Jethro Tull - The Broadsword and the Beast

Enviado por El Marqués el Vie, 04/10/2013 - 20:17
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1. Beastie
2. Clasp
3. Fallen on Hard Times
4. Flying Colours
5. Slow Marching Band
6. Broadsword
7. Pussy Willow
8. Watching Me, Watching You
9. Seal Driver
10. Cheerio

Durante años he visto esa portada como si Tolkien se hubiera inspirado en el hermano pequeño de Aqualung para hacerle protagonista de un relato de literatura fantástica. A Ian Anderson le daba igual, estaba en su derecho, era tan increíblemente bueno que sentía que no tenía que rendir cuentas a nadie.

Pero el duendecillo está en realidad entornando una mirada perversa, mientras posa sus brazos sobre la empuñadura de la espada, en gesto de absoluto dominio.

Mientras le interesó jugar el papel de bardo medieval, de juglar, de bufón, de personaje cuyas excentricidades convertían al resto de personalidades de la escena progresiva en tipos normales y corrientes, estuvo encantado de contar con la alineación clásica de Jethro Tull, los Barriemore Barlow, David Palmer y John Evan, que supieron musicar como nadie esa fusión entre el Prog, el Folk, el Hard Rock y la música renacentista con que el genial flautista escocés pasó a la historia, al dejar su firma en “Thick as a Brick”, “Minstrel in the Gallery”, “Songs from the Wood”, “Warchild”, “A Passion Play”…, toda su producción de los 70, en definitiva.

Un día miró a su alrededor, y decidió que no estaba secundado por los intérpretes más adecuados para encarar la nueva década. Se despidió de ellos por carta, y renovó a Jethro casi por completo, dejando solo a Martin Barre en la formación.

De las odiseas de los caballos de tiro y la tradicional maquinaria agrícola que había ensalzado en los textos del maravilloso “Heavy Horses”, pasó a interesarse por temáticas más acorde con los tiempos, y publicó, ya con una nueva banda, “Stormwatch” (1979), el disco ecologista de Jethro Tull. Era propietario de tierras y de piscifactorías en la isla escocesa de Skye, y se tomó a conciencia la necesidad de preservar los recursos naturales del Planeta. En el siguiente “A” (1980), dio la bienvenida a la tecnología, grabando un disco con poso futurista, y arreglos tecnificados. Poco quedaba ya del juglar en el anfiteatro, del narrador de canciones folk como “The Rover” o “Velvet Green”, que se recreaba con la flauta, la guitarra acústica y la mandolina.

Sus seguidores conocían de sobra sus extravagancias, y en general le mantuvieron el crédito, aunque nadie quedó muy contento con “A”, un disco tachado habitualmente de frío, impersonal e irrespetuoso con el resto de álbumes de Jethro Tull, que sin embargo resultaría estar muy por encima de posteriores aventuras de concepción similar, como “Under Wraps” (1984) o el debut en solitario de Anderson, “Walk Into Light”, el año anterior.

Curiosamente, justo en mitad de esa inmersión en las nuevas corrientes, dio salida al que seguramente queda como el último de sus discos clásicos, “The Broadsword and the Beast”, un oasis de gran calidad, en el que supo conjugar su interés por los ritmos, sonidos y avances tecnológicos que el cambio de década había traído consigo, con el estilo tradicional de su grupo de toda la vida, legándonos el que es, junto al posterior “Crest of a Knave”, su mejor disco en los últimos treinta años.

Estamos ante otro de aquellos trabajos en los cuales las disposiciones de los temas tenían un sentido, y así, la cara A se abría con “Beastie”, y la B con “Broadsword”, dos grandes canciones, en las que el sonido típico de Jethro se da la mano con el Heavy europeo, presentando ese estilo que con el tiempo derivará en un movimiento muy popular, que contará con grandes bandas, a la vez que con lamentables vulgaridades y repeticiones en serie, llamado Power Metal.

Tenemos perlas de tonalidad mate, en las que se aúnan la fuerza, nacida de una vitalidad renovada, y la melancolía de los viejos tiempos, como “Clasp”, “Flying Colours”, “Pussy Willow”, y “Seal Driver”, baladas y piezas folk que sí nos recuerdan a los Tull de siempre (“Slow Marching Band”, “Fallen on Hard Times”), una pequeña y bella canción de despedida llamada “Cheerio”, que cerrará en adelante los shows de la banda sonando de fondo, al estilo el “We Wish you Well” de Whitesnake, y la peor de todas, “Watching Me, Watching You”; donde Anderson cede el bastón de mando al teclista Peter John Vettese, encantado de alcanzar una erección prolongada con todos sus nuevos juguetes, sus aparatos de programación y sus cachivaches para hacer ruiditos, sin pararse a pensar un momento en que, a lo mejor, estaba traicionando con ello la esencia de una banda intocable. Claro que si el director de orquesta le dejaba y le reía todas las gracias…

Anderson y sus muchachos presentaron en España este disco en el 82, en unos conciertos muy recordados por quienes tuvieron la suerte de presenciarlos, con el flautista metido en su papel de trovador que escenificaba cada canción, ya fuera portando una gran espada, o a sus hombros un muñeco, inspirado en el gnomo de la portada, al que se le iluminaban los ojillos en el tema “Beastie”, en una serie de trucos escénicos sencillos pero imaginativos, de los que artistas como Maiden o Dio tomarían buena nota.

No en vano, es el juglar de las tablas, el hombre que, como todos sabemos, siempre será demasiado joven para morir, aunque muchos le vean como demasiado viejo para tocar Rock and Roll. Y el estilo que creó era tan particular que apenas ha podido ser imitado, excepto en el caso de The Broadsword and the Beast , al que yo siempre he visto como el trabajo que patentó ese estilo en que, años después, Blind Guardian, Helloween, Gamma Ray y el resto de la saga terminarían siendo unos héroes.

Ian Anderson: Voz, Flauta, Guitarra Acústica
Martin Barre: Guitarras
Gerry Conway: Bateria, Percusión
Dave Pegg: Bajo, Mandolina
Peter-John Vettese: Piano, Sintetizadores

Sello
EMI