Helloween - Keeper of the Seven Keys - The Legacy

Enviado por Hawkmoon el Vie, 25/05/2012 - 19:05
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Disco 1

1. The King For a 1000 Years
2. The Invisible Man
3. Born on Judgment Day
4. Pleasure Drone
5. Mrs. God
6. Silent Rain

Disco 2

1. Occasion Avenue
2. Light the Universe
3. Do You Know What You're Fighting For?
4. Come Alive
5. The Shade in the Shadow
6. Get It Up
7. My Life For One More Day

"Batman Forever", "Robocop 3", "Karate Kid 3", "Tortugas Ninja 3", "Terminator 3", "Spiderman 3"...y, así, hasta que nos den las tantas. Las terceras partes. Las jodidas y, por regla general, tediosas y ridículas, terceras entregas. Ideas anquilosadas, repetición, aburrimiento total. Desinfle. Panorama desolador.

El cine y el reino del Heavy Metal, dos mundos unidos por darle una importancia seminal a lo épico, a lo grandioso y estruendoso, también tienen en común el hecho de no dar una cuando se trata de resucitar una franquícia. Helloween y Hollywood, dos entes que siguen el mismo destino: empezar con ganas, con ilusión, regalando toneladas de magia, de arte, para acabar entregado a la desídia, a lo obvío, a lo poco arriesgado, a lo poco molón.

La saga "Keeper of the Seven Keys", formada por dos discazos editados entre 1987 y 1988, la entrada de Helloween, y por la puerta grande, en el salón de los titanes, es obligada referencia. ¿Conoces de la importancia seminal de discos como "Black Sabbath", "The Number of the Beast", "British Steel", "Master of Puppets" o "Reign in Blood"? Espero que sí. Pues suma "Keeper of the Seven Keys part 1" y "Keeper of the Seven Keys part 2" a la lista de marras. Discos gemelos que partieron la pana. ¿"Use Your Illusion" dices? Anda, calla y duérmete un ratejo (o tal y como diría un grande: "cómete una magdalena, ridículo"). El combo creado por Kai Hansen, aún alimentándose de la energía de elementos como Maiden, Accept, Priest o Rainbow, supo vender su propia movida, su propio mensaje speedico-asesino y poderosamente épico-melódico. Que se convirtieron en amos de un estilo solamente nacer, vaya. El Helloween Metal, compadre. Algo que lleva alimentando a millones de bandas desde 1985.

Todos en Europa (y fuera de ella), salvo tres o cuatro combos, suenan a Helloween en la era "Keeper" (los más osados suenan a la era "Walls of Jericho"). Un coñazo, joder. Una cosa es disfrutar de entes a lo Angra o Stratovarius, banditas enamoradas del retoño sónico de los alemanes, pero con su propio sello, con una personalidad propia, y otra, y muy diferente, es la de hacerle frente a una legión de elementos que visten, suenan, hablan, piensan y actúan como si fuesen hijos de Michael Kiske, Michael Weikath o el futuro rey de Gamma Ray. Que no se llaman Helloween por el rollo del copyright, vamos.

Y, ante un panorama así, la salvación (o no) llega de la mano de "Keeper of the Seven Keys - The Legacy". Toma ya. Los creadores del invento, los que forjaron la nueva modalidad, la nueva rama, son los que, por huevos, por incompetencia de sus alumnos, esos que solamente han hecho que clonar y clonar su sonido hasta desmerecerlo totalmente, vuelven para arreglar las cosas. Algo así como cuando John McTiernan, el dire de la primera entrega de "Die Hard", tuvo que volver a la senda de la saga para salvarla de una segunda parte que, aún molona, no fue lo suficientemente "Die Hard".

El guardián de las siete llaves y Helloween vuelven a cruzar miradas, camino y sonido. Ya no está Michael ante el micro. Ni Kai. Ni Ingo. Joder, el guardián piensa que se ha equivocado de local y está ante unos Great White algo viejunos y pasados de peso. Pasa el rato, se aclaran las cosas y se decide el destino de la banda. Helloween ya no están a la cabeza del movimiento. Ellos lo crearon y otros peleles (Edguy o Hammerfall, por ejemplo) se están forrando de lo lindo. Habrá que analizarlo todo. Y mover ficha. Ya.

Kai se largó. Cambió el negocio de la venta de calabazas al por mayor por la experimentación con rayos Gamma. Michael se piró. Demandaba mucho dinero, quería que la banda se convirtiese en Bon Jovi y se le dijo: NO. Y, para rematar, Ingo se suicidó. Un palo. Entró Deris, cuajó mal ante mucho fandom, aunque el notas dejó para el recuerdo "Master of the Rings", "The Time of the Oath" y "Better Than Raw", tres piezas que ya me molaría a mí haber parido. "The Dark Ride", disco critícado por oscuro, también entregó buena chicha. Pero, claro, también fue vapuleado. Si no eres Michael Kiske, aunque seas un judas, un banquero más que músico, no pintas nada en Helloween. Ese es el credo. Es la frase que más he oido desde que soy metalero: "Deris es una mierda. Como Kiske, ná de ná".

Ahora llega el momento de demostrar que Deris es mejor que Kiske (una osadía en toda regla). Eso sí, el batacazo será grande si no le planta cara con el mismo acero. No puedes medirte con Conan el bárbaro si todo lo que traes encima es mala leche, colega. O vienes con una M-16 o palmas. No hay más.

Deris nunca ha sido Michael en tareas vocales. Tiene otras virtudes (buen frontman, lleva las riendas de la banda trás las bambalinas, es líder...), pero no puede contra la leyenda del rubiales que nos flipó vivos a todos con aquellos "I'm Alive", "Future World" o "Twilight of the Gods". Darle cera a la tercera entrega de una saga que es vital para el reino Power, algo así como lo que es "Reign in Blood" para la escena Thrash o "In the Nightside Eclipse" de Emperor para la escena Black, es tenerlos bien puestos. O ser gilipollas. Una de dos.

En un momento en el que la banda no tiene nada que perder (ventas que van de mal en peor desde "Better Than Raw", al borde del choque contra el iceberg), juegan la carta, caraduresca, de la nostalgia. ¿Que no triunfan ni los maestros de los anillos, ni los pactos, ni las movidas crudas, oscuras, ni los conejos que salen de sombreros o las versiones mariconas? Pues a llamar al guardián, hombre. El bonus. Sin Michael, sin Kai y sin Ingo. Pero con Andi, Markus y Weiki. Puuufffff....jejeje. Habrá que echarle ganas para sentir la emoción. Huele a combate Ivan Drago vs Mr. Bean.

La portada ya me echa para atrás. Vamos mal, Weiki. Así no se venden las motos. Espanto de primera. La peor portada de Helloween. Y eso es mucho decir si pensamos en la de "Chamaleon". Si la de "Dance of Death" de Iron Maiden era ya una mierda pinchada en un palo (el diseñador trabajó poco y mal), ésta es el palo, y con la mierda, pero metido en tu ojo. Similares pedazos de basura. Grima. Me llora el ojo si la miro más de dos segundos. Con la pasta que aún les queda...y se gastan tres eurillos en una portada. Calabazas ahorradoras.

Dos discos para "el legado". Sobraetes. Vamos con el primero...

"The King for a 1000 Years" se inicia flojota, poco deseable. Joder, es un primer tema (y de un "Keeper"!) y ya oimos a Andi, y sin fuelle, sin chicha, sin rasgarse las vestiduras. Casi un minuto para vibrar. "I'm Alive" abría el primer "Keeper" y la monstruosa "Eagle Fly Free" hacía lo mismo con el segundo. El temita de marras, muy épico, extenso y cuidado, no puede competir con semejantes iconos. De base, olvida que vives la saga "Keeper". Parece otro disco más de Derisween. Más recargado, más blindguardianesco-progresivo, con cierta debilidad por el sentir "Master of the Rings", pero sin unos méritos acojonantes. Buen sonido, matices, una interpretación potable (normal, son Helloween). Pero no huele a "Keeper". Cinco minutos de visionado de "Terminator 3" me bastaron para desconectar de la historia y relajarme. No iba a flipar. Solamente, en el mejor de los casos, iba a pasar un buen ratejo (al final, ni eso). Un desinfle inicial es malo. Esperas a follarte a la tia que no ves desde hace diez años, una leona total, una diva del sexo y la carne, y te encuentras con que ahora tiene las tetas caidas, los pezones negros como el tizón y los labios del chochete parecen goma de mascar. Te la tiras (pues hay que cumplir), pero no es lo mismo. Es, en comparación al pasado, algo triste.

"The Invisible Man" (un "Sole Survivor" más desganado), "Born on Judgement Day" (autoparodia) y "Pleasure Drone" (tópica a rabiar, previsible como un ratón frente al queso), no indagan más allá de lo necesario. Hay velocidad, Deris rasga sus cuerdas, Michael y su nuevo amigo le dan buen brillo a sus mástiles y la sección rítmica no tiene taras. Impoluto. Pero carente de auténtica magia. No deben de vivir del guardián. No tienen, almenos ahora, nada que ver con él. Hace ya mucho que no. Fue cagar la segunda entrega y olvidarle en la cuneta.

"Mrs. God", que parece la versión cachondeo de "Future World", no calienta motores en ningún momento. Los músicos se lucen, hacen chirriar sus guitarras y se suelta el track para las masas. Pero me quedo igual, macho. Una tontería de tema. Si no canta Deris y pones al de Offspring al frente de "Mrs. God", joder, hasta pasa por uno de sus tracks-broma. "Silent Rain", que acaba con el primer tramo del viaje, recupera la onda headbanger. Deris ya no canta como en "The Time of the Oath", ya no tiene ese sello potente y oscurote, pero lo suple con clase. En directo, claro, ya será otra cosa.

Vamos con el segundo cd. "Occasion Avenue". La intro, lo mejor de todo el disco. Asistimos a un puzzle parido entre lo mejorcito de los primeros álbumes, para, en nada, acabar danzando a lo Skid Row (última generación). Eso sí, la cosa mejora. El temita va ganando conforme avanza. Lo noto. Mi pie no para. No es un "March Of Time", no te me flipes. Pero tiene un tono sinfónico, a lo Stratovarius, que me acaba convenciendo. Heavy vacilón.

"Light The Universe" (un "Forever and One" no tan mágico, y con Candice Night como invitada), "Do You Know What You're Fighting For" (que parece un descarte del "Chamaleon", muy Hard), "Come Alive" (un rollazo), "The Shade in the Shadows" (híbrido "Master of the Rings-Better Than Raw") y "Get It Up" (otro intento de sonar ochenteros, para acabar sonando cómicos) nos abaten del todo. Como disco de Deris, aún siendo megapequeño frente a su legado 94-98, tiene su qué. Es mediocre, vive de rentas, suena a Power algo apagado, festivo-rockero, pero mantiene la linea trazada por la banda desde que llegó Andi. Como disco de Helloween, y más como tercera entrega de un "Keeper", una mierda, vamos. Invento mega-flojo. No se puede poner un título así para acabar dando más de lo mismo. Y peor que en años. Mucho morro.

La speedico-manowarera, y hammerfallera (que tiene cojones. Plagiar a Hammerfall), "My Life For One More Day" ya cierra el trayecto. Menos mal. No tengo más ganas de aburrirme. Y súmale un plus de cabreo. A eso se le llama mancillar, cojones.

Nunca haría una peli de "Mad Max" con cuatro Clios. Eso es hacer el ridículo, vamos. Y eso han hecho Helloween. Al querer ponerse Deris a la altura de Michael, cosa que nadie le ha pedido, acaba de demostrar lo que ya todos sabíamos (y algunos nunca quisimos ver): Deris nunca podrá con la figura de Kiske. Ripper jamás grabó un "Painkiller 2" (que podía). Blaze ni se planteó un "The Return of the Beast". ¿Quién coño convenció a la banda para que Deris desafiase el recuerdo ochentero de un mito inmortal? Es lo que tiene ser líder, supongo. Que mandas.

2 cuernos altos.

Por timadores, por aprovechados, por no saber sacar petróleo de algo que era sacro. Merecerían, realmente, 3 bajísimos, pero se han pasado. Ofensa metálica. Inaceptable. Hay cosas por las que uno pierde crédito eterno. He aquí una.

No es mal disco, ojo. Gustará al fan poco exigente de la era Deris. Pero es basura para el que ama la era "Keeper", pues no tiene nada que ver. Y es un rollete para el que solamente se quiere acercar a conocer Helloween (pues hay singles mejores).

Deris, colega, eres tonto. Tú mismo echándote mierda encima.

Un ex-cantante que solamente canta Heavy si le pones un cheque con muchos ceros delante (pero que era lo mejor para Helloween) o un tio enérgico, con buena onda, batallador, pero que pelea en competiciones que le vienen enormes. Weiki, pilla el micro tú.

Andi Deris: Voz y teclado
Michael Weikath: Guitarra
Sascha Gerstner: Guitarra y teclado
Markus Grosskopf: Bajo
Dani Löble: Batería

Sello
Steamhammer Records