Los Suaves - Santa Compaña

Enviado por El Marqués el Dom, 29/01/2012 - 14:58
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Quedan lugares en la Tierra poseídos por la magia, por un halo espectral que difumina y envuelve la realidad, ay del que no sepa percibirlo. Hablo de lugares donde la noche nunca es silenciosa, donde el horizonte está siempre envuelto en brumas, donde cada árbol, cada arroyo, cada piedra del camino, pueden contar una leyenda, donde aún quedan monasterios cuyas campanas tañen sin que nadie las escuche, donde crecen y se marchitan flores salvajes en el interior de los bosques sin que el ojo humano se pose sobre ellas, donde el incauto viajero puede caer en un cortello –trampa para lobos- abandonado y morir de frío.

Donde la vida es “solo un segundo en el reloj de Dios”. Yosi, autor de esta frase, alma mater de Los Suaves, excepcional compositor, y el mejor letrista que ha dado nuestro Rock, sólo podía proceder de un lugar así. Un lugar, una tierra en la que, por mucho que te adentres, seguirás escuchando el rumor del mar, que todo lo rodea, todo lo limita y a la vez expande, que perfila el contorno y marca el carácter y el modo de vida.

Alberto Cereijo, la mano derecha de Yosi desde hace ya mucho tiempo, entiende todo esto, y sus hábiles dedos transformaron en notas musicales el sonido del viento en la introducción de “El Afilador”, la mejor canción en un cancionero lleno de momentos estelares, pieza maestra que abre “Santa Compaña”, el trabajo de Los Suaves en 1994, un año del que sabemos tuvo un invierno frío, una primavera lluviosa, y un tórrido verano. Nada nuevo en realidad, pero queda constancia de ello merced a los apuntes que Yosi dejó, como si de las Cartas de Navegación se tratara, para el libreto sobre el proceso de gestación y enlatado del álbum.

Aquel año, junto a Cereijo y Yosi, integraban el grupo Montxo, Charly y Gelo. Sus nombres no suenan a Estrellas del Rock, pero es que Los Suaves nunca tuvieron interés en serlo, y componen el que es mi line up favorito del quinteto. Y aún con todo lo bueno que es Alberto Cereijo, también me quedo con la formación anterior, cuando Hermes Alogo Mebuy, el guitarrista negro, completaba la triada de hachas.

“Santa Compaña”, título que alude a la procesión de muertos que vagan como almas en pena por la Red plagiando reseñas pues carecen de talento para escribirlas por su propia mano, (perdón; no se en qué estoy pensando), quería decir que vagan, según las creencias populares, por los bosques gallegos con la misión de visitar los hogares donde va a tener lugar una defunción, comprende nueve temas más de los orensanos, que pasaron a formar parte del repertorio junto a las clásicas “Dolores se llamaba Lola”, “Peligrosa María”, “Una Ciudad llamada Perdición” y demás, y dieron forma al contenido del doble en directo “¿Hay Alguien Ahí?”, que se publicó en 1995.

El de 1994 es un disco lastrado por la presencia de esa grandiosa “El Afilador”, nueve minutos espectaculares, con la apuntada introducción de Alberto, un solo de guitarra lleno de misterio, que evoca toda la fuerza del paisaje gallego, habitualmente castigado por perpetuas lluvias, cercado por abruptos acantilados y terribles temporales marinos. Una tierra muy dura, que ofrece pocos recursos, de la que el gallego muchas veces ha tenido que emigrar para volver pasado el tiempo, y que, como ya he dicho, marca el carácter de sus habitantes. A cambio ofrece un encanto único, esa sensación propia de las tierras celtas, donde la música es tan alegre y a la vez tan triste, la comida y bebida espléndidas, y la belleza de las mujeres inigualable. Yo tuve allí un encuentro con una meiga –bruja- que me vendió una rama del Árbol del Amor. Me aseguró que si vertía sus hojas entre las pertenencias de mi amada, la conservaría siempre. No os molestéis en probar, que no funciona, y encima vuestra pareja se quejará al encontrar ramitas de un matorral entre las sábanas.

Pero viajad allí y buscad el Árbol, que merece la pena perderse por aquellos parajes. En mitad de un camino rural puedes encontrarte un carro tirado por bueyes, y no esperes que se aparte. No tiene por qué hacerlo. El forastero eres tú. Yo llegué a recorrer como quince kilómetros a 10 por hora detrás de uno de estos carros, tengo fotos tomadas desde mi coche que lo atestiguan. No pasa nada, me dio tiempo a escuchar el solo de batería de Ian Paice en “The Mule” entero.

La letra y el ambiente de “El Afilador” poseen la capacidad de trasladarte a aquella zona, ya estés en Madrid, Barcelona, La Pampa o Santiago de Chile. De hecho, los compañeros latinoamericanos que lean esto, que indaguen en sus ancestros, y tal vez encuentren ascendencia gallega, ascendencia de ese lugar que “por siglos fue el final de la Tierra” (Yosi dixit). Aparte del enlace del original, dejo la versión en lengua gallega, con toda su carga emocional:

O Afiador

El segundo tema, “Ahora que me Dejas”, rock intenso arquetípico de Los Suaves, cuenta de nuevo con una letra tremenda, el Yosi castigado por la vida y por su propia condición de gallego un tanto cenizo, consigue uno de sus mejores versos al entonar “la madrugada es muy fría/ para quien no tiene recuerdos”.

Esa línea, tanto musical como lírica, seguirán “Pobre Jugador”, un tema lleno de solos de guitarra que tal vez quede un poco largo, y sobre todo “Si Pudiera”, cuyo texto aconsejo analizar palabra por palabra para entender en pocos minutos todo el concepto Suaves.

“No me Mires” es un tema muy lento y oscuro, totalmente acústico, y “Hendrix” es, evidentemente, el homenaje al astro de Seattle. Tiene un amago de wah wah y un riff que recrea el de “Purple Haze”, pero nunca me ha gustado mucho, pese al cambio de tiempo final, con las tres guitarras a tumba abierta.

“Otra Noche, Otra Ciudad” sube las revoluciones y cuenta la típica historia de los músicos y la vida en la carretera, que te lleva a enfrentarte cada noche a una marea de rostros cuyos nombres no sabrás jamás, y “Dulce Castigo” es la otra gran canción del disco: Un trallazo ideal para el directo, con otra típica y buenísima letra del Yosi incapaz de reconciliarse con la condición femenina, de entender que las mujeres son volubles “cual plumas al viento”, que decía el aria de "Rigoletto", fascinantes sucubos que han venido al mundo para darnos unos cuantos ratos de placer y mucho, mucho sufrimiento. Inimitable el tío berreando aquello de “Mujer ¿tu que sabes lo que es el querer? / Si ignoras que el hombre es un pobre solitario herido”

“Santa Compaña” es un epílogo de dos minutos, en los que Yosi, sobre unos coros fantasmagóricos, recita con un eco espeluznante una de esas letras “a la gallega”, donde juega con dobles sentidos para concluir que la vida es muy puñetera.

A Jimi Hendrix, el héroe de la guitarra por excelencia, dedicaron Los Suaves este disco, y yo dedico esta reseña a tres héroes de la vida real, a tres policías nacionales españoles, como lo fue el mismo Yosi en su momento, que hace tres días se internaron en las aguas del Océano Atlántico, el mismo que se ve en la foto de la portada de “Santa Compaña”, para tratar de salvar a un chaval de nacionalidad eslovaca que estaba borracho.

El cadáver de uno de ellos, Javier López, apareció a las pocas horas. Los otros dos, Rodrigo Maseda y José Antonio Villamor, continúan desaparecidos, así que este texto es para ellos y para sus familias.

Yosi: Voz, Guitarra, Armónica
Alberto Cereijo: Guitarra Solista
Montxo Costoya: Guitarra
Charly: Bajo
Gelo: Batería

Sello
Polygram Ibérica S.A.