Helloween - Wizink Center, Madrid, 9 de diciembre, 2017

Enviado por Txondo el Mar, 12/12/2017 - 01:08
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1. Halloween
2. Dr. Stein
3. I'm Alive
4. If I Could Fly
5. Are You Metal?
6. Rise and Fall
7. Waiting for the Thunder
8. Perfect Gentleman
9. Starlight /Ride the Sky /Judas
10. Heavy Metal (Is the Law)
11. Forever and One (Neverland)
12. A Tale That Wasn't Right
13. I Can
14. Solo de batería
15. Livin' Ain't No Crime (extracto)
16. A Little Time
17. Why?
18. Sole Survivor
19. Power
20. How Many Tears
Bis 1
21. Eagle Fly Free
22. Keeper of the Seven Keys
Bis 2
23. Solo de guitarra
24. Future World
25. I Want Out

Que en la historia personal de cada uno, existan eventos de los que por la razón que sea, se sabe que parecen como predestinados a ser gozados sí o sí por esa dicha persona, es algo que muchas veces el destino te lanza así como quien no quiere la cosa, desafiándote de alguna manera para que acabes tomando una decisión que sabes de antemano que al final terminarás llevando a cabo. De repente se da a conocer una noticia, un futuro acontecimiento, y desde el minuto uno parecen estar diciéndote: "ahí tienes, colega, ahora vas y la dejas pasar. A ver si hay huevos". Y al principio uno puede ser hasta reacio, sea por la razón que sea... pero al final, ¡qué cojones!, se está ahí perdiendo el culo, e incluso organizando a todo correr un más que atolondrado plan de última hora, y que además se termina ejecutando como si un sesudo plan de ataque previo se hubiese trazado ya en las primeras de cambio. En mi caso, tal hecho era la esperada reunión que HELLOWEEN anunció a bombo y platillo en su día (que ni lo recuerdo) a modo de jugosa gira, enmarcada bajo título de "Pumpkins United Tour".

No se trataba de una reunión de esas en las que los clasicotes vuelven y, porque ellos lo valen, se les da la patada a los que ocupaban su puesto, no; esto consistía en que Kiske y Hansen regresaban, y lo hacían no sólo junto a Weiki y Markus, sino también acompañando a Gestner y Löble, con el indispensable Deris aguantando en el papel de molón frontman que todavía sigue desempeñando. O lo que es lo mismo: TU GRUPO vuelve a la carga con todo el arsenal que los hizo enormes, pero además sin perder la chispa que aún hoy continúan despachándose con su line up de turno... pues cojonudo, oye. Y ya se irá, se pillarán entradas y eso; con tiempo. Y el tiempo pasa, las entradas se van agotando y ahí que se queda la cosa. Y de repente un día se recibe un whatsapp (no diré de quien), llamándote a las armas. Y se decide ir, aunque sea en el palo del gallinero. Y ése que te movilizó al final no va, y tú ahí que estás tirado, y con una solitaria entrada de grada, a la quinta hostia de las tablas... y al final se acaba gozando el bolo rodeado de colegas, en pista, y a unos seis escasos metros del escenario. ¡Con un par! No me explayaré más en contar la serie de acontecimientos que le llevó a uno a terminar de esa manera, pero desde luego que, como pueden esperar, la sensación final fue como la de haber pillado cacho con la tía buena de la clase, allá cuando éramos mocetes.

La capital del reino aguardaba la llegada de los miles de soldados calabaceros, venidos desde todos los rincones de su vasta envergadura. Unos de más cerquita, medio civilizados, y otros como el que escribe, de los más salvajes y olvidados... pero todos igualmente recibidos por la cálida acogida de un no tan frío día de diciembre. La plaza de Salvador Dalí, en donde se levanta el pabellón que acogería tan señalada fecha, era tomada por legiones de seguidores helloweenianos, saturando con ello guapamente, tanto sus inmediaciones como sus más cercanos accesos colindantes. El ambiente que se respiraba ya en las horas previas prometía, y a más de un ferviente seguidor del combo alemán se le encogía el corazón al ver lo que SU GRUPO nuevamente era capaz de generar en una ciudad como Madrid, llenando cuantos bares y terrazas se desperdigasen por sus alrededores, a ritmo de Keeper Of The Seven Keys y con la estética más básica del heavy de manual: camiseta, vaqueros y chupa de cuero. Lo de las greñas ya parece algo opcional, pero aún así, y a pesar de que la edad ha hecho mella en más de una metalera cabellera, un buen número de largas pelambreras podía todavía contarse entre la multitud que ya desde las primeras horas de la mañana permanecía haciendo cola frente a la entrada del Wizink Center madrileño. Las grandes ocasiones, comienzan levantando grandes sensaciones previas, y aquélla no iba a ser una excepción. HELLOWEEN llegaban a España dispuestos no sólo a dar el único de sus conciertos en esta tierra durante el presente año, sino también a grabarlo todo para un posterior DVD de la gira. La ilusión y emoción eran pues como las de antaño, sus seguidores así lo demostraban y tan sólo quedaba que la banda nos lo confirmase... todo dispuesto.

Se accedió al recinto con tiempo, pero con una buena parte de la plana ya desplegada. Aún así, resultó cuanto menos curioso el que nos colocásemos en una más que privilegiada posición dentro de la pista. Un birreo fino previo, una mirada hacia lo que nos rodeaba (las gradas llenándose poco a poco, nuestro entorno haciendo lo propio), el Rafa Basa pinchando clasicotes, una rápida escapada a los meaderos, un poco más de birra y un poco más de observación hacia lo que nos envolvía y se iba rellenando, pero sin llegar nunca al agobio más extremo. La enorme banderola con el logo de la banda presidía solemne el ambiente, evitándonos ver el resto del escenario, y los minutos iban pasando... hasta que llegó el momento. El "Let Me Entertain You" de Robbie Williams (qué cachondos nuestros colegas alemanes) nos anunciaba la inminente salida a escena de la banda, y en cuanto los primeros golpes de guitarra salieron de las cuerdas que Hansen, Weikath y Gerstner portaban, la impepinable "Halloween" irrumpía con su brutal descarga, haciendo caer el gigantesco telón anteriormente citado. El público se venía arriba y el grupo se crecía exponencialmente, al son de las brutales notas que tan colosal temazo atesora y estaba siendo descargado como si del puto año 87 se tratase. Deris y Kiske se compenetraban como si llevasen años girando juntos, se subían junto a la batería, bajaban, se acercaban al entregado público... todo con sobrada clase y testicular entrega, para un público que no sólo llenaba el pabellón, sino que flipaba y se entregaba de similar manera a lo que desde las tablas estaba siendo ejecutado.

A ese primer himnazo de más de trece minutos, le siguió de manera inmediata, otro no menos eterno y que fue despachado con la misma energía que su predecesor tema de apertura. El inconfundible y saltarín riffeo de "Dr. Stein" sacudía nuestros cuerpos, y mientras nosotros devolvíamos toda esa enérgica propuesta, ahí que seguía la banda a lo suyo. Kiske y Deris en su línea, Löble encerrado en su kit soltando golpes de baqueta a diestro y siniestro, Markus complementando esa base rítmica con la clase habitual en él, y Hansen y Weikath repartiéndose los solos nuevamente, con el perfecto apoyo del "emo posturitas" Sascha Gerstner, que así a lo tonto ya lleva más años en la banda que el primigenio hacha pelirrojo, o el olvidado Roland Grapowl, del que no han parecido acordarse debido (parece ser) al carácter puramente clásico y ochentero de la reunión de marras. Sea como fuere, a lo que íbamos: la cosa no había hecho más que comenzar, y las sensaciones desde luego apuntaban tan alto como desde el escenario estaban siendo ejecutadas. HELLOWEEN dando el callo, el público a sus pies, y todos contentos.

Aquí llegó el momento en que Deris, abrazado al calvete Kiske y con su peculiar dominio de nuestra lengua, se dirigía hacia nosotros dándonos la bienvenida y anunciando a una pareja de monigotes animados con forma de calabaza (Seth y Doc), que a partir de entonces se colarían casi entre canción y canción desde la pantalla gigante desplegada al fondo de las tablas, y que en más de una ocasión relentecerían en mayor o menor medida el ritmo del directo. Cierto es que en muchas de las veces, la duración del video en cuestión tampoco es que fuese excesivamente larga, llegando incluso a no alargarse ni un minuto tan siquiera en según qué caso, pero aún con todo no dejaba de resultar un momento de bajón ante la terrible descarga que los alemanes despachaban en cuanto nos atacaban con su arsenal de temas. Ésa quizás, fuese sin duda alguna una de las pocas pegas que se le pudo poner a tamaño conciertazo, y es que, una vez volvía el grupo a la carga, bien con el tremebundo "I'm Alive" que Kiske bordó hasta la extenuación aún sin ser ya el de hace treinta años, bien con los posiblemente menos atronadores "If I Could Fly" (tan habitual en cualquier gira anterior como trillado a estas alturas), "Are You Metal?" (que aún así supo encender al público más que sobradamente), o "Waiting For The Thunder" (del que uno aquí sintió que ésta no era su gira), todos esos mentados parones dejaban de tener relevancia, pues el bolo sin lugar a dudas estaba cumpliendo y con creces con todo lo que nos esperábamos.

Entre medio de las dos últimas citadas, nos colaron un "Rise And Fall" que, sin dejar de ser el temazo cachondo que siempre ha sido, y ejecutado de manera impecable por toda la banda con Kiske al frente, para el que escribe supuso un pequeño bachecillo sin demasiada relevancia, debido a razones no exactamente musicales. Aquí a uno le consta que, en según que concierto previo, han ido metiendo el "Kids Of The Century" en su lugar y bueno... como que el menda deseaba que fuese ésa y no la que acabó sonando ya que a mi juicio, como que le aporta algo más de tralla al show, con el plus que supone además que se acuerden de otro disco de la era Kiske que no sea uno de los dos "Keeper" tan cojonudos, por otro lado. ¿Que le hubiese aportado también algo de variedad al conjunto? Por supuesto, pero entre que ésa, es más una apreciación personal que otra cosa, y que a una mala, no dejaba de ser el puto "Rise And Fall", la cosa como que se les podía permitir. Exquisito que se vuelve uno, ya ven.

Chorradas aparte, como les dije la canción sonó tan putamadresca como el resto, y si lo que vino tras el "Waiting For The Thunder" que la siguió, fue todo un "Perfect Gentleman" de manual, la caída de bragas de quien escribe fue tan definitiva ya, como húmeda y duradera. Deris ataviado para la ocasión con bastón y chistera, el resto de la banda sacándosela literalmente para que sonase como nunca jamás ha sonado, y un Kiske que se unió a la fiesta final, ayudando a su desatado colega durante los últimos estribillos. Una manera sencillamente genial de cascarse uno de los emblemáticos temas del "Master Of The Rings", y con el que consiguieron una vez más, adueñarse de un ambiente ya de por sí venido arriba.

Tras ella, Hansen se nos puso serio y cogió el micro anunciando un torrente de himnazos de su particular pleistoceno calabacero, a modo de popurrí (o medley, si prefieren los puretas). "Starlight", "Ride The Sky" y "Judas" atronaron salvajemente empalmadas unas con otras, volviendo loca a la peña y desatando con furia speedica ochentera a un público que, aún así, no se partió la cabeza todavía. El bueno de Kai ya desde el inicio del concierto se erigió como el protagonista que siempre ha sido, como diciendo: "Eh, aquí estoy, he vuelto. Que soy el Hansen, ¡coño!"; aquí esa faceta cobró todavía más relevancia, y eso que no anduvo muy sobrado de voz el colorado Hansen y su cabellera saturada de implantes. Si su cabeza lucía un pelazo que ya quisiera haber tenido allá cuando sacó el primer "Keeper", su voz sin embargo no gozó de tal jovialidad, llegando incluso a cantar más bien como el culo, aunque tal cosa poco importase a los presentes. Era Hansen, sigue siendo uno de esos "putos amos del Metal" que aún nos quedan, y con el sonidazo guitarrero que se nos cascaron, pocas pegas se le pudo poner a tan atroz descarga burrera. También nos deleitó con un "Heavy Metal (Is The Law"), vomitado a puro huevo y tocado enterito y sin respiro alguno entre los temas que lo precedieron, con el que también supo ganarse a los que nos desgañitábamos desde abajo. Nuevo punto a favor de las calabazas.

Tocó ponerse tiernos y, a continuación, dos de sus mejores baladas fueron interpretadas, de forma distinta una de la otra, pero ambas resultando tan geniales como siempre han sabido ser. Con un cariz bastante más minimalista y sentido, Deris y Kiske (a quien Andi llamó Miguel, durante prácticamente todo el bolo), se nos sentaban en sendas banquetas y nos regalaban un "Forever And One" de lo más cuco, acompañados casi exclusivamente por Gerstner a la guitarra. Cada uno cantó una estrofa, a su estilo, y tan genial el uno como el otro; se nos juntaban en el estribillo y, tras el recortado solo que Sascha se despachó, la banda entera se unió para acompañar a los dos voceras en el tramo final de su emotiva interpretación. "A Tale That Wasn't Right" vino a continuación, ya con la clásica ejecución de siempre, con un Kiske realmente acertado en su primera estrofa, así como en la coña de presentación del tema; en donde bromeó con su melenaza de aquellos años, y el look a lo Rob Halford que ahora lleva. Deris se le unió cantando impecablemente la segunda parte, tras lo que vino el guapo punteo de un Weikath en su línea, con su innegociable pose fingidamente pasota, que nos condujo al estribillo final en el que quizá Kiske no sonó tan copontástico como en anteriores ocasiones. Aún así, otra de las eternas que se nos cascaban, y que no dejó de resultar tremendamente emotiva.

Parecía que se nos habían puesto de acuerdo nuestros colegas, con eso de hacernos sacar la lagrimita, y a más de uno seguramente se la sacarían con lo que vino después del "I Can" ese, que tan cañero como siempre se nos despacharon. Ingo siempre ocupará un lugar privilegiado dentro del corazón de todo fan helloweeniano que se precie; no en vano, así nos lo siguieron presentando en el trailer de la gira, ése en el que aparecía como primer miembro destacado, y al que le pusieron la etiqueta de "eterno". Su carisma en la batería, ganado a pulso debido a cómo se las gastaba desde su banqueta, hizo que aún fuese mayor cuando en el año 95 decidió quitarse la vida movido por sus problemas mentales derivados de las drogas. En una gira como ésta, no podían pasar por alto su figura, su recuerdo... así que ni cortos ni perezosos, y con Dani Löble ejecutando primero su particular solo de batería, desde la pantalla gigante, Ingo fue rememorado gracias a unas grabaciones en las que nos lo mostraban realizando lo mejor sabía hacer. ¿Aplauso fácil?, pensarían algunos... igual un poco sí, pero no en una ocasión como esta, bajo ningún concepto. Ingo se merecía esto y más, y así lo supimos agradecer los que llenábamos el Wizink Center esa noche. La cosa ya se fue de madre cuando Dani no sólo se contentó con emular lo que el primigenio batera se despachaba desde el recuerdo, sino que se marcó un homenaje en toda regla, cascándole al unísono con lo que Ingo descargaba desde la pantalla. Sin lugar a dudas, uno de los grandes momentazos de la noche. Y de calle.

¿Qué más se le podía pedir pues a la noche? Pues dada la altura de la velada, así como todo lo que ya sabíamos que eran capaces de ofrecernos nuestros amiguetes, todavía mucho, y muy bueno. La entrañable cara B "Living Ain't No Crime" que, si bien no tocaron más que un extracto, sirvió de perfecta presentación para otra de las indispensables del repertorio. "A Little Time" estalló cuando apenas se habían despachado el primer cuarto de la primera, y gracias a tan celebérrimo tema, las nuevas birras recién adquiridas por nuestro grupillo de simpáticos colegas, supieron a teta pura, obviando considerablemente el atraco a mano armada que tal hecho supone dentro de un evento como el que nos estábamos calzando. Qué decir de la canción, si sonó igual de cojonuda que el resto de las que nos regalaron... pues eso, poca novedad, lo que no dejó se ser un más que grato detalle. Kiske desgañitándose y llegando a sus notazas, la banda tirando por senderos similares, y un más que molón efecto de sonido con el que poco a poco fueron enmudeciendo todos y cada uno de los miembros, con un Miguel agachadito y estático y que no volvió a incorporarse hasta que regresó el estruendo y remató por todo lo alto un pepinazo sónico, seminal e imprescindible.

El resto corrió por los mismos derroteros y, si bien la melosa y melodiosa "Why?" sonó tan impecable como su bonito devenir se gasta, con "Sole Survivor" la tralla volvió a sacudir de nuevo y de lo lindo a un respetable, que terminó partiéndose la cara (o la calva, o ambas cosas y no miro a nadie), gracias tanto a su ya más que sabida potencia powermetalera, como a un Deris pletórico que derrochó clase, actitud y vozarrón, de la misma forma que hizo con la no menos imprescindible "Power" que sonó a continuación. Resultaba curioso, interesante si cabe, el observar cómo una tripleta de temas, en los que Kiske y Hansen pasan completamente desapercibidos (el primero es que directamente ni estaba), consiguieron levantar a todo un pabellón que, de no ser por los dos mentados, poco menos que una "triste" Riviera hubiese llenado el grupito que tan gustosamente se estaba degustando. O es que a lo mejor, al final va a resultar que lo que la supuesta formación actual se despacha en sus directos, tampoco es que sea como para relegarlos a entornos no tan carismáticos. Desde luego que, por lo visto tanto en la ejecución, como en la acogida, no deja de ser un dato, como poco interesante, tal y como comencé diciéndoles unas líneas más arriba.

Faltaba la traca final, el apoteosis, la fiesta padre que finiquitase por todo lo alto aquel magno despelote y, como bien sabíamos, nos encontrábamos a las puertas de presenciarlo, conocedores encima de que la cosa ni siquiera terminaba; simplemente, comenzaba a su final. "How Many Tears" dio el pistoletazo de salida, y con ella se nos despidieron falsamente (si ya nosotros no nos lo creíamos, imagínense ellos), dando el do de pecho y con los tres voceras en plenitud de facultades. Sí, bien, Hansen no tanto, pero fue tal su desgañite como su imponente y eterna figura sacando a relucir galones, que poco importó lo que nos ofreciese desde el micro. De nuevo, otra más que nos soltaron en plena jeta y con tras la que se tomaron el primero de los descansos. No duró mucho ése, por suerte para nosotros, y además cuando el grupo regresó, lo hizo con un "Eagle Fly Free" que, aunque esperado, logró satisfacer todavía más a la hinchada, gracias, en mayor medida, a lo que Kiske fue capaz de perpetrar desde su micro. Sobradamente bien defendida y llegando a donde sabemos es capaz de llegar, bordó un temazo épico y archiconocido, en el que también Dani Löble brilló con luz propia, cascándole a la batería como si no hubiese un mañana. "Keeper Of The Seven Keys" puso el broche de oro al primer bis, y en él prácticamente la totalidad de la banda estuvo a la altura de las circunstancias, con Deris incorporándose justo en el tramo final de la misma, y tras la que Hansen fue despidiendo uno a uno a los miembros del grupo, sin dejar tampoco de acordarse de Ingo; a quien nombró y dedicó sus miradas al cielo del Wizink Center, justo antes de retirarse de las tablas.

Estaba ya cantado: tan sólo "Future World" y "I Want Out" quedaban en el zurrón calabacero y de allí no se movía un alma. Llegaron tras una pausa quizá demasiado larga y tediosa, así que al ver salir de nuevo al omnipresente Hansen, y ver cómo éste distorsionaba y distorsionaba su guitarra marcándose un poco convencional solo, la peña emocionada echaba el resto preparándose para el último pistoletazo. Estuvo hasta gracioso el bueno de Kai, ahí aplastando a una dibujada mosca que salió de la pantalla, matamoscas en ristre, y obsequiándonos seguidamente con el inconfundible riffeo que salió de desde su hacha. "In The Hall Of The Mountain King", de Edvar Grieg, sonó como si en medio del mítico "Live In The U.K." nos encontrásemos, lo que presagiaba el inicio de la sobradamente pegadiza "Future World", y que nuevamente Kiske se despachó entera en la voz solista. Llegados a este punto, y si soy sincero, poco puedo comentar acerca de lo que realmente se desplegó desde el escenario. Cada vez, y sorprendentemente, nos encontrábamos más cerca del mismo; todo sonaba tan de puta madre que casi nos era imposible distinguir algún detalle que se diferenciase del resto... o simplemente es que andábamos tan encantados, tan gozosos y desatados, que poco nos importaba aquello. "I Want Out" supuso ya el despiporre total y absoluto de una velada que finiquitaba por todo lo alto, y con ella los alemanes desplegaron su habitual numerito final de los globitos, de las pelotas, o de los globitos de las pelotas; como prefieran. Calabazas y más calabazas hinchables se desperdigaban por toda la zona en la que nos hallábamos, además de todo un chorrazo de confeti naranja y blanco soltado a todo cisco. Yo personalmente, ni sé qué sonó durante este último cartucho. Ya podían haberse arrancado Deris y Kiske por bulerías o haber cantado a base de regüeldos, que uno aquí estaba tan saturado de globos, papelitos y los típicos cansos de última hora (esos que de repente tocan la huevada queriendo ponérsete delante), que como si de pronto los amplificadores reventaban y ahí tan sólo se escuchaba el griterío de un público desfasado y pasado ya de rosca.

Es lo que suelen tener este tipo de bolazos; uno se sabe los discos del grupo en cuestión hasta de canto, conoce las canciones aunque las toquen del revés, y adora tanto a los hijos de perra que se marcan estas juergas, que el aspecto musical de su apoteosis final suele quedar en un segundo plano. El objetivo principal era el asistir a un espectáculo único y esperado, y eyacular ostensiblemente si además era despachado como mandan los cánones metálicos. Y por ese lado, todo perfecto. Es cierto lo que les comentaba unos párrafos más arriba: las constantes pausas con el show de los dibujitos animados, bajaron un poco el ritmo de algo que podía haber sido un no parar, pero por otro lado, tanto la intensidad en cada corte, como la duración total del concierto, compensaban y hacían entendible semejante desarrollo. Un desarrollo en el que Hansen cobró más protagonismo del esperado, y para bien, y en donde el ansiado retorno de Kiske se cristalizó con una genial ejecución por parte del calvete. Es verdad que han pasado treinta años desde que debutase, y su voz no suena tan poderosa como antaño; sin embargo, todavía es capaz de deleitarnos de la manera en que lo hizo, alcanzando unas notas a las que Deris, por muy bien que se encuentre, jamás llegará y lo sabe. Por ese lado más que satisfechos. Por el otro, por el del resto de la banda que hoy en día da vida a la formación actual, tampoco ni un sólo pero.

Deris estuvo genial y perfecto; descomunal interpretando sus temas, y enorme adaptándose a los de Kiske durante las partes que le tocaba defender. Su faceta de frontman ya la conocemos, y ahí pocas sorpresas aguardaron. Es carne de escenario, de esos que nada más salir a escena, ya sabe como meterse al público en su bolsillo y ésta no fue una excepción. Weikath, más de lo mismo; medio apartado y a su bola en gran parte del directo, pero dando el callo tanto ahí, como cuando le requerían en primera fila. Ejerciendo de líder en la sombra, lo que es mal que le pene a más de uno, y actuando también bastante más de lo que muchos otros se piensan. Markus... ¿realmente hay algo que decir de Markus? El tío suda la camiseta, se parte el pecho por el grupo, exprime su bajo hasta hacerle sudar sangre, no para de un lado al otro del escenario, arenga a la peña y nos anima con sus payasadas... otro que ofreció lo que de él se esperaba. Y en cuanto a los "menos míticos" del combo, decir que cumplieron y sobradamente su cometido, aceptando en buena parte del espectáculo su rol de secundarios; tampoco es que lo fuesen, y buena cuenta de ello dio sobre todo Dani Löble en su solo, así como en el resto de su recital a las baquetas. Sascha Gerstner por su parte, ahí estuvo, sin desentonar para nada frente al resto del elenco, marcándose perfectos punteos y ganando protagonismo tanto en algunos de los coros, como a la hora de despedir a sus compañeros una vez Hansen salió del escenario.

Y tras tal espectáculo vivido y sobrevivido, aquí el que se la cuenta abandonó junto a su improvisada y genial cuadrilla el ya silencioso Wizink Center, que aún así pareció retenernos más tiempo del deseado tanto en sus entrañas como en sus aledaños, y tras lo cual comenzó la sufrida tarea de hallar un abrevadero en donde nos chutasen cerveza en vena. Pero es otra historia... la jornada ya nos deparó una bien guapa en la que HELLOWEEN regresaban al puesto que jamás debieron abandonar tras la década de los ochenta. Aunque tuviesen que idear un invento de este calibre, la cosa, ya les digo, que acabó resultando así. Todos juntos, como una piña, y como si llevasen décadas girando por el mundo. Las calabazas vuelan de nuevo en libertad, y ojalá por muchos años...

Texto: Txondo
Foto: jonerstoner

Michael Kiske: Voz
Andi Deris: Voz
Kai Hansen: Guitarra y voz
Michael Weikath: Guitarra
Sascha Gerstner: Guitarra
Markus Grosskopf: Bajo
Dani Löble: Batería