The Jimi Hendrix Experience - Are You Experienced?

Enviado por Cuericaeno el Lun, 30/03/2015 - 16:24
2238

Cara A:
1. Foxy Lady (3:19)
2. Manic Depression (3:42)
3. Red House (3:42)
4. Can You See Me (2:33)
5. Love Or Confusion (3:11)
6. I Don't Live Today (3:55)

Cara B:
1. May This Be Love (3:11)
2. Fire (2:43)
3. Third Stone From the Sun (6:44)
4. Remember (2:48)
5. Are You Experienced? (4:14)

Pistas adicionales:
6. Hey Joe (3:30)
7. Stone Free (3:36)
8. Purple Haze (2:51)
9. 51st Anniversary (3:16)
10. The Wind Cries Mary (3:21)
11. Highway Chile (3:32)

Si los ’50 fueron la simiente del Rock ‘n’ Roll, el posterior decenio no se quedaría tampoco para el olvido, pues el tiempo otorgaría a los efervescentes ’60 el merecido título de ser también, como su predecesora, una de las décadas más importantes de la historia de la música contemporánea.

En la era del ácido, en pleno estallido de la contracultura del Verano del Amor, se alzaron varios pilares en forma de agrupaciones musicales, que juntas construyeron una forma de expresión que fue todo un fenómeno, el llamado Blues Rock o Rock Psicodélico, principalmente a cargo de combos como Cream, The Doors, Jefferson Airplane o los aquí presentes, The Jimi Hendrix Experience.

Aunque está claro que es innegable la valía de todo el line up, más claro está que hablar de The Jimi Hendrix Experience es sobre todo hablar de la persona que dio nombre y razón de ser a esa ‘experiencia’, el que ha sido, es y será considerado por siempre como uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, el irrepetible Jimi Hendrix.

Su conocimiento y dominio de la guitarra eléctrica eran tales, que parecía que él y su instrumento compartían genoma, que ambos eran una sola entidad, siendo las seis cuerdas el traductor simultáneo, instantáneo, de toda esa magia que Jimi escondía en su alma, y que no formaba parte o iba más allá de sus palabras, de su poesía. Su segundo idioma. Él plasmaba en sus riffs y punteos una expresividad, que no se volvió a experimentar ni en aquellos otros genios que tuvieron la oportunidad de explotar aquella materia prima que sacó Hendrix fuera de sí. No lo consiguieron, pues ese lenguaje de sus cuerdas parecían conjuros que sólo podía manejar el Mago Negro, ya que se convertían en brillantes sucedáneos, pero subproducto al fin y al cabo, en las manos de otros.

La primera y para mí mejor muestra de todo ello y más es el Are You Experienced?, el LP debut de la banda, que considero de más calidad y autenticidad que discos más conocidos de su catálogo como Electric Ladyland, sin menospreciar ni ésa ni aquel Axis: Bold as Love que completaba las tan sólo tres joyas de estudio que pasaron por las milagrosas manos del ambidiestro (sin contar, obvio, todo ese material póstumo con el que aún nos siguen bombardeando).

Uno de los aspectos que más me chiflan de este disco es su producción tan cruda, tan orgánica (a cargo de un acertadísimo Chas Chandler), ideal para retratar con absoluta fidelidad esa naturaleza espontánea y salvaje de la música de Hendrix y los suyos. Aún sorprende a oídos de hoy la irrupción del mastodóntico Foxy Lady, el cómo nos sacude ese riff que quizá era lo más Heavy Metal que sonaba por entonces, decenios antes de que se oficializara digamos tal término, y que tal vez por ese guitarreo citado fuera por el que se dice que nació el mismo, a raíz de aquel periodista que dijo que la música de Jimi Hendrix era “como metal pesado caído del cielo”. Foxy Lady lo tiene todo, pues es seductora a la vez que aplastante, sutil y rotunda al unísono, contribuyendo en lo primero el de Seattle al micro, susurrándonos en la oreja izquierda, piropeando y fantaseando, y en lo segundo el resto del combo zarandeándonos (además del mismo Hendrix hacha en ristre, obvio). Volviendo a lo que iniciaba este párrafo, aquéllos eran tiempos muy anteriores a la sobreproducción; ahí podemos escuchar a la banda sin trampa ni cartón, a Hendrix aclarar su garganta entre verso y verso, y en general a la formación sonando tal y como fueron, asistiendo el oyente en directo al parto de aquella obra en el estudio. Además de la composición y ejecución en sí, que sin duda cuenta, esa naturalidad de la grabación es la que hace atemporal y eternamente viva a esta pista de apertura, además de las siguientes, las pinches en el siglo XX o XXI.

El bizarro ritmo que construye Mitch Mitchell con sus parches en la demencial Manic Depression es para ponerlo en relieve también, otra muestra de la maleabilidad, de la capacidad del combo de hacer tan dúctil la receta que tomaron de décadas anteriores de Blues y Rock. De corte más tradicional aunque desprendiendo un algo especial, contrasta a baja luz y con ambiente de humeante club Red House, un Blues de 12 compases traído fiel por el deje afroamericano del artista principal, pero en parte transmutado por esa alquimia del guitarrista que lo revolucionó todo. Decir que de las dos ediciones que se sacaron del disco, la británica (aquí sobre la mesa) y la americana, cada una trae una toma distinta de este tema.

Para no ser demasiado exhaustivo con una obra a la que las palabras siempre le quedan pequeñas, prefiero remarcar dónde para mí se registran mayores picos de calidad, en un trabajo que aun así es tremendo del primero al último segundo. Además de los hits que salieron de aquí, tales como los animados Fire y Stone Free, el ondulante y lascivo Purple Haze o el Hey Joe de Billy Roberts, vale la pena subrayar esa ensoñación puramente sesentera encapsulada en Love Or Confusion, ese solo de la sexta dimensión que pulula en pleno ecuador de I Don’t Live Today, las paradisíacas secciones que el Power Trio nos pincela en May This Be Love, o ese ronco punteo que con rol de riff abre y rige en Highway Chile… Así a lo tonto, al final he comentado casi todos los temas, pero es lo que tiene este disco. No es culpa mía, fue el negro y sus compinches.

Aquí respira y se retuerce tanto aquello que el Rock luego heredó como lo que fue perdiendo con el tiempo, esa plasticidad, elasticidad y espontaneidad que en detrimento fue haciéndose algo más rígida y menos viva, ese rico fractal de sensaciones que por desgracia fue cuadriculándose hasta convertirse en otras formas de expresión también interesantes y emocionantes, pero que habían soltado una serie de lastres que no eran tales, sino buena parte de su esencia misma. Los contoneos guitarrísticos de todo un Purple Haze no se volverían a repetir jamás, ni esa complicidad con el oyente, ni esa capacidad por la que todo elemento del conjunto, por sutil que fuera, entraba en el fondo de todo ser que prestara la debida atención a esta música.

De Jimi Hendrix es increíble lo que llena su legado, a la vez que deja ese vacío cuando pensamos en lo mucho que este muchacho irreverente tal vez hubiera seguido aportando a la música, si no hubiera fallecido a los 27 años por culpa de los excesos, el estúpido talón de Aquiles de tanto grande del Rock. Ingresó en ese aciago Club de los 27, formado por aquéllos que a medida que iban construyendo arte para este mundo se iban destruyendo a sí mismos, hasta coincidir en la misma edad de partida. El eterno maleficio del héroe musical que muere joven, el histórico mal de la ‘J’ maldita que arrastró también a Jim Morrison y a Janis Joplin, que además de esa letra tenían en común con Jimi el hecho de haber roto moldes, junto a lo de haber pasado como estrellas fugaces por este mundo como si realmente pertenecieran a otro, cual si sólo hubieran venido aquí de vacaciones. Como quien no quiere la cosa, su entretenimiento entre mortales construyó monumentos a la música, intangibles e indemolibles, que harían suspirar a toda generación venidera.

Cuando Leonardo Da Vinci murió, un contemporáneo suyo escribió ”Al universo no le quedan fuerzas para crear a otro como él”. Aunque en menor medida por haber dominado un sólo arte, ya por la forma en que lo hizo podría aplicársele esa cita a Hendrix.

No seré yo quien diga aquí lo que se suele decir, que aunque se fue nos dejó su música y tal, ya que este tipo de gente, deja tanto de ellos en sus grabaciones, que prácticamente podemos decir que Jimi Hendrix sigue con nosotros. Contigo cada vez que te susurra al oído esos “foxy lady” por los auriculares, con cada uno que arrime su alma a las notas que arrancó de su guitarra.

Hasta siempre, Mago Negro.

Jimi Hendrix: Guitarra, voz y piano
Noel Redding: Bajo y coros
Mitch Mitchell: Batería

Sello
Polydor