Light Bringer - Scenes of Infinity

Enviado por Kaleidoscope el Dom, 20/12/2020 - 22:19
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1. Hyperion (05:29)
2. Fallen Angel (04:10)
3. If (05:53)
4. 孔雀とカナリア (05:39)
5. 人形が見た夢 (04:59)
6. Eau Rouge (05:46)
7. Hydrangea (04:14)
8. Tales of Promise~天国に寄せるポエトリー~ (06:27)
9. Infinite Fantasy (02:10)
10. Venus (05:51)

Álbum completo

Benditas sean las excepciones. Es una sensación muy bonita, gratificante y hasta en el fondo humillante cuando te topas con una excepción que rompe tus esquemas de arriba hacia abajo, cuando encuentras algo que te hace volar por todo lo alto dentro de un género que dabas por perdido o que simplemente no entraba en tus gustos.

El Power Metal “happy flower” y yo no somos amigos, más allá de los tres primeros de Helloween y, con el tiempo, las dos primeras placas de Rhapsody no había nada del género que realmente encendiera mi ser desde dentro y me estremeciera contundentemente. Claro que hubo y sigue habiendo algún que otro disco del power más ligero y alegre que me guste, pero nada que destroce mis paradigmas o me haga replantear mi cuasi-animadversión hacia este respetable, pero opuesto estilo a lo que yo suelo buscar en el Metal.

La verdad es que los castillos, dragones, fantasías medievales y odiseas refritas del héroe rescatando princesas me interesan lo más mínimo, pero siempre he sabido que por ahí en la profundidad tengo mi lado “nerdo” con olor a sótano encerrado, solo que este siempre ha tirado más a las formas orientales antes que las occidentales...y yendo a los orientalismos del Power Metal pues también tengo serios problemas: esa molesta e histriónica naturaleza de la mayoría del Metal japonés de esta calaña, que suele sonar más a opening de anime con retazos de Metal antes que Metal con retazos de intros de anime. La verdad, yo no le hago del todo ascos a estas sonoridades “anime”, pero siempre me ha causado piquiña el cómo se combina con guitarras, baterías rápidas y solos imposibles y se le etiqueta como “metal” cuando la cuestión es más cercana al llamado “J-pop” o “J-rock”, sin embargo, hay un grupo que considero que consiguió el equilibrio perfecto en esto del Power Metal risueño y extremadamente luminoso, sin renunciar a su idiosincrasia asiática, pero sin caer tampoco en la caricaturización contraproducente: los fuera de serie Light Bringer.

Light Bringer son un grupo que, en teoría, encarnan todo lo que debería producirme náuseas dentro del metal, pero milagrosamente son capaces de caminar por una delgada y fina cuerda sin caerse o romperla como si fuese lo más fácil del mundo. Para empezar, la banda toma sin atisbo de vergüenza alguno elementos sonoros que son comunes en bandas sonoras de videojuegos japoneses e intros de anime, pero llegando al punto justo para no sonar a chiste, sino que aprovechan dichos modismos para encarnar un sonido ya familiar para el que incursione los surcos del Power Metal o Metal Progresivo, pero con una personalidad desbordante que los eleva varias esferas. Y es que cuando las cosas se hacen de manera tan sobria o cercana a la perfección buscarle pegas forzadas me parece una tontería colosal, porque lo que hay aquí es una PEDAZO DE BANDA que puede deslumbrar hasta al más antipático si este se deja llevar. Otra característica que hace que Light Bringer no enciendan más alarmas de emergencia es que los tipos son barrocos, sinfónicos y rimbombantes, pero nunca gratuitamente y es que aquí no te vas a topar con orgías neoclásicas y coros prefabricados de ángeles del Valhalla sin venir a cuento, sino que cada uno de los músicos muestran su destreza por y para las composiciones, sin buscar epicidad impostada, y podrán gustar más o menos la evidente naturaleza friki y tan “japonesa”, pero lo que me parece innegable es que suenan y se sienten muy auténticos...la agrupación vive su cuento y no buscan colarse de incógnito en una audiencia a la que no pertenecen por moda u oportunismo.

Pero ya es hora de que pare la cháchara y hablar de este extraordinario (y corto se queda el adjetivo…) álbum, “Scenes of Infinity”. Y es que siendo yo un total ignorante del Power Metal me veo obligado por este disco a hacer una sentenciosa afirmación que posiblemente me deje como un pelele sin puta idea de lo que habla: la cuarta entrega de Light Bringer posiblemente sea uno de los mejores exponentes modernos tanto del Power Metal como del Metal Progresivo ¿Y en qué cimiento dicha afirmación? Realmente en nada, porque desconozco estas extrañas tierras que estoy pisando, pero es que “Scenes of Infinity” me parece tan perfecto en lo que pretende que casi me obligan a hacer el ridículo creyendo firmemente que es de lo mejor en su género y era ¿Entonces vale de algo mi afirmación? Pues...entre 0.1 y 0, siendo 0.1 si valoras que esta obra logró disipar la densa y tóxica niebla que regurgitaba un triste y desgraciado trasnochado encima de todo lo que sonara como suena “Scenes of Infinity”, y que en parte sigue haciéndolo, pero ahora tiene sus dudas antes de meter todo en un mismo saco, porque desde el primer momento que sonó “Hyperion” me sentí confuso y profanado al no creer que mis oídos estuviesen extasiados al escuchar algo así.

Y hablando de “Hyperion”...qué pedazo de temazo, me parece hasta ridículo lo bueno que es y lo mejor de todo es que no está ni cerca de ser la mejor o una de las mejores del álbum. Para empezar, la producción es sencillamente impecable: suena nítida, cristalina y profesional hasta la última esquina sin caer en ningún segundo en la odiosa sobreproducción que ha reinado ya por casi dos décadas. Lo otro es que sus guitarras claramente muestran señas de identidad del Power Metal europeo (cabalgatas aceleradas y brinconas, arpegios neoclásicos y pomposos…) pero en ningún momento sufren del mal de una numerosa porción de agrupaciones de sonar a reinterpretación o casi copia directa de aquellos míticos Keepers of the Seven Keys, y también tienen claras influencias de Dream Theater en teclados y guitarras, pero tampoco cayendo en el saco ya roto de imitadores de Petrucci y compañía, todo ello porque se mantienen en eso...influencias, y que además mezclan con una maestría, para mí incomprensible, sonidos propios del J-Pop sin que se diluya la cuestión en un mal chiste de show de comedia japonés donde se ponen unos tipos genéricos duros al son de unas niñas “adorables” por contraste. Porque sí, aquí nos encontramos con una cantante femenina, pero no una que quiera impostar sin venir a cuento su condición de género o que quiera llamar la atención por contraste, sino que Fuki no solo se erige como la clara estrella de “Scenes of Infinity”, sino que también muestra un poderío, dominio y sobre todo emoción muy por encima de la media general.

Si con “Hyperion” ya había quedado descolocado, con lo siguiente ya estaba directamente cuestionando mi cochina y sombría existencia. “Fallen Angel” saca a flote en sus melodías de teclado su influencia más Dream Theater, todo acolchado con una perfecta y nada egocéntrica base rítmica que busca redondear y no lucirse, destacando especialmente el bajo de Hibiki con unas líneas de bajo sencillamente orgásmicas. Sin embargo, como dije anteriormente, lo que más destaca inevitablemente es la impresionante voz de ensueño de Fuki, que sin exagerar, sin “divificarse” o sin irse a lo operístico hace auténticas maravillas con su voz, y podría ponerme a destacar hasta el absurdo las matices de su voz que me hacen perder la razón del placer, pero para ello es mejor escucharla por ti mismo y si todavía tienes dudas te pones ese mágico inicio de “If”.

Si lo anterior ya me parecía apoteósico con “If” ya se me agotan los calificativos. Ya desde el comienzo sus perfectas orquestaciones te transportan fuera de sí a un mundo de fantasía inefable. Aquí Fuki directamente lo da todo y hace auténtica magia con su voz; yo sinceramente jamás me había sentido tan conmovido, maravillado y fascinado con una voz femenina dentro del metal de esta forma, y es que aquí cada línea vocal que se lanza tiene una carga emocional brutal, un cuidado tremendo y una cantidad de matices ilógica, cada segundo de su voz es relevante e inolvidable. No obstante, “If” no solo brilla poderosamente por la voz, sino también lo hace por el perfecto equilibrio entre la interacción de cada uno de los instrumentos y es que así SÍ COÑO, así sí me pueden echar toda la escarcha, polvo de hadas o florecitas que quieran, y aunque esto último suene como que tache su música de pecar cursi para nada lo es, porque sí que suena resplandeciente, preciosista, colorida y alegre hasta las nubes, pero en ningún momento cae en la cursilería, sino que es genuinamente bello, delicado y elegante.

Con el cuarto tema ya es que me da pereza seguir describiendo la música, porque estaría repitiéndome hasta el hartazgo entre alabanzas para venir a decir lo mismo: sencillamente un tema perfecto en lo suyo, con la épica aventurezca de los juegos de rol japoneses clásicos, la maestría instrumental de cualquier grupo de “guitar hero” que se te ocurra y una cantidad increíble de pasajes que en cualquier otro álbum serían EL MOMENTO mientras que aquí cada canción tiene de esos para dar y regalar. Y aún así me apetece hacer lo innecesario y seguir lanzando loas a diestra y siniestra, porque duele, y no poco, obviar ese potente riff que precede esos etéreos y oníricos teclados para desembaucar en un intrincado y marcadamente neoclásico solo de guitarra donde no sobra NI UNA nota para poner el clavo final con Fuki cantando el estribillo “Je suis triste sans toi Je suis heureuse avec toi” haciendo ella sola unos angelicales coros en “人形が見た夢” o dejarme en el tintero la arrebatadora y sorprendente instrumental, “Eau Rouge” (la más Dream Theater del álbum), en donde Light Bringer sencillamente te fuerzan a cerrar los ojos y a sentir su música con cada fibra de tu cuerpo, aprovechando cada segundo, cada sección, cada nota, personalmente retrayéndome a varias bandas sonoras de videojuegos de mi infancia con aquellos energéticos y orgásmicos slaps de bajo, aquellos teclados preciosistas y dramáticos y esos “parones” donde resaltan instrumentos puntuales, como un halo de luz en medio de una cueva oscura como la boca de un lobo. Tampoco puedo olvidarme de “Hydrangea” con sus teclados de cristal, que no sirven de relleno, sino que enaltecen la belleza y magnificencia de la composición, con su emoción ascendente y definitiva que clama al cielo o del baluarte powermetalero de “Tales of a Promise” que te relata perfectamente grandilocuente su épica, y mucho menos dejar de mencionar la hermosa “Infinite Fantasy” que inevitablemente me regresa a aquellos tiempos de mi infancia en que descubría la magia y el poder que esconden los videojuegos con Final Fantasy IV, cerrándose el telón con una humana e inocentemente entusiasta “Venus” que se despide como si estuviésemos al final de un ensayo, recordando que al fin y al cabo la música más pura, genuina y conmovedora nace de un grupo de amigos que se divierten de verdad tocando sus instrumentos, cantando y brincando, que compartir pasiones es el regalo más valioso y precioso que tenemos en este mundo a veces tan deprimente, decepcionante y desolador.

Siendo yo un tipo que suele frecuentar la oscuridad no pude evitar embelesarme por la intensa luz que irradian estos japoneses en este precioso ejercicio de optimismo y frikismo que, sin más pretensiones, termina siendo algo que vuela libre por todo lo alto.

Me hicieron amar un montón de cosas que solía odiar sin excepciones, me hicieron abrirme y encontrar un lado que sabía que tenía, pero no sabía por dónde canalizar.

Y para el que suela repeler lo japonés, podría recomendarle con tranquilidad "Scenes of Infinity", que si te gustan Dream Theater o el Power Metal no veo por qué no este álbum.

Valoración: cinco pilares resplandecientes e infinitos, hoy toca nota máxima.

JaY: Guitarras
Hibiki: Bajo
Mao: Teclados
Fuki: Voz
Hideaki Yumida: Batería

Sello
Nexus