Judas Priest - Metal Works '73-'93

Enviado por Hawkmoon el Mar, 07/06/2011 - 22:48
8

Disco 1

1. The Hellion
2. Electric Eye
3. Victim Of Changes (live)
4. Painkiller
5. Eat Me Alive
6. Devil's Child
7. Dissident Aggressor
8. Delivering The Goods
9. Exciter
10. Breaking The Law
11. Hell Bent For Leather
12. Blood Red Skies
13. Metal Gods
14. Before The Dawn
15. Turbo Lover
16. Ram It Down
17. Metal Meltdown

Disco 2

1. Screaming For Vengeance
2. You've Got Another Thing Comin'
3. Beyond the Realms of Death
4. Solar Angels
5. Bloodstone
6. Desert Plains
7. Wild Nights, Hot & Crazy Days
8. Heading Out To The Highway (live)
9. Living After Midnight
10. A Touch Of Evil
11. The Rage
12. Night Comes Down
13. Sinner
14. Freewheel Burning
15. Night Crawler

En 1993 todo parecía perdido. Y para siempre. Dave Lombardo se largaba de Slayer, Joey Belladonna partía peras con los molones Anthrax, Iron Maiden perdían a su vocalista, Bruce Dickinson, y, como antesala a semejante caos, como dando el pistoletazo de las malas noticias, Judas Priest, un año antes, ya habían hecho público que Rob Halford se largaba del reino Priest, para construirse una carrera en solitario (o a imitar a Pantera, una de dos. O ambas).

Los hijos del Heavy Metal atravesábamos, sin duda, un oscuro momento, una incertidumbre letal, jodida de cojones, peligrosa, dantesca. De todos los malos momentos que ha atravesado el feudo del Heavy Metal, y desde sus inicios, nada parecía tan jodido de superar como el fín de Priest. Si la banda-icono del género, los padres (ni Sabbath ni huevos) de la movida se iban a dormir, todo parecía indicar que el negocio del Metal tenía los dias contados. Los agoreros, los cabrones que se habían pasado más de una década enterrando el movimiento, sonreían maliciosamente. Sin Priest, y con tan sólo Metallica (a Pantera aún le quedaba un añete para copar los primeros puestos y ser más internacionales que el "McPollo") como "defenders of the faith", la cosa nos sabía a poco.

Cuando todo se acaba, cuando uno se despide de un trabajo, o se va a vivir a 30.000 kilómetros de sus amiguetes, siempre se le hace una fiesta, un homenaje. Hacerle un homenaje a Priest, después de una colección majestuosa de himnos, mejores discos y directos que se grabaron en la retina de toda una generación (y de las venideras, por supuesto) es bien jodido, pues puedes quedarte corto, y casi con toda seguridad.

¿Cómo se honra la memoria de la banda más grande de Metal de todos los tiempos? ¿Como se le da las gracias a los dioses por bendecirnos con el mejor "ruido" de la creación?¿Un minuto de silencio en todo el planeta? ¿Ponemos las banderas de todos los ayuntamientos del mundo a media asta? ¿Vamos todos con brazaletes negros y los ojos llorosos? Nah, qué somos Heavys, coñes. Los heavys no lloramos (como mucho nos puede entrar algo en el ojo). Los metaleros de pro, y más los que amamos el material de Tipton y sus hordas, honramos el material, almenos en 1993, pasándolo todo a una cinta de cassete de 90 minutos (todo un lujo en el momento, algo de lo más "cool") y haciendo nuestra propia versión del mundo Priest. Descartamos lo que no nos mola, y ponemos, seguidos, esos tracks que tanto nos molan y que nuestros colegas detestan a rabiar. El metalero que ama a sus bandas, y que tiene que verlas partir, se derrumba, se lamenta (pero no llora, tranquis) y necesita revivir, aunque sea una mentira, los tiempos pasados. Para eso nació "Metal Works '73-'93", para, además de hacernos creer que Judas Priest estaban tan vivos como de costumbre, celebrar la partida, hacía el Valhalla, del guerrero más fiero, pulido, estoico y valiente que dió el reino. El ejemplo que muchos siguieron y al que tenemos que agradecerle el tener corazón. De metal.

Sin Judas Priest, la verdad, no me imagino la vida. Creo que hasta los trece, año en el que cayó ante mí el citado "Metal Works", perdí mi tiempo. Asistía a clase, veía los dibujos, las series ("V", sobretodo) me enamoraba, jugaba a ser Conan el Bárbaro (o Superman, depende del dia), me la pelaba como un mono, pero nada...perdía el tiempo. Yo ya llevaba un tiempo metiéndome, poco a poco, en vena, esa droga llamada Metal, y sabía que habían muchas bandas a las que prestar atención, pero no fue hasta dar con el recopilatorio de marras que ví la luz. Una luz cegadora. La luz de Judas Priest. El brillo metálico más molón de todos los tiempos.

¿Te vienes a celebrar conmigo el fín de Judas Priest? Lo sé, suena cruel, pero no hay más. El tito Rob quiere jugar a ser Phil Anselmo y Glenn y K.K no le dejan. Así que se ha enfadado, ha hecho las maletas y ha jodido, del todo, el invento. Más vale que los tales Fight estén de puta madre, porqué sinó todo habrá sido en vano. El Titanic era un barco acojonante. Debió ser todo un espectáculo el verlo chocar contra el iceberg de los huevos. Como la peli de James Cameron no me triunfó demasiado (es una mariconada, la verdad) quiero ver otro "follonazo Titanic". Quiero vivir una hecatombe. ¿Qué mejor que ver hundirse el barco Priest? Fijo que es un espectáculo. Ya que el sacerdote deja la iglesia, mejor veamos como palma. Siempre mola ver morir a un cura. Testigos, y de excepción, del fin de una era.

Lo primero con lo que nos topamos al darnos de cara con el "Best Of" es una de las portadas más mágicas, redondas y bien paridas con las que me he enfrentado en mi humilde vida metalera, y ya son años batallando y declarando la guerra a los "no-convertidos". El "Painkiller" se las ve contra el águila del "Screaming For Vengeance", mientras, como testigos de la batalla del siglo, vemos mucho ingrediente de la mitología Priest (como el mítico Metallian, el maniquí "Madmaxiano" de "Killing Machine", la fábrica de "acero británico", la mano del cyborg femenino de "Turbo", la entrada al "Sin After Sin"...). Lo dicho, impagable. Ilustración metálica 100%. Todo en Judas Priest es puro kevlar. Puro cromo. Su sonido, su aura, sus portadas. Seguro que si le tiras a la cabeza el disquito de marras al capullo de turno que dice que Priest no molan (existen ejemplares así), lo dejas con medio cerebro a la vista de todos. Levantamos el CD (que por exceso de Metal pesa unos 50 kilos, más o menos), abrimos la caja (gracias a la fuerza que nos ha dado el ir, con el tiempo, creciendo como "Priestfans") y colocamos el primer disco. Ya empieza. Ya se ve el iceberg...

Cómo la cosa no podía ser de otra manera, la movida se abre con el mismo track que suele, por regla general, abrir los shows del sacerdote. Bueno, antes del choque, claro. "The Hellion", esa codiciada, y codiciosa, pieza instrumental, tan breve como chulesca, tan incisiva como épica, y que nos sirve de entremés al maravilloso "Electric Eye", ya nos pone, de buenas a primeras, los ojos como platos y el agujero del culo cerrado del todo (y no por que Halford ande cerca). El tema, legendario total, es conocido por todos y no seré yo ahora el que narre la grandeza de la composición de 1982, pero lo que si quiero acotar es lo especial que se hace el tema, y más pensando en que parecía que nunca más se iba a escuchar en un escenario, almenos tocado por los cinco temibles. Es el tema ideal para abrir un show de Priest. Tema ideal para abrir "Metal Works". No se me ocurre uno mejor.

"Victim of Changes", extraida de su "Unleashed in the East", suena que alimenta, con un Halford mega-inspirado, inspirador y salvajote. El alarido final, apoteósico de cojones. Pelos de punta. Tengo la chaqueta de cuero totalmente traspasada. Parezco un puto erizo. Pero feliz. La verdad, es ésta versión la que más me llega. Siempre he venerado la interpretación de su himnazo rockerete y pegador.

Los tímbales de Mr. Travis empiezan a parecer una puta uzzi cuando ya tenemos claro lo que se nos viene encima: el puto "Painkiller". Ni más ni menos. Minutos perversos de técnica, pasión metalera, riffeo magno, cambios de tempo demoledores, todo tipo de ataque, y sin temor, a las cuerdas, los alaridos más imitados en el reino, y, para el recuerdo, uno de los mejores temas que Judas nunca han grabado. La garganta de Rob nunca voló tan alto, ni voló tantas cabezas. Cuarto tema y ya andamos hechos fosfatina. El poder de Priest, y todo de golpe. Menudo embudo. Lo mejor de lo mejor y sin pausa. Maratón metálica de lujo, señores.

"Eat Me Alive" (celebro de veras que viva en el recopilatorio, otorgándole así el aura especial que el tema siempre mereció a ojos de muchos fans que ningunean la composición), "Devil's Child", "Dissident Agressor", "Delivering the Goods", "Exciter" (más molona a cada escucha. Llevo unas 30.000 escuchas del tema y siempre se descubre un nuevo surco, un nuevo rincón), "Breaking the Law" (obvia a más no poder, y más esencial imposible) y "Hell Bent For Leather", todas calcaditas a como suenan en sus discos de origen (la verdad, podrían haber remezclado la movida, hacerla sonar más pulcra, pero, bueno, no nos quejemos, pues el material es abrumador), nos dan un buen repaso a los tiempos añejos. Uno no puede parar de maravillarse ante lo enorme del poder desplegado. Parece mentira lo bien, y lejos, que Priest supieron llevar la premisa sembrada por Purple, Zeppelin y Sabbath. Nos secamos las lágrimas y seguimos. Bueno, os las secáis vosotros, que yo no lloro.

Doceavo tema y, para mí, el momento cumbre del primer disco: "Blood Red Skies". La máxima joyita de ese no tan brillante como de costumbre, "Ram it Down", siempre me ha emocionado a muerte, y es por eso que amo tanto un trabajo como "Metal Works". Si hay un tema que me hizo enamorarme, y hasta el dia que mi cuerpo alimente a los putos gusanos, de Judas, sin duda, ése es el puto "Blood Red Skies". La cosa empieza "maja", se va calentando, va subiendo, se electrifica, se engrandece, y cuando parece que ya no te puede llevar más alto, una chispa se enciende, y todo empieza a mejorar, cómo si eso fuese posible. Balada enérgica, bella y mística. No entiendo como Stallone no la usó en algún "Rocky". Es ideal. Siempre me he imaginado a Stallone entrenando y con el temazo del 88 sonando a toda pastilla. Himno eterno. Creo que estoy empezando a llorar...

"Metal Gods", "Before the Dawn" (si fuese más bonita nos mataría), "Turbo Lover", "Ram it Down" (otro tema que debería sonar en el "Epitafio" de los Priest) y "Metal Meltdown" (puro derroche Heavy-Thrash. Ahí se nota de dónde sacó Rob sus ideas para Fight) se encargan de cerrar el primer disco, y, en honor a la verdad, se nos ha puesto cipotona, de campeonato. Como si tuviesemos el miembro del jodido Hulk. No se puede poner seguida tanta "chicha" colosal y nos esperar mareas de esperma por toda la habitación. Brutales temas. Todos. Pura leyenda. Los Judas, en todas sus etapas, tanto la setentera, como la ochentera o la noventera, se salen. Nunca han parido material mediocre, y lo que nos está cayendo encima es la prueba. Dioses desde el primer segundo en el que nacieron. Y hasta el dia en el que mueran. A por el segundo CD, mamones...

El lamento "Halfordista" de "Screaming For Vengeance" enciende la mecha, y, como en el anterior disco, me parece a mí que viviremos una buena sobredosis de adamántium sonoro. Otro himnazo para la colección. Nunca he entendido que el tema no sea un esencial de los shows de la banda. Es un tema directo al Top 10 de los británicos. Fuerza por un tubo, garra, crudeza, sentimiento y martilleo del bueno. Un impagable, vaya.

"You've Got Another Thing Coming", "Beyond the Realms of Death", "Solar Angels", "Bloodstone", "Desert Plains", "Wild Knights, Hot & Crazy Days" (el único tema con el que no comulgo), "Heading Out of the Highway" (grabada en vivo, también del "Priest....Live") y "Living After Midnight" nos llevan a disfrutar de los Priest más rockeros, más festivos, menos oscuros, más lisérgicos y menos directos. Impagable, sobretodo, la aportación del "Beyond the Realms of Death", una de las máximas joyitas del segundo CD. Después de la tormenta decibélica, la ira de Metallian, los agudos "rompetímpanos" y las guitarras cortantes, yo almenos, agradezco éste "descanso del guerrero". Épica pura. La leche materna de Iron Maiden. Ahí es ná.

"A Touch of Evil" (apoteósica, para variar), "The Rage" y "Night Comes Down" nos sirven de alfombra roja para que demos paso a la despedida, total y final, sin vistas a la reconciliación. Ya que Priest se nos mueren, almenos lo van a hacer de una forma bien Heavy. La triada final, formada por la compacta "Sinner", la rabiosa "Freewheel Burning" (el "Aces High" de los de Tipton) y el oscurete y vacilón "Nightcrawler", nos mata de gusto. Ya que ellos mueren, los muy mamones se nos quieren llevar con ellos. Aplastante final de disco, colegas. Aplastante del todo. Como el trabajo que me acabo de meter entre pecho y espalda. Menuda comilona. Ahora peso 100 toneladas.

Si tienes todos los discos de Priest, la verdad, es una tontería hacerse con el trabajo, pero si eres un coleccionista irredento de los británicos, quieres ojear un buen libreto (con acotaciones y "perlas" de los propios músicos), y vivir un testamento de oro, sin duda, "Metal Works '73-93" merece tu atención. Para mí, es un disco mega-especial, pues fue mi bautizo metálico. 32 temas de puro Metal te hacen adicto de por vida.

5 cuernos (bajos) para "el trabajo de Metal" de Priest. Pedazo de trabajo. Cerrojazo a la mejor era de Priest. Veinte años de gloria metálica. Intocables, invencibles, imparables.

Recopilatorio acojonante, aunque me hacen falta cosejas como "Love Bites", "Diamonds and Rust", "The Ripper", "Reckless", "The Sentinel" , "Out in the Cold", "Rock Hard, Ride Free" o "Tyrant". Quisquilloso que he salido. Si es que no se pueden parir tantas obras magnas, Glenn. Que luego hay que hacer un recopilatorio de 100 temas, coñes.

Ideal, del todo, para entrar en el reino de los sacerdotes. Recopilatorio magno. De lo mejor, junto al "Best of The Beast" de sus primos, Iron Maiden.

Breaking the Fucking Law !!!!

Rob Halford: Voz
Glenn Tipton: Guitarra
K.K Downing: Guitarra
Ian Hill: Bajo
Scott Travis: Batería
Dave Holland: Batería
Les Binks: Batería
Simon Philips: Batería

Sello
Columbia