MC5 - Kick Out The Jams

Enviado por Stoned el Mar, 01/03/2016 - 15:23
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CAPITALISMO, TEMPERATURAS BAJO CERO Y LA BANDA MÁS RUIDOSA DE AMÉRICA

A finales de los años sesenta, Detroit era uno de los mayores buques insignia del desarrollo industrial y económico de Estados Unidos, y por qué no decirlo: uno de los grandes símbolos del capitalismo en todo el mundo occidental. La ciudad era por aquellos momentos, y lo fue durante gran parte del siglo XX, la cuna de la industria automovilística de Norteamérica, que suministraba vehículos a varias decenas de millones de estadounidenses permitiéndoles desplazarse por todos esos territorios que reclamaban en “la doctrina del destino manifiesto”, un concepto tan extendido e interiorizado en el imaginario popular yanqui como la Segunda Enmienda, llevada a la práctica de manera excesiva en forma de abrir fuego con un fusil de asalto y demás armamento de guerra contra todo aquel que ose penetrar en tu jardín trasero más centímetros de los recomendables sin autorización previa y por escrito.

Sin embargo, a pesar de los miles de millones de dólares que la ciudad de Detroit generaba con sus industrias, era un lugar sombrío, sumamente contaminado y repleto de una clase proletaria con pocas esperanzas más allá de llegar a fin de mes sin demasiados sobresaltos, quizá ahorrar unos meses para comprar un televisor mejor en el que ver el Show de Ed Sullivan los domingos o cambiar de coche por otro más grande, ruidoso y contaminante que el del vecino. Siendo además una ciudad meramente industrial y gélida hasta extremos siberianos, las opciones de ocio se reducían bastante: si eras una persona de mediana edad, éstas consistían en ir al clásico “mall” (con infinidad de tiendas y servicios para gastar dólares en un tradicional y castizo ejercicio de consumismo muy del gusto del país) o al bar a emborracharte; si por el contrario eras un adolescente, las alternativas eran emborracharte… o tocar en una banda de rock.

Hace tiempo hablé sobre la escena rock del Detroit de la época y las posibles causas sociológicas del sonido de sus bandas; y es que las formaciones de la ciudad se dedicaron a estilar un sonido realmente estruendoso para la época, con poco gusto por los matices y las atmósferas musicales –muy en boga por esos años- y mucho por el aditivo de toneladas de decibelios más aconsejables de los que dictan el sentido común y los más reputados otorrinos: estamos hablando de Alice Cooper, Iggy Pop & The Stooges, Grand Funk Railroad, Brownsville Station o Ted Nugent. Pero si hubo una banda realmente característica, arquetípica del grueso y destructivo sonido Detroit, esa fue MC5.

EL RUIDO Y LA FURIA: EL ROCK AND ROLL COMO ARMA DE GUERRA

MC5 se formaron en 1964, y durante gran parte de la segunda mitad de la década editaron varios sencillos, todos ellos autofinanciados: el espíritu de autogestión y del “do it yourself” del punk una década antes de que este existiese… Considerados una de las bandas más auténticas del país, los MC5 aparecieron en la portada de la revista Rolling Stone (que por aquel momento era realmente una publicación contracultural, estando además establecidos en el hippie y contestatario San Francisco de la época) sin haber grabado aún un solo disco…

Durante todos esos años también actúan sin parar, haciéndose una sólida base de seguidores. Sus shows consistían en amplificadores al borde del colapso, la banda revolcándose por el suelo como alimañas malheridas exhalando sus últimos estertores, guitarras en alto y por detrás de la cabeza, banderas americanas en camisas y chaquetas e incendiarias soflamas en medio de todo ello, que no hacían sino exaltar a los asistentes que levantaban el puño al cielo y gritaban revolución en un clima pre-bélico y enrarecido.

Por esas fechas sucederían dos acontecimientos que terminarían por definir al cien por cien la personalidad de MC5; uno de ellos fueron los graves disturbios que hubo en la ciudad de Detroit en 1967: fruto del descontento de la clase obrera, en especial de la población negra, cansados de la precariedad tanto laboral como sobre todo social –recordemos que en aquel momento la segregación en Estados Unidos era de una magnitud no demasiado diferente de la que había en Sudáfrica- la ciudad ardió durante cuatro días. Detroit entró en un estado de excepción con todo tipo de policías en la calle, además de militares: elementos de la famosa 101st Airborne Division que apenas dos décadas atrás luchaban contra el III Reich y liberaban campos de concentración nazis, abrían fuego en 1967 contra ciudadanos desarmados, casi todos negros, en uno de los episodios más infames de la historia reciente de EEUU que dejó varias decenas de muertos y centenares de heridos y detenidos. MC5 quedaron irremediablemente marcados por la violencia y la brutalidad, y afianzaron aún más sus ideales revolucionarios, que enraizaron profunda e íntimamente ligados a su música.

El otro hecho que influyó sobremanera en MC5 fue la elección de su nuevo mánager, John Sinclair, un activista radical conocido por haber fundado el “White Panther Party”, que no era más que una organización gemela de los “Black Panther” pero en caucásico: compartían fines, ideologías y métodos. Y MC5 quedaron asociados al movimiento para siempre: se convirtieron en el sonido de la Revolución Americana.

SER ESPIADO POR EL FBI POR QUERER DESTRUIR AMÉRICA

MC5 viven en una comuna cerca de Detroit; la DEA, agencia americana anti-drogas, vigila el emplazamiento, sospechando que dentro de la guarida de la banda se trasiega con grandes cantidades de drogas: tienen toda la razón. Poco después, el FBI sustituye en las labores de espionaje a la DEA: la subversión indisimulada de los MC5 les convierte en el blanco de diferentes agencias del Gobierno. Para muestra, un botón: en 1968 se celebra en el D.C. una convención demócrata en la que actúan ídolos hippies como Crosby, Stills & Nash o The Doors. En un recinto cercano, al mismo tiempo, tiene lugar un festival revolucionario encabezado por los MC5: si Jim Morrison apela a una revolución de amor libre, pacifismo y melenas sembradas de flores, los de Detroit quieren destruir el país hasta los cimientos, y después follar y/o tocar rock sobre los escombros: cuestión de perspectivas… La policía presente en el evento considera inaceptable el mensaje político de los MC5 y comienza una batalla campal multitudinaria en la que la banda escapa de la muerte por los pelos.

MC5 se convierten entonces en la banda residente del Grande Ballroom, un antiguo y clásico teatro del siglo XIX convertido en esa época en un templo del rock contestatario en Detroit, hoy en ruinas, como gran parte de la ciudad. La banda ya es en aquel momento, 1968, un incendiario cóctel de ideas marxistas y decibelios demenciales; suenan punk muchos años antes de su creación, por no hablar de toda la filosofía ligado a él, ya presente en los MC5. Su sonido se mezcla, además, con un primitivo y primario hard rock, entonces en pleno parto, y en general, un tono garagero y tremendamente ruidoso y excitante para la época. Revolucionario en todos los términos posibles.

DEBUTAR “ROMPIENDO CONVENCIONES”: KICK OUT THE JAMS

Por fin MC5 fichan por una discográfica, Elektra, y se disponen a grabar su primer álbum; éste se tituló “Kick Out The Jams”, que significa algo así como “romper con lo establecido”, aunque también tiene otra posible traducción; y es que si lo tomamos literalmente, “kick out the jams” significa también “patear a las jams” o las improvisaciones, muy estiladas por aquel momento por bandas contraculturales como Grateful Dead, que podían alargar canciones hasta la media hora de duración en una orgía de guitarras y LSD. MC5 respondían de esta manera a los delirantes desarrollos instrumentales de la época: con inmediatez y escasa pretenciosidad.

Otra convención, siendo coherentes con el título, que rompieron MC5, fue la propia manera de registrar el álbum: “Kick Out The Jams” fue grabado en directo; era una manera de capturar su energía característica sin ningún tipo de filtro, sin domesticar. Ir a un estudio a grabar por pistas hubiese dado, probablemente, un mejor sonido al disco pero hubiese también mermado la espontaneidad y la furia características de la banda, que por otra parte no parece que estuviesen muy interesados en mesas de sonido, palancas o botones: los únicos controles que les preocupaban eran los de subir el volumen de sus amplificadores…

Así pues, “Kick Out The Jams” fue grabado en dos noches a finales de octubre de 1968 –aunque vio la luz a principios del siguiente año- en el citado Grande Ballroom, su lugar fetiche, y plasma a la perfección ese ambiente de latente revolución, de sangre, de incendios descontrolados, de destrucción casi gratuita. De mala leche absolutamente atronadora. De sonido totalmente demoledor, ruidoso, violento.

Podrían mencionarse canciones como “Ramblin’ Rose”, interpretada a la voz solista por el guitarrista Wayne Kramer, en la que se dedica a escupir alaridos envuelto en una pesada nube de distorsión, la homónima “Kick Out The Jams” –quizá su canción más conocida- sucia y mal encarada, la vagamente experimental que cierra el álbum “Starship”, alargada a los más de ocho minutos (una licencia a pesar de estar en contra de las interminables jams…), el riff simple pero destructivo de “I Want You Right Now” o el blues eléctrico, macarra y revolucionario de “Motor City Is Burning”, -popularizada por el bluesman Lightin’ Hopkins- que relata los disturbios de la Ciudad del Motor, Detroit, y ensalza a los violentos que metieron fuego a su propia ciudad durante cuatro días entre la lluvia del fuego graneado de las M-16 del ejército del Tío Sam.

Los MC5 aún tuvieron tiempo de grabar un par de álbums más, siendo especialmente recomendable el que editarían en el siguiente 1970, “Back In The USA”. No les dio para mucho más… y es que, a pesar de todo, los MC5 no murieron por la revolución, como estaban dispuestos: los que no acabaron en una prisión del estado, terminaron muertos por diferentes complicaciones derivadas del consumo desmedido de drogas.

Hoy nos queda su legado como precursores de sonidos que hubieron de cambiar el mundo algunos años después, como músicos adelantados a su tiempo. Su legado en forma de un testimonio vívido, como las mejores crónicas, de la época que les tocó vivir.

Si tuviésemos que definir el sonido y el espíritu de MC5, podríamos hacerlo tomando prestado el título de aquella novela de Faulkner: el ruido y la furia.

Rob Tyner: Voz (excepto en “Ramblin’ Rose”)
Wayne Kramer: Guitarra, coros, voz (en “Ramblin’ Rose”)
Fred Smith: Guitarra, coros
Michael Davis: Bajo, coros
Dennis Thompson: Batería

Sello
Elektra