Geoff Tate's Queensrÿche - Frequency Unknown

Enviado por HaKi Stargazer el Lun, 29/03/2021 - 22:53
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Miren el mensaje que quiere dar esa portada, a primer vistazo ese puño con las iniciales del título del álbum trata de decirnos que lo que vamos a encontrarnos en su interior es algo con mucha fuerza y que nos va a dejar un gran impacto, lo cual se esperaría al tener el nombre de los históricos Queensrÿche, ¿verdad? Pues no, lo cierto es que eso no es más que pura pose, ya que se trata de un duro y directo “Fuck You” de parte de Geoff Tate hacia sus excompañeros y que, inconscientemente, termina dirigiéndose también a los mismos fans de la banda, dados los resultados acaecidos.

El periodo en el que se lanzó este álbum representó un punto decisivo para la historia de una de las agrupaciones más representativas del heavy metal progresivo (y el metal en general). Pero esta no fue una etapa que se recuerde precisamente porque las cosas hayan sido color de rosa, sino por el contrario, todo se puso color de hormiga y se terminó llegando a un escenario tan penoso (y surrealista) como el de tener a 2 bandas con el nombre de “Queensrÿche” girando al mismo tiempo y tocando un repertorio con muchas similitudes. Tal situación, digna de una telenovela mexicana, se originó por un cúmulo de problemas que se venían arrastrando desde el momento en que Geoff Tate, uno de los cantantes más legendarios y prodigiosos dentro del género, asumió el liderazgo de Queensrÿche con mano de hierro.

Antes de continuar, quiero ofrecer una disculpa en caso de que el contexto que les voy a poner les resulte pesado de leer, pero considero necesario el colocarlo para que se comprenda mejor el cómo se llegó a tal situación y justificar el porqué de la calificación que le pongo al trabajo de la presente reseña. Sin más que agregar, continuemos…

La dictadura de Tate se reflejaba muy claramente en la calidad de los álbumes de Queensrÿche, pues, a partir de Tribe, los restantes miembros de la banda quedaron relegados a una condición de meros peones y cada vez se volvía más difícil de creer que ellos mismos alguna vez habían grabado material de gran envergadura (dícese de The Warning, Rage for Order u Operation: Mindcrime). Sin embargo, muchos apuntan a que una buena parte de ese bajón de calidad vino de la mano de la salida de Chris DeGarmo, músico al que un considerable sector de la comunidad coloca como la mente maestra detrás del éxito de la agrupación.

Lo cierto es que, incluso con DeGarmo componiendo, ya se presentaban muestras de cansancio desde el lanzamiento de Hear In The Now Frontier, álbum que quedaba a manera de anécdota al lado de su mastodóntica tetralogía original. Aún con todo esto, era posible encontrar alguna que otra canción destacada dentro de los trabajos posteriores (Tribe y Q2K) y se mantenían vivas las esperanzas de que la agrupación retomara el vuelo si se seguía la dinámica de composición en equipo. Pero los sueños fueron a morir cuando se formó la alianza de Tate y el productor Jason Slater, una movida que, a modo de enfermedad, llevó a la banda a un estado lamentable de letargo en el que se ofrecían álbumes sin chispa y el estatus de leyenda se volvía cada vez más un recuerdo difuso.

No ayudaba en nada el que los reemplazos de DeGarmo fuesen mediocres y terminaran por alejarse del característico sonido de guitarras gemelas, sobre todo Mike Stone y el insípido Kelly Gray, este último con un terrible estilo y una omitible participación en las labores compositivas (y de producción) que terminaron por empeorar la situación. Por tanto, era triste saber que Michael Wilton, Eddie Jackson y Scott Rockenfield quedaran sin oportunidad de contribuir como antes y que la dupla Tate/Slater se ocupara de casi todo, algo similar a una infección que le impide a un órgano realizar sus funciones de manera óptima.

Tal infección produjo una innecesaria secuela de Operation: Mindcrime que trató de ilusionar a los viejos seguidores de Queensrÿche pero que quedaba como un mero chiste frente a la primera parte (ni siquiera la intervención del mismísimo Dio la pudo salvar); ya por la misma línea (o incluso peor) se lanzaron American Soldier y Dedicated to Chaos, álbumes tan grises que bien podrían ser un gran remedio para el insomnio. No conforme con esto, Tate seguía obstinado en mantener a la banda en ese estado e implementó medidas demasiado cuestionables para afianzarlo, tales como el colocar a su esposa Susan en el puesto de manager, organizar un absurdo show de cabaret y sembrar discordia al intentar lanzar una película animada del mítico trabajo del ’88 sin darles regalías a los demás.

No fue sino hasta el año 2012 en que todo explotó: Geoff Tate llegó a los golpes (y amenazas de muerte) con sus compañeros luego de una serie de problemas derivados del despido de su familia de una gran parte del manejo de la marca “Queensrÿche” (principalmente por jugadas ilícitas); asimismo, la conducta de Tate comenzó a ser errática hacia los mismos fanáticos y su voz dejó de sentirse inspirada en cada uno de los conciertos. La guerra se había declarado y los tres fundadores restantes comunicaron la intención de despedir al cantante, mientras que este acudió a acciones legales para conservar el nombre de la banda.

Se volvía más que evidente que, además de los problemas administrativos, los músicos tenían ideas muy dispares respecto a la dirección que debía tomar la banda: Tate lanzó el infumable Kings & Thieves, un álbum en solitario que mostraba una calidad creativa por los suelos y que representaba todo lo malo que le sucedía a Queensrÿche desde hace años; por otra parte, Wilton, Jackson, Rockenfield, y el recién integrado Parker Lundgren (yerno de Tate), se organizaron para formar “Rising West” junto con el genial cantante Todd La Torre. Tal proyecto les permitió recuperar la magia perdida tiempo atrás y seguir tocando los viejos clásicos que tan enormes los habían vuelto.

Por supuesto la respuesta del divo no se hizo esperar y este procedió a formar su propia versión de la banda, la cual, no está de más decirlo, poseía elementos muy llamativos. De tal modo, los músicos decidieron comenzar a trabajar en material original para demostrar quiénes tenían que quedarse con los derechos de la marca de manera definitiva, dado que un acuerdo legal permitía que ambas agrupaciones giraran bajo el nombre de “Queensrÿche” hasta llegar a una decisión que fuese justa. Y es así como llegamos a Frequency Unknown, un álbum bastante marcado por arrastrar todo lo visto anteriormente y que refleja muy bien la turbulenta situación por la que se estaba pasando.

El 25 de marzo del 2013, los Queenrÿche de Todd La Torre publicaron “Redemption”, un pegadizo tema con mucha frescura y una producción decente que sin duda llamó la atención de quienes habían perdido la esperanza con la banda; a la semana siguiente, los Queensrÿche con Geoff Tate lanzaron un contraataque llamado “Cold”, sorpresiva composición (para los estándares de Tate) que elevaba las expectativas y parecía pronosticar una pelea muy reñida.

Geoff Tate’s Queensrÿche anunció que iba a tirar la casa por la ventana con el álbum que se estaba preparando e incrementó las ya de por sí altas expectativas. Parecía que la victoria se aseguraba de manera contundente por el mero hecho de reclutar como miembros estables a veteranos de la talla de Simon Wright y los hermanos Sarzo, así como invitar a un gran número de músicos del circuito metalero (de entre los cuales podían verse algunos nombres muy conocidos que ya mencionaré más adelante). Vaya, hasta yo me pregunté en esos momentos el cómo se las iban a ingeniar La Torre y los otros 4 para resistir la muy probable “humillación” de tan temible ejército que ascendía a más de 20 personas…

Pero el escepticismo puede ser una herramienta de gran ayuda a la hora de escoger un trabajo antes de comprarlo. Yo no voy a negar el hecho de que me sentí muy motivada a hacerme con el dichoso álbum de Tate y sus compinches porque me pareció muy atractivo (incluso recurrí a un familiar que vive en E.U. para que me lo consiguiera). Lo malo es que fue precisamente ese “atractivo” lo que me jugó mucho en contra, pues me encontré con una de las peores decepciones (e inversiones) que he tenido en mi corta historia escuchando música, tanto que me hizo tenerle desconfianza a los Queensrÿche de La Torre.

Huelga decir que es posible juzgar a Frequency Unknown desde 2 diferentes prismas y que esto puede establecer una leve variación en la calidad según sea el caso. Si lo tomamos como un álbum en solitario de Tate, llega a resultar un poquitín potable (porque tiene algunos momentos que llaman un poco la atención); pero si queremos tomarlo como un álbum de Queensrÿche, que es la intención con la que fue lanzado, entonces sale perdiendo (y por mucho).

¿Qué es lo que salió mal? Son muchas cosas las que terminaron afectando a Frequency Unknown, que dicho sea de paso, nunca debió haber visto la luz (al menos no junto con el legendario símbolo “TriRÿche”). Una de las razones principales fue la urgencia de Tate por “ganarle” a sus excompañeros, pues ésta provocó un terrible desfase en la producción que se notó claramente en el resultado final. De hecho, fueron tantas las quejas de los primeros compradores respecto al sonido de este álbum que se tuvieron que realizar varios reembolsos y una nueva mezcla a cargo del productor Billy Sherwood.

El que Tate recurriera por enésima ocasión a Jason Slater para que le apoyase en las labores de producción y composición fue otros de los clavos en el ataúd. No sé si el cantante tenía una deuda de vida o muerte con este sujeto, pero en serio no le veo el sentido a mantener una “alianza” con alguien que claramente te limita en muchos aspectos, me perece tan absurdo como dispararse en el pie y querer seguir caminando como sin nada.

Quiero reiterar que hay que mostrar escepticismo ante muchas cosas, sean negativas o positivas, pues, si bien echaba para atrás el observar que la mayoría de los créditos se repartían entre Tate y Slater, también se podían encontrar nombres de otros compositores externos que le otorgaban el beneficio de la duda a Frequency Unknown y que arrojaban la esperanza de que este se separara de sus hermanos feos. Pero nada más alejado de la realidad, ya que nos encontramos con un total de 10 canciones que a duras penas podrían tener el mismo nivel de inspiración de los Queensrÿche de Q2K y Tribe.

No piensen que por el atractivo de “Cold” el resto del álbum se mantiene así, ya que no es más que un conjunto de canciones que peca de una enorme irregularidad. Claro que hay algunas que parecen mostrar algunos momentos de lucidez, ahí están “Slave”, “In The Hands of God” (con un leve aire a “I Don’t Believe In Love”), Life Without You” (queriendo llevarnos a los tiempos de Promised Land), “Everything” (engalanada por la genial labor de Ty Tabor) y “The Weight of the World” (de estructura y desarrollo bastante interesantes). El problema recae en que estas composiciones no terminan de arrancar por el hecho de que Tate se muestra plano y sin inspiración, lo cual termina de evidenciar que este hizo su trabajo muy a la fuerza y con prisa.

Ya del resto de las canciones me parece preciso decir que van en la misma línea de Dedicated to Chaos, y eso no es nada bueno. Podemos encontrar cosas con la misma gracia de un caracol avanzando por un camino de sal, tales como “Dare” (de olor alternativo), la melosa “Give it to You”, la repetitiva “Running Backwards” y “Fallen” (que sólo llama la atención por sus guitarras con sabor a Oriente Medio). Si bien la mayoría de las letras de este material habla de temas que van desde algunos problemas sociales hasta momentos de introspección, es fácil detectar en ciertas partes que hay una pulla con un objetivo más que evidente, algo que sin dudas termina restándole mérito al conjunto.

Por otra parte, el sello que produjo el álbum (Cleopatra Records) le ofreció a Tate una suma extra de dinero si regrababa algunas canciones de sus días de gloria. El divo aceptó sin dudarlo y decidió fusilarse a las inocentes “I Don’t Believe In Love”, “Empire”, “Jet City Woman” y “Silent Lucidity”. Tal acción tan desafortunada terminó por enterrar cualquier posible simpatía por este trabajo. Y no es que sea exagerada, pero es que por su calidad se sienten más como una falta de respeto hacia la historia de la banda y hacia sus seguidores.

La regrabación de estos clásicos no hizo más que remarcar la falta de cohesión en la banda de Tate y dejar en claro que este, por más leyenda que fuese, no era el máximo responsable de todo el sonido de Queensrÿche. Es imposible no extrañar las contundentes pegadas en la batería por parte del dinámico Scott Rockenfield, así como su estabilidad junto al bajo de Eddie Jackson; tampoco es fácil de ignorar la tremenda labor de Michael Wilton en la guitarra, quien, dicho sea de paso, está muy infravalorado como compositor, pues no cualquiera es capaz de escribir (y coescribir) bestiales canciones de la talla de “Nightrider”, “Blinded”, “Deliverance” o “Surgical Strike”.

No es que se tratara de echar abajo el trabajo de Tate nada más porque sí, a mí en esos tiempos ni siquiera me interesaba tomar el bando de La Torre, pero es que él solito se encargaba de hundirse más y más en el lodo. De nada sirve tener una banda con músicos de altísimo rango cuando eres un cantante sin motivación, no logras producir material digno de ser recordado y ni siquiera te esfuerzas en generar una buena química sobre las tablas para ganar algo de credibilidad. Al evaluar el resultado final yo me pregunto cómo carajos se puede ser tan falto de visión para no sacarle jugo a las colaboraciones de reputados nombres como el de K.K. Downing, Ty Tabor, Dave Meniketti, Chris Poland o Paul Bostaph.

Como ya lo comenté anteriormente, este álbum puede ser evaluado de 2 maneras y, por el peso histórico que tiene, he decidido hacerlo de acuerdo con la perspectiva con la que fue lanzado originalmente: un trabajo de Tate/Slater que quiere ser reconocido como algo que merece llevar el nombre de “Queensrÿche”. Si tomara mucho en cuenta el hecho de que esto estaba peleando con lo que sacaron La Torre y compañía, le pondría un rotundo 0, pero haciendo eso de lado (y por tener a “Cold” y “The Weight of the World”) se queda con un triste y solitario cuerno.

Por fortuna el tiempo fungió de juez ponderadamente y acomodó las cosas de manera razonable, tanto que hasta el mismo Tate se enmendó cediéndole el nombre de la banda a sus excompañeros e incluso reconoció públicamente que actuó mal durante aquella temporada. No sólo eso, sino que además aceptó que grabar este álbum fue una experiencia desastrosa y que es algo que no le gustaría repetir jamás.

Frequency Unknown es la materialización de los pensamientos de un artista que, consciente de su condición de leyenda, muestra su avaricia y ganas de joder por el mero hecho no dejar derrumbar su gigantesco ego. Mi respeto a Tate como músico sigue siendo enorme, pero no voy a negar que esbocé una gran sonrisa de satisfacción cuando supe que el tridente Wilton/Jackson/Rockenfield se hizo legalmente con la marca de “Queensrÿche” y le enseñó el significado de la palabra "humildad" al divo.

La conclusión de toda esta historia la da la grandiosa “Where Dreams Go To Die”, una canción del álbum de los vencedores que destruye sin piedad a este esperpento: “Pensaste que te saldrías con la tuya, pero el karma hizo su trabajo y las malas acciones que has realizado se te regresarán”.

Geoff Tate – Voz
Robert Sarzo – Guitarra (tema 3)
Rudy Sarzo – Bajo (temas 1, 5 y 9)
Simon Wright – Batería (temas 1 y 5)
Randy Gane – Teclados (temas 1, 5–6 y 8–10), Bajo (tema 10), Arreglos orquestales (tema 14), Mensaje de máquina contestadora (tema 12)

Músicos adicionales:
Craig Locicero – Guitarra rítmica (temas 1–10)
Jason Slater – Bajo (temas 2–4 y 6–8), Teclados (temas 7–8)
Martín Irigoyen – Todas las guitarras, Bajo, Batería (temas 11–14)
Paul Bostaph – Batería (temas 6–9)
Evan Bautista – Batería (temas 2–4 y 10)

Invitados espaciales (por orden de aparición):
Kelly Gray – Solo de guitarra en "Cold"
Jason Slater – Solo de Theremin en "Dare"
Jon Levin – Solo de guitarra en "Give it To You"
Chris Cannella – Solo de guitarra en "Slave"
Ty Tabor – Solo de guitarra en "In the Hands of God" y "Everything"
K.K. Downing – Solo de guitarra en "Running Backwards"
Brad Gillis – Solo de guitarra en "Life Without You"
Dave Meniketti – Solo de guitarra en "Fallen"
Chris Poland – Solo de guitarra en "The Weight of the World"
Nina Noir - Coros en "Jet City Woman", Spoken word en "Silent Lucidity"
Emily Tate – Coros en "Silent Lucidity"
Miranda Tate –Coros en "Silent Lucidity"

Sello
Cleopatra Records/Deadline