Mayhem - Chimera

Enviado por Cuericaeno el Dom, 11/10/2009 - 21:39
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1. Whore (2:58)
2. Dark Night Of The Soul (6:08)
3. Rape Humanity With Pride (5:41)
4. My Death (5:55)
5. You Must Fall (4:13)
6. Slaughter Of Dreams (7:00)
7. Impious Devious Leper Lord (5:39)
8. Chimera (7:01)

Desde que le alquilaran al Diablo una de las tinajas de Su patio para grabar su horrísona demo Pure Fucking Armageddon (1986), hasta aquel experimental trabajo de voces limpias y extrañezas varias llamado Grand Declaration Of War (2000), a la banda fundadora del “íntimo círculo” Black le tocaba recibir su riña. Tanto atacar a aquellos “falsos blackers” que tomaron su propio y digno rumbo, tanta pasión ortodoxa por la piromanía (iglesias “calentitas”) y la psicofonía (producciones de cascajo)… y ahora van estos viles noruegos y se pasan su propio purismo por el forro de los baphomets.

Ahora yo me acercaría a cada uno de sus más sectarios seguidores para decirles “Y ahora… ¡¿qué?!”, pues al germinal arquetipo del Black Metal le picó el gusanillo necrófago de la experimentación, la misma fresca larva que la negra musa inoculó a los míticos Emperor cuando se atrevieron a introducir teclados en la escena, lloviéndoles negros anatemas hasta del sombrajo (hoy son dioses del género).

Pero como después de todo no soy rencoroso, bienvenidos sean los ”true Mayhem” al mundo actual, aunque sabía que tarde o temprano caerían…

Después de esa Gran Declaración de Guerra a sus propias raíces, la banda que instituyó el difunto Euronymous prosiguió su cruzada de nuevos aires para traernos Chimera, trabajo en el que aún se notaba levemente la extraña sombra de su anterior obra, pero proyectada por fortuna hacia la tralla de antaño, recuperando en parte lo que fueron.

El demonio percutor Hellhammer, acerada espina dorsal de la música del grupo, lucía su poder devastador de alta técnica amparado por una excelente producción (démosle un tubbieadiós a la música en lata), en la que su monumental kit te rodea el cráneo como una pamela pirotécnica, para someter tu calavera a un surtido martillar de trépanos que te remachan las sienes muy al gusto del consumidor de la buena tralla, todo un manjar para los sibaritas del blast beat, luciendo además nuestro señor Martillo del Infierno una disociación asombrosa, con la que se permitía coordinar su hipersónica línea double-bass (sumada a su gran dominio del gravity blast en la caja) con ornamentos aislados de platillos, física y mentalmente imposibles (¿cuántos cerebros tiene nuestro amigo?... ¡¿y cuántos brazos?!).

Esa “raspa” de leviatán que trazaba Hellhammer a maza y baqueta era abrazada por las pérfidas cuerdas de Blasphemer a la guitarra y Necrobutcher al bajo, que junto a la agónica garganta de Maniac lograba todo cohesionarse con casi la misma magnitud de violencia y negrura de antaño, pero amparados por una más pulida técnica y el suculento aderezo de una buena producción, muy de agradecer sobre todo para los que no le gustan las peleas de perros (me incluyo más o menos en ese grupo).

Respecto al espino y negro cauce que toma el cuarteto noruego, las cosas quedan bien claras desde el principio. La virulencia de su opener, llamado Whore, en sus poco menos de tres minutos de vida da pistas de sobra sobre lo que se nos viene encima, un aluvión de acres riffs claveteados por las artes sísmicas de Hellhammer, formando un conglomerado que te comprime y agita no sin mostrar de vez en cuando ciertas texturas bastante apetecibles y originales, que pese a flexibilizar la apuesta no le hace perder a la obra ni un ápice de su malignidad general.

Tras el apaleo a hélice que nos inflige ese Whore, llama mucho la atención el riff con el que arriba la ’Oscura Noche del Alma’, pues pese a parecer claramente numetalero por su viscosa hiperlaxitud, cuando es tocado por la “baqueta mágica” del mago Hellhammer se torna más blacker que el Black Metal mismo. Dark Night Of The Soul nos invade tan impío como sofisticado, desplegando el percusionista el extenso catálogo de piezas que vertebra su kit (muy bien mapeado en el libreto del compacto), con su camada de chinas y “chinitas” brillando a azote sucio en nuestro derredor. El ronco bajo de Necrobutcher toma gran protagonismo en este corte, corte que va sumando intensidad hasta convertirse en otro chaparrón de parche y platillo parecido al que nos caía en la pista 1. Para este álbum recomiendo un paraguas de piel de elefante, pues la borrasca percusiva es pertinaz en casi todo su metraje. Y si durante este demonial show lográis coger una baqueta, avisarme, ya me contaréis lo que queman en las manos de un mortal una de ésas recién usadas por el Maestro.

Es chocante leer la palabra “exquisitez” en una obra de Metal Extremo de esta factura, pero cuando la brutalidad está confeccionada por semejante arquitectura que la enriquece, el adjetivo “exquisito”, más que afín y acertado, se queda hasta corto. Tan salvaje en carácter como escrupuloso en técnica, el tropel devastador de Rape Humanity With Pride nace, mata y muere colérico pero preciso, para luego dar paso al enfermizo serpentear de My Death, susurrado agónicamente por Maniac y engalanado por una terrorífica melodía [3:26] que cuando se adueña de la recta final de esta cuarta pista, logra embrujarnos a la vez que baña a la banda de una esencia de majestad nada usual en las composiciones de estos energúmenos de la gélida Noruega, ayudando mucho en ello esos coros cuasigregorianos que entonan como tenebroso aderezo, forjando así uno de los momentos más memorables de todo el álbum.

Una aureola parecida gravita en You Must Fall, donde la banda mece otro palio mortuorio en forma de melodía, pero esta vez más corrosiva y apocalíptica, y embarcada en un marco estructural más acorde al salvajismo al que nos tiene malacostumbrados estos true daddies del Black primitivo.

De ese furioso ciclón llamado Slaughter Of Dreams no tengo más remedio que resaltar ese ritmo imposible y altamente corruptor que nuestro octópodo abisal nos lega para los restos. Y es cerca del final de este abrupto desplome a los infiernos, cuando Hellhammer superpone a su hipersónica ristra de doble bombo un ritmo completamente aislado al tempo que marcan sus pedales, creando unas cautelosas zancadas de caja, goliath y platillo que pasean lascivas y lúgubres sobre tal alfombra de mazas, toda una obscura delicatessen de la disociación que a aquellos que se asomen a esta sexta pista de Chimera imploro que no pasen por alto (he aquí las coordenadas: 6:03/6:28).

Impious Devious Leper Lord despunta con los rugosos lamidos del bajo de Necrobutcher, que emerge de contados páramos sin guitarras para acompañar la obscura filosofía metafísica que susurra el cadavérico Maniac. El resto es bañado por la tempestuosa cascada de guitarras a la que nos tiene habituados estos orcos de la nevada joroba de Europa.

”You are not dead,
You never existed...”

El álbum se despide por todo lo alto con su tema-título. Chimera son siete minutos de jugosas tinieblas donde alternan ese suculento mid-tempo de riff ‘sabbathrasher’ que abre telón con los clásicos prestos a tremolo picking que marca la tradición. Las partes recitadas en limpio se intercalan con los bestiales alaridos del Maníaco, siendo en este último tema donde se resume y aglutina toda la variedad que presenta este laborioso álbum desde su apertura, concluyendo así un gran trabajo donde la banda racionó con mucho tacto toda la experimentación de la que hicieron uso y abuso en su anterior obra, pasándola esta vez por un filtro más estricto que hizo recuperar y mantener la negra savia que bombeó el corazón de sus inicios.

Haciendo un paralelismo que viene muy al caso, esta obra que nos ocupa es tan arriesgada, enigmática y blasfema como aquel apócrifo en la biblia del cine mudo llamado Häxan (1922), film sueco que a modo de tesis doctoral o ensaño filosófico abordaba el tema de la caza de brujas en el Medievo, equiparándolo luego a las supersticiones del ciudadano contemporáneo. Mayhem le hicieron tributo a aquella mezcla de documental y película de terror en el artwork de este compacto, donde se muestra a aquel Lucifer burlón (encarnado por el mismo director, Benjamin Christensen) estrangulando con notable entusiasmo a un pobre infeliz, además de mostrar en el interior del libreto, y de forma casi críptica, fragmentos de la escena en la que monjas de un convento enloquecen lascivamente por el influjo de ese Lucifer que no paraba de aflorar y batir su lengua.

Lo que innovó aquella arcana joya del celuloide en técnica y expresión es lo que la ha salvado hoy de la censura y desprestigio que sufrió en sus primeros días por su oscuridad, escatología, violencia y erotismo, demasiado explícitos para la época. Por esa misma razón, no puede dársele la espalda a esta otra tesis, esta vez basada en el nuevo Black Metal, elaborada y expuesta por los mismos que dieron vida a tal género, reinventándolo y rompiendo ese corsé de cota de mallas que los más cegatos del corpse painting están tan orgullosos de lucir. Si ellos no quieren valorar hoy este gran trabajo el Tiempo lo hará por sí sólo, aunque yo a ése no le he esperado, y hoy recalco que Chimera, al igual que el largometraje de Christensen, es altamente recomendable, sobretodo para los amantes de toda expresión de arte que haya tomado y tome como musa antes a la Luna que al Sol, antes al magma que a la flor.

Ya a los true blackers de a pie se les acabó el referente con el que diferenciar lo in de lo out en su escena. Su arquetipo del dogma azabache plateó su logo con purpurina para mostrarse más flexible y sensible, demostrando ellos mismos que a estas alturas ya es inútil seguir abriendo vedas contra el falso Black o quemar iglesias por inercia. Era hora de que ya todos se acabaran de enterar de que el Metal no sólo vive de recuerdos, sino también de inquietudes que lo han hecho evolucionar hasta el rico universo que es hoy. Lo otro son… quimeras, y nada más.

Maniac - Voz
Blasphemer - Guitarra
Necrobutcher - Bajo
Hellhammer - Batería

Sello
Season Of Mist