Lost Horizon - Awakening The World

Enviado por Cuericaeno el Jue, 28/08/2008 - 18:37
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1. The Quickening [Intro] - 1:06
2. Heart Of Storm - 6:16
3. Sworn In The Metal Wind - 5:44
4. The Song Of Air [Instrumental] - 0:59
5. World Through My Fateless Eyes - 5:09
6. Perfect Warrior - 3:56
7. Denial Of Fate - 3:39
8. Welcome Back - 5:41
9. The Kingdom Of My Will - 9:15
10. The Redintegration [Outro] - 1:42

No Fate… Only the Power of Will!...

Nunca fui muy seguidor del Power Metal, siempre lo consideré un movimiento muy previsible, empalagoso y poco atrayente para mí, tan sólo aposté fuerte por los recién nacidos Rhapsody y Primal Fear con sus respectivos álbumes de debut. Pero cuando conocí a esta banda sueca, todo cambió, me hizo valorar más a esa rama descendiente directa del Heavy Metal que tan hundida estuvo en mi escala de valores, otra forma de sentir el Metal, vieja y nueva al mismo tiempo, despertaba en mí con este Awakening The World, bienvenidos sean estos héroes cósmicos…

Llamada antes Highlander (1990/1994), y formada por ex-miembros de Hammerfall, la banda fue reestructurada a finales de los ’90, siendo a su vez rebautizada bajo el nombre de Lost Horizon. Tras ese renacimiento, se dispusieron a dar forma al primer disco que presentarían bajo ese nuevo nombre, cuya grabación fue muy cuidada, pues la idea de su líder de encontrar un buen sonido que defendiera firmemente la calidad de las canciones, lo llevó a varios estudios de Gotemburgo donde fue tomando naturaleza en diferentes fases de producción. El trabajo no fue en vano visto (u oído) el resultado, además, esas 10 canciones ya tenían vida desde hacía una década, por lo que las mejoras y retoques que sufrió durante todo ese tiempo las llevó a alcanzar la calidad y perfección por la que era justificado tanto ahínco en encontrar un buen sonido para ellas, para el álbum.

El concepto que sigue tanto el disco en sí como la identidad artística de la banda es el de la venida mesiánica de unos seres estelares, que como guerreros de otra dimensión e inteligencia, ‘despiertan al Mundo’ y lo liberan de su esclavitud tanto social como meramente existencial, bajo el lema de ‘No hay destino, sólo el poder de la voluntad’. Se agradece que desde la épica de siempre, este género que es el Power Metal aporte algo nuevo, siguiendo una filosofía más expandida, viajando a los mismos confines del universo, presentando tras el atuendo bárbaro y las pinturas de guerra una ‘barbarie’ más refinada, más profunda, y unas letras muy sofisticadas, donde las espadas salen cuando tienen que salir, y sólo de forma simbólica, y donde los dragones están ausentes por ‘falta de personal’, por estar todos ocupados haciendo acto de presencia en las demás bandas del género… y menos mal, que sigan ahí.

Y en el terreno estrictamente musical, ¿qué decir?, esta banda me ha hecho llorar como lo hicieran los titanes Maiden o Judas, creyendo que sólo aquellos dioses británicos eran capaces de hacerlo, pero es que estamos hablando de Suecia, la cuna de la música con mayúsculas, hecha con pasión y sentimiento, la Suecia elegante del ‘sonido Gotemburg’ que trajeron At The Gates, dándole a una rama tan extrema como el Death Metal un toque de sentimiento y clase inimaginables, que después continuaron muchos, incluidos los maestros Dark Tranquillity; la Suecia de, ¿por qué no?, de ABBA, maestros que bajo el cegador halo ‘eurovisivo’ y disco pop, desde la comercialidad impuesta por los acorbatados, nos brindaron, subliminalmente o no, una visión, unos esquemas, muy a tener en cuenta, pues ¿alguien ha escuchado su heavy/progresivo I’m A Marionette, y su blackmoresco Eagle?, al primero mencionado le pones el cabalgar guitarrero que a gritos pide el ritmo y ya tenemos a un digno rival de The Trooper, al segundo mencionado no le hace falta nada, sólo la voz de Dio para que parezca una típica balada Rainbow.

Sin ánimo de desviarme mucho (y perdonen), pero tras hacer hincapié en recordaros la excelsa cuna de la que nace Lost Horizon, tengo que reseñar también la concepción musical que ostenta la banda, con un tratamiento del riff que va a caballo (nunca mejor dicho) entre el Thrash y el Heavy Metal más clásico, no siendo otro falso slogan de tantos que acompañan a una banda de Power Metal, pues esta vez sí es verdad que el sabor ochentero a Judas y Maiden es intenso, y se entremezcla con ese espíritu Power que tiene de base, tomando también la solidez del Thrash y su salvaje galopar de enmudecidos rasgueos. También, dicho sea de paso, en su estructuración, en sus teclados y en sus líneas vocales recuerda en ocasiones a los primeros Dream Theater… creo que todo ello es un suculento cóctel que merece mucho la pena para todo amante del Metal.

Otro ingrediente importante que se une al cóctel es la voz de Daniel Heiman, todo un torrente de calidad, de poderío y pasión, otro fiel súbdito de la ilustre escuela Halford, y alumno aventajado, pues es una de las mejores voces que he conocido en esas tesituras, de gran poder y limpieza, merendándose a gusto a todos esos falsos ídolos chillones que conforme han ido asomando su grito, la gente ha ido alzando en el podium por encima de aquel británico que le dio voz a Judas Priest. Yo jamás pondré a nadie por encima del invicto Rob (y no por ciego fanatismo, sino por el tonelaje de mis razones), pero si en este mundo de fantasía que se han creado los sordos del género tuviera que haber un ‘alguien’ que destronara al Dios del Metal, ése sería Daniel Heiman, pero eso no dejaría de ser un juego, y aceptaríamos "barco" como "animal acuático", así que imaginen qué opino del resto de los candidatos a ‘Metal God’ que ha dado el metálico panorama neoclásico.

Por destacar temas (debo hacer un gran esfuerzo por no nombrarlos todos, pero le echaré valor), ese potente Heart Of Storm, de rotundos estribillos muy corales de raíces Manowar y un final apoteósico por parte del cantante (que fue dicha parte crucial para que yo me acabara de decidir por conseguir original esta obra); los prestísimos solos de Sworn In The Metal Wind, ejecutados por la maestría y liderazgo de Lisicki... Apabullantes.

El emotivo Perfect Warrior, que es la power ballad del plástico, muy expresiva tanto en su música como en su letra, en un poético desafío al opresor en forma de maldición que mezcla carácter y sentimiento, haciéndote partícipe de esa pasión por el poder de la melodía y la palabra (”Recuerda… Si intentas romper mis alas, si te atreves a robar mis sueños, tú nunca liberarás tu nombre de las cadenas del dolor”), gran joya del álbum junto con el colosal Welcome Back, con esa abrumadora forma de romper que tiene (no se pierdan tal embate) y ese cabalgar maidenesco, seguido del tan ochentero y brillante estribillo, una canción de culto, considerada ya por mí como un clásico del Metal, habiendo vivido una época que no le pertenecía (se notaba que estos temas tenían ya su antigüedad, he ahí su rango).

Y si el halo Maiden no terminaba de ser vislumbrado por el oyente, ahí llega la extensa y épica The Kingdom Of My Will, poseedora de unos arrebatos guitarreros en los solos, que tanto en la forma en la que son impulsados como en su desarrollo en sí, recuerdan a los momentos más vibrantes y enérgicos de magnas obras como Hallowed Be Thy Name o Rime Of The Ancient Mariner, insuflando el mismo subidón mágico que aquellas piezas clásicas siguen emitiendo perpetuamente.

Una vez más, bienvenidos sean estos héroes cósmicos, que salvaron la credibilidad de un género demasiado colapsado ya de espadas y dragones. Como reza el título de su obra, despertaron al Mundo…

Transcendental Protagonist (Wojtek Lisicki) - Guitarra
Etherial Mangnanimus (Daniel Heiman) - Voz
Cosmic Antagonist (Martin Furängen) - Bajo
Preternatural Transmogrifyer (Christian Nyquist) - Batería
Perspicacious Protector (Attila Publik) - Teclados, Sintetizadores

Sello
Music For Nations