Lynyrd Skynyrd - One More From the Road

Enviado por El Marqués el Sáb, 20/11/2010 - 13:13
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1. Workin' For MCA
2. I Ain't The One
3. Searchin'
4. Tuesday's Gone
5. Saturday Night Special
6. Whiskey Rock-A-Roller
7. Travellin' Man
8. Sweet Home Alabama
9. T For Texas
10. Gimme Three Steps
11. Call Me The Breeze
12. The Needle And The Spoon
13. Crossroad
14. Freebird

Tiene que haber algo que humedece los párpados en el sur de los Estados Unidos, y no creo que sea el polen. Tiene que haber algo que hace sentir a las gentes de manera especial. Roy Orbison explicaba, a proposito de su pasional forma de cantar, que cuando era un crío creció en una población en la que no había prácticamente nada, ni siquiera árboles. La única salida que tenían los jóvenes era el Ejército. Llamados a filas, se reunían y cantaban antes de partir a Europa para enfrentarse a las tropas del Führer. Sabían que tal vez no volverían, y se dejaban el alma en algo tan mundano como una canción de taberna. Orbison interiorizó esta enseñanza, y se preocupó de poner todo el feeling posible en cada palabra que grabó en sus discos.

Algo similar ha sucedido siempre con Lynyrd Skynyrd y con la mayoría de bandas del Sur. Como en todo movimiento, habrá habido bandas mejores o peores, pero cuando te hablan de Southern Rock inmediatamente piensas en un estilo dominado por el sentimiento, la hermandad y un sonido característico e inconfundible. “One more from the Road” es el doble en directo que los Skynyrd publicaron en 1976, finalizado el tour de “Gimme Back My Bullets”, el cuarto lp, y es de esas grabaciones a las que el paso del tiempo ha dotado de una mística propia. Si cuando vió la luz era un tratado de rock sureño con mayúsculas, treinta y cuatro añós después es eso y mucho más: es el testamento de todo un estilo y un modo de vivir, tanto la vida como el rock&roll.

Aparte del citado “Gimme Back…”, Lynyrd Skynyrd contaban con otros tres trabajos: “Nuthin´fancy”, “Second Helping” y el debut “Pronounced Leh – nerd Skin – nerd”, discos de platino los tres en Estados Unidos. Ser capaz de distinguir el line up de la banda en cada uno de sus diferentes periodos debería ser un test de capacidad mental para los estudiantes en las Universidades, pues lo normal es que giraran con tres guitarristas, el pianista, la base rítmica, el vocalista y un trío femenino de coristas, más el armonicista como músico invitado. Melenas, camisas abiertas, pobladas barbas, sombreros tejanos y pasión, infinita pasión por la música y la vida en la carretera, mezclados con litros del mejor bourbon y ese sentimiento de orgullo, de pertenencia a una comunidad, a una tierra a la que nadie va a ofender, tenlo por seguro amigo.

Como decía Tom Waits en una de sus habituales declaraciones bizarras: “Tengo una casa con porche, una escopeta y una vida pacífica. Pero si tu pelota se cuela en mi jardín piénsatelo dos veces antes de entrar a recogerla sin mi permiso”. Neil Young tuvo ocasión de comprobarlo cuando le dio por meterse con las tierras del Sur, pero no nos adelantemos.

Ronnie Van Zant, Allen Collins y Gary Rossington eran los cabezas visibles de Lynyrd Skynyrd. Este nombre, tan complicado que la propia banda jugó con su pronunciación a la hora de titular el primer Lp, respondía a una broma punzante de los tres jóvenes melenudos a un profesor de educación física que al parecer les amargó la existencia con sus tablas de flexiones y series de abdominales: Leonard Skinner, fallecido este año en medio del reconocimiento de la comunidad rockera mundial, que le ha considerado digno de formar parte de la historia de Lynyrd Skynyrd, los grandes Señores del Sur, con permiso de sus predecesores Allman Brothers.

En el doble en directo que tenemos entre manos, la formación se completaba con el tercer guitarrista, Steve Gaines, el bajista Leon Wilkeson, el teclista Billy Powell y Artimus Pyle a la batería. Además giraban con ellos el trío corista femenino conocido como las Honkettes, y Sam McPherson a la armónica.

“One More From the Road”, en la edición original de 1976, estaba compuesto por un primer Lp en el que figuran varios de los éxitos de sus primeros trabajos, y un segundo volumen con varias versiones de clásicos de leyendas de la música americana como Jimmie Rodgers o el bluesman Robert Johnson.

Hablamos de un doble álbum en el que la emoción va en crescendo, alcanzándose en el último tramo del show unas cotas de intensidad y emoción inenarrables, con protagonismo repartido entre todos los músicos, que se deleitan y hacen disfrutar bajo la enorme bandera del sur, desplegando guitarras slides, pianos honty tonk, partes vocales que hacen llorar, y una armónica escondida que parece sonar en la distancia, dando eco a las estrofas de ese duelista metido a cantante que fue Ronnie Van Zant, a veces sentidas, a veces furiosas, siempre arrogantes y rebeldes.

No creo que haga falta mencionar todos los temas, yo siempre acudo a esa cañera “Working for MCA” con la que abren el show, dando cera en las letras a la compañía discográfica que les prometió convertirles en estrellas del Rock –“a mí dame mi pasta y déjame en paz”, parece transmitir Van Zant a los ejecutivos de la discográfica-. Acudo también al momento puramente rockero del enlace entre “Working…” y la siguiente “I ain´t the One”, a la pegada y el punteo solista de “Searching”, a esa increíble “Tuesday Gone”, balada sureña por antonomasia, con la armónica derramando lágrimas mientras el cantante entona esa historia de desamor. El tal McPherson no sopla con los labios, lo hace con el corazón. Nadie debería perderse su entrada bajo el verso “And I don't know oh where I'm going.
I just want to be left alone”. Emoción a flor de piel, caballeros.

¿Y ese medio tiempo, “Travellin´Man”, donde adquieren un protagonismo supremo las Honkettes? ¿Y el duelo piano-acordes de guitarra al comienzo de “Whiskey Rock –a- Roller”?

Al final hablaré de todas, pero es que no puedo dejar de mencionar “Gimme Three Steps”, con ese estribillo tan marchoso, o las batallas instrumentales que se montan Gaines, Collins, Powell y Rossington en las gloriosas “Call me the Breeze”, canción del songwriter de Oklahoma JJ Cale, “T for Texas”, de Jimmie Rodgers, o el “Crossroads” de Robert Johnson, que también tocaban Cream y posteriormente Eric Clapton en solitario.

Uno de los temas más serios, “The Needle and the Spoon”, advierte sobre el riesgo del coqueteo con las drogas, pero es hasta para eso eran unos jodidos poetas: “needle and spoon and a trip to the moon…”.

Sobre el “Crossroads” de Robert Johnson quiero hacer algunas puntualizaciones. La historia de la canción remite a uno de los lugares comunes de la música y el folklore americanos: El cruce de caminos entre las autopistas 49 y 61 en la localidad de Clarksdale (Estado del Misisipi), donde Johnson vendió supuestamente su alma al diablo a cambio de la destreza necesaria para ser el rey del Blues. Sobre esta leyenda se han relatado multitud de historias, y ha sido tratada en películas. Me vienen a la mente por ejemplo “Oh Brother” de los hermanos Cohen, o “Cruce de Caminos”, un film de finales de los ochenta donde el chaval que protagonizaba “Karate Kid” se enzarzaba en un duelo de guitarras con el mismísimo Steve Vai, compitiendo por la hegemonía en el arte de tocar rock and roll demoníaco.

Leyenda o no, es cierto que Robert Johnson grabó entre 1936 y 1937 veintinueve canciones que se consideran la base del blues y el rock & roll, que vivió sólo 27 años, y que con 19 había visto morir a su joven esposa y al que habría de ser su primer hijo en el parto.

En relación a Lynyrd Skynyrd me interesa resaltar que Robert Johnson es el arquetipo del guitarrista de blues del Delta del Misisipi, nieto de sirvientes de las plantaciones coloniales, músico negro de esos que jamás supo lo que era tocar bajo luces de neón, sí bajo techos de paja y una pizarra en la que figuraba su nombre escrito en caligrafía paleta, y que con un solo verso o un sola nota de su rudimentaria guitarra era capaz de sugerir todo un mundo, toda la opresión de un pueblo tradicionalmente esclavo. Skynyrd percibían este poder y lo difundieron, por mucho que utilizaran la bandera confederada y tuvieran esa absurda fama de racistas que siempre les ha acompañado.

Volviendo al set-list, quedan por comentar las dos piezas que han hecho de Lynyrd Skynyrd y de “One More From the Road” un hito inmortal: “Sweet Home Alabama” y “Free Bird”.

Si la gigantesca estatua de la antorcha y la corona que se eleva sobre el Río Hudson en New York entre los distritos de Staten Island y Manhattan es el monumento a la Libertad, “Sweet Home Alabama” es el catecismo del orgullo y la grandeza sureños. La historia de esta canción es conocida: Neil Young, allá en Canadá, había sufrido un problema lumbar que le obligó a permanecer una temporada recluído en casa, con fuertes dolores de espalda. Espectador forzoso de los acontecimientos y disturbios raciales que veía en televisión, compuso una canción llamada “Alabama”, quejumbrosa y pesimista perspectiva sobre los conflictos de un Estado que le quedaba a miles de kilómetros de distancia. Los Skynyrd se lo tomaron como una ofensa personal, y grabaron en 1974 aquellas inmortales frases:

“La noria sigue girando
Llévame a casa para ver a la familia
Cantando canciones sobre el Sur
Echo de menos Alabama otra vez
Tanto que es un pecado, si

Bien, Oí al señor Young cantando sobre ella
Bien, oí al viejo Neil admirándola
Bien, espero que Neil Young recuerde
Que este hombre del sur no necesita verle por aquí

Dulce hogar Alabama
Donde el cielo es siempre azul
Dulce hogar Alabama
Dios, vuelvo contigo al hogar”

Esta es la canción que han adaptado a sus estilos un millón de bandas y músicos, desde Kid Rock hasta los gallegos Siniestro Total. Este es el espíritu rebelde y contestatario que guió toda la carrera de Pantera e inspiró a Zakk Wylde para crear Pride and Glory.

Y “Free Bird”. Para qué alargarse. Mejor ver el vídeo que adjunto al final. “Free Bird”. Leí a un crítico una vez que esta canción contiene, junto al “Black Rose” de Thin Lizzy, la mejor exhibición de guitarras que se han grabado en toda la historia. Y no le faltaba razón, desde luego.

Actitud socarrona, chulería del que sabe que procede de un lugar de leyenda, pistolas, balas, cuchillos, hamburguesas, botellas de Jack Daniels, grilletes, cigarros, calaveras de sonrisa burlona, donuts y galletas componen el imaginario de esta mítica banda. En la carpeta interior del vinilo, con una tipografía atractiva a más no poder, tenemos una foto de la banda tocando al fondo, y sobre la audiencia se proyectan en espiral todos estos objetos, fetiches asociados al vocabulario Skynyrd.

El sueño se rompió en 1977. Prolegómenos de la gira del siguiente Lp de estudio, “Street Survivors”. Un accidente de aviación acaba con la vida de Ronnie Van Zant, Steve Gaines y su hermana la corista Cassie Gaines. La banda se disuelve, perdemos a una gran banda de rock and roll y nace un mito.

Lynyrd Skynyrd volverán a la actividad en los noventa. Grabarán discos, harán tours mundiales y recibirán los golpes de un destino implacable. Johnny, hermano menor de Ronnie Van Zant, liderará la formación hasta nuestros días. Allen Collins fallecerá en 1990, Leon Wilkeson en 2001, Billy Powell junto al bajista Ean Evans en 2009. El batería Artymus Pile tendrá serios problemas con la Justicia en 2007.

Prueba de la camaradería de las bandas del Sur, este milenio ha visto como los líderes de otras dos legendarias bandas sureñas, Rick Medlocke (Blackfoot) y Hughie Thomasson (Outlaws), se colgaban las guitarras junto al superviviente Gary Rossington. La putada es que Thomasson perdió la vida también, en 2007.

Es la maldición que persigue a los paladines del Rock más auténtico y visceral, parte de la deuda que el de abajo, ese que sale en las portadas de muchos de los discos que nos apasionan, sigue cobrando a los descendientes de Robert Johnson. Pero ellos, forjados por tanto golpe, siguen adelante enarbolando la bandera del Sur, entre bolas de paja zarandeadas por el viento y el halo espectral de una legión de fantasmas con sombrero tejano, cigarrillos marlboro y cinturones de balas.

Recuerdo a Steve Harris hacia 1999, con Dickinson y Adrian Smith de nuevo en sus filas, excitado ante la idea de girar con tres guitarritas: “Somos la primera banda de metal en hacerlo. Vamos a ser los Lynyrd Skynyrd del Heavy”.

Como cantó Ronnie Van Zant en “Tuesday Gone”: “Mi chica se fue con el viento, pero las ruedas del tren siguen girando.”

Podríamos poner cualquier enlace, pero vamos con los dos clasicazos:

http://www.youtube.com/watch?v=IwWUOmk7wO0
http://www.youtube.com/watch?v=CkTQUtx818w

Y ahí está Robert Johnson, directamente desde el Delta del Misisipi, con sus largos dedos, su cigarro y la mirada del Diablo en sus oscuros ojos:

http://www.youtube.com/watch?v=Yd60nI4sa9A

Ronnie Van Zandt – voz
Allen Collins - guitarra
Gary Rossington – guitarra
Steve Gaines – guitarra
Leon Wilkeson – bajo
Artimus Pyle – batería
Billy Powell – teclados
The Honkettes (Cassie Gaines, Jo Billingsley, Leslie Hawkins): Coros
Sam McPherson: Armónica

Sello
MCA Records