Iron Maiden - Fear Of The Dark

Enviado por Cuericaeno el Vie, 01/08/2008 - 20:05
7

1. Be Quick Or Be Dead
2. From Here To Eternity
3. Afraid To Shoot Strangers
4. Fear Is The Key
5. Childhood's End
6. Wasting Love
7. The Fugitive
8. Chains Of Misery
9. The Apparition
10. Judas Be My Guide
11. Weekend Warrior
12. Fear Of The Dark

Aún recuerdo cuando llevé el disco a la caja de aquel hoy desaparecido Virgin de mi ciudad. El guarda jurado cuarentón que estaba al lado del chaval que me atendía, un uniformado ropero de 4 puertas, vio la portada y dijo amigablemente ”Eso debe sonar duro ¿no?”, a lo que yo le respondí con un ”Sí, debe serlo”, pues yo aún no tenía ni idea de lo que escondía esa iracunda criatura tras las tinieblas de aquel su bosque inerte…

Los de Harris se tornaron aún más oscuros, rockeros y desenfadados que en su anterior y marginado No Prayer For The Dying, con una sonoridad más cruda y un Dickinson más áspero, más desgarrado en sus maneras, aspecto que alimentó malos pensamientos y movió estúpidas lenguas que decían que Bruce ya estaba acabado (si supieran todo lo que le quedaba por regalarnos…). Contando en sus filas ya desde la anterior obra con los frenéticos dedos de Janick Gers y proyectando su sonido a tintes más americanizados en cuestión de Hard Rock, Fear Of The Dark veía la luz el 11 de Mayo de 1992, siendo el último trabajo de producción del gran arquitecto sonoro Martin Birch.

Como una ametralladora, las baquetas de Nicko McBrain acribillan la caja para que pronto guitarras y bajo se nos abalancen en un casi thrashero Be Quick Or Be Dead, una especie de hijo demoníaco del mítico Aces High (salvando las distancias, nunca como su ‘padre’). Raudo y salvaje comienzo, con un Dickinson desgañitándose, poniendo toda la carne en el asador desde raucos matices. Trallazo sumo, quizás el tema más bestia de la historia de la banda (parecía tener razón aquel segurata del Virgin, jeje…).

El single llega, como en todo álbum de los británicos… From Here To Eternity es una pegadiza fórmula hardrockera de estribillo efectivo y ritmo vacilón, en el que parece que la banda se influenció mucho por el sonido de Dickinson en solitario, desde que Harris se enamorase de aquel Bring Your Daughter… To The Slaughter del proyecto de Bruce y lo ‘raptase’ con permiso del cantante para hacerlo suyo en No Prayer For The Dying. Pero las luces son bajadas con el siguiente corte, para lo festivo volverse triste con Afraid To Shoot Strangers, una denuncia contra esa barbarie sin sentido que es la guerra, tema favorito del grupo cuando se quieren poner profundos. Una canción que empieza lenta y calma para luego florecer melodías a la cual más grandiosa, y cambios al más puro estilo de la Doncella.

Oscuro y místico se presenta Fear Is The Key, que con tétrica exuberancia se nos pasea con tintes árabes en sus punteos. El tema nos sorprende en su ecuador (más bien nos pilla en bragas) con un ambiguo pasaje en el que parece que a grupo y vocalista se les va la olla un poco/mucho, como inmersos en un trance psicotrópico de liturgia vudú, una especie de delirio soliloquial de ‘aligera que te cojo’. Me hace mucha gracia esa parte, no sé cómo se les ocurrió. ”¡Estamos ya ‘consagraos’, vale todo!” parece que nos dicen subliminalmente. No por ello deja de ser un buen tema, me encanta.

Un redoblante ritmo de timbales nos dibuja el genio McBrain, que con solemnidad casi marcial acompaña a una sentimental melodía, sublime este Childhood’s End y su atmósfera. Dickinson con pasión narra la historia de un desdichado que doquiera que va sólo encuentra miseria, surcando solitario horizontes y océanos en plena ‘muerte de la infancia’, cuando la Vida se muestra tal y como es, con toda su cruel realidad. Excelente melodía-bucle del tema y tajante final. Soberbio.

El desfile de temas continúa su curso, la poderosa balada Wasting Love, el movido The Fugitive (adoro la línea vocal del verso, sobretodo en su calmo principio), el desaliñado y barriobajero Chains Of Misery, que cambia su decadente espíritu a más luminoso en ese fascinante adagio que precede al solo, donde Bruce está inmenso, dejando caer lentamente su último golpe de voz hasta nacer el punteo, que es uno de los mejores solos de todo el álbum (¡con qué emotividad se revuelven esas notas!).

Tras el crudo The Apparition (el cual se me hace un poco pesado, la verdad) llega el tema, que junto al que da título a este álbum, es el que por sí sólo da sobradamente razón de ser a mi reseña: Judas Be My Guide...

Señores, yo a este punto del disco me quito el sombrero, me quito las orejas y las cuelgo en el retablo de Nuestra Santísima Doncella de Hierro, Virgen Mártir de los Dos Tornillos en la Frente. Pues esto ya no lo puede abarcar un sólo alma… Ese comienzo, ceremonioso como las grandes canciones heavies, que ya te avisan ellas solas de su naturaleza histórica (como el preludio del gran The Evil That Men Do); ese primer solo con el que rompe el tema, y su hipnótico rebote de ecos tan ochentero; la rabia de Bruce que desemboca en dulzura en cada renglón del verso, ¡¡ese estribillo!!, la melodía que precede al puente cantado, llevándonos éste al segundo solo, emocionante también… En fin, un tema intenso y perfecto desde que nace hasta que muere.

En mi humilde gusto y opinión no sé cómo Can I Play With Madness?, por ejemplo y sin menospreciarlo, ha estado en los set-lists de las giras por tantos años sin ser una gran maravilla, y a esta joya se la ha sepultado en el olvido y no se le ha buscado el mínimo espacio en un directo. Pues para mí, esta sacra pista 10 del CD es un clásico, un clásico discriminado que no ha conocido escenario alguno.

Cañero y ácido ese Weekend Warrior, aunque se pasea por el álbum con más categoría de graciosa cara B que de un tema digno para un disco, detalle que con pocos más diseminados en el plástico relega a este álbum fuera del podio de los mejores de la banda. Pero ahí está para arreglarlo el tema-título, el último gran clásico de los de Harris, Fear Of The Dark

Su épica, espíritu, presencia, su sentimiento y desarrollo lo han situado entre los grandes clásicos de la banda, compartiendo escenario con el magno Hallowed Be Thy Name y las otras grandes armas de directo de Maiden. Esa odisea de melodías a las que el público suma su voz hace de este Fear Of The Dark uno de los grandes momentos que se pueden vivir en un concierto de Iron Maiden. No se puede decir más, es uno de los fragmentos vitales de la quintaesencia de la banda.

Termino diciendo que pese a estar eclipsado por obras de mayor alcance en la carrera de los británicos, este disco merece la pena, me ha regalado grandes momentos, y además Iron Maiden es de estas bandas de las que no vale un recopilatorio para tener lo mejor de ellos, pues se quedan atrás muchas maravillas. No hay álbum malo en este grupo, por lo que este disco también debe tener su sitio en la estantería de todo aquel que guste del buen Heavy Metal británico que nos dieron los ’80, y… ¿por qué no?, también los ’90.

Up The Irons.

Steve Harris - Bajo
Bruce Dickinson - Voz
Dave Murray - Guitarra
Janick Gers - Guitarra
Nicko McBrain - Batería

Sello
EMI