John 5 - The Devil Knows My Name

Enviado por HaKi Stargazer el Sáb, 06/02/2021 - 09:41
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Por extraño que parezca, existe una parafernalia que gira en torno a asuntos que podrían herir la sensibilidad de mucha gente, por ejemplo, aquello que rodea a las historias de asesinos seriales y la metodología con la que realizaban sus crímenes. ¿Cuántas veces no hemos visto películas, series de televisión, literatura, pinturas y hasta música inspirada en estos acontecimientos?

El presente álbum instrumental es una suerte de “dedicatoria” a algunos criminales y revela el gusto de John Lowery, mejor conocido como John 5, por la estética de lo mórbido. Claro, no es que trate de vanagloriar a estos bastardos, pero sí que ofrece una interesante perspectiva sobre lo que transita dentro de la cabeza del músico. Esa inclinación por lo "extraño" resulta mala para unos, pero genial para otros (similar al caso de Buckethead). Vaya, que son cosas de freaks que pocos entienden.

John 5 no es un tipo que siempre esté tratando de proyectar una imagen vinculada al shock rock, no, señor. Detrás de todo ese maquillaje se encuentra un artista muy aventurero que no tiene miedo a adentrarse en lugares que podrían no parecer tan cómodos para alguien con un aspecto como el suyo. En su más que interesante currículum vitae podemos encontrar colaboraciones con variedad de artistas que van desde los 2wo de Rob Halford hasta el mismísimo David Lee Roth; también hay contribuciones a bandas sonoras de películas serie B y composiciones para reputados rockeros, tales como Scorpions, Lynyrd Skynyrd o Steve Perry.

Por si las dudas, pueden pedirle referencias a Marilyn Manson o Rob Zombie, músicos muy orgullosos que ejercen mano dura en sus respectivas bandas, pero que saben darle el crédito a quien de verdad lo merece (ambos líderes siempre hablan maravillas del oriundo de Michigan). Además, ya es bastante mérito de parte de John 5 el haber aguantado a alguien tan controvertido como Manson, pues no son pocos los comentarios sobre su tensa relación laboral (incluso hubo una ocasión en la que casi llegan a los golpes).

Pero dejemos de comentar estas cosas y concentrémonos en el contenido que hoy nos trae aquí, pues no son pocas las curiosidades que vamos a encontrar. Primeramente, hay que hablar de los colegas que acompañan a John en este álbum que, al igual que en su Songs For Sanity, ayudan a aumentar la calidad. Armado con su fiel y hermosa Fender Telecaster, Lowery se lanza al ataque junto a músicos como Eric Johnson, Jim Root, Joe Satriani, Matt Bissonette y Tommy Clufetos. Ni siquiera tiene sentido resistirse al primer embiste de estos monstruos (ya se sabe que nos tienen ganada la batalla desde mucho antes de comenzar).

A pesar de lo anterior, este álbum no se salva de ciertos defectos. Hay algunas momentos que llegan a desconcertar un poco, y no porque sean tétricos o algo por estilo, el problema es que paran en seco el ritmo por el que nos llevan las canciones más pesadas. Indudablemente, esto deja esa molesta sensación similar a cuando YouTube te interrumpe una canción con un estúpido anuncio.

Seré específica: “Bella Kiss” se escuchará todo lo bonita y compleja que quieran, pero al estar entre “27 Needles” y un portento llamado “Black Widow Of La Porte” se percibe como un relleno muy chocante; mismo caso con “Harold Rollings Hymn”, interludio que evoca las palabras recitadas por el convicto Danny Rolling antes de ser ejecutado y que no negaré que es tétrico, pero que no te pierdes de nada si lo omites; también está “Young Thing”, un cover de Chet Atkins que, si bien sirve para mostrar lo hábil que es John en el country, parece más un momento de broma que termina cortando el rollo. ¡Rayos, mentiría si no digo que cada que escucho estas canciones termino presionando el botón de "adelantar"!

Aunque el cover de la archiconocida “Welcome To The Jungle” se siente normalito, es posible hallarle el punto. Quiero decir, no es algo del otro mundo, pero es una toma interesante que vale un par de escuchas. Lo que llama la atención es el trabajo de John con el pedal wah-wah para emular el canto de Axl Rose, aspecto que podría parecer fácil, pero que requiere de mucha práctica (la pobre Telecaster debió haber quedado muy adolorida después de las sesiones de grabación).

Una vez dejadas atrás las fisuras, hablaremos de la genialidad que es el resto del álbum. El viaje comienza con “First Victim”, una pequeña introducción cuya distorsión en forma de sludge nos lleva hasta el fondo del Averno en donde se encuentran los condenados. Una vez abajo, nos encontramos con “The Werewolf of Westeria”, título que se basa en uno de los apodos que le dieron a Albert Fish, infame asesino, abusador y caníbal americano que tuvo más de 100 víctimas en su haber. La canción tiene a Joe Satriani como invitado y, si lo han escuchado lo suficiente, van identificar fácilmente los momentos en los que interviene (siendo muy obvio el que acontece en el minuto 5:20).

“27 Needles” sigue con otra mención a Albert Fish. Su título proviene de las radiografías aplicadas al lunático durante su detención en las cuales se encontraron aproximadamente 27 agujas insertadas alrededor de su zona pélvica, algo que, de manera perturbadora, le provocaba mucho placer; de forma conveniente, la música es lo suficientemente agresiva como para hacerle honor a este repugnante ser e incluso las pinceladas de country que aparecen en momentos específicos se sienten en consonancia con la vibra que transmite el tema.

En otra zona del infierno nos encontraremos con Belle Gunness, mujer conocida por deshacerse de sus maridos con la finalidad cobrar sus jugosos seguros y seguir acumulando riquezas, además de que solía atraer a muchos pretendientes adinerados para después matarlos y quedarse con sus pertenencias. Es el mote de esta señora el que le da el título a la que, probablemente, es la canción más célebre del guitarrista: “Black Widow Of La Porte”. Esta es una potente combinación de riffs y punteos que contienen cantidades muy precisas de técnica y melodía, algo que puede ser mortífero si no se maneja con cuidado; tal composición no es exclusiva de John, ya que comparte el crédito con Jim Root, guitarrista que le agrega mucho a la fórmula dejando de manifiesto que le falta explotar al máximo su potencial en la banda de los enmascarados de Iowa.

Por otra parte, si han visto The Texas Chain Saw Massacre o leído The Silence Of The Lambs, deben saber que sus respectivos villanos, "Leatherface" y "Buffalo Bill", están inspirados en las siniestras acciones realizadas por Ed Gein, apodado como “El Carnicero de Plainfield”. Ed era un "artista" que elaboraba diversos objetos con partes de cuerpos humanos y solía sacar su material de varios cadáveres que conseguía profanando tumbas. De tal forma, esa conducta tan demencial da nombre a “Dead Art In Plainfield”, una canción que a primera escucha se podría sentir un poco más tranquila, pero que al menor descuido les atrapará con sus efectos a lo Tom Morello para después soltarles mortales ataques de sweep-picking.

Hay que resaltar el espléndido desempeño por parte de la base rítmica; no me había detenido a hablar de esto, pero la batería de Clufetos y el bajo de Bissonette son sensacionales y aumentan mucho el poder en los temas. Por ejemplo, examinen el uso del doble bombo en "Dead Art In Plainfield" y hasta van a encontrarse con unos potentes blast beats. Yo a eso, colegas, lo siento igual que fuegos pirotécnicos de la más alta peligrosidad.

“The Washing Away Of Wrong” es otro de los temas fuera de serie dentro del álbum. Aunque aquí no hay referencias a algún asesino, sí se nos va a inyectar un letal solo de guitarra preparado por el mismísimo Eric Johnson, músico que no precisamente está relacionado con el metal, pero que sabe entregar preciosas composiciones con un nivel de complejidad digno del género. Que tal colaboración no les sorprenda, ya que ambos músicos se han demostrado un mutuo respeto en varias ocasiones e igualmente comparten el gusto por el country, el bluegrass y Stevie Ray Vaughan, entre otros. Punto extra para esta composición por integrar una parte de banjo de manera genuina sin que se perciba ajeno al estilo.

Al final del camino se nos coloca “July 31st (The Last Stand)”, creación de aires industriales con la que John rememora sus tiempos junto al “Anticristo-súper estrella”. A pesar de que este es uno de los temas más sencillos del álbum, no representa un obstáculo para seguir admirando el talento del músico para generar ambientes lúgubres e inquietantes. Como dato adicional: el 31 de julio es la fecha en que murió la última víctima de David Berkowitz, el llamado “Hijo de Sam”.

Comparado con sus anteriores álbumes, este es un trabajo de 4 cuernos que nos exhibe a un John 5 más desenvuelto y con un mayor desarrollo en cuanto a técnica, en pocas palabras: una clara evolución desde su salida de la banda de Manson. Asimismo, se agradece mucho que no esté presente esa típica urgencia que tienen muchos shredders por tirar la casa por la ventana, situación que provoca que las composiciones se sientan casi interminables. La equilibrada ejecución del guitarrista favorece la aparición varios matices, pequeñas extravagancias e interesantes cambios de ritmo en la mayoría de las canciones.

Con un título tan llamativo como "El Diablo sabe mi nombre", este álbum podrá entrar fácilmente en el gusto de los amantes de las piruetas guitarrísticas, aunque no resultará tan accesible para los escuchas ocasionales. Tal vez no sea la octava maravilla del mundo ni tampoco traiga algo nuevo a la mesa, pero calidad no le falta. No dudo en recomendarlo a quienes quieran tener un momento de desenfado o para escucharlo mientras hacen destrozos a su alrededor. Venga, suelten a ese animal que llevan dentro, sólo no vayan a lastimar a alguien...

John 5 - Guitarra, Bajo, Banjo
Matt Bissonette - Bajo
Tommy Clufetos - Batería

Músicos adicionales:
Sid Riggs - Batería
Joe Satriani - Guitarrista invitado en "The Werewolf Of Westeria"
Jim Root - Guitarrista invitado en "Black Widow Of La Porte"
Eric Johnson - Guitarrista invitado en "The Washing Away Of Wrong"

Sello
60 Cycle Hum