Johnny Cash - American IV: The Man Comes Around

Enviado por El Marqués el Mar, 26/10/2010 - 01:48
1542

1. The Man Comes Around
2. Hurt
3. Give my love to Rose
4. Bridge Over Troubled Waters
5. I Hung my Head
6. First time I ever saw your face
7. Personal Jesus
8. In my life
9. Sam Hall
10. Danny Boy
11. Desperado
12. I´m so lonesome I could cry
13. Tear stained letter
14. streets of Laredo
15. We´ll meet again

Batería a tope, bajo retumbando, el cantante gritando, las guitarras abrasando…Eso es el Heavy Metal, decía Dee Snider en un reportaje del realizador Dick Carruthers hace unos años. Si nos quedamos con esa definición ¿consideraríamos Heavy Metal a la música de Johnny Cash? ¿A un otoñal disco acústico publicado pocos meses antes de que la parca extendiera su guadaña y se llevara a uno de los seres más auténticos que han existido? ¿A un disco que incluía una composición de Simon & Garfunkel, una versión de John Lennon, otra de Depeche Mode, otra de una leyenda del Country llamado Hank Williams que falleció hace como seis décadas, y para rematar una popular tonadilla irlandesa?

No parecen las mejores referencias para engrosar un archivo en el que abundan las reseñas de Korn, Burzum o Rammstein.

Pero amigos, este es Johnny Cash, el hombre que actuó en las prisiones de Folsom y San Quintín, el hombre que utilizaba las cajas de madera de sus guitarras para esconder las pastillas, el hombre que puso su voz a estremecedoras versiones de personajes como Trent Reznor, Glenn Danzig o Nick Cave, el genuino MAN IN BLACK.

Y “The Man Comes Around” es el último trabajo que editó en vida. El cuarto de la serie “American Recordings”, con la que el productor Rick Rubin le devolvió en los noventa a la actualidad, rescatándole de los circuitos de “oldies” americanos, de los platós de programas televisivos para nostálgicos en los que deambulaba, con una ilusión similar a esas alturas a la del personaje que interpreta Micky Rourke en “El Luchador”.

Aquí no se escucha una sola nota de guitarra eléctrica, ni un redoble de batería. Pero cuando la voz sobrenatural del viejo roble centenario se funde con la angelical entonación femenina de la cantante Fiona Apple en la versión de “Bridge Over Trouble Waters”, cuando el general Cash capitanea la batalla de instrumentos de cuerdas en el tema título, cuando, en su sabiduría heredada de una infancia en los campos de algodón de los Estados del Sur pronuncia aquello de “Veo las amapolas extendidas por la colina” en el tema “I Hung my Head”, sabemos que el maestro está percibiendo mucho más de lo que nos cuenta, que estamos ante un verdadero titán de la interpretación, ante el genio que una vez siguió el consejo de su profesora de canto: “No dejes que nadie pretenda enseñarte a cantar, sigue el dictado de tu interior”.

Johnny Cash sabía que tenía un don, y lo explotó hasta el final de sus días. El tiempo se detuvo para mí, y para varios miles de fans que celebrábamos dos jornadas de delirio rockero en una de las primeras ediciones del Azkena Rock en Vitoria, el día que el corazón del Hombre de Negro dejó de latir. La campa de Mendizabala fue testigo del homenaje que varios músicos comenzaron a hacer sobre la marcha aquel 12 de septiembre de 2003: Por los acordes de las guitarras, por los discursos de los artistas supimos que el creador de “I Walk The Line”, “Folsom Prison Blues”, “I Still Miss Someone” y tantas joyas inmortales acababa de fallecer, bajo el cielo de Kentucky, bajo las estrellas de Tennesse, que su infinito talento reposaría para siempre, fundiéndose con la tierra en las extensiones cultivadas de Georgia.

Este es el hombre que sin ningún complejo llevó canciones clásicas del rock moderno como “Rusty Cage” o “Hurt” a otra dimensión, que haría llorar a cualquiera con un mínimo de sensibilidad al entonar el estribillo del “One” de U2 –aquello de “We are one but we are not the same”-, que cantaba con una profundidad o una fuerza capaz de acallar las trompetas del día de Juicio Final.

Quien crea que exagero o que estoy desvariando que vea la peli “Amanecer de los Muertos”, versión 2004, la mejor peli de zombies que se ha realizado en mucho tiempo, y alucine con esas estremecedoras escenas iniciales, el mundo entero sucumbiendo ante el ataque de los devoradores de cerebros en unas caóticas imágenes en blanco y negro, con la apocalíptica música de fondo de este coloso. Curiosamente el director no necesita recurrir a Slayer para ilustrar la llegada del Apocalipsis al planeta Tierra.

De su larguísima, inabarcable discografía, rescato, insisto, la última de sus obras de arte. Aquí está el “Hurt” de Trent Reznor, aquí están los colchones orquestales sobrecogedores, la voz del trueno, la sapiencia del intrépido que se ha asomado a volcanes, el dolor redentor con que canta esa sepulcral “First Time I Ever Saw your Face”, la dulzura de “Danny Boy”, la fuerza de esa gloriosa “Sam Hall”, el standard country “I´m so lonesome I could cry” del abuelo Williams… Su nieto Hank III, por cierto, compagina hoy en día una muy recomendable carrera en solitario con sus grabaciones en Superjoint Ritual, proyecto paralelo de los Down de “un tal” Phil Anselmo. Y Jeff Walker, de Carcass, utilizó como apertura en su experimento "Welcome to the Carcass Country" una versión de la misma "The Man Comes Around". Todo encaja como veis. Savia poderosa de la que se nutren árboles imponentes.

No necesito alargarme más, esta reseña parte de un espontáneo impulso interior de traer a este rincón de excelente música a uno de los padres del invento. Es Johnny Cash. Sobran las palabras. Cinco Cuernos, y porque no le puedo dar diez.

Johnny Cash: Voz, Guitarra Acústica
Randy Scruggs, John Frusciante, Smokey Hormel, Marty Stuart, Mike Campbell: Guitarra Acústica
Benmont Tench, Billy Preston: Piano
Laura Cash: Violin
Jack Clement: Dobro
Terry Harringtom: Clarinete
Don Henley, Fiona Apple: Voces
Joey Waronker: Percusión
Roger Manning Jr: Teclados, arreglos orquestales

Sello
American