Mägo de Oz - La ciudad de los árboles

Enviado por Marcapasos el Vie, 11/03/2016 - 00:54
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Nunca es fácil hablar de Mägo de Oz, ni siquiera cuando nos referimos a su etapa de mayor esplendor, la cual, personalmente, acabó con Gaia II: La voz dromida.
Ciertamente, sorprende la variedad de opiniones que saltan en referencia a la discografía y demás movidas de Txus. Que si todo acabó en La leyenda de la Mancha, en Finisterra (la opinión más generalizada, seguramente), en el primer Gaia, o, inclusive, que nunca empezó tal cosa.

Hay todo tipo de ramas de las que hablar. También parece que, cuando uno habla de su carrera musical más allá de 2006, debe mantener pies en polvorosa, y andarse con rodeos, siempre mirando en pos a ese disco magno que fue Finisterra.
Desde luego, el apogeo ya abandonó a los madrileños para asentarse en su bien escrito pasado. Sin embargo, en este texto me adentraré en los años que sucedieron al Gaia II sin la necesidad de mirar tras los hombros de su historia. Aquí hablaré de su séptimo álbum de estudio en discordia, La ciudad de los árboles, título que siempre ha hecho retrotraer mi imaginación hacia las ricas tierras guatemaltecas, el reino de las gigantescas arboledas (aunque, seguramente, no fue ese el objetivo de Txus y compañía a la hora de elegir tal título).

Después de discos de extensa duración, colecciones de temas inmensamente densos y algunos de los momentos más épicos de la carrera de Mägo de Oz, la banda prefiere dejar la saga de Azaak en el banquillo por un tiempo, salvaguardando fuerzas para volver con el último capítulo de la saga, Atlantia, en el año 2010.
Los planes de Mägo de Oz, en 2007, apuntaban hacia un pequeño “descanso”, hacia un disco mucho más relajado, sencillo y menos grandilocuente, sin dejar atrás su carácter particular.

Da cierta grima el hecho de visualizar un álbum de Mägo de Oz completado con canciones que no pasan de los seis minutos, un álbum que no arremeta con un Jesús de Chamberí, Requiem o una Satania que nos haga enloquecer en medio del camino. Pero, oye, que, dentro de su planteamiento y parámetros, he de reiterar que el producto final fue bastante bueno.

Ya sus primeros minutos, cuya entrada la da la introducción titulada El espíritu del bosque (Intro), dan una de las mejores noticias que trae este disco, y es la adquisición de Patricia Tapia como miembro oficial del grupo (y ya tardaban, viendo el éxito que generó con el segundo capítulo de Gaia y su respectiva gira). Patricia, con su cantar más dulce, abre la puerta al dominio de la magia y los más misteriosos hechizos que reinan en lo más profundo del bosque.
Pronto estallan las aguerridas guitarras y los teclados con La ciudad de los árboles, primer tema de anguloso Heavy Metal que busca derroteros muy diferentes a cómo siempre ha sonado Mägo de Oz. Al mismo tiempo, se nota qué banda es la intérprete. José Andrea, por supuesto, se luce enseguida con sus característicos agudos, y se percibe un muy buen instrumental de teclados, violines, acordeón y flauta (Mägo no escatima a la hora de ofrecer gran variedad de instrumentos al plantel) y, por último, un señor estribillo que, sin ser una arrolladora Satania, funciona de maravilla.

Sin silencio que valga, empieza a resonar la rugidora Harley, por supuesto, y es que Txus y compañía (muy listos ellos) nos incitan a darle candela a Mi nombre es Rock'n'Roll, canción que, tal y como indica su nombre (valga la redundancia) nos bañará en un mar de Hard Rock clásico y cañero, recogiendo el ideal del viejo lobo rockero. Me encanta el instrumental de violines que se pega Moha a mitad de track, buenísimo, además de excelente conducto para el tarareo final.
Manteniendo agilidad en sus riffs se avecina El rincón de los sentidos, positiva pieza en onda Hasta que el cuerpo aguante y orientada hacia una faceta menos Folk Metal, apoyando más por el Rock/Metal melódico. También refuerza esa frescura de la que hablaba previamente. Me encanta, sobre todo, ese instrumental de violín que, al final, se encarga de cerrar la función a modo de coro y guitarras melódicas.

El single (totalmente típico) de Mägo de Oz toma forma en Deja de llorar (Y vuélvete a levantar). Con una estructura que apuesta con comenzar los puentes a través de tranquilas sintonías y acústicas guitarras para, después, recargar con fuerza altiva, sus estribillo y uso de los instrumentos suenan tal y como podríamos esperar de un tema de esta índole: flautas y violines danzantes, estribillo pegadizo con deje épico… plumero simpático.
Explorando nuevos caminos, me gusta, entre las más especiales, La canción de los deseos, tema escrito con ese lado de crítica marca Txus. Su composición musical es muy notable, totalmente Folk en gran parte de su ser, con algún que otro experimento novedoso en el escenario de solos.

Segundo single del álbum, pero, a la vez, una de las canciones ganadoras: Y ahora voy a salir (Ranxeira), canción gamberra y libertina que mezcla el Rock duro con la ranchera mexicana. Este tributo a la música folclórica y popular de México tiene como resultado final una festivalera cantata, tan divertida como simpatizante, experimento agradable en el que los Mägo salen ganando.
A la cual le sigue Runa llena, track instrumental de estilo folk/celta que supone un delicioso conglomerado de ideas y buenos momentos, aunque quede un poco por detrás de hermanas como La leyenda de la llorona o El callejón del infierno.

Bien es sabido lo aficionado que es Txus a grabar covers de sus bandas favoritas. En este LP le toca turno a los de May, Deacon, Mercury y Taylor. Y no, no se trata de una revisión de Somebody to Love. Por suerte, prefieren dar bienvenida a lo atípico y hacerle honor a una de las canciones más bellas compuestas por May (y una de mis grandes favoritas de toda la música popular): 39, cuya esencia dulce la adhieren muy bien a su propio estilo de la mano de esta novena pista, Resacosix en la barra. Cómo no, la letra original ha sido adaptada al estilo del mägo de Chamberí; ya no cuenta la historia de un pobre astronauta que pierde el rumbo temporal de su vida en el espacio, si no de la difícil superación de un amor roto. Simple, pero eficaz y adaptable al ciento por ciento. Genial ahí.

Pasamos a la súbita y batalladora No queda sino batirnos, canción que fue escrita tiempo ha por Txus y cedida entonces a la banda Ars Amandi, la cual la adquirió para su segundo disco, En tierra firme (2004). Obviamente, ahora cuenta con una producción más “madura”, por así decirlo, y la voz de José Andrea, claro, siempre es un plus a tener en cuenta.
Hora de balada. Bonita, romanticona… una buena lenta, marca Mägo de Oz. Y todos la conocemos, Sin ti, sería silencio, cuya situación se enmarca lejos de estar a la altura de otras grandes como El cantar de la luna oscura o Creo. También puede resultar demasiada empalagosa, aunque es perfecta para los momentos más azucarados. Instrumentalmente gana merecidos puntos, desde el whistle de base, la bien acompasada guitarra acústica, el breve solo de violín… Oh, y dato curioso: las melodías principales fueron compuestas enteramente por el voceras de Obús, Fortu Sánchez. Así, Txus se salva un poco de haber co-creado una de las baladas más corrientes de su carrera.

Por los últimos tramos del disco tenemos Si molesto me quedo, tema que siempre resultó bastante flojo, como realizado casi a medias, con piloto automático. De él podemos destacar sus solos de guitarra (Jorge Salán y Carlitos brutales, como siempre).
Finaliza la trama de la primavera con un outro de desenlace, El espíritu del bosque II (en efecto, no se lo rebuscaron en demasía). Las notas finales del viaje las da la bella voz de Patricia Tapia a modo de a capella, con el sonido del viento susurrando por los alrededores.

Analicemos puntos negativos y positivos a partes equitativas. Primero, aun siendo una pequeña parada de Gaia, podría haber sido un álbum mucho más ambicioso, personal y creativo (dotes que hicieron grandes a Mägo de Oz en su momento). A su vera, y después de dar una primera parte muy buena, incluso rompedora, el disco pierde identidad al llegar la segunda mitad del disco, con tanto cover, versión alternativa, participaciones externas que no conducen a ningún lado… vamos, relleno del rico. ¿Qué pasó con los Mägo que daban la nota con cada disco? ¿Dónde están los Mägo que se pegaban finalazos tan bestiales como Finisterra, La venganza de Gaia o La cantata del diablo? ¿Dónde?

Por otro lado, musicalmente suena completamente a Mägo de Oz, con todo lo que ello evoca: estupendas melodías, instrumentales muy bien compuestos e interpretados (he ahí una de las virtudes de la banda que no ha decaído con el paso del tiempo), alguna que otra canción para el recuerdo… También recuperan ese ganchillo de Rock que tanto recuerda a los tiempos de Jesús de Chamberí, punto bien goleado.
Vamos, muy seguramente el disco más flojo de Mägo de Oz. Una muy buena escucha, muy agradable, fresca, para nada monótona… pero he ahí, también es escasa de ideas ambiciosas. Los Mägo de Oz cogiendo carrera para productos más extensos que ya vendrían con el futuro cercano… pero ese es otro cantar.

Por todo ello dejo por aquí unos buenos tres cuernos medios para el crepúsculo de la estela musical del endiosado Txus y los suyos. Pero no lo olvidemos: cuando el sol se pone, ellos también.

José Andrëa / Voz
Txus Di Fellatio / Batería, coros
Carlitos / Guitarra
Jorge Salán / Guitarra
Frank Guitars / Guitarra, coros
Sergio Cisneros "Kiskilla" / Piano, sintetizador, coros
Pedro Díaz "Peri" / Bajo
Carlos Prieto "Moha" / Violín, viola, coros
Fernando Ponce / Flauta travesera, silbato, pito castellano, gaita.
Patricia Tapia / Voz

*Colaboraciones*

Tony Mengliano / Voz, coros y arreglos de coros
Vieito Romero / Gaita gallega, asturiana e irlandesa
Patxi Bermúdez: Bodhrán, tamboril celta
Xavier Ferreiro / Percusiones menores
Alejandro Serrano / Trompeta, saxo alto.

Sello
Warner Music Group