Koma - El catador de vinagre

Enviado por Onán el Mié, 26/12/2007 - 03:36
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1. Sé dónde vives
2. El catador de vinagre
3. Destalentao
4. Vaya carrera que llevas chaval
5. De cuerpo presente
6. Mejor de callo
7. Medicina pa los nervios
8. Suda sangre
9. Deprimido singular
10.La peste
11.Bienvenidos a degüelto

Después de empaparme a fondo del segundo disco de Koma, El infarto, y siendo ya para mí este grupo un referente único en música burra y letras inteligentes y lúcidas, El catador de vinagre me pareció el lógico paso adelante (de gigante) que estos navarros tenían que dar en algún momento, fruto de la pura continuidad. Se trata de un caso espectacular de fórmula mejorada, de vertiginosa maduración de lo que ya venían haciendo.

Aunque en cierto modo son de lo más original que he escuchado, no creo que Koma hayan inventado nada nuevo: música oronda a más no poder, afinación grave en las guitarras y bajo, batería demoledora, voces rasposas y enérgicas... todo eso era más o menos moderno cuando empezaron, pero ya se hacía. Se les acusó por ejemplo de parecerse bastante a Pantera. Por otro lado, sus letras cercanas, de contenido social, les arrimaban demasiado a etiquetas del tipo fiestero, calimochero o reivindicativo, con lo cual no se les podía ubicar plenamente en el típico metal (demasiado campechanos, nada épicos) ni en el típico rock callejero guarrindongo (demasiado metaleros, y sobre todo demasiado buenos; exagerada y escandalosamente buenos).

Si buscamos la razón de su éxito, seguramente está ahí, en la simple calidad. Se trata de un grupo brillante a más no poder, que se encuentra a años luz de casi todos sus "compañeros de promoción" en técnica y compenetración como banda, en composición y en efectividad de los arreglos. No se puede tener tantas ideas tan buenas, arreglarlas, ensayarlas y grabarlas con una dedicación tan exquisita y mantener este pulso durante tantos años sin acabar despuntando por derecho propio, sobre todo si no hay apenas competencia alrededor. En realidad Koma despuntó desde el minuto uno, pero para mí este es el primero de sus discos que puede convencer prácticamente a cualquiera de la calidad del grupo, aun en el caso de oyentes a los que una música tan bestia les dé dolor de cabeza o les produzca rechazo por cualquier otra causa.

El disco comienza con la densa animalada Sé dónde vives. Una txalaparta hipnótica, a la que se une la batería en plan elefante camino del cementerio, abre el telón y da paso, con pausa y ceremonia, al primer riff de libro: un pequeño revoloteo de acordes "subalternos" que acaba aterrizando, como mandan los cánones, en una prolongada sexta cuerda al aire, mostrando sin más demora quién es aquí "el acorde en jefe" que va a llevar el timón del disco. Tras una repetición del mismo riff pero en versión enriquecida, empiezan los golpes, cortes, sopapos y demás brusquedades que caracterizan a Koma, impregnados de esa fluida y prieta musicalidad tan particular que, insólitamente, son capaces de desarrollar estos tipos, con la minga y todos a una, incluso en los ambientes más ásperos. Sin abandonar el camino adoquinado en el que nos han metido, llegan las crudas frases de la primera estrofa, que nos zambullen en el ambiente asfixiante de un pueblo perdido. La forma en la que la música y la letra nos llevan de la mano hasta un estribillo explosivo y violento pero a la vez agradable, tarareable, digamos comercial, es un ejemplo de lo que va a ocurrir en el resto del disco. Y tras un segundo ciclo de estrofa y estribillo llega el magistral desarrollo con marca de la casa, comandado por el riff más irritante del mundo, seco y sincopado de manera jeroglífica... quizá lo que más irrita de este riff es precisamente que, siendo incomprensible hasta la carcajada, es muy musical y expresivo. Es como una broma pesada que no te puede ofender. Cuando el desarrollo remite por fin, vuelta al estribillo hasta que de nuevo aparece la txalaparta, que nos deja sanos y salvos, aunque aturdidos, otra vez en el punto de partida. Si en ese momento nos miramos al espejo, vemos que nos ha aparecido en la cabeza una txapela y en la mano un hacha. Qué susto de canción.

En fin, me he detenido en este temazo porque me encanta y porque creo que resume bien lo que hace Koma en general. El resto del disco no baja el listón para nada, y nos ofrece más rabia compleja, inteligente y forzuda en forma de letras poéticas, impactantes, adultas, que te obligan a pensar porque no te lo explican todo, y música muy equilibrada, elaborada a base de hachazos guitarreros sublimes, elegantes y concisos tras los cuales uno se queda sin saber si le han dado una paliza o ha asistido a un taller de Baile de Salón. Atrás queda, con El catador de vinagre, un cierto punto facilón que enturbiaba en parte la calidad de los dos primeros discos. Como botón de muestra, dos tremebundas alegorías: De cuerpo presente y Mejor me callo. Acojonante, imprescindible discazo.

Sello
GOR