Megadeth - Last Rites

Enviado por stalker213 el Mié, 13/10/2010 - 18:16
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Con las nalgas todavía escocidas tras su fulgurante despido de METALLICA, ahí marcha entre murmullos y reniegos el pobre de Dave abandonando la gran metrópolis -dejando tras de sí a los que apenas 24 horas antes eran sus colegas- de vuelta a casita en San Francisco, y es que seguramente al poner sus Converse de mercadillo sobre el primer peldaño de aquel maldito autobús en aquella fatídica mañana, nuestro entrañable pelirrojo debió estar ya jurándose a sí mismo que lo primero que iba a hacer al llegar a casa sería montar su propia banda para clamar venganza contra aquellos que lo desterraron como a un perro que no quiere nadie cerca. Y probablemente con razón de causa, porque no negaremos que Mustaine era uno de aquellos perros cojoneros que se pasan el día ladrando y mordiendo sin venir a qué. Sin embargo el error de METALLICA no fue el mero hecho de lanzar sus problemas por la borda, sino el de cavar su propia tumba facturando de vuelta a la Costa Pacífico a su mayor y más dotada fuerza creativa.

Las decisiones dicen siempre que es mejor tomarlas sin apenas meditar sus consecuencias, ahora bien, es muy probable que a excepción de Ulrich, tanto Burton como Hetfield (muy a pesar de vivir enfrentado con Mustaine la mitad de las horas de cada maldito día) debieran estar haciendo de tripas corazón al ver como finalmente en lugar de acudir a un veterinario para salvar a su ser querido (algo que no dudo ni un solo segundo), lo habían ejecutado de un balazo en la cabeza dejándolo tirado al borde de la cuneta.

Empieza así a forjarse la historia de un declive cantado, así como el nacimiento de una nueva fuerza reivindicativa alimentada por el odio y el ánimo de revancha que dejaría muy pronto en evidencia a aquellos primeros, y es que ya desde el primer bolo que los Horsemen celebraran sin el concurso del amigo, iba a quedar clarísimo como Hetfield se había quedado absolutamente huérfano sobre el escenario. Aquella tensión eléctrica de monumentales egos enfrentados, colisionando violentamente como dos torbellinos sobre el escenario fue lo que realmente hizo grande a METALLICA en sus años formativos (también generada en el garaje a la hora de componer), pero lamentablemente aquello moriría sin remedio o cura tras la inclusión al cuadro del insulso recambio que los chicos encontrarían en la figura de Hammett, un tipo no exento de clase o talento, pero tan gris y sumiso que jamás podría reemplazar a la llama divina del loco Mustaine.

Por desgracia, ninguna de las dos partes supo nunca como hallar la fórmula para sacar lo mejor de sí mismas y así relativizar la experiencia y cicatrizar la herida, fomentando que el conflicto se enquistara sin remedio por largo tiempo y al punto propiciando que METALLICA se estancaran embarazosamente en una mediocridad cada vez más incómoda (toda vez que el arsenal de riffs escritos por Dave se vio agotado, no quedó otra salida posible que la de huir hacia adelante corriendo como un pollo descabezado) y que aquel otro nunca supiera digerir el trauma causado por aquella dolorosa expulsión y lo que es todavía peor: no queriendo darse cuenta de que él siempre fue el mejor de todos ellos. Y es que ese es el talón de Aquiles de Mustaine, que en cada paso que ha dado durante su dilatada y exitosa carrera, ha vivido obsesionado con la alargada sombra de METALLICA proyectada sobre su persona, sin disfrutar de lo que consiguió él solito con el sudor de su frente.

Muy probablemente, los orígenes de esta controvertida personalidad tuvieran su origen durante la infancia de este peculiar personaje, que no habiendo sabido jamás encontrar su lugar en el mundo (sufrió las consecuencias de la típica familia desestructurada americana de clase media-baja) halló en METALLICA una segunda familia que lo aceptó tal y como lo que era (un adolescente drogadicto enrabietado con el resto del mundo) hasta que se produjo el fatal desenlace. Con máxima certeza, el hecho debió dejar muy tocado al joven Mustaine que, nuevamente solo y en mitad de la carretera, se vio sin más remedio que el de encontrar otra familia de acogida en la que seguir luchando contra la vida. Y la encontró (tras lanzar una piedra a la ventana de una casa desconocida en la que sonaba un bajo que debió molestarle; el de Dave Junior), solo que esta vez se encargó de ocupar el rol de pater familias para así poder él atormentar a todos los que estuvieran por debajo suyo (¡Qué paciencia la de Ellefson!), pero no sigamos removiendo rencillas pertenecientes al pasado, que al fin y al cabo no son ni nuestras, y retrocedamos atrás en el tiempo con el único propósito de revisar la primera grabación de aquella temprana encarnación de los DETH, que únicamente mediante un cochambroso cuatro pistas iban a encargarse de demostrar al mundo entero que una nueva bestia había llegado a los Reinos del Thrash.

La grabación de ‘Last Rites’ tuvo lugar durante la turbulenta y convulsa primavera de 1984, época en la que tanto Mustaine, Ellefson como Poland vivían tan enganchados a la jeringuilla como a sus instrumentos, y es que aunque pueda sonar muy duro: la realidad nos muestra como Mustaine siempre dio lo mejor de sí mismo bajo el continuo abuso de las drogas antes que no sereno y con la perspectiva que te da el pensar las cosas dos veces. Indudablemente, Dave debía andar todavía bastante calentito tras ser empaquetado en New York y ser devuelto a su oriunda Frisco, aunque hay que resaltar algo que podría ver hasta un ciego, y es que ese sentimiento de rabia y frustración no hizo sino más fuerte y mejor músico a Mustaine, cristalizando en última instancia en el que todavía a día de hoy –bajo mi punto de vista- se revela como el trabajo más brutal, rápido, sucio, vital y auténtico de los trabajos alumbrados por su criatura llamada MEGADETH.

Suena el organillo de iglesia, menos solemne que en su disco de debut, con las notas que ya todos conocemos y pronto estalla la tempestad con ese clásico a fuego llamado ‘Loved to Deth’. Ya desde el principio, está claro como la calidad del sonido no responde en ningún momento a la altura y el nivel de las composiciones, pero después de todo -personalmente- soy de la opinión de que nunca jamás MEGADETH sonaron con este nivel de pasión o confidencia (quizás exceptuando al estelar ‘Peace Sells…’) y es que el genio creativo de Mustaine aúno fuerzas junto a un foco compositivo solo entendible en aquellas circunstancias tan particulares de aquel tiempo que únicamente pudieron cristalizar en aquella que se antoja como una de las grabaciones más importantes y de mayor relevancia histórica dentro del Thrash.

Por su parte, ‘Mechanix’ destapaba las vergüenzas de METALLICA volando por los aires a ‘The Four Horsemen’ (tema que ya en la versión de los jinetes pateaba al trasero del más pintado), demostrando a las claras como Dave hizo también suyo el motto tan popular de aquella época y que rezaba algo así como “vamos a tocar la música más rápida del planeta”. Los niveles de intensidad de esta incandescente temprana versión, dinamitan ferozmente incluso a los referentes a la versión que aparecería más tarde entre los surcos de ‘Killing Is My Business…’, y es que no me cansaré de repetirlo: Aquí, la gran mayoría de fanáticos incondicionales de ‘Rust In Peace’ no serán capaces de disfrutar ni la mitad que con su cuarto trabajo, pero yo lo tengo claro; MEGADETH jamás volvieron a sonar con la fuerza, la pasión y la actitud de esta legendaria demo.

‘The Skull Beneath the Skin’ vuelve a noquear de un solo gancho en el primer round a su homónima del primer disco, y es que el tono de las guitarras -y no hablemos ya de la diferencia de beats por minuto- juega siempre a favor de la primera, demostrando que muchas veces –cuando no siempre- cuenta mucho más el hecho de hacer las cosas con pocos medios pero con amor, pasión y desde el corazón, antes que no desde el confort de un lujoso asiento tapizado en cuero situado en la última planta del edificio de una multinacional. Yo casi diría que esta versión de ‘Skull…’ es la mejor del conjunto, y como botón de muestra, obsérvese la mala hostia, el resentimiento latente y la bilis con que Mustaine reparte mandobles a diestro y siniestro mediante su inconfundible lengua viperina, esa voz monolítica tan característica suya y las cuerdas machacadas de su inseparable Jackson.

Indudablemente, tras la publicación de esta modesta grabación las cosas mejorarían para las arcas de Dave y los DETH, pero no así para sus ya deterioradas facultades físicas, pero bueno… hablábamos de música y allá cada uno con sus decisiones y sus historias.

En definitiva, hemos hablado de un fragmento de importancia capital en el desarrollo de un género y por ende, del inicio de una de las más grandes leyendas asociadas al Thrash y a la música Metal en general. Sin más rodeos de los necesarios, aquí dejo mis profundos respetos y una sincera reverencia a un sujeto que aunque tiene bastante de malnacido y contradictorio, representa innegablemente a una de las figuras de mayor trascendencia en la ya larga historia de un género que ha conocido a pocas mentes tan lúcidas y brillantes como la suya.

Valoración: 9.5

Dave Mustaine: Voz & Guitarra
Chris Poland: Guitarra
David Ellefson: Bajo
Lee Rausch: Percusiones

Sello
Auto-producido