Incubus - S.C.I.E.N.C.E

Enviado por Guy Montag el Lun, 12/07/2010 - 23:08
1668

En 1997 el nu metal se encontraba en plena ebullición. Korn había publicado recientemente su segundo álbum, “Life is a Peachy”, y en septiembre de ese mismo año vio la luz “Around the Fur”, nuevo trabajo de Deftones.

Por entonces, también se formaron otros proyectos que, de forma más o menos acertada, serían englobados en la nueva corriente musical de moda: Linkin Park, Limp Bizkit, Slipknot o Disturbed, entre otros.

Mientras, parcialmente ajenos a todo este hervidero agobiante de rastudos con chándal, rapeos interminables, guitarras super-distorsionadas, letras con mucha mala leche y ritmos machacones y contundentes, una banda llamada Incubus, nacida al mismo tiempo que los padres del nuevo metal, luchaba por hacerse un nombre entre la inmensidad de jóvenes propuestas que surgieron en el momento.

Deudores innegables de la música de los Red Hot Chilli Peppers, Faith No More o The Police entre otros, y con un fuerte componente funk, estos californianos salieron con las ideas muy claras: querían innovar, crear un estilo propio.

De ahí nació “Fungus Amongus”, un primer acercamiento extremadamente funk en el cual ya anunciaban algunas de las señas de identidad que después se confirmarían en “S.C.I.E.N.C.E”, aparecido precisamente en 1997. Ahora bien, la sombra del nu metal era demasiado grande para ignorarla, de forma que Incubus no tuvo más remedio que incorporar nuevos elementos a su ya amplísimo abanico de influencias.

Y vaya si lo hizo: crearon el que probablemente sea su trabajo más pesado (no en vano, Terry Date se encarga de las mezclas). Asemejándose por momentos a otros funk-rockeros como Infectious Grooves o Primus, pero mucho más cercanos al metal, y bebiendo de variadas fuentes además de las anteriormente comentadas (como el jazz o la electrónica), la banda californiana incluso se atreve a incorporar instrumentos como el djembe, el saxofón o el violín.

Brandon Boyd, una fusión entre Maynard James Keenan, Mike Patton y Anthony Kiedis, realiza una versátil “performance” a lo largo de todo el disco, con potentes fraseos rítmicos y una capacidad melódica notable, que en posteriores discos seguirá desarrollando con éxito.

Pero el triunfo de Incubus se lo debemos ni más ni menos que a Mike Einziger, un genio de la guitarra a la hora de crear texturas y atmósferas (faceta que explotará más intensamente a partir del siguiente álbum, “Make Yourself”), y con un talento creativo indudable.

Y no está solo: en este disco cuenta con la inestimable ayuda de Dirk Lance, un bajista por cuyas venas corre el ritmo del funk. No nos olvidemos tampoco de José Pasillas, que realiza una gran labor a las baquetas tras el influjo de Stewart Copeland. En definitiva, cuatro musicazos con mayúsculas.

Por entonces aún permanecía en la formación DJ Lyfe, que poco después sería sustituido por el actual DJ Kilmore, abandonando el popular scratching (muy presente en “S.C.I.E.N.C.E”) y aportando una mayor paleta sonora a la música de Incubus, decisión fundamental a posteriori para comprender el nuevo rumbo que la banda tomó.

Sin duda, lo mejor del disco es su comienzo: una batería de temas que cortan la respiración, que te golpearán sorpresivamente y sin descanso hasta dejar tus sentidos absolutamente desorientados con tal mixtura de géneros y estilos.

“Redefine” se abre con un didgeridoo envuelto en un flanger metálico; a continuación Einziger comienza a esbozar una ligera idea, y la entrada del bajo marca el inicio del tema, con un riff que recuerda al de “Bulls on Parade” de los Rage Against the Machine.

A partir de ahí, la locura. Una estrofa semi-funky, con un peculiar sonido, que se ve rota por un estribillo netamente metalero. Incluso hay espacio para que Dirk Lance se "lance" (valga la redundancia) con un breve slap al más puro estilo Les Claypool.

Sin descanso nos damos de bruces con la espectacular intro de “Vitamin”, motivo construido en base a la nota pedal del bajo y el flanger de Mike. Al conjunto se le añaden unos arreglos electrónicos sospechosamente similares a los empleados por Rammstein en sus primeros discos (y llegados a este punto, ¿quién copió a quién?).

Un momento de calma con las percusiones antes de la descarga final, y tras un efímero respiro llegamos al punto álgido del disco. Se trata de “New Skin”, “el tema más duro que ha hecho Incubus nunca”, en palabras del mismísimo Eizinger.

Contenida en una estructura sencilla estrofa-puente-estribillo, la canción es redonda de principio a fin. Los djembes de Brandon Boyd se erigen como parte fundamental en la base rítmica a lo largo de toda la composición, mientras que el vicioso slap de Dirk Lance y la esquizofrénica labor de Eizinger en la estrofa contrastan a la perfección con el furioso estribillo, donde Boyd brilla con una soberbia melodía encajada como un puzzle en la progresión armónica.

“Idiot Box”, que no podía hablar de otra cosa sino de la televisión, sigue manteniendo el listón alto, explotando una vez más la divergencia entre la estrofa funky y el estribillo metalero. Ahora, el cantante se centra más en la melodía, dejando de lado los fraseos hip-hoperos de temas anteriores.

En “Glass” destaca el sonido que Mike, enfermo de los pedales de efectos, consigue con su “metalizer”, aportando un contrapunto curioso al gruñido del Warwick de Lance.

De nuevo en la instrumental “Magic Medicine” el guitarrista sigue experimentando con las posibilidades sonoras de su pedalera, formada por decenas y decenas de variopintos y estrafalarios componentes.

“A Certain Shade of Green” y “Favorite Things” resultan ser dos temas potentes y cañeros de corte más metalero, continuistas y en la línea marcada anteriormente.

Más sorprendente resulta “Summer Romance”, una composición relajada y totalmente diferente al resto. Tan diferente resulta, que no extrañaría si la hubiese firmado Jamiroquai, sin ir más lejos. Un tema muy rico en instrumentación, y con un inesperado solo de saxofón.

“Nebula” bien podría constituir uno de los primeros temas de System of a Down, porque la canción está llena de esos cambios de ritmo sin sentido, esos particulares coros y voces casi “infantiles” y ese carácter divertido y “estúpido” (en el buen sentido) propio de los armenios. Y mientras, Mike sigue jugueteando con los sonidos de su guitarra.

Con “Deep Inside” vamos a disfrutar de funk desnudo y sin envolturas, similar al que practicaban otros californianos en sus inicios, los Red Hot Chilli Peppers. Aunque en este caso, se trata de un funk despojado de todo rastro de rock, rescatado directamente de los setenta. Además, hacia el final Eizinger nos deleitará con un certero solo de guitarra mostrándonos su, por entonces, creciente versatilidad.

Y para completar este conjunto tan bizarro y heterogéneo no podía faltar la ineludible composición experimental de más de 10 minutos, concretamente 16 minutazos. Los primeros 4 minutos y medio de “Calgone” sí constituyen un tema, más de lo mismo, desembocando en una sucesión indiscriminada de sonidos electrónicos, voces pregrabadas, conversaciones, guitarras acústicas, partes de funk y de jazz, e incluso algún que otro ruidito de videojuego...

Y Game Over. Fin del juego. Se acabó lo que se daba.

Breve pero intenso, "S.C.I.E.N.C.E" fue el disco que lanzó a una relativa fama a Incubus en EEUU, y que le abrió las puertas del mercado europeo. A partir de aquí vendrían “Make Yourself” y “Morning View”, sus mejores discos, que definirían totalmente su sonido, tomando un rumbo más orientado al “mainstream” y el gran público, y abandonando cada vez más el funk que les dio un nombre (lo que desembocó, entre otras cosas, en la salida del bajista Dirk Lance).

Afortunadamente, y puesto que nunca estuvieron supeditados a la corriente que les vio nacer, han sabido evolucionar y madurar de una forma envidiable, manteniendo un alto nivel de calidad en todos sus trabajos y siempre conservando el sello único e inconfundible de la banda, impuesto por Brandon Boyd y Mike Eizinger.

De esto no pueden presumir muchos de sus compañeros de promoción, obligados a revisitarse una y otra vez para intentar no caer en la indiferencia, y pagando por ello un elevado precio.

4 cuernos sobre 5 para este gran disco, único en su clase. El trabajo más especial en la carrera de Incubus.

Brandon Boyd: Voz, djembe
Mike Einziger: Guitarra, piano
Dirk Lance: Bajo
José Pasillas: Batería
DJ Lyfe: DJ

Sello
Epic, Immortal