Manilla Road - Mark of the Beast

Enviado por Kaleidoscope el Mié, 01/05/2019 - 05:03
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1. Mark of the Beast (9:35)
2 .Court of Avalon (7:29)
3. Avatar (9:34)
4. Dream Sequence (2:45)
5. Time Trap (6:59)
6. Black Lotus (5:03)
7. Teacher (4:51)
8. Aftershock (5:09)
9. Venusian Sea (6:15)
10. Triumvirate (8:21)

Viaje completo

En el Keep It True de este año, celebrado en Alemania, se llevó a cabo un emotivo concierto homenaje a Mark Shelton, la pasión volaba por los aires y el amor por el Heavy Metal, y la obra de nuestro tiburón era sobrecogedor. Hoy también quiero hacerle un sentido homenaje, con mi humilde reseña, a la obra de un rey que anduvo en las sombras y qué mejor que hacerlo con su disco más emocional y bello: Mark of the Beast.

Hablar de “Mark of the Beast” es hablar de algo más que un disco, es hablar de la encarnación de la pasión envuelta en belleza, de una joya perdida en las trampas del tiempo.

Se supone que este álbum debió salir a la luz luego de su debut “Invasion” (1980), pero aparentemente la banda no estaba conforme con el resultado y decidieron dejarlo guardado en la recámara por más de veinte años...y yo me pregunto ¿Cómo se está inconforme con un material tan absurdamente bueno y puro? Hay que tener unos huevos bien gordos para desechar composiciones tan mágicas, fuera de serie y ser un inconformista de cuidado; tal vez por eso Shelton fue tan grande, siempre buscaba más, siempre buscaba compartir al mundo la música que realmente quería y nunca se doblegaba a sacar algo con lo que no estuviera satisfecho. Puedo entender que en su momento desecharon este diamante iridiscente de belleza incalculable porque en los ochenta buscaban endurecer su sonido, tocar el metal más auténtico del planeta y “Mark of the Beast” ciertamente es un disco muy reminiscente a la década de los 70´s, con mucha carga de música psicodélica que hace recordar más a grupos como Iron Butterfly, Blue Cheer o Vanilla Fudge que el Heavy emergente de los ochenta, pero tampoco se dejen engañar por ello porque Manilla Road, aún sonando más suaves e íntimos siguen imprimiendo la más pura esencia del Heavy Metal porque sí, todo suena más “light” pero ni por asomo consideren la idea de que esto es un álbum de baladas blandengue porque aquí Shelton y compañía lograron imprimir la intensidad de mil soles, solo que de una forma poco convencional.

Imprimir intensidad en guitarras supersónicas con enormes cantidades de distorsión y gran volumen es algo que puede hacer cualquiera que se lo proponga, pero tener el talento de transmitir una intensidad que te mantiene pegado a la silla con unas acústicas, por la abrasiva pasión que se imprime es un talento y un genio que más bien tienen pocos. Y como vivo ejemplo está la canción homónima que abre el disco. No es evidente todo lo que tiene que mostrar y aparentemente es una canción acústica tranquilita, pero cuando se escucha con detenimiento se puede oír cómo cada músico entregó su alma y cuerpo. Las percusiones suenan ascendientes y elocuentes, es impresionante la capacidad de Rick Fisher para HABLAR con un instrumento que suele limitarse a marcar el ritmo, pero si alguien sale a la palestra a darlo todo y robarse el espectáculo es Mark Shelton; cuando uno escucha su voz no puede evitar caer de rodillas conmovido y con lágrimas...sé que Mark no tiene la fama de ser una gran voz, pero lo que hace aquí es digno de ser guardado en la memoria por toda la eternidad no por la técnica o por lo impresionante que suene, sino por el SENTIMIENTO que transmite. Cada palabra, cada maldita palabra transmite más que discografías enteras, el sentimiento de ser un guerrero de la vida que lucha por vivir es REAL. Su voz es melancólica, pero también empoderadora. Llegados a este punto soy incapaz de describir lo que me transmite Shelton, no solo con su garganta, sino también con la guitarra: tanto los solos como sus cuerdas vocales elevándose por lo alto alcanzan un clímax inefable, que hay que vivirlo en carne propia y para rematar las letras lejos de arruinar la conmoción lograda por la música la multiplica por mil con una pluma poética, hermosa y cruda como la vida misma, dejando claro que siempre va a haber adversidades, pero que vale la pena seguir luchando hasta el final; eso era Mark “The Shark” Shelton: un LUCHADOR NATO.

“I've run away almost all my life
I won't run away anymore
The dreams I have they show me now
I must stand and fight this war

The beast he lurches forth
To tear apart my soul
I find myself in wonderment
Looking to the stars

What did I do so wrong?
Was it me this time?
I thought that I was strong
By now I'm crying
In a sea of tears
I'm fighting the mark of the beast

For five years now I've made my way
All around the world
No one knows what I've been through
Satan's wings unfurled

I stand here waiting patiently
I know the time has come
I must now face Darksied
I shall overcome

What did I do so wrong?
Was it me this time?
I thought that I was strong
By now I'm crying
In a sea of tears
I'm fighting the mark of the beast

The reaper he id here for me
He brings the murk of hell
I know now it's my soul he wants
And that I will not sell

Radiant majesties of light
Prepare thyselves my way
My powers I will give to you
To save me on this day

What did I do so wrong?
Was it me this time?
I thought that I was strong
By now I'm crying
In a sea of tears
I'm fighting the mark of the beast”

Tal vez te haya atrapado aquel cegador y te haya llevado lejos del mundo terrenal, pero si algo es seguro es que falló en la misión de agarrar tu alma porque quedó imperecedera en tu música.

“Who do you see?
The power of fire in me
I have to use it
I won't abuse it
We must set Manilla free”

Escuchando las letras y el estilo de este álbum uno se puede dar cuenta que es algo realmente íntimo que está intrínsecamente relacionado con el recorrido de la banda. Es el sentimiento de un grupo que saben que tienen algo especial, que son especiales, pero no fanfarronean sobre ello, es la lucha eterna de la banda subterránea, “underground”, por mantenerse siempre en la brecha, a pie de cañón. Y es que señores, muy fácil es mantenerse mucho tiempo en esto de la música cuando es económicamente rentable, pero es admirable cuando una banda, no solo está en la escena por 41 años, sino que lo hace dedicando toda su vida a esta música a pesar de no comerse un duro. Es vivir solo por el arte y para nada más, uno de los caminos más nobles que existen en este mundo donde rige la violencia y la codicia es tomar un instrumento y con él cambiar tu mundo y el de los demás.

“Court of Avalon” sigue en una línea similar a la primera canción, pero ofreciendo algo totalmente distinto y confirmando, sin margen de error, el cómo estamos ante un álbum que viene directo al corazón. Entrar en detalle y desmenuzar cada canción minuciosamente es algo tentador, pero inútil porque las experiencias no se cuentan, se viven, pero es inevitable mencionar la tormenta eléctrica de “Avalon”, canción que contiene una de las guitarras más emotivas de la historia, donde la palabra “feeling” pierde el significado porque se queda corta, donde la distorsión se dispersa como un eco envolvente y eterno que te hace sentir la Tierra es tu cama y el cielo tu cobija. Sin embargo, si tengo que entrar a profundidad con un tema lo haría con “Time Trap”.

Se que dije que carecía de sentido inspeccionar el álbum parte por parte, pero las emociones a veces son irracionales, contradictorias e incoherentes y mi corazón no puede evitar descargar lo que evoca “Time Trap” en mí, o al menos intentarlo.

Es obvio el cómo “el tiburón” no es de las voces más virtuosas, pero está claro que este señor daba algo que no daba ninguna otra garganta en todo el globo terráqueo, no porque su timbre y forma de cantar haya sido única (al fin y al cabo, cualquiera puede sonar “único” haciendo cualquier tipo de despropósito) sino porque este hombre sentía, con cada partícula de su cuerpo, su música. En “Time Trap” no solo me estremece la inminente melancolía con la que retrata la tragedia del tiempo, sino que directamente crea algo que no está en ningún diccionario. Su voz es artesanal y modesta, pero traspasa la misma cercanía de un padre, de un hermano, como el consuelo de un ser querido, de alguien que conoces toda la vida. Es brutal como las guitarras acústicas van descendiendo en un espiral que se siente eterno a pesar de no serlo, acompañado de unas voces que se distorsionan en las dimensiones del tiempo, dando la sensación de que caen en un foso sin salida, oyéndose cada vez más lejanas para luego ascender con grito clamando al cielo, levantándose, saliendo del pozo que parecía no tener salida; es algo poético porque los instrumentos por sí solos hablan dando un mensaje que se puede extrapolar a la vida misma. Digo sin espacio a la duda que “Time Trap” es uno de esos escogidos temas que me hacen llorar, que me transportan fuera de este mundo y, aunque menos conocido, a la altura de obras de arte como “Epitaph” de King Crimson o “Parents” de Budgie.

Y ahora sí, me limitaré a no caer en el fútil ejercicio de describir lo indescriptible. Tan sencillo como que cada canción en este álbum, cada segundo, es pura y dura perfección, pero no esa fría y estéril perfección preconcebida que da el concepto de la palabra, sino de esa perfección propia del ser humano porque la perfección es también (paradójicamente) imperfecta y si no se lleva el 10 es porque llegó “tarde” o porque no tiene la “importancia” de otros discos que aterrizaron décadas antes, aspectos que sinceramente me importan un comino a la hora de escuchar esta obra de arte.

“Mark of the Beast” es un viaje al caleidoscópico reino multicolor de las emociones, donde afloran tanto las esperanzas como los eternos obstáculos que presenta la vida. Uno de los mejores álbumes de los setenta, que debió salir a principio de los ochenta y terminó saliendo al mundo en los años 2000. Inexplicable, impagable e irreemplazable.

Llamar "solo" álbum a “Mark of the Beast” es insulto, como decía la monumental canción final:

“Tiumvirate
Just the three of us
Against the world”

Eso es “Mark of the Beast”, eso fue Manilla Road: solo ellos, contra el mundo.

Y sé que sonaré exagerado, que estoy sobre-dimensionando las cosas, pero hoy hablo desde el corazón, desde el alma y no desde ningún otro sitio.

Aquí es donde podría decir que en paz descanse Mark W. Shelton, pero al contrario de todo el mundo yo pienso que sigue vivo y la prueba que me hace llegar a esa conclusión es la música de Manilla Road cada vez que suena en mi casa.

Dedico este texto a alguien que no solo es un artista único, sino que también es un ser humano único y especial que ama y amó como nadie más a la criatura llamada “Heavy Metal”. Que no quepa duda.

Valoración: 9.7

Mark Shelton (R.I.P. 2018): Voz principal, Guitarras
Scott Park: Bajo
Rick Fisher: Baterías, Percusiones, Voces de apoyo

Sello
Monster Records