Iron Maiden - Maiden England 2014, Barcelona

Enviado por M.G.Steinbrüggen el Jue, 29/05/2014 - 21:36
7

1. Moonchild
2. Can i play with madness
3. The prisoner
4. 2 minutes to midnight
5. Revelations
6. The trooper
7. The number of the beast
8. Phantom of the opera
9. Run to the hills
10. Wasted years
11. Seventh son of a seventh son
12. Wratchild
13. Fear of the dark

Bises

1. Aces High
2. The evil that men do
3. Sanctuary

Incluso siendo verdad que todo frontman siente miedo antes de saltar a un escenario por muchas veces que se haya enfrentado al público, ni siquiera con una audiencia como la de aquella noche, Bruce iba a asustarse. No recordaba el set list ni mucho menos rezaba, simplemente miraba a través de la cortina la actuación de sus “teloneros” (Que ridícula queda esa palabra cuando se usa con los legendarios “Anthrax”), tras de si tenía a ese famoso e inseparable trío de guitarristas tomando unas cervezas de marca maidenesca con Niko, en aquel momento tenían como maestro de ceremonias a Murray entonando una nana para borrachos. Un poco más atrás y sentado sobre una caja se encontraba Steve Harris observándolos a todos con un aire de liderazgo, quizás pensando en toda la responsabilidad que para ellos significaba esta gira. ¿Como alguien con una apariencia tan grotesca podía ser la viva imagen de la old school? Y no era tan solo una imagen, pues era además la leyenda más viva de esta.

“Menudo estado de forma el de Belladona” pensaba Bruce mirando a los americanos. Era des de luego muy emocionante el ver como aún alguien podía dar música cinco estrellas dentro del famoso e idolatrado Big 4. Se entristeció con ese pensamiento recordando como cayeron el año pasado Jeff junto con su antiguo amigo Clive Burr... tanto la muerte de Jeff como la marcha de Lombardo en Slayer, dejaba a “Anthrax” como dueños y señores del directo thrasher, y eso es lo que demostraban Belladona y sus descerebrados en el escenario con míticas piezas del “Among...” en las que destacaría una sentidísima y violenta “I am th law” o una “Indians” imprescindible en el set list . También hay que destacar una “Got the time” que cabalgaría en solitario representando al “Persistence of Time” (Motivo para tirarle de las orejas a todos ellos). Intentando no hacerse visible para el público, Bruce vio finalizar ese primer concierto luchando por no saltar al escenario poniéndose codo con codo con Joey a entonar el estribillo de “TNT”. Anthrax había dejado el listón muy alto , y eso suponía una competencia sana para el frontman de la doncella. El año anerior, Anthrax fueron los que mejor sonaron en prácticamente toda la gira del Sonisphere y eso les escocía a los de Harris. Los grandes protagonistas tendrían que estar a la altura de lo que se estaba haciendo en aquella velada.

Tras charlar con los agotados “chavales” de Anthrax, hubo unos cuantos minutos de silencio que precedían a la actuación estelar de aquella noche. Bruce tuvo tiempo para reflexionar un poco. Hoy tocaba Barcelona, y eso en el fondo le importaba un pepino, lo único que cambiaba era el color de la bandera que tendría que levantar en un momento dado para hacer la gracieta. Barcelona, Estocolmo, Buenos Aires... ¿Cuando dejaría de pilotar ese avión de un lado para otro para descansar de una vez? A veces le venían ganas de proponerlo, hacer una gira de despedida y descansar de esas movidas que habían ocupado toda su vida. Un nombre así grandilocuente tal como lo hicieron los Judas con su famosa gira “Epitaph”, podrían ponerle un nombre a lo “The last ride of the trooper” cobrando por la entrada un ojo de la cara y ya verían luego si es la última o no. Como cada vez, él mismo se llamaba necio por tener esos pensamientos y dio gracias a que Harris jamás pudiera oírlos. Con esos primeros chillidos que hizo cantando “Invaders” en el 83, él se cargó encima una responsabilidad que le obligaba moralmente a tocar noche tras noche con el mismo entusiasmo hasta que su cuerpo dijera basta. Solo algunos privilegiados como Meine, Kiske o el inhumano Arch tenían una voz que no tuviera que envidiar nada a la suya, y prácticamente nadie conseguía conservarla tanto como él. Si, él tenía que seguir tocando indefinidamente como bendición o como condena, del mismo modo que el Ancient Mariner explicaba su historia una vez tras otra.

Por fin empezaron a sonar aquellos versos que le introducían a ese mundo, a su mundo, a ese escenario de altas tarimas por el que él se movía con la misma facilidad con la que un hombre respira. “Seven deadly sins... Seven ways to win... seven holy paths to hell and your trip begins...” Una descarga eléctrica recorrió su espalda cuando la música empezó, dándole el único momento del concierto donde él siempre se sentía un poco vulnerable. Con el sonido del cohete supo que todos sus compañeros estaban saliendo ante el público, y el rugido de la multitud le dio la razón. Empezó a escuchar esos primeros acordes de “Moonchild” y supo que quedaba poco, se puso rápidamente su enigmática chaqueta y subió las escaleras saltando a la tarima que presidiría durante las siguientes dos horas. La voz le salía como siempre, aguda, pero igual que todos sus gestos, demostrando un gran vigor. Dominaba como nadie el hecho de ser el estandarte de un grupo, había influenciado a muchos en ese arte pero nadie lo había igualado, miraba a las primeras filas, pero también miraba a esas últimas filas de las gradas señalando a ese hombre que observaba des de lejos el concierto con una mano en el hombro de su hijo y la otra en su cerveza, diciéndole sin hablar “Esto va por ti”. Inicio superado, eso seguía siendo Maiden, seguía sonando a Maiden, podrían esa noche llevar otra vez a lo más alto la bandera no solo de su grupo, sino también la del heavy metal al que representaban como nadie.

Un nuevo asalto exitoso con “Can i play with madness” que pese a ser de lo peor de su séptima creación sonó increíble y alegra la vida de cualquiera. Esa canción era tremendamente agradecida para tocar tras el inicio, ya que le permitía sin una gran dificultad dar lo mejor de él y de su voz. Harris y Adrian le acompañaban en el estribillo sin dejar su ininterrumpida cabalgada. Justo después, tocó “2 minutes to midnight”.Bruce y Adrian siempre habían deseado esperar a las 23.58 para tocar esa canción, pero los horarios son los horarios... Incluso estando en el mejor álbum que él jamás había grabado sin ser de las mejores de este, se le haría extraño irse de una de sus performances sin tocarla. Al acabar esa canción tocaba un leve respiro más que programado. Al mirar al público detenidamente miró a Harris, “Cuantos enfados he tenido con él. ¡Cuantas diferencias hay entre nosotros dos! Y sin embargo, cuando muera iré sacando pecho por el cielo o el inframundo, diciendo bien alto que en vida anduve codo con codo con el gran Steve Harris” pensó Bruce, avergonzándose de tener esos pensamientos tan cursis que jamás saldrían de su boca. Desde luego que aquel dios de las cuatro cuerdas tenía razón en algo, y lo pensaba cada vez que miraba bien a su público: Tenían que dejarse la vida concierto tras concierto porque hay artistas con más fans, los hay con fans más alocados... Pero ambos sabían que el mejor público y el más agradecido e incondicional que hay es el de Iron Maiden. Habiendo disfrutado de los gritos del público durante un breve rato, dio un paso adelante para comunicar una noticia algo fea, que no sería la primera de la noche. No sonaría aquel día la joya del “Fear of the Dark” llamada “Afraid to shot strangers”.

En su lugar sonó “Revelations”... De hecho sonó increíblemente bien. Dickinson sabía cual era el mejor disco que había sacado, sin embargo tenía afinidad por los dos discos olvidados de su legado ochentero “Piece of Mind” y el dificilmente superable “Somewhere in Time”, en este último encontraba los retos más grandes a la hora de cantar, sin embargo con las canciones del “Piece...” se sentía muy cómodo (Salvo con la primera quizás), disfrutó e hizo disfrutar con “Revelations”, canción a la que además amaba por haberla escrito él mismo, y se emocionó como siempre al disfrazarse y blandir la bandera británica cantando “The Trooper”. No podía evitar reír al ver como los años no conseguían cambiar a Murray, y este seguía cabreando a Harris tocando los solos como le salían de las narices, y a nadie le cabía duda de que lo iba a hacer durante todo el concierto tal como hizo siempre...

Tras su mítica “Number of the beast”, llegó el momento que bruce más anhelaba aunque no fuera una canción hecha para su voz. Subido en su tarima y sintiendose dueño y señor de aquella gigantesca sala repleta de gargantas ya afónicas, lanzó un grito que vaticinaba algo muy grande...”The phantooooooom of the operaaaaaaaaa!”. Con más admiración que envidia reconocía Bruce que el mejor cantante en esa banda había sido él, pero que el mejor disco que jamás sacaron los de Harris fue el homónimo. Defendió la primera parte del tema con sobresaliente y como siempre hacía cuando llegaba una parte instrumental, desapareció de la escena para dejarle protagonismo a sus compañeros que bien se lo merecían. Se hizo un silencio sepulcral y mirando entre las cortinas, Bruce exclamó para sus adentros “¡Noo!, menuda nenaza estás hecha, más de mil veces has escuchado esta canción en directo y sigue saltándote las lágrimas este momento”. Como si Steve hubiera escuchado sus pensamientos dio inicio a la parte instrumental de la canción con esas famosas notas del bajo, haciendo saltar así unas pocas lágrimas que humedecieron el rostro del gran frontman. Acto seguido los tres mosqueteros fueron hasta el limite del escenario para iniciar esa melodía que sonaba de por sí a Maiden, el público saltaba más que nunca, pero no era en eso en lo que el cantante se fijaba en aquel momento, sino en sus cuatro amigos poniendo todos el pie encima del altavoz y tocando con tanto entusiasmo como si aquella noche se tratara del mismísimo “Live After Death”. Que grandes que eran, se quedó embobado mirándoles hasta que le tocó secarse las lágrimas rápidamente y saltar de nuevo a la escena.

El concierto siguió en su línea, en la línea de siempre, con unas espectaculares actuaciones en “Run to the hills” con un gran espectáculo visual incluido y “Wasted years” en la que todos ponían sus capacidades a prueba en la futurista canción del “Somewhere...” Siempre le pasaba lo mismo, le aborrecía la idea de viajar a diferentes sitios para tocar cada día y se ponía reflexivo y a veces triste en el Backstage antes de la actuación, pero cuando quedaba poco para que el concierto concluyera se entristecía y no quería abandonar su hábitat natural. “Scream for me Barcelona!!!!” gritaba continuamente, y se complacía viendo como el público le seguía una y mil veces si era necesario.

Más tarde se preparó junto con sus compañeros para la gran joya que ya tuvieron el año anterior en el Maiden England y que no dudaron en repetir. “Seventh son of a seventh son” fue con mucha diferencia lo mejor del concierto. Disfrutó recitando y cantando esa fantaseosa letra. Le encantaba cantar esas canciones largas con tantísimo sentimiento y una genial historia, aún más le gustaba si la historia era oscura como aquella. Se enfadó por un momento al pensar que no tocaría en directo aquel año tampoco “The rime of the ancient Mariner” ni “Hallowed be thy name”... Solo podían elegir unas pocas de aquellas que ellos dejaban para el final de sus track lists sonando hasta la eternidad y que tanta influéncia habían tenido. El espectáculo visual fue la auténtica delicia de la noche, con una preciosa y gigantesca figura detrás representando al protagonista de la historia y con el ya famoso órgano. Tras tocar “Wratchild” como reacción a lo solemne del último tema, llegó el momento que para él siempre había sido el más crítico de los conciertos, pues ya llevaba un buen pedazo de noche detrás, y un tema como “Fear of the dark” suponía todo un reto. Sus arrugas eran visibles incluso desde las gradas, Adrian y Murray sin sus chupas y sus guitarras parecían más dignos de estar haciendo barbacoas los domingos para sus nietos que no de estar ahí subidos. A Niko le temblaban todas las mollejas de debajo de los brazos al hacer un simple movimiento con las baquetas, Harris cantaba sin abrir la boca dejando que todo el sonido saliera por los agujeros de su dentadura, y des de lo alto Bruce observaba ese espectáculo, que más allá de todo eso, seguía al mismo nivel que el primer día, el de un 11/10. Con las piernas abiertas en postura desafiante observaba una imagen que fue hecha solo para él. El mejor público ante él, y abajo unos compañeros que tocabarían sin cesar hasta que la muerte les separase de sus instrumentos.

Tras un breve descanso en una falsa despedida disfrutó más que nunca con un adiós verdadero con el que retomó la actuación con renovada fuerza cantando “Aces High” y la tremenda “The Evil That Men Do”en la que inconscientemente brincó y corrió como si tuviera quince años y sin darse cuenta hizo de actor además de cantante interpretando aquella letra que tanto le emocionaba. Vio algunos rostros serios al sustituir la canción “Running Free” por “Sanctuary”, especialmente los rostros de ochenteros que compraron las primeras ediciones del homónimo, para los que esa canción no era más que un Bonus track. Comprendió que quizás había sido una cagada despedirse así, negando otra vez a su público escuchar “Hallowed...”. Fuera como fuese, “The frontman” se quedó el último despidiendo a sus fans, pensando para sus adentros una frase muy simple.

“We're blood brothers”.



Ahí estuve yo, Artemis, armando un poco de follón y montando algunas modestas ollas en el concierto de Anthrax con mi amigo des de remotos tiempos Guillem Muñoz. Solamente hay unas pocas quejas como público que fui, y estas son la presencia de según que público más imbecil y a veces ofensivo de lo que se desearía, con algunas faltas de respeto no dignas de un concierto de metal clásico. También me quejo del set list de ambos grupos, por la falta de canciones del “Persistence...” en el concierto de Anthrax y la falta de algunas canciones como las ya mencionadas en el caso de Maiden, aunque claro, yo sería feliz si la actuación de estos últimos hubiese durado cinco horas. Por último hay que hablar del volumen excedido hasta un punto que en ambos conciertos costaba a veces distinguir instrumentos... Ninguna de esas cosas va a separar de su nota a unas de las pocas leyendas que habiendo superado el paso de las décadas no han bajado un ápice de su nivel, a mi parecer, todo lo contrario (En directo). En cuanto nos ponemos serios y echamos una vista atrás, nos damos cuenta de que valorarlos es una necedad.

We're blood brothers...

Bruce Dickinson: Voz
Adrian Smith: Guitarra
Dave Murray: Guitarra
Janick Gers: Guitarra
Steve Harris: Bajo
Nicko McBrain: Batería