Judas Priest - The Complete Painkiller Tour

Enviado por Hawkmoon el Jue, 07/07/2011 - 23:07
8

Disco 1

1. Riding on the Wind
2. Grinder
3. Heading Out To The Highway
4. Metal Gods
5. Sinner
6. Between the Hammer and the Anvil
7. Bloodstone
8. Better by You, better by Me
9. Ram It Down
10. Heavy Metal
11. Victim of Changes
12. The Green Manalishi
13. Leather Rebel
14. Hell Bent For Leather
15. You’ve Got Another Thing Coming
16. Living After Midnight

Disco 2

1. Hell Bent For Leather
2. Grinder
3. The Hellion / Electric Eye
4. All Guns Blazing
5. The Sentinel
6. Metal Gods
7. Night Crawler
8. The Ripper
9. Beyond The Realms Of Death
10. Riding On The Wind
11. Victim Of Changes
12. Painkiller
13. The Green Manalishi
14. Breaking The Law
15. Living After Midnight
16. You’ve Got Another Thing Comin’

El poder haber asistido a un show de Judas Priest en la era "Painkiller", mi era predilecta del combazo británico, dueños y señores de todo lo acontecido en el reino metálico, es una de las movidas que jamás voy a poder cumplir. A no ser que la jodida máquina del tiempo se invente, alguien se apiade de mí y me deje montarme en el invento para volar, y a toda castaña, a cualquier rincón del planeta en el que la banda estuviese descargando material. Mientras me deje en la era "Painkiller" me la sopla. Donde sea, como sea. Pero necesito saber que pasó. Como fue la movida durante el tour más metálico de la historia. El momento en el que Priest se afilaron más que nunca y les callaron las bocas a todos aquellos agoreros que pensaban que la movida añeja, la primera de la estirpe, iba a morir con el fín de la década de los ochenta. ¡Ja! Priest se sacaron de la chistera, con el permiso del "Defenders of the Faith" de la propia banda, el "Triumph of Steel" de Manowar y el "Powerslave" de Maiden, el disco más Heavy Metal de todos los tiempos. Nada se puede contra los nueve trallazos, y el instrumental, del disco de 1990.

Si 1980 nació al amparo de "British Steel", la década de los 90 parecía que también iba a ser de Priest. Menuda manera de comenzar la década, colegas. A lo grande. Si conoces a alguien que no disfrute con "Painkiller", es que es tonto. Sin más. Yo viví mi primer show de Priest en 1998, en la era "Jugulator", justo en el momento de la entrada de Tim "Ripper" Owens y cuando mi fanatismo por la banda, que siempre ha sido enfermizo (y en dura pugna con el que siento por Maiden, Venom o Testament) estaba en plena ebullición. Y mis recuerdos del show "Ripperiano" siguen siendo acojonantes. Primera fila, púa de Glenn Tipton y unas imágenes y temazos que se vienen conmigo a la jodida tumba. Pero nada podía competir con lo que fue el "Painkitour". El Metal hecho tour, así de simple.

Priest girando a lo grande, con las pintas más molonas que Rob ha llevado jamás (nunca pareció un mejor "Metal God"), con el mejor sonido que nos han escupido nunca, y con entes como Pantera y Annihilator, sus teloneros en Europa, o Testament, Metal Church y Megadeth, los teloneros "usakas", como guindas a un pastel genial. Un pastel metálico que no está hecho para débiles. "Painkiller" son palabras mayores, hermano. Es uno de los cinco discos que se deberían de salvar en un armageddon. Sin más. Nunca se ha visto, almenos otra vez en el reino, un disco de un tallaje igual. Nadie ha podido, ni los propios Priest, plantarle cara a "Painkiller". La verdad, justo al acabar el tour, en 1991, Rob se largó, teóricamente para siempre, y la cosa, que ya era icónica total, con la marcha del calvorota más molón (con el permiso de Kerry King y Scott Ian) pareció tomar auras divinas. Todo lo que huela a "Painkiller", almenos para un metalhead, es un tesorazo. Pues imaginad lo que es, lo que representa, ese tour para todo aquel que ame el Heavy Metal. Un cima, una cúspide, un momento que se debe de vivir. Al precio que sea.

"Metal Works", el recopilatorio con el que se cerró la estancia de Halford en Priest, almenos hasta que se dió la nueva orden en el 2004, pese a ser un trabajito bien parido, con una portada sensacional y con muchos de sus mejores temas viviendo allí, nos supo a poco. No podía ser. De ninguna manera nos ibamos a conformar con un recopilatorio, por muy molón que fuese (que lo es). Ya conocemos "Breaking the Law", "Freewheel Burning" o "Screaming For Vengeance" perfectamente. Ya sabemos de su impacto y nuestra alma ha memorizado cada surco de sus temas. Queremos vivir la era "Painkiller". Sentir el calor de la banda en directo. Merecemos eso. Que la banda de Heavy Metal más grande de todos los tiempos no hubiese estampado en vivo su tour más grande, su momento más certero, era una buena jodienda. Pero para eso tenemos los bootlegs, hermano del Metal. Para vivir lo que, a nivel oficial, las discográficas no creen interesante. Y, joder, hay que ser un negado para creer que el material del "Painkiller" en vivo no interesa a nadie. Un negado y un inepto.

¿Te vienes a vivir conmigo otro "piratilla" espectacular? Y encima cubriendo dos shows diferentes. Uno, parido en 1990, justo en el primer show del tour, en Los Angeles, y el otro, ya en 1991, en Offenbach, Alemania. "The Complete Painkiller Tour" va a dar inicio. Por fín, después de tanto tiempo, tanta imaginación basada en esa era, vamos a estar donde siempre quisimos estar. Retrocedemos en el tiempo y asistimos al show de shows. El tour de tours. El crepúsculo de los dioses...

Una portada no muy esmerada, que no es más que una reproducción del single de "A Touch Of Evil", con el bichejo, totalmente a lo Eddie, alado y con cara de "joputa", y que se escuda trás la cruz de cruces, que no es otra que el logo que nos la lleva poniendo cipotona desde los tiempos del "Sad Wings of Destiny", no parece una ilustración muy digna para lo que vamos a echarnos entre pecho y espalda. Pero, por otro lado... ¿qué más dará? Ya estamos aquí, la hora ha llegado. Los dioses nos saludan. Y nosotros a ellos. Empieza el griterio acojonante, comienzan a mostrarse los primeros indicios de locura y ansiedad. Estamos en L.A, tio. A disfrutar del clima, del pabellón de marras y del Heavy Metal más férreo que se ha conocido. Allá vamos...

Sin mariconadas de ningún tipo, a un nivel eléctrico de puta madre, despega, y bien hirviente, el tremendo "Riding on The Wind". La voz de Halford está en un punto magnífico, más que dotado. Puede que el bootleg no capte su mágico tono al ciento por ciento, que la cosa se oiga algo lejana, pero eso son niñerías, tio. La banda suena compacta a rabiar, afilada como un jodido bisturí y las guitarras suenan que alimentan. Pedazo de alarido final. Los pelos de punta.

Rob siempre ha sido un buen frontman, muy comunicativo y directo, y trás unas palabrejas para su parroquia, y la presentación del recién-llegado, Scott Travis, llega el momento de masacrar. "Grinder", "Heading Out of the Highway", "Metal Gods" y "Sinner", las cuatro sonando a perfección, a pura demolición metalera e incorruptible, le dejan la vía libre a "Between the Hammer and the Anvil", el clásico, casi de culto, de su opus del 90. ¿Qué decirte? Pues nada, tio. Que ya puedes estar llorando sangre. La emoción se palpa, y aunque el público ahora está de lo más inexistente, el poso de las armas de Tipton y Downing, aupado por esa sección rítmica más sólida que un cojón de Hulk, levantan a un muerto de su tumba. Impagable temazo. Y más, el vivirlo en directillo. Yo también puedo decir que he vivido el magnífico tema de "Painkiller". Pero en el tour del 2009. Y no es lo mismo. Rob ya no es un titán. Aquí, en L.A, sus notas le están rascando el culo al mismísimo Dios.

El aura festiva y de puro fanatismo que se intuye entre tracks deja claro que el show está siendo una bomba. "Bloodstone", "Better By You, Better By Me" (toda una sorpresa), "Ram it Down" (veloz y más carnivora que de costumbre, alcanzando una de las cimas del concierto), "Heavy Metal", "Victim of Changes" (impecable), "The Green Manalishi" y "Leather Rebel". Seguidas. Se nota que los británicos van a por todas. Priest no dan respiro y se dejan los huevos por grabarnos su nombre en el corazón. Y con interpretaciones así, joder, como para no conseguirlo. Me quito el sombrero. Los ojos, si hace falta. Una pasada.

Judas se quieren ir a vivir al CD 2, y antes, quieran o no, se tienen que despedir del público americano. Público, por cierto, bastante cambiante y moldeable, pero que Priest siempre ha respetado. Gracias a su triunfo americano, la banda pudo consolidarse y llegar a más. A mucho más. Está claro que Europa le pertenece a Iron Maiden, pero los USA son de Priest. Una triada matadora, y tocada, como no, con presteza y técnica, cierra el show angelino. "Hell Bent For Leather", "You've Got Another Thing Coming" y "Living After Midnight" destruyen L.A. Ni Godzilla, ni pollas. Priest es un monstruo gigantesco y que tiene un hambre voraz. Quince años después de haberse formado y siguen hirvientes, mejor que nunca. Grandes. Enormes. No me extraña que se les llame dioses. Décadas reinando.

Segundo Cd. Toca vivir el show en Alemania. Mola. La banda insígnia del movimiento en el pais más Heavy del globo. Dos titanes frente a frente. Gran Bretaña y Alemania. Una nueva guerra mundial. Pero con guitarras y buen rollo como daño colateral. Y sin un civil como baja. Así dan gusto las guerras, leñes. Como da gusto, también, el inicio de show alemán. "Hell Bent For Leather", que antes era un bis para su tour americano, es ahora el inicio de la orgía. Y pedazo de orgía, acoto. Todo el mundo con trempera destructiva. De la que te priva de riego "quijotero".

"Grinder", "Electric Eye", "All Guns Blazing", "The Sentinel" (ideal), "Metal Gods", "Night Crawler" (no tan mística como en el disco de origen, pero con unas guitarras que saben lucirse hasta la eternidad), "The Ripper", "Beyond The Realms of Death", "Riding on the Wind" y "Victim of Changes" ponen toda la carne en el asador, haciendo vibrar a todos los "Fritz". El sonido del directo tiene, al igual que el primero, bastante nivel. Hay alguna tara, como un público que a veces desaparece o toma un inusitado protagonismo, alguna jodienda con el sonido de la batería, pero de poca importancia. A través de la grabación pirata estamos, por fín, obteniendo la información que tanto tiempo buscamos. Y estamos viendo (oyendo, más bien) que todo lo que se había escrito, se había dicho y se intuía sobre la era "Painkiller" era mentira. Los shows de la banda en el momento no es que fuesen buenos. No. Es que eran ejemplares. Lo mejor que ha parido nunca una banda de Metal. Pura intensidad, como un dolor de muelas que incluso te ciega y te deja sordo. Un ataque sin piedad. Quizás, Rob ya tenía en mente largarse y quería dejar un grato recuerdo en todos sus seguidores. Pues el esmero del vocalista, en muchos de los temas, es de alucine. Es un rollo a lo Bruce Dickinson en pleno tour del "Fear of The Dark". En su, supuesto, último momento con la banda, su entrega roza lo inhumano. Ya que la cosa se iba a acabar y, más, tratándose de Priest, el buen sabor de boca para la parroquia era obligado. Pero nadie pensó que iban a estar tan, y tan, a la altura de las circunstancias.

"Painkiller", su himno de los noventa, y el de toda una generación, arranca para no dejar títere con cabeza. La batería de Travis empieza a marcar las pautas de una de las composiciones más imitadas en el reino, pero jamás igualada, y enseguida, audiencia y banda se tornan una, vociferando y lanzándose a la locura total, riffera y mega-poderosa. Rob no canta el tema como en el disco (de hecho, jamás ha podido, ¿acaso puedes tú?) pero nos sirve una interpretación bien molona. El resto de muchachos, obvio, brutales. Las guitarras de K.K y Glenn no suenan en Alemania con el brillante tono de su obra magna, pero la crudeza con la que se está adornando todo nos hace olvidarnos de la majestuosa producción. Priest es Metal...y el Metal es sudor y sangre. Hay que sonar más crudos en vivo que en disco. Es una ley no escrita. Pero que se sabe de antemano. No en vano, la crearon ellos.

Buen tanteo al "Green Manalishi" (que siempre me ha encantado, pero que no veo la razón por la cual suena en casi todos sus tours) de cara a cerrar show. La legendaria "Breaking The Law", otra de las que en el directo sube la adrenalina que es demasié, le deja terreno a las infaltables "Living After Midnight" y "You've Got Another Thing Coming". Apoteósico final. Tanto la banda, que debe estar hecha polvo de tanta entrega, como los alemanes, que entre tanta cerveza y tanto riffeo deben de andar medio gilis, y nosotros, que estamos atónitos (y más contentos que un perro con dos pollas) estamos destrozados. Pero con una sonrisa de idiota total en el careto. Cara de quinceañero que por fín se folla a la chica de sus sueños. Orgasmo sónico.

4 cuernos (altos) para "The Complete Painkiller Tour". Un sueño hecho realidad, con un sonido mejorable, pero con una garra descomunal. El tour de tours, desde luego, fue de órdago. Menudo testimonio. Infaltable.

Rob Halford: Voz
Glenn Tipton: Guitarra
K.K Downing: Guitarra
Ian Hill: Bajo
Scott Travis: Batería