Megadeth - The Conjuring Of The Redhead

Enviado por Hawkmoon el Lun, 09/01/2012 - 21:16
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1. Good Mourning / Black Friday
2. Lucretia
3. Hangar 18
4. Skin o´my Teeth
5. Hook in Mouth
6. Devil's Island
7. Countdown to Extinction
8. The Conjuring
9. Ashes in Your Mouth
10. Sweating Bullets
11. In My Darkest Hour
12. Peace Sells

A comerse un bootleg, hermanito de acero. Pero uno uno normalito, ni uno facilón. Un jodio directo de Megadeth, de los Megadeth de 1993 (los que presentaban el seminal "Countdown to Extinction". Casi nada, ¿eh?). Arrasando los escenarios de medio mundo, en dura pugna con sus némesis de toda la vida, Metallica, y clamando por hacerse un puesto como dioses del cotarro. Cosa que, quieras o no, consiguieron, y sobradamente, al cerrar el tour de su cuarta joyaza. Obra maestra, vaya.

Dave Mustaine ya llevaba sus buenos años demostrando de qué estaba hecho. El haber sido el guitarra en Metallica, el haber cimentado las bases del sonido de los que le acabaron cerrando el paso a su entrada en la élite metalera, la de la más alta alcurnia, solamente fue una anécdota. Aunque ni el mismo Dave lo haya querido ver así. Años y años de guerra, de puras diatribas contra James y Lars, de salidas de tono de lo más jodidas, son nada comparado con el legado que dejan los jodidos Megadeth. Serán unos segundones, no habrán vendido ni un cuarto de lo que vende Metallica, Slayer serán más molones y extremos, y Anthrax siempre nos caerán mejor que el pelirrojo de oro. Pero si atiendes a lo que se cocinó en los cinco primeros discos de Megadeth, encontrarás solamente oro puro. En cada track, a cada segundo, trás cada riff, trás cada línea desesperanzadora y cargada de mala leche. Dave Mustaine fue un genio brillante.

Si Metallica tenían talento, Dave tenía el auténtico poder. El cerebro más privilegiado del panorama Thrash. A Dave no le interesaba tanto el infierno o la muerte de un poser como a sus coleguitas de escena. Dave miraba el mundo con ojos de fuego. Ira, decadencia y un ojo de cyborg ideal para ver todo lo que ocurre a su alrededor, para no perderse nada. Si otros cantaban a la masculinidad, al puro mal o a los soldados muertos de cualquier conflicto bélico, Dave optó por abrirnos los ojos. Megadeth iba a entreternos más que la jodida Salma Hayek de "Abierto Hasta El Amanecer" bailando para nosotros, en nuestro salón. Nos iba a volar el cabezón, nos haría vivir el arte del riffeo hasta morir de gusto, pero, de repaso, nos haría pensar, nos haría cuestionarnos las cosas y no conformarnos con lo que nos dice la puta tele.

Megadeth, almenos durante el periplo 1985-1993, aún dentro de ser una banda enmarcada en el Metal, reino en el que por huevos tienes que sonar cabrón, dantesco, veloz y sin alma, supieron distanciarse de los demás. Unas letras incisivas, un material adrenalítico, suntuoso, tan técnico como adictivo, tan malsano como compacto. Solamente le faltaba al bueno de Dave encontrar a Nick Menza y a Marty Friedman para hacer de su magnífica creación algo aún, si cabe, mejor, más directo, más osado.

Si "Rust in Peace" elevó el listón hasta la jodida cima del Everest, Dave, por eso de no cagarla ahora que estaba en el ojo del huracán, con toda la parroquia pendiente de sus andanzas, se prometió a sí mismo superar la premisa. Y vaya si lo logró. Para los restos, para la historia, "Countdown to Extinction". El tributo de Dave a su propia historia y al género del Metal. Si el disco del 90 definió lo que era el Thrash técnico, la ofrenda del 92 debería definir el Metal, a secas. Y así es. Un peldaño más hacía la jodida cima, Dave. Demostrando que no hay límites cuando uno no los quiere ver.

1992 fue un buen año metalero por varios motivos (el jodido "Fear of the Dark", el ascenso a las estrellas de Metallica, el puñetazo total de Pantera y su "Vulgar Display of Power"....), pero, ante todo, fue el año de "Countdown to Extinction". El año de Dave. El momento en el que Lars debió tragar saliva. Y más que nunca. Megadeth ya no eran músicos. Eran dioses. Pulidos, pulcros (coño, si Metallica iban de negro, Dave iría de blanco) y más certeros que un flechazo del jodido Green Arrow (o un disparo de The Punisher, personaje que fascina al tito Dave). El tour que le siguió a la edición del "contenedor" de obras magnas como "High Speed Dirt", "Foreclose of a Dream", "Architecture of Agression" o "Symphony of Destruction", lo más. ¿Quieres ser testigo? Pues venga, paso adelante. Respira hondo.

Nos plantamos en Londres, en el puto Hammersmith Odeon, arena en la que se han batido el cobre muchos de los mejores nombres del reino metálico. Si tocas en Londres y no llenas el Hammersmith, déjalo correr, colega. Megadeth pueden vacilar. Llenan el aforo y tienen a toda la gente pendiente de cualquier movimiento en el escenario. Están al nivel de los grandes. El sueño de Dave se hace realidad. Aclamado por las masas. Cuenta atrás...hacia tu extinción.

"Good Mourning / Black Friday", la primera que nos pega un buen toque (aunque no es la primera del set-list, ya que vivímos un show cortado, algo empezado. Nos hemos perdido unos tres o cuatro tracks) suena que da gusto, mega-certera, mega-eléctrica, mega-fenomenal, joder. Parece mentira que estemos viviendo un jodido bootleg, pues la movida suena de puro alucine. Dave (y no es coña) entona bien, se luce y, junto a sus guerreros de alquiler (el alquiler más largo, eso sí, de la historia del grupete), acomete el himno del 86 con una fuerza y un empaque total, digno de una banda que lo quiere todo.

"Lucretia" (impagables guitarras, oye), "Hangar 18" (por siempre, una de las más aclamadas) y la rítmico-desenfrenada "Skin o' my Teeth" (reforzada de cara a vivir en en directo) le dan paso a la carroña Thrash. "Hook in Mouth" y "Devil's Island", que sirven para contentar a la parroquia más añeja, la que más años lleva al pie del cañón partiéndose la cara con cualquier fan del "Ride the Lightning" o del "Kill 'em All", posicionan al combo como lo que es: pura y dura destrucción. Tocan como los ángeles, pero se comportan como demonios del riff. Dave irá todo de blanco, sin una mancha, hecho un principito, lo que no quita que tiene el alma más negra que el carbón y la muñeca más rápida del Oeste. Sonidazo de acero, entrega colosal. Megadeth son intocables, joder. Puro fuego.

El bajo danzarín de David Ellefson nos guía por un sendero familiar. "Countdown to Extinction" empieza a nacer, y con ella, todo se pone patas arriba. Canto melódico, aunque nada privado de magnetismo y de garra, contra el exterminio de animales. Menza y Ellefson (sección rítmica que tiene pocos iguales) se mimetizan, se convierten en un solo ente, creando las bases sobre las que Mustaine y Friedman saltarán, jugarán y, cómo no, nos acribillarán. Perder el puesto de solista en Metallica no fue lo peor que le pasó al tito Dave, joer. Perder a Marty. Ufff, eso sí que debió doler. La criatura Megadeth estaba perfecta tal y como funcionaba ahora. Cuatro tios, cuatro musicazos como la copa de un pino, conjuntados, ensamblados sin tara, a una. Directos, paso a paso, a la gloria metálica.

"The Conjuring", "Ashes in Your Mouth" y "Sweating Bullets" (que a pesar de no gustarme demasiado, almenos no tanto como para comérmela en cada puto tour desde el presente), elevan, aún más, el calor y, por lo que parece, entusiasman a las audiencias. "Piratilla" de campeonato. Todo luce aquí, nene. Megadeth suenan perfectos, el público se entrega a morir y la atmósfera del concierto te enamora, te atrapa. Parece que andes allí mismo, rodeado de tipos con las caras rojas y sus pelitos cortos (estos ingleses, siempre tan correctotes). Imperdonable que el invento no tenga cinco o seis tracks más, pues se echa de menos un buen "Holy Wars" o un "Symphony of Destruction". Para mí, contaría ya como el primer directo oficial de Megadeth. Qué lástima que la mejor formación, y en su mejor momento, no tenga un buen testigo, salvo los que vivieron la movida en show. Esas retinas, joder, valen su peso en oro.

Hora de perder el cabezón. "In My Darkest Hour" y "Peace Sells" (donde las solistas se apagan algo). ¿Qué decir? Pues imagina. La guerra, chaval. Aquí sí que ya todo se va a tomar por el culo. La gente mata al compañero de la lado, se parten narices, se aulla a la luna (aunque no se ve desde el interior del Hammersmith)...de todo. La entrega es feroz. Clásicos eternos, ganas, técnica y Metal. No sé si Thrash, Heavy o Green Metal, pero lo que escupen los amplis no tiene igual. Megadeth podrán tener sus taras, sus bajones (aún no los habían tenido, que quede claro), pero no se podrá nunca negar que nadie suena como Megadeth. No sé si es por la voz de Dave o por como se construyen los temas, pero es cierto que nadie puede nadar en su lago. Territorio prohibido. Solamente hay un Dave Mustaine. Y no eres tú.

Show de puta madre el del 93. Del todo. Y "The Conjuring of the Redhead" es una opción cojonuda para indagar, para conocer el valor de una banda como Megadeth. Y en su mayor momento, tanto a nivel ventas como calidad. Y eso que teníamos el "Youthanasia" a la vuelta de la esquina. Qué tiempos aquellos en los que Dave era la ley.

4 cuernos (medio-altos) para el pelirrojo y su bootleg cañón.

Creo que Lars empezó a perder pelo aquí. Normal, como para dormir tranquilo.

Dave Mustaine: Voz y guitarra
Marty Friedman: Guitarra
David Ellefson: Bajo
Nick Menza: Batería