Iron Maiden - Prisoners Live at Reading Festival 1982

Enviado por Hawkmoon el Mar, 20/11/2012 - 15:58
7

CD 1:

1. Murders in the Rue morgue
2. Wrathchild
3. Run to the Hills
4. Children of the Damned
5. The number of the beast
6. 22 Acacia Avenue
7. Drum solo - Clive Burr
8. Transylvania
9. Guitar Solo - Dave Murray
10. The Prisoner
11. Hallowed be thy name

CD 2 :

1. Phantom of the Opera
2. Iron maiden
3. Running free
5. Sanctuary
5. Drifter
6. Tush (with Blackfoot)

Grabado, en forma de bootleg, el 28 de Agosto de 1982, en el mítico festival de Reading, (movida que acabaría en manos del reino alternativo, pero que encumbró a lo mejorcito de la élite rockero-metalosa del momento), "Prisoners Live at Reading Festival 1982", se la pondría dura hasta al fan más exigente de la doncella, nene.

Un poco de palique histórico, sobretodo para el rezagado.

"Iron Maiden", el debut rompe-pelotas, y "Killers", la constatación, el fruto al esfuerzo, convirtieron el sueño de un jovenzuelo Steve Harris en realidad.

Se podía, y sin problemas, fusionar la pegada de unos, pongamos, Judas Priest, Motörhead, Sabbath o Purple, con un rollete más progresivete, más danzarín, más creador de atmósferas (antes que destructor de ellas)... pero sin renegar, ni de puta broma, jamás, de la adrenalítica ira, del aura velocista, del movidón cuerta-cuellos y heavy-metálico.

Los Maiden de la era Di'Anno fueron perfectos. Lo mejor... para el momento. Pero para hacer una tortilla hay que romper unos huevos. Siempre es así. Y los huevos que se pasaron por los del colador fueron los del vocalista, más ocupado por aquel entonces en follarse a todo bicho viviente, en beber todo lo posible y en esnifarse media Colombia. Los huevos se rompen, y sale Bruce Dickinson, mendas que ya demostraba su nivel al frente de los Samson, pero que iba a romper la pana como nuevo voceras en Iron Maiden.

La leyenda, chatín, daba comienzo.

Si hasta el momento, hasta la fecha, Iron Maiden habían sido enormes, ahora le iban a meter una patada en el culo al mismísimo Diablo.

1982 marca el momento de la subida al trono de Iron Maiden. Trono del que, incluso entregando discos de dudosa calidad, de nula osadía y aburrida naturaleza con el paso de los años, no se bajan ni a tiros. Los más grandes, colega... incluso en las horas más bajas.

Pero aquí no se tocará el temita de las horas bajas...¡Hablamos de los Maiden de 1982!

Vivimos el momento en el que los dioses del Heavy Metal bajaron a la tierra y le dieron poderes a cinco melenudos; el momento en el que nació, y de forma eterna, la música más agresivo-molona que ha parido ningún ser humano. "The Number of the Beast", disco histórico, repleto de himnos, de momentos que no se perderán jamás, que sobrevivirán a la banda, a sus nietos, y a los de los tuyos, se presenta y, normal, la vida del metalhead se paraliza, se parte en dos.

Ya existe la línea, la frontera, el rey a destronar. El listón a batir por toda una generación. Y diez.

Ya hay una misión en la vida: Empuñar una guitarra y emular a Iron Maiden (cosa nada fácil, por cierto, por mucho que millones de clones, y fans, no quieran verlo).

Británicos cabrones, insufladores en vena de adicción sónica imperecedera, padres del Heavy Metal que cambió las cosas por siempre, que mutó y satanizó, a todos los niveles, nuestro reino.

El año en el que Iron Maiden convertían en títere al mismísimo Lucifer, se hacían, de regalo, con el corazón de todo metalhead (si no te molan los Iron Maiden ochenteros, colega, es que no eres metalero).

¿Pacto demoníaco? Nada de eso. Amenaza al de rojo en toda regla. Menudos cojones tiene el cuatro cuerdas, nene. "Nada de pactos, cornudo. Nos conviertes en la banda definitiva o te metemos una paliza que te dejamos para el arrastre los próximos cinco milenios". Métodos de la armada West Ham, chaval. Amenaza, mirada acojonante y el propio talento como para no depender de pactos. Iron Maiden, desde siempre, han navegado solos, contracorriente. Y los hechos dan fé de que nadie es mejor capitán que Harris. Bajista-compositor-alma de directo-padre de criatura-icono-musicazo, eterno.

Aquí, estampada en directo no-oficial (menuda mamonada, pues el trabajo, tal y como suena, habría sido una previa cojonuda al "Live After Death"...un disco que le habría puesto las cosas difíciles al legendario trabajo de 1985 en el caso de haber sido oficial, de haber sido catado, y en su momento, por miles de exigentes paladares), la crónica de una de las batallas más cruentas y gloriosas de su mítico tour del 82.

Bruce recién llegado, teñido de rubio, disfrazado de extra en un clip de sus rivales Priest... y preparando su garganta para convertirse en maestro de maestros, en símbolo vitalicio, en ejemplo y héroe... en el cantante, y se ponga quien se ponga ante el micro, por autonomasía de la doncella. "LA VOZ", con maýusculas, y con 24 añetes, en la flor de la vida, afilado como una de esas espadas con las que tanto disfruta, y portando el estandarte vocal, y la imagen, del combo estrella de la N.W.O.B.H.M.

Cojones, humor y genialidad. Tres virtudes, además de talento, que harán de Bruce un dios, y de Iron Maiden, por siempre, una religión.

"Venga, colega, que tocan los Maiden. Traen nuevo vocalista. Un tal Bruno Dickson...o algo así. No será como Paul, ni de broma, pero seguro que nos entretienen".

Ya empieza el show.

La adrenalítica "Murders in the Rue Morgue" y la irosa "Wrathchild", diferente a nivel vocal, como más chirriante y eléctrica, ambas justo después de la intro "The Ides of March", rompen el hielo, y tu espina dorsal, de puro y duro gusto. La voz de Bruce, protagonista total, que entierra el sonido de las guitarras (y el legado de Paul), pero que no puede con el de la batería y el bajo, despeja toda duda respecto al futuro del grupo. Sonido de lo más molón para ser un bootleg, e interpretación que se sale. Mucho se jugaban los Maiden de 1982 en Reading. Y se nota. Nerviosos, pero dotados. Técnicos y punzantes. Sonando de puta madre, vamos. El sonido, sobretodo con el primer tema, no está demasiado pulido, pero no hay que preocuparse, pues es cuestión de minutos, pocos, para que la cosa suena semi-oficial. Y bien redonda.

"Run to the Hills", sin duda uno de los cinco temás más icónicos de los británicos, despega ya. Resulta gracioso escuchar el temita justo empezando el show y no en los bises, como es lo habitual. Pero, claro, toda leyenda tiene un comienzo, cada track sacro debe de entrenar, de sonar ante la audiencia para pasar el test del tiempo. Y, chaval, no veas como entrenaron los Maiden a "Run to the Hills". Me río yo de la musculatura de Arnie en "Conan El Bárbaro". El bajo de Steve, bien presente, merodeando, saltarín, marcando el camino a seguir, y el resto, sabiéndose futuros reyes, ya se esmeran por sonar dantescamente cojonudos. Bruce apunta alto, grita, abre su bocota de dientes imposibles y, ala, escupe oro sónico. Agudos inmortales, causantes, seguro, de la alopecia de su rival, Mr. Halford.

Turno para la sobresaliente "Children of the Damned", de mis predilectas, una de las canciones que más me llegan, que más me emocionan. Debería de ser una fija en los set-lists. No se puede crear cosa más bella, más intensa, más desgarradora. Vampiros acústicos que se tuestan al sol, que pasarán de ser polvo a notas de alucine, y que cuentan con el apoyo de un Adrian soberbio, un Dave en su línea, perfecto, un Harris sin igual y un Clive Burr, el batería perfecto para Maiden, demostrando su calidad, su enorme nivelón. Técnica y presteza, y al servicio del mejor Metal, y de la mejor banda posible. El bootleg nos pone en primera línea, en la primera fila, para que Bruce peine nuestra cabellera hacia atrás. Ventiscas, huracanes, maremotos...y todo ello salido de una garganta. La polla.

"The Number of the Beast", "22 Acacia Avenue", "Transylvania" y "The Prisoner", que además son adornadas y secundadas por soletes de batería y guitarra, se hacen ya con la parroquia por entero. Una multitud hipnotizada, de rodillas, y por siempre. La forma de componer, de interpretar, de sentir, de transmitir... pelos de punta.

Hasta con un sonido no enteramente perfecto, joder, Maiden cuajan un show perfecto. Parece que estés allí mismo, sudando la goteja gordota, puño en alto, cuernos bien visibles. Orgánicos, joder. Cada canción, cada fragmento del álbum que vives, es un regalo. Olorcilla a sobaco, el calor de los focos, el clamor de las masas. Todo se vive aquí.

Hora de ponerse serios. Toca lo de perder el cabézon, hermano. Pero no estés triste, hay melodia para tan triste momento. Un pedazo de track que ni te imaginas: "Hallowed Be Thy Name". Para muchos, el mejor tema de la doncella. Un vaivén, un lienzo con mil trazos, un videojuego de mil pantallas. Capas, capas y capas. Cebolla metálica, que contiene una sorpresa trás otra. Y otra trás otra. Y, así, hasta Navidad.

Cambiamos el cd. Los Maiden necesitan de un descanso. Y nosotros, que lo necesitamos más, no nos quejaremos. Pero no te relajes demasiado, pringao. Maiden están a nada de volver a salir, y ya no tratarán, com han hecho hasta el momento, de mordernos. Ahora toca lo de engullir fans. Para quedárselos, por siempre, a vivir dentro de su enorme barrigón.

El recuerdo de Paul no muere. Muchos, un buen montón, están en el show por lo que les ha dado la banda junto al huraño pelicorto, al punk metálico más molón, y Bruce tiene que demostrar que, además de ser técnicamente lo mejor que le podía pasar a Iron Maiden, tiene personalidad, carisma, arrojo. Que funciona tan bien, o mejor, que el primer papá vocal de "Prowler", vamos. Y así es.

"Phantom of the Opera", cima del momento bises, y el himno "Iron Maiden", infaltable, junto a "Running Free", "Sanctuary" y "Drifter" (con el momento "entretengo a los fans con mierda típica de frontman al uso" cortando mogollón el rollete), suenan de acojone, directas, lanzadas con cuchillos, desafiantes, sin perder el poso urbano de Paul, pero con el plus épico, el rango vocal y la nueva dimensión que aporta Bruce. Suenan como siempre, pero mejor. Bruce eleva el nivel. Y la banda, celosa, se pone a la altura. Retroalimentación, energia pura, circulo vicioso.

"Tush", interpretada junto a Blackfoot, banda con la que giraron por los States, finiquita el mega-show. Mola lo de escuchar a los Maiden tocando en vivo una versión. Y en pleno tour (cosa que rara vez han hecho).

Un señor directo, un pedazo de historia.

Iron Maiden convirtiéndose, por decreto, por siempre, en dioses. He aquí la tercera hazaña de nivelón, el tour que le hizo crecer las melenas a toda Europa. El momento del cambio.

¿Quién manda? ¿Purple? ¿Zep? ¿Sabbath? ¿Priest? Puede que todos ellos. Eso sí, hasta 1982.

De ahí en adelante, el cuero pierde su brillo, la tachuela se convierte en muñequera de tenista, el calcetín se impone sobre la malla y Bruce, Steve y demás, se elevan hasta el infinito.

4 cuernos (bajos) para el testimonio cipotón. No suena a "Live After Death", pero es un bootleg de oro. Bruce suena de lujo y el resto, según el momento, defienden con soltura sus movidas.

A falta de un directo oficial con Burr, el mejor batería de la doncella, bueno es el invento que nos ocupa. Algún crujido, algún acople...pero todo un deleite para el buen maidenista.

Grandes. Enormes. Superiores. Maiden. Y en 1982. Imagina.

Bruce Dickinson: Voz
Adrian Smith: Guitarra
Dave Murray: Guitarra
Steve Harris: Bajo
Clive Burr: Batería