Hawkwind - Warrior On the Edge of Time

Enviado por Hawkmoon el Mar, 11/01/2011 - 18:12
1921

1. Assault & Battery (part 1)
2. The golden void (part 2)
3. The wizard blew his horn
4. Opa-loka
5. The Demented Man
6. Magnu
7. Standing at the edge
8. Spiral galaxy
9. Warriors
10. Dying seas
11. Kings of Speed
12. Motorhead

Los británicos (y lisérgicos) Hawkwind nunca han tenido, realmente, la posición, en el propio devenir del Rock, que se merecían. El destino les ha hecho pasar desapercibidos, excepto para una legión de fanáticos, tan y tan pequeñita, que a la banda le toca conformarse con la incómoda etiqueta de banda de culto, algo que queda muy "cool", pero que realmente cuenta que la banda no puede vivir de su música. El hecho de que el bajista de la formación fuese el mismísmo Lemmy (de los futuros e icónicos Motörhead) es la única baza, comercial, con la que la banda ha contado. Algo extramusical, que con el tiempo, ha ayudado a mantener la leyenda de un combo, que desde luego, no necesita de ex-figuras legendarias en su formación, para que se pueda hablar de una banda excepcional.

Black Sabbath, Led Zeppelin, Cream, Janis Joplin, Blue Oyster Cult, The Doors, Deep Purple o Aerosmith son, sin duda, enormes titanes del rock bíblico, y todos unos entes a reverenciar, pero Hawkwind, los eternos olvidados, se ganaron el puesto de dioses del rock en los azarosos setenta, a base de una buena colección de discos, composiciones mágicas, mucho tesón y un disco, que los colocó, para siempre, en los altares del rock: "Warrior on the Edge of Time". En la década magna del rock crepuscular, el del momento de las vacas sagradas y el "Big Bang" en el rollo, Hawkwind no quisieron quedarse atrás, y lanzaron, en todas direcciones, una diatriba tremenda, en forma de poesia sonora, a los dioses del rock del momento. En una era de descubrimiento, Hawkwind habían dado con una gema sin igual: su propio talento (encontrado, supongo, trás horas y horas de investigación lisérgica y pseudoastral).

Elric de Melnibone, la creación literaria de Michael Moorcock, influenció a miles de jóvenes en los sesenta y setenta (y bueno, a dia de hoy, sigue enganchando a nuevas almas), y unos de sus máximos seguidores eran los muchachos de Hawkwind, que veían en las historias del emperador albino algo ideal para ser estampado en el furioso, épico, oscuro y elegante mundo sonoro que las bandas de rock progresivo setentero (y fumeta, desde luego, jejeje) creaban, desde los albores de la creación del género. El misticismo hippie, el sentimiento oscuro que da el LSD, el viaje cósmico que resulta la lectura de Elric de Melnibone, el lirismo poético y desgarrador de la banda y miles de ingredientes más, se iban a dar cita para que Hawkwind, una de las mejores bandas de rock de todos los tiempos (en la sombra, eso si), pariese (también en la sombra), uno de los mejores discos de rock de todos los tiempos. Llega la hora de Stormbringer, llega la hora del emperador de Melnibone, llega la hora de Hawkwind. Llega la era del alucine.

Una portada, con un tono "Poppie" total, nos muestra a un guerrero, montado en su caballo, observando el horizonte, mientras le envuelve un paisaje tan elegante, como deudor de la era setentera. La era psicodélica y sus movidas, siempre en tonos pastel, jejeje (leches, si hasta el sol es rosa). Entrañable composición, por eso. Elric de Melnibone va a vivir su primera aventura rockera (que no la última, pues el personaje vivirá muchas más aventuras en muchos más discos, tanto de la banda, como de muchas otras formaciones, pero eso es otra historia) y la excitación se palpa en el aire. Los dioses del caos de Moorcock se van a dar de frente con los dioses del rock británico. Duelo de titanes. A disfrutar.

"Assault & Battery (Part 1)" y "The Golden Void (Part 2)", que se establecen como los dos primeros temas, y además con naturaleza indivisible, narran, con una fuerza y lirismo innenarrable, las primeras andazas del albino más molón. Un bajo bailarín, y casi élfico, arropado por unos teclados sintetizados de lo más elegantes y malsanos, nos mete de lleno en una espiral de rock enfermizo y cansado (quizás maldito, como el albino del que hablan), danzar perfecto de coros, un Hammond espectral y una atmósfera tan sinuosa, como salvaje y (como no) lisérgica. Unas acotaciones de teclado, un coro y una batería, pocas veces, han dado tanto. La segunda parte de la entrega se abre con cierto tono a las composiciones de Ennio Morricone, pero con esencia Bluesy y Jazzera, para empezar a crecer y crecer, latir hasta practicamente reventar, y dejarnos en una especie de paraje cósmico, donde no se ve nada, solo se oyen saxos, bajos navegantes, unos platos de batería, y uno siente algo extraño. ¿Será que me vuelven a subir las setas que me tomé hace quince años?. Magno comienzo, astral total, que ya enseña, y mucho, donde radica el poder de la formación británica. Hawkwind no son alumnos aventajados, son maestros natos. Mesías del rock.

"The Wizard Blew His Horn" es una poesia, escrita y narrada por el mismísimo Michael Moorcock, que actua como entrada para "Opa-Loka", un movido y suntuoso tema, que poco a poco, y como quien no quiere la cosa, se va poniendo chulito y engreido. Lemmy se hace notar con su bajo percutante y la banda se esmera por navegar por mundos oníricos, rítmicos y chispeantes. Uno cree estar a bordo de un barco, navegando por los mares del destino. No me imagino escuchar el disquito sin un porrito en las manos. Imposible señores, el efecto no será el mismo, ni por asomo. Emos y "drogo-enemigos", abstenerse de semejante joyaza.

"The Demented Man" (que narra como Elric comienza perderse en sus sentimientos, a través de su viaje oscuro contra los dioses del caos) se abre con unas guitarras acústicas preciosistas y clasicotas, suelta uno de los mejores temas de todo el discazo. Emoción, sentimiento, feeling y simpleza. Me imagino a la banda tocando el tema, para cuatro gatos (y uno, durmiendo) mientras un foco, con una luz casi inexistente, arropa a la banda. El rock es como la forma de morir, cuanto más simple sea, mejor. Morir durmiendo debe de ser una gozada, morir escuchando el tema, más.

"Magnu", nace como semitributo a los Black Sabbath rítmicos, oscuros y poderosos de los primeros discos, pero pronto, los tintes arabescos aparecen, y la cosa los hermana más con Zeppelin o los Blue Oyster Cult. Ceremonia oscurantista, ritmico-corera, con unos solos ideales y un baile entre bajo-batería-saxofón de los más efectivo y tremendo. Es increible de la innumerables sensaciones que me produce el tema. Me dan ganas de moverme, de pensar, de bailar, de llorar...menudo viaje. Elric cruzó universos en su cruzada contra los dioses, y nosotros,exploramos nuestra propia mente gracias al toque sonoro de los Hawkwind. Genial, sin duda, la voz de Dave Brock, que le da un toque onírico a todo el empaque.

"Standing at the Edge", "Spiral Galaxy" y "Warriors", que tambien son temas nacidos para ser unificados, y con "intención trilogía", nos dan más material para seguir viajando por el abismal mundo de la banda. Teclados, flautas, esencias rockeras con pegada, aura a lo Jethro Tull, fragmentos narrados (sacados de otra dimensión, una a la que solamente Hawkwind tienen acceso) y todo un film sonoro, sin igual y talentoso como el infierno. Es imposible ser el mismo después de hacer frente a la odisea sonora que nos regala la banda. Imposible del todo.

"Dying Seas" (que nace la mar de vacilona, con aura The Doors, pero sumergida en un mar gélido, y con unas "atmósferas Hammond" que te hacen alucinar pepinos) y "Kings of Speed", totalmente rockera, y con el espíritu de los Beatles más comercialotes, pero con un poso más contestatario, nos deja en la antesala del fin de fiesta, y antes de que Hawkwind se despidan de nosotros, nos toca corear, y a todo pulmón, "Motorhead", una composición con claras referencias al gran Chuck Berry. Tema mítico para los fans del futuro proyectazo de Lemmy (puesto que se llevaría el tema y el nombre con él, para liderar la escena en unos añetes) y para los de Hawkwind. Autentico rock, pegada y fuerza. En 1975, los jóvenes debían alucinar con la banda y éste material. Puros cojones pre-metaleros. Fin de disco exuberante. Brutal.

5 cuernos (medios) para el mejor momento de los Hawkwind. Para fans del mejor rock añejo y "LSDista" de calidad contrastada, de los discos con aire conceptualoide, y como no, para seguidores del gran Moorcock.

Larga vida al rock. Larga vida a Hawkwind, y a Lemmy, of course.

Dave Brock : Voz (en temas 1,2,5,6 y 11), guitarra, sintetizador y bajo
Nik Turner : Voz (en temas 7 y 10), saxofón y flauta
Lemmy Kilmister : Bajo
Simon House : Violín
Simon King : Batería
Allan Powell: Batería
Michael Moorcock : Narración en temas 3 y 9

Sello
United Artists