Machine Head - Bloodstone & Diamonds

Enviado por Betrayer el Dom, 09/11/2014 - 23:35
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No fue hasta el 2003, coincidiendo con la llegada a la banda del guitarrista Phil Demmel y la salida de Ahrue Luster, que Machine Head volvería a enderezar su rumbo. Se acababa al fin su periplo “Nu metalero”, y la banda que había sacudido a la comunidad metalera en 1995 con uno de los mejores discos de Groove/Thrash del pasado siglo (el “Burn My Eyes”), intentaba recuperar la fuerza y rabia que los catapultó a la cima con su disco debut. Y la cosa fue más fácil de lo previsto, después de un “Through the Ashes of Empires” cargado de intención pero falto de gancho, llegó el magno “The Blackening”, la nueva joya del Groove/Thrash del siglo XXI.

Machine Head volvían con energías e ideas renovadas, a su poderoso Groove de antaño, se le añadían ahora guitarras más melódicas y mejoradas voces limpias, para crear un conjunto superior, mucho más ecléctico, variado y disfrutable, furia a ratos caramelizada capaz de volarte los sesos y a la vez llegarte al alma. Y una vez encontrada la fórmula correcta, Flynn y los suyos decidieron que ahí se iban a quedar, y cuatro años después caía “Unto the Locust”, un disco que se movía en unos parámetro similares aunque no alcanzaba el nivel de su predecesor. Solo faltaba por ver si en 2014 serían capaces de cerrar a lo grande su particular “Santísima Trinidad” o por el contrario íbamos a tener una sorpresa desagradable.

Y me congratula enormemente deciros que este “Bloodstone & Diamonds” acaba cumpliendo holgadamente las expectativas, si no es que incluso las supera. Los californianos dan otro puñetazo sobre la mesa y demuestran que, veinte años después, siguen siendo los reyes del Groove/Thrash Metal sin discusión. Forjaron un sonido propio e inimitable ya desde aquel monumental primer tema del “Burn My Eyes” de nombre “Davidian”, con esos afiladísimos armónicos que te atravesaban de arriba abajo, con esa distorsión súper poderosa, con ese golpeo de batería tan atronador y ese Flynn escupiendo palabras con su particular furiosa voz rasgada.

Y actualmente tenemos a esos mismos Machine Head pero mejorados. Con un Phil Demmel espectacular, que tiene un feeling enorme con Flynn (no en vano ya habían coincidido años atrás en Vio-lence). Ambos se han conjugado y han sacado a relucir su buen gusto por las melodías “maidenescas”, que adaptadas a Machine Head con una minuciosidad propia de un cirujano metálico, han conseguido que su en ocasiones excesivamente pastoso Groove, se digiera con increíble facilidad. Con un Dave McClain que arrasa a su paso, con ese fantástico equilibrio que siempre ha demostrado en el juego con timbalas y doble bombo. Y sobretodo con un Rob Flynn que no parece tener techo en su ambición y espíritu de superación. El valiente guerrero abandonó Forbidden y Vio-lence porque no se sentía realizado en dichas bandas, formó la suya propia y aquí tenéis el resultado. El puto amo, un buen guitarrista, excelente frontman con un carisma que no se lo acaba, y un vocalista, que sin ser un dechado de virtudes, es capaz de ponerte los pelos como escarpias con ese mezcla de voz semi gutural y harsh a la vez, y que lejos de estancarse y acomodarse ha añadido las voces limpias a su repertorio y cada vez las ejecuta con mayor calidad.

¿Me estás pensando que soy un fanboy mientras lees esto? Me la suda, de buen rollo, Machine Head son grandes, muy grandes, y si a día de hoy no son los cabezas de cartel de los macro festivales es porque una parte importante del sector rancio-casposo metálico no tiene los cojones de apartar de una jodida vez a los dinosaurios y apostar por ellos. Dicho esto, nos vamos a por el disco, que demasiado me estoy demorando ya.

Y si quieres hacer un disco grande ¿cómo comienzas?, a lo grande ¿no? Pues eso mismo hace Machine Head atacando de inicio con “Now We Die”, un temazo que apoyado en su justa medida por elementos orquestales, te acaba tumbando de espaldas. Siete minutazos que se te pasan en un santiamén, el tema tiene Groove, tiene Thrash, tiene un estribillo pegadizo a más no poder y tiene un solazo para enmarcar (es que me estoy imaginando a Demmel y Flynn ejecutando el tapping al unísono el viernes que viene y ya me pongo cipotón total).

Cuando comienzas con un tema tan grande como este, no te queda más remedio que continuar con otro que de la talla, y “Killer & Kings” está a la altura y de sobras, típico tema made in Machine Head, con McClain espectacular en su juego con el plato rítmico y unos coros salvajes de puro Thrash. Y claro el tercer corte “Ghosts Will Haunt My Bones” no iba a ser menos, y ese serpenteante riff de inicio ya consigue ganar la partida de antemano. Sobre él irán trabajando las voces limpias de Flynn para mantener el tema en un medio tiempo muy contundente, con diversas subidas y bajadas de intensidad pero sin llegar a acelerarse en ningún momento. Será porque el acelerón ya lo guardan para la siguiente “Night of Long Knives”, que aunque comienza dubitativa se va calentando sobre la marcha para sacudirnos de lo lindo. Rápida, viperina, con ese poso semi punk en algunos riffs que tan bien dominan Machine Head, y cuidado con el estribillo que lo vas a tener en tu almendra durante semanas.

Tiempo muerto con “Sail into the Black” que toca descansar, tema más pausado, de más de ocho minutos de duración, y que no por eso se hace pesado. Y como era de esperar después de un corte de dichas características tocaba un pepinazo, “Eyes of the Dead” ataca muy violenta y pone de manifiesto lo que ya hemos visto en el resto de temas hasta el momento, Flynn y sus cuerdas vocales están en un momento de forma espectacular. Y más que eso diría yo, es que se nota que este jodido cabrón disfruta cantando, se lo pasa de puta madre, es su banda, su criatura, hace y deshace con ella a su antojo, y rabia cual bulldog delante del micro para cambiar a una sencilla pero efectiva voz limpia cuando le da la gana sin ningún tipo de problemas.

Pasamos el ecuador del disco y nos sorprenden con “Beneath the Silt” y su riffeo más propio del Stoner o el Sludge, tema algo sencillo pero la mar de efectivo y que da paso al tercer corte con alma grandilocuente del disco por así decirlo. En “In Comes the Flood” vuelven a aparecer las orquestaciones e incluso unos coros eclesiásticos para dotar al tema de cierta ampulosidad. Quizás el corte acabe siendo demasiado azucarado, incluso el estribillo tiene cierto aire Metalcore que no me acaba de convencer. Su pomposo final nos viene a huevo para empalmar con “Damage Inside”, un corte donde nos encontramos al Flynn más íntimo, jugueteando de nuevo con su voz limpia. Suerte que “Game Over” nos rescata del letargo, y pese a un inicio algo mediocre, va ganando verticalidad conforme avanza, con cierto tufo a Slipknot en ciertos momentos.

Y aquí, justo aquí, después de este tema con cierto aire Punk-Rock festivo, es donde creo que Machine Head debería haber finiquitado el plástico, incluso si me apuran prescindiendo de la mencionada “In Comes the Flood” que no aporta demasiado nada. Y eso que todavía no os he hablado de la “instrumental” “Imaginal Cells”, un tostón hablado que no hay por dónde agarrarlo, y “Take Me Through the Fire”, esta sí un buen tema ideal para incluir como material extra o algo por el estilo. El disco se hubiese quedado en más de cincuenta minutos y un gran sabor de boca, en cambio alargándolo hasta los setenta minutos lo único que consiguen es dejarte con la sensación de disco pesado. Y es que es así, me he desecho en alabanzas durante casi tres cuartas partes de este disco, pero creo que la parte final le hace perder enteros. Puñetera manía de las bandas intentando ofrecer más y más material, cuando lo que en realidad preferimos los metalheads es un disco cargado de buenos temas en su justa duración, que una obra excesivamente larga con dos o tres cortes de puro relleno.

Una lástima, por unos momentos Machine Head tuvieron a huevo parir otra jodida obra maestra para sumar al “Burn My Eyes” y al “The Blackening”, pero se han quedado a las puertas. Que no quede con esto una visión negativa del disco, todo lo contrario, “Bloodstone & Diamonds” es un señor disco, lleno de grandísimos temas que a buen seguro van a sonar tremendos en directo. Con el dúo de hachas en plena forma, con McClain golpeando igual de agresivo y certero que siempre, y con Flynn en (posiblemente) el mejor momento vocal de su carrera. Además la producción corre a cargo de Juan Urteaga (Testament, Vile) y la mezcla de su inseparable Colin Richardson, garantía total de éxito. En definitiva, un gran trabajo que se queda a las puertas de obra magna por culpa de su excesiva duración. Altamente recomendable.

Robb Flynn: Voz, Guitarra
Dave McClain: Batería
Phil Demmel: Guitarra
Jared MacEachern: Bajo

Sello
Nuclear Blast