Hammerfall - Glory to the Brave

Enviado por Hawkmoon el Jue, 09/06/2011 - 17:02
865

1. The Dragon Lies Bleeding
2. The Metal Age
3. HammerFall
4. I Believe
5. Child of the Damned (versión de Warlord)
6. Steel Meets Steel
7. Stone Cold
8. Unchained
9. Glory to the Brave
10. Ravenlord (versión de Stormwitch)

1997 fue, sin duda, el año de oro del Eurometal. A nivel ventas, índice de fans y entrega de discos fue un año que, a pesar de no vivir, para nada, tan cómodamente en los añejos ochenta, sí que se puede decir que copaba los primeros puestos en las revistas especializadas, y a ojos de mucha parroquia.

Hacía nada que bandas como Rage, Helloween, Blind Guardian o Grave Digger, nos habían regalado discazos magnos, plagados de fuerza y cojones. Tantos como kilos y kilos de melodía, eso siempre. Hablamos de Eurometal, tio. No de Death Metal. Trabajos como el "Somewhere Out in Space" de Gamma Ray o el "Visions" de Stratovarius, ambos de lo más esencial del reino Power, elevaron, además, el listón de lo que había que entregar. Eso sí, "supuestamente".

Y digo "supuestamente" porque después de la disolución de la banda deather, Ceremonial Oath, Oskar Dronjak (y ayudado por su buen colega Jesper Strömblad, alma de In Flames, y que al final no acotó mucho en el trabajo, salvo algunas letras y algunas lineas de batería y guitarra), muy listo él, se supo subir al carro del Eurometal, y, sin prisa pero sin pausa, como quien no quiere la cosa, llevó su invento a lugares que, seguro, ni el mismo soñó con llegar jamás. ¿La suerte del principiante? Descarado. Si el tito Kai Hansen, desde su Alemania natal, llegó a conquistar el universo metálico, y casi por entero, ¿porqué no iba Oscar a conseguir su pedazo del pastel?

El sueco, tan alto como Bombaata (el malo de "Conan el Destructor"), y más feo que el teclista de los Rhapsody, tuvo buen ojo, y sin un esmero muy acentuado. Con un sabroso sabor reminiscente a la mejor carnaza de la N.W.O.B.H.M, con unas ventiscas a lo Manowar, tufillo Accept, mucha acotación con aura Helloween y un latido épico (tirando a baratillo), simplón, pero con carisma, manido, pero no lo suficiente para que desconectes de la movida, y con cierto brillo, de no se sabe bien dónde, Dronjak supo hacer despegar su sueño de convertirse en icono metálico. Al igual que sus admirados K.K Downing, Wolf Hoffman, Dave Murray o Blackie Lawless. El metalhead de a pie, el fan de toda la vida, se convertía, ahora, en un nuevo guerrero a sumar a la estirpe, al gigantesco árbol genealógico que resulta ser el Heavy Metal.

Capitaneando a un muchacho llamado Joacim Cans (ex-Highlander, embrión de los futuros Lost Horizon) y a otros músicos jóvenes, pseudo-talentosos y hambrientos de gloria metalera, Oskar encontró, al fin, el nombre para su vehiculo al Valhalla Heavy: Hammerfall. Homenaje molón, que encima suena bien metalero, a cierto tema de los Queen.

De ilusión y ganas no se vive. Y muchísimo menos en el crudo, bárbaro, frio y desalmado reino de la música. El cementerio está lleno de valientes que creyeron que su sonido era lo mejor desde que se parió el "British Steel". Hammerfall no pueden creerse, de buenas a primeras, los putos amos, los reyes del cotarro. Para nada, hay que ir poco a poco. Primero, y ante todo, hay que presentar un buen material. Segundo, e importante, no hay que sonar, descaradamente, a los demás. La linea que separa el plagio del homenaje es fina de narices, colega. Hay que ir con ojo. Y la que separa el ser ridículo del ser original, desgraciadamente, también. Que les pregunten a Manowar (espejo en el que se mira Oskar) al respecto.

Hammerfall ya lo tienen todo. Tienen un nombre bien molón, un grupo formado por cinco (seis, si contamos el aura de Jesper) miembros, una portada molona (realmente molona. Enorme Andreas Marschall), tienen a Nuclear Blast apoyando...en fín, que si, además, los cabrones tienen el tino de dar con buenas melodias, y su mensaje no resulta cansino, a lo mejor triunfan y todo. Como el puesto de "Metal Gods" ya lo tienen asignado los Priest y Manowar son los "Kings of Metal", Hammerfall se van quedando sin opciones. ¿Serán los "Ninjas of Metal"? ¿Los "Cyborgs of Steel"? ¿Los "Centurions of Power Metal"? Nada de toda esa mierda. Hammerfall van "más allá", y en el colmo de la originalidad se autodenominan como "Los Templarios del Metal". Manda cojones, jejeje. Lo que llega a salir de la mente de un metalhead, corrupto totalmente, por estar, años y años, bajo la influencia del vil Metal. La leche. Para que luego digan que las adicciones no dan dinero.

Llegamos al momento de la verdad. Ahora veremos si Oscar y sus muchachos hicieron los deberes, o si copiaron. El doble o nada. Hagan sus apuestas. ¿Conseguirá Oscar su sueño de ser el nuevo K.K Downing? ¿Serán Hammerfall los que hereden el legado de los grandes titanes como Priest, Maiden o Manowar? La respuesta, varias lineas bajando. ¿Llevas espada? Bien, pues desenfunda ya. En el feudo del Power, y más en el del Power con tintes épicos, puede pasar de todo. Hay que estar preparado. Tanto nos podemos encontrar con un dragón, como con un ejército de trolls, vampiros sodomitas, o la princesa de turno (que eso sí, tiene un padre que, por regla general, es un mago cabrón. Y de cuidado). Lo dicho, ojo. Espada en mano. Abrimos el libro.

Cuenta la leyenda que en el reino de Nuclear Blast, reino de lo más próspero, había quedado vacio un trono. El trono clásico. El trono destinado a ser llenado por el aspirante más molón. El lugar donde debería aposentar el culo el titán que mereciese los honores de representar el relevo a los antiguos dioses, aún en activo por la falta de talento de sus hijos metálicos. Hasta el reino llegaron luchadores de todo el planeta, unos con premisas sobadísimas, otros con buena "chicha" pero con las ideas atrofiadas, y, algunos, según se cuenta, dispuestos a tocar el género que hiciese falta, según el viento que soplase. Hammerfall, el último guerrero en llegar, con un pestazo a "True" que tiraba de espaldas, y con un caballo híbrido entre la moto del "Painkiller", el águila del "Screaming" y un par de calabazas a los lados, los apartó a todos solo llegar. El tipo parecía tan chulo, y estaba tan determinado a hacerse con el trono, que la gente empezó a dudar. ¿Llegaba ya el salvador del reino?

"The Dragon Lies Bleeding", la primera respuesta de los suecos, despega a toda mecha, con mucho tono melódico, mucho tufo a Helloween y un carisma nato, impropio de aquellos que simplemente plagian el material de los demás. La cosa no suena novedosa, ni grandilocuente, ni más poderosa que el material al que se rinde tributo, pero no se puede negar la cierta gracia, y estilo, del tema. Joacim Cans, el "Kiske" de turno, aún sin ser un portentazo ni nada por el estilo, cumple con su cometido de vocalista Power. Aguditos, voz de eunuco y una técnica aún por madurar, aunque, en honor a la verdad, Joacim no canta nada mal. Le falta pulirse algo más. Algo que hará, del todo, en siguientes trabajos. Eso sí, lo que nos vende ya nos lo dieron, y mucho mejor, otros titanes del reino. A seguir forzando las cuerdas, Joacim. No sólo se afinan las guitarras. Buen destello "Helloweeniano" el de Hammerfall. Ya que copian, disfrazan la movida de homenaje y la cosa suena a tributo. Listos. Muy listos los templarios suecos.

"The Metal Age", mi tema predilecto del trabajo, nacido al amparo del sonido de entes como Judas Priest o Accept, bañando todo el invento en lagos speedicos, y con el tono Helloween que no abandona jamás a la banda, almenos en ésta primera cruzada, ya elevan, y bastante, el listón respecto al primer tema. La cosa sigue sin sonar madura, ni tan siquiera original. Pero poco importa. El Heavy Metal más clásico, el que parieron Tipton y sus amiguetes, no necesita de "gafapastas" que muten, tema a tema, de naturaleza. En el reino del Metal añejo y bárbaro solo hay una máxima: Déjate las muñecas en el riffeo, atruena como el que más, suda la camiseta y, aunque no vayas a ser el sucesor a Iron Maiden, desde luego que te ganarás el respeto de la parroquia metalera. De haberse parido en 1984, desde luego, hoy en dia, "The Metal Age" sería un himno a lo "The Sentinel" o "The Trooper".

La putada, Oscar, es que llegas trece años tarde. Ya no está la jodida Excalibur en la piedra. Se la llevaron, colega. Eran unos tipos británicos. El viaje ha sido en balde. Aunque ya puestos, oigamos todo lo que nos tienen que contar Hammerfall. Lo cortés no quita lo valiente. El sonido de la banda se queda en calzones frente al material al que se quiere enfrentar, que no es más que el jodido material de los más grandes. Anda que Oscar no apunta alto ni ná. Ninguno de nosotros (a no ser que seas un treceañero, con acné, y de lo más impresionable) cambiaremos nuestros pósters por los de los suecos, pero cuando intuyo, aunque sea un leve brillo, una acotación mínima, en el sonido de un combo, por regla general, me quedo hasta el final. Hammerfall, con la tontería, enganchan. Son como goma de mascar. Se van metiendo, como quien no quiere la cosa, y con la suficiente gracia como para que no les pegues un patadón en todos los morros. Será que soy muy de Manowar, y en cuanto se me cruza un True, pues en vez de ponerlo verde, como que prefiero disfrutar de su desfase y su locura.

"Hammerfall" (himno total, bien barato, tanto como bien parido, que bebe mucho del Power americano de principios de los ochenta, con mucho empeño, unos coros bien potentorros y, desde luego, diseñada para gustar), "I Believe" (power-baladita, con una atmósfera bella, simplona y a la que no se debe pedir más), "Child of the Damned" (más que completa y molona versión de Warlord, con los que Joacim llegó, con los años, a tocar), "Steel Meets Steel" (más leña Speed, en una tesitura similar a la de "The Dragon Lies Bleeding", pero con un mensaje más directo, más enfocado a ser himno), "Stone Cold" (Hard Rock ochentero + Accept + una simpleza brillante), y "Unchained" (completando la tripleta speedica, iniciada con "The Dragon Lies Bleeding" y "Steel Meets Steel"), todas bajo el manto de una producción perfecta, que sin ser osada, sabe poner cada cosa en su sitio, y vender mejor la moto, acusan una nula ansia de aventura.

Se nota que Hammerfall son la mar de felices jugando a ser los nuevos "Manoween". La cosa empezó, sin duda, con una raqueta frente a un espejo. Y así han acabado. De banda tributo, disfrazada de una que viene a cambiar las cosas. Menudo morro. Eso sí, lo que más me alucina de todo, y eso que no quiero, es lo rápido que me entra la mierda de los suecos. Si te mola el material de la N.W.O.B.H.M, te flipa el Power (cuando está bien parido) y las letras a lo Manowar te la ponen cipotona, quieras o no, Hammerfall se querrán quedar a vivir en tu coco. Aún tengo el estribillo del puto "The Metal Age" dándome vueltas por el cebollón. Guitarras calentorras, baterías ochentosas y sabor a 1984, fusionado con las movidas de Stratovarius y demás "Helloweens", de mayor o menor categoría. Templarios poco osados. Pero bien Heavys. Eso ni se duda.

"Glory to the Brave" es el título del cierre de disco. La aventura, como en toda buena saga épica, a lo "Conan", "Ator" o "The Beastmaster", tiene que acabar en la cima. O, como mínimo, dejando un sabor de boca estupendo al personal. Oscar sabe como hacerlo. Sabe como ordenar los tracks de cara a la edición. Lleva estudiando como se hace desde hace años. Se empieza con caña, se baja el calor a medio disco, se intensifica todo a última hora, y, antes de pegar el sablazo final, se entrega un himno, de esos que entren fácilmente, sin problemas. Baladita enérgica, con tufo "mojabragas", técnica, brillo y, ala, a vender se ha dicho.

"Ravenlord", que actúa a nivel bonus y que contiene una excelente pasada, made in Hammerfall, por los mundos de Stormwitch, y que, al igual que la versión de los Warlord, les queda redonda) acaba, ahora sí, del todo, con nuestro viaje por los terrenos de los templarios del Heavy Metal.

3 cuernos altos (casi 4) para un disco, no nos engañemos, casposete, "calcador", calculador, poco atrevido y, aunque a Oscar le duela, menos impactante de lo que debiera, y más si pretendía enfrentarse a dioses del estilo Manowar o Helloween. Pero 3 cuernos, al fin y al cabo, por tener garra, carisma y un caminar, nada original, pero sí tentador.

"Glory to the Brave" es una excelente pieza. Desvirtuada, por desgracia, por la carrera posterior de la banda. Convertida, ya del todo, en una parodia. Como si no lo hubiesen sido ya en sus inicios, pobretes.

Siempre me moló "Glory to the Brave". Y no me averguenza reconocerlo. Bueno, un poco sí. Todos tenemos placeres culpables.

Joacim Cans: Voz
Oscar Dronjak: Guitarra
Glenn Ljungström: Guitarra
Fredrik Larsson: Bajo, piano y voces
Patrik Räfling: Batería
Jesper Strömblad: Batería

Sello
Nuclear Blast