Judas Priest - British Steel

Enviado por Gargamel el Jue, 18/10/2007 - 22:18
8

1. Rapid Fire
2. Metal Gods
3. Breaking the law
4. Grinder
5. United
6. You don't have to be old to be wise
7. Livin' after midnight
8. The rage
9. Steeler

Tacatacatacatacatacatacatacatucuparatucuparapuruparapurupara Pounding the world like a battering ram.... Sin rodeos, de esta manera tan afilada y aplastantemente simple se abre uno de los discos más influyentes del Heavy Metal. Era sólo cuestión de tiempo que alguna banda heavy tomara el nombre de la industria metalúrgica británica como título para un álbum, y en ese sentido se podría decir que Judas Priest partía con ciertos derechos y ventaja, ya que el propio Glenn Tipton trabajó algún tiempo para la British Steel.

Para la grabación del disco los Judas alquilaron una mansión propiedad de Ringo Starr que contaba con un estudio de grabación. Al poco de empezar las pruebas descubrieron que el sonido que iban a poder obtener en él se alejaba bastante de lo que estaban buscando, por lo que se les ocurrió aprovechar la mansión entera como estudio, grabando cada instrumento en la estancia que mejor acústica ofreciera. La inquietud de Tom Allom por encontrar el ambiente exacto donde registrar cada pista es tan admirable como su esfuerzo y dedicación para crear artesanalmente los efectos de sonido que plagan temas como Metal Gods, y de los que destacaría el ruido de las pisadas de los robots desfilando: ¡Se trata de los cubiertos de la cocina de Ringo agitados en una bandeja!. Cuando, como parece que fue en este caso, se dispone del tiempo necesario y un chef como Tom Allom saca a relucir su experiencia como ingeniero en los tres primeros tomos de la Biblia del Metal (Black Sabbath, Paranoid y Master of Reality ), se obtiene los mimbres necesarios para que el puñado de buenas canciones que componen British Steel se conviertan en uno de los más aclamados referentes del Heavy Metal. En otras palabras: la chicha es de la buena, pero conviene guardar al menos media hogaza de pan para mojar la salsa, y si no, a cucharadas.

Musicalmente y a primera vista, la fuerza de este disco se encuentra en dos éxitos sin precedentes en la historia de la banda. El primero fue Breaking The Law, con el que arrasaron en Inglaterra y que fue acogido como un himno antiopresión por la clase obrera, que por entonces empezaba a ver la que se le venía encima con la Dama de Hierro. Hicieron un su primer videoclip muy recomendable, en el que entran a robar un banco reventando tímpanos a punta de guitarra y con el Halford fingiendo esfuerzo para doblar unos barrotes finústicos. Hilarante y entrañable a partes iguales. El otro pelotazo aconteció de forma un tanto inesperada en Estados Unidos, donde parece que triunfó en la radio Living After Midnight , frívolo y más comercial, e irresistible para cualquier noctámbulo con ganas de juerga. Se ve que allí se tomaban mejor el problema del desempleo o no lo sufrían tanto.

No obstante lo anterior, tras tantos años de juerga nocturna y de vuelta a la realidad matutina, mi favorita hoy es Rapid Fire, una suerte de proto-speed metal simple y machacona a medio camino entre Exciter y Freewheel Burning, donde Tipton y Downing se enzarzan en un memorable duelo a mastilazos arbitrado por Halford, en el que tras mutuos destellos clicheros de presentación, se responden uno a otro con sendas ráfagas de notas que fluyen a presión furiosísimas, como manteniendo duelos particulares entre ellas. No se trata de los solos más intratables que hayan grabado jamás, pero resultan suficiente para hacerse una idea de por qué son solos de los Judas lo que disparan los Cañones del Metal. Todavía hoy me produce perplejidad el intentar analizar nota a nota algunos de ellos, y supongo que era esta forma tan incendiaria de tocar era uno de los factores que hacían que Judas Priest pareciera mantenerse como un peldaño por encima del resto de bandas de la época. El otro factor, no hace falta mencionarlo, era la voz todopoderosa del castigador Halford, quien se luce especialmente en los otros dos temas que más me llaman la atención, You don’t have to be old to be wise, donde su garganta extiende notas hasta el más allá, y más allá aún (con la ayuda de una reverb eterna), y The Rage, una atrevida e inspirada fusión de Reggae y Heavy Metal cuyo solo desprende un sutil aroma a Genocide que cualquier olfato bien adiestrado debería saber identificar. Del resto aprecio el hecho de que cada ingrediente está cocinado en su punto, y las guitarras en concreto suenan naturales, sin rastro de chorus, phasers ni de otros edulcorantes artificiales presentes en algunos de sus más aclamados álbumes.

Tras intentar preparar una acusación de peso, finalmente renuncio a enfrentarme a los que lo consideran absolutamente esencial, aunque me gustaría que algunos admitieran que hace ya tiempo que le salieron canas. En cualquier caso es un trabajo honesto y que se agarra directo, si no a la yugular, sí al menos a las partes nobles del oyente, como noble muestra que es del mejor acero británico.

Rob Halford: Voz, bandeja con cubiertos
K.K. Downing: Guitarras
Glenn Tipton: Guitarras
Ian Hill: Bajo
Dave Holland: Batería