Leprous - Sala Shoko - Madrid. 15 de noviembre de 2019

Enviado por Mannuendo Rock el Mié, 20/11/2019 - 18:38
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1. Below
2. I Lose Hope
3. Foe
4. The Flood
5. From The Flame
6. Observe The Train
7. Alleviate
8. At The Bottom
9. The Cloak
10. The Price
11. Stuck
12. Distant Bells
13. The Sky Is Red

LEPROUS: ELEVAR LA MÚSICA A LA EXCELENCIA.

Cuando mis allegados y amigos compartimos valoraciones musicales, mi discurso suele ser bastante visceral, plagado de emociones y sentimientos. Al fin y al cabo, la música tiene como objetivo transmitir sensaciones, poder saborearla y saber disfrutarla, independientemente de la infinidad de estilos y fórmulas que esta atesora.

El pasado viernes 15 de noviembre experimenté sensaciones, pude saborear y supe disfrutar la música que una banda noruega, que está girando por toda Europa en autobús, nos regaló en la Sala Shoko Live de Madrid. LEPROUS. Este grupo fue el responsable de que viajase, entre la ida y la vuelta, unos 800 kilómetro en un trayecto frío, largo y que me resultó agotador. Pero mereció la pena, pues el quinteto ha conseguido colarse en muy poco tiempo entre una de mis bandas de elección. Llama la atención que solo fuesen 26 euros el precio de una entrada para ver a semejante monstruosidad, que además, venía acompañada por THE OCEAN y PORT NOIR, quienes tuvieron su lugar en el escenario antes de estos.

Una experiencia inolvidable, que me gustaría contar y compartir con todo buen fan de la música y del metal progresivo en general.

El 23 de octubre de 2009 (ya ha llovido), acudí a un festival llamado ‘Progressive Nation’. Aquel día el grupo que inició el evento se llamaba ‘Unexpected’. Con total sinceridad, deseaba que finalizasen pronto, pues no soportaba su música, y mucho menos interpretada en un lugar donde los eventos musicales deberían estar prohibidos: la Cubierta de Leganés. De manera posterior se subió al escenario un grupo desconocido para mí: ‘Bigelf”. Bendita sorpresa. La calidad y puesta en escena de esta banda me cautivaron. Seguidamente, fue una banda de talla mundial la que prosiguió con el ‘show’: ‘Opeth’. Enormes. Música con mayúsculas. Para finalizar, y para qué engañarnos, la banda que hizo que me movilizara tantos kilómetros: mis amados y actualmente sin rumbo, ‘Dream Theater’. Cuando comenzó a sonar ‘A Nightmare To Remember’, sentí que todo lo anterior, y con todos mis respetos, quedó a la altura del betún. No cabía lugar a la comparación, porque DT engulló de manera implacable todo lo que se había visto y escuchado con anterioridad en el festival.

¿Por qué he explicado esto? Pues porque literalmente es lo mismo que pasó el pasado viernes: grandes grupos que precedían a Leprous, sobre todo The Ocean, quienes consiguieron captar mi atención y mi interés para explorar un nuevo grupo que me puede aportar bastantes de esas sensaciones de las que hablo. No es el caso de Port Noir, una fórmula repetida para todas sus canciones, que no llegó a aburrirme por lo escueto de su ‘show’. La cuestión es que, cuando comenzaron a sonar las primeras notas de ‘Below’, todos expectantes, ya nos dimos cuenta que el cabeza de cartel, sin paliativos, se comió de un solo bocado a sus compañeros de gira.

El nuevo álbum de Leprous se llama ‘Pitfalls”, y es la causa de esta gira. Contiene nueve pistas, de las cuales fueron interpretadas siete. Así es como debe ser. Aunque eché de menos temas como ‘The Third Law’, ‘Illuminate’ o ‘Mirage’, sé reconocer que los grandes músicos no renuncian a su nuevo trabajo, porque creen en él, porque a pesar de las críticas destructivas que llueven desde los medios puristas y obcecados en lo que debe ser el ‘progressive metal’ (para ellos), no son capaces de tolerar que músicos de esta talla, quieran y deseen experimentar nuevos caminos, nuevos sonidos, por no mencionar lo que les lleva a componer de una manera u otra, esta o aquella letra. Este álbum es más íntimo que los anteriores, basado en experiencias y vivencias que pueden ocurrir a lo largo de nuestras vidas, más minimalista, también con la aparición en varias ocasiones de sonidos electrónicos, a los cuales nos tenemos que ir acostumbrando y que en este trabajo están presentes donde deben estar. Estos noruegos saben lo que se hacen. Y como decía, la música transmite para quien la escucha, pero también el compositor quiere transmitir según su estado de ánimo, según sus experiencias. Encuentro un paralelismo en este caso. Un álbum llamado ‘The X Factor’ de una banda llamada ‘Iron Maiden’, recibió una mala crítica por aquella década de los noventa, cuando fue publicado. Hoy en día, está considerado como uno de los mejores discos de La Doncella de Hierro, e incluso conozco alguien que manifiesta tajantemente que es su favorito. Hay que estar más abiertos a los cambios que un grupo de esta talla nos ofrece, degustarlos y apreciarlos, siendo por cierto la mayoría de las composiciones obra del líder de la banda: Einar Solberg, vocalista y dueño de los teclados.

Una vez entré en la sala y situado en tercera fila, mientras pasaban los ‘teloneros’, conseguí hacerme hueco en la primera. Iba a ver a unos músicos ‘top’ a menos de 2 metros. No existía para mí un mejor escenario, nunca mejor dicho. Esto de ver a gigantes de la música en lugares tan pequeños, conseguir estar tan cerca, y que el sonido supere el notable, está ganando más puntos que esos ‘macroconciertos’ de estadio, en los que con suerte, se puede escuchar la voz si es que la reverberación y los graves no se comen todas las frecuencias habidas y por haber. Desde este lugar se pueden apreciar infinidad de detalles de los que disfruté. Pude ver aspectos técnicos, cómo se comunican, actitudes y aptitudes en el escenario, e incluso escuchaba el sonido natural de la espectacular ‘Pearl Masterworks’ de Baard Kolstard. La puesta en escena de los noruegos es soberbia, seria e imponente. La ejecución de los temas roza la perfección. Tanto es así que, es de esos grupos que ganan en directo, que parecen sonar mejor que en el propio álbum. El trabajo instrumental es impecable, una maquinaria que camina de manera fluida dentro de la complejidad que atesoran sus canciones, pudiendo distinguir dos o más tempos ejecutados de manera simultánea pero cuadrándolos a las mil maravillas. Algo que sospechaba pudo ser corroborado en cuanto terminó el concierto y saqué mis conclusiones: el grupo tiene dos bases fundamentales. Una de ellas la componen el binomio Baard Kolstard y Einar Solberg, el primero a la batería y el segundo a la voz y los teclados. En el caso del dueño de la percusión, para añadirle más dificultad al asunto, no le basta con plasmar a la perfección las estructuras de las canciones del álbum, sino que va realizando de manera espontánea y natural distintos ‘breaks’ y ‘fills’ que enredan aún más los difíciles compases que están tocando, pareciendo que pudiese hacer con la batería lo que realmente le plazca, en el momento que le apetezca, y con una bestial pegada que no está reñida con el ‘feeling’ que transmite. (Querido Mangini, se puede tocar fuerte sin ser un robot frío e inexpresivo). En el caso de Einar, la voz, es harto complicado encontrarle un error, un pequeño desafine, una nota disonante. La mayor parte de las canciones las interpreta en falsete, pero sin ningún problema para cambiar a su voz natural o gutural, si cabe. Ha perfeccionado su técnica durante años para que esta calidad interpretativa sea posible, y por ello, este grupo está donde está. La segunda base, y no menos importante, es la compenetración y entendimiento de los dos guitarristas y el bajista, y en el caso de esta gira, con el violonchelista que está presente durante todo el bolo. Vuelvo a usar el término ‘maquinaria’ perfecta. Entienden perfectamente lo que hacen, mantienen el tempo de manera perfecta mientras Kolstard hace lo que quiere con los tambores, entienden el concepto, casi ni se miran entre ellos, la música la llevan integrada, la tienen dentro, en sus genes, y les sale con la naturalidad que solo los genios poseen. Para colmo, todos los instrumentistas de cuerda, y como novedad, pasaron por los teclados y sintetizadores, muestra de que pueden hacer lo que se propongan. Aquí vino una de las pocas notas de humor de Einar (humor noruego), diciéndole a cada uno que se hacía cargo de estos aparatos, qué botones tenían que apretar y cómo funcionaban.

Respecto al ‘set list’, aparentemente corto, para mí fue más que suficiente, dada la fatiga auditiva que provoca el haber visto a los dos grupos anteriores. Fue una hora y media clavada, de puro espectáculo musical, con el único ‘atrezzo’ de unas proyecciones, a las que no presté atención, en unas pantallas situadas al fondo del escenario. Rescataron temas de los siguientes discos: ‘Coal’, ‘The Congregation’ y ‘Malina’. Este último también fue duramente criticado, aunque a mí, fue el que me enganchó a esta magnífica banda. Ningún corte del álbum ‘Billateral’, considerado el mejor por la crítica especializada, ni de ninguno de los anteriores.

Hay muchos momentos con los que me quedo, pero destaco dos en concreto. Uno por su simpleza. Sí, he dicho bien. En “At The Bottom” hay un arreglo instrumental entre batería electrónica y violonchelo que es una delicia. Cuando comenzó a sonar la canción, esperaba ese momento con impaciencia para ver su efecto en directo. Fue mágico. Y el segundo: ‘THE SKY IS RED’. Así, con mayúsculas. Un tema soberbio con un final oscuro y épico que es imposible que deje indiferente a alguien. En su totalidad es un derroche de versatilidad, virtuosismo, complejidad, ‘feeling’. La guinda del pastel con la que finalizaron, todos ellos subidos a unos pedestales, con brazos levantados o enseñando el instrumento que dominan a la perfección. Más altura, como si midieran poco estos norteños.

Para finalizar, varias apreciaciones personales.

Aforo completo ¿Pero de cuánto aforo hablamos? Visité la página web de la sala, y me sorprendí al ver que sólo es de 700 personas. Cuánto cuesta hacer que la música de calidad llegue a la gente. En este país, dominado por las radiofórmulas, el reggaetón y otras basuras que no pueden llamarse musicales, es imposible que músicos de esta talla consigan abrirse paso, y además, teniendo en cuenta que la etiqueta ‘progressive’ parece estar supeditada a un número menor de seguidores. Los raritos del metal.
Por otro lado, durante la espera, haciendo cola para entrar en la sala y pasando frío, se comienzan a escuchar las tonterías que van comentando algunos que creen saberlo todo acerca de la banda, o de cualquier banda. Una exhibición de poderío y de sapiencia metalera progresiva, haciendo uso de la clarividencia que determinaba qué canciones iban a interpretar, no pudiendo estar más equivocados. También así fue la salida. Mientras unos tomaban unas copas en el bar de enfrente, yo me tomaba el primer café con el objetivo de espabilarme para mi largo camino de vuelta. Esos de las copas, hablando de ‘la porquería de disco que ha sacado’, que si ‘con el batería que tienen cómo es posible que publiquen semejante m…’, que ‘este disco – Pitfalls – sí está bien pero el anterior – Malina – fue una auténtica basura’, y lo que más gracia me hizo: intentar averiguar, o más bien, saber, en qué tiempo están tocando no sé qué canción: “eso es un 11/4, y para mí eso es como tocar un…’. Gilipolleces varias que ensombrecen el enorme concierto que unos currantes que vienen desde muy lejos en autobús, acaban de ofrecer.

Y ya, en el parking, me cruzo con una pareja:
- ¿Os ha gustado el concierto?
- Muchísimo. Hemos venido desde León, así que nos queda un largo viaje.
- A mí también. Yo vengo de Alicante.
- ¡Joder! Tú lo tienes peor.

Sí. Sé que lo tenía peor, pero volvería a repetir.

Baard Kolstad: Batería
Einar Solberg - Voz, teclados, sintetizadores
Tor Oddmund Shurke: Guitarra y coros.
Øystein Landsverk: Guitarra y coros.
Simen Daniel Børven - Bajo y coros.