickson con riffs potentes y místicos marca de la casa, de parte de John Marshall y Craig Wells.

Sigue con’ Losers In The Game’, de tintes muy rockeros a la par que decadentes con algunos rasgueos de guitarra con ciertos toques sureños acompañados por la prestigiosa voz de Mike Howe, el cual posee un registro que se me hace muy similar al de Rob Halford (salvando la diferencias, claro está)pero algo más grave.

Llegamos a ‘Hypnotized’ y tal y como indica su nombre, nos inunda desde el primer momento con riffs hipnóticos y ritmos densos. De hecho, incluso comparada a otros temas del álbum, se trata de una canción extremadamente lenta en donde el agudo registro de Mike Howe se alza oscuro produciendo en ocasiones un agonizante eco que se te clava en lo más hondo de tu mente.

Los de Washington cambian de compás totalmente para ofrecernos: ‘No Friend Of Mine’.
Canción al estilo más clásico. Puro speed metal inunda nuestros oídos de principio a fin, con riffs furiosos que encajan a la perfección con el estilo vocal del señor Howe que desde luego parece haber nacido para cantar en Metal Church (sin querer desmerecer en absoluto a David Wayne, su anterior cantante).

A continuación, tenemos la que considero una de las joyas de ‘Hanging In The Balance’: ‘Waiting For A Saviour’.
Empieza con un acústico guitarreo y con unas voces susurrantes, que unidos, forman una atmósfera baladesca, pero la ira no tarda en aparecer… porque alrededor del minuto 1:50 la canción cambia radicalmente, tornándose desesperada, iracunda y grandiosa a la vez.
La espera del salvador se hace eterna y por eso los acordes de Metal Church se producen de forma compungida mientras que Mike Howe canta de forma irritada.

Continuamos con ‘Conductor’, canción muy al estilo hardrockero, con un corte instrumental a mediados de la canción que resulta realmente bello, como un remanso de paz entre los riffs punzantes pero a la vez ligeros de Marshall y Wells.

Nos encontramos ahora con la que es una de las canciones centrales del disco y quizás la más thrashmetalera de este ‘Hanging In The Balance’, la inquieta ‘Little Boy’.
Tras el lastimoso y oscuro principio del tema, nos vemos en medio de un campo de batalla en donde se produce un repentino bombardeo y los proyectiles no son más que riffs asesinos que sin piedad se abalanzan sobre nosotros hasta que el ataque para totalmente en seco, dándonos una oportunidad para poder ver el lamentable estado de todo lo que está a nuestro alrededor, que ha dejado tras de sí el despiadado ataque. Pero… la tregua no dura demasiado y oímos como el bombardero se acerca de nuevo hacia nosotros para descargar toda su ira a base de ritmos vertiginosos.

Proseguimos con ‘Down To The River’, un tema puramente heavymetalero.
Este tema es uno de los ejemplos de lo que dije acerca del tono de Mike Howe y es que en esta canción se asemeja mucho al registro de nuestro querido Metalgod, sobre todo cuando dice en el estribillo la frase: “Dawn to the river!”.
Ahora bien, la música también le acompaña puesto que en esta pista todos los instrumentos suenan claramente influenciados por la mano de los Judas Priest, haciendo que parezca sacada del Painkiller pero con algunas revoluciones menos.

Al anterior gran tema le sigue ahora uno que no lo es en absoluto para mi gusto: ‘End Of The Age’.
Aquí hay que ponerse crítico porque aunque Metal Church guste más o menos lo que es innegable es que esta canción se sale de todos los cánones que hasta ahora habían ofrecido los norteamericanos.
Y aunque en muchas ocasiones estas salidas de patrones establecidos me han acabado gustando, no puedo decir lo mismo de este tema en donde definitivamente se les fue la pinza y mucho.
Comienza muy pero que muy descafeinada, con un rollo muy light y facilón. Pero lo peor de todo es el parón que hacen alrededor del minuto 3:00 para dar lugar a algo que parece… ¿una melodía de taberna escocesa? Realmente no lo sé, ni quiero saberlo.
Después siguen con ese rock rollo happy y melódico que aunque no parece tener ninguna incidencia más, no me gusta en absoluto.
Desde luego 7 minutos para olvidar.

Finalmente y tras la instrumental ‘Lovers And Mandmen’, llegamos a ‘A Subtle War’ que comienza brevemente con la batería de Kirk Arrington redoblando al más puro estilo militar y dejando paso a que se sucedan las melodías portentosas de Metal Church apoyadas en este caso por un bajo muy poderoso y sonoro durante toda la canción.

En resumidas cuentas, ‘Hanging In The Balance’ es un disco que deja sabor agridulce. En algunos casos puede llegar a gustar y mucho, pero tropiezos monumentales como ‘End Of the Age’ o ‘Conductor ‘(bastante simplona para mi gusto) hacen que nos percatemos de que Metal Church no pasaba ni mucho menos por su mejor momento.
Así pues, sólo le recomiendo la escucha de este disco a los fanáticos del grupo y a todos aquellos amantes del thrash más sosegado, puesto que a otro tipo de oyente puede resultarle un poco indigesta la irregularidad del álbum pese a tener muy buenos momentos.

P.D: La portada del disco me parece bastante hortera. ¡Ea, ya está! Lo tenía que decir sino no me quedaba tranquilo, pero no he encontrado el sitio para ponerlo jajaja.

John Marshall:Guitarra
Craig Wells:Guitarra
Kirk Arrington:Batería
Duke Erickson:Bajo
Mike Howe:Voz

Sello
Mercury Records