Funeral Mist - Devilry

Enviado por House el Vie, 20/11/2020 - 08:09
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Pocas cosas me producen más satisfacción que finiquitar la discografía de una banda. Especialmente cuando la cacería de sus discos se ha extendido durante varios inviernos, ya sea por la dificultad de conseguirlos o simplemente porque otras presas se han cruzado en la mira. En el caso particular de Devilry, el EP de estreno de los suecos Funeral Mist, la búsqueda se ha prolongado la friolera de cuatro años. No obstante, hace un par de meses — ¡por fin!— ha caído en mi poder y desde entonces reposa, junto a sus tres hermanos menores, en mis estanterías, tal y como estaba predestinado desde el momento en que descubrí a la banda.

Tampoco vaya a creer nadie que la satisfacción que me produce poder sujetar en mis manos el vinilo de Devilry afecta mi juicio —indudablemente positivo— hacia este álbum. Porque si este no es uno de los diez discos más corrosivos de Black Metal facturados en Suecia durante los noventas, entonces, digamos que debe ser el undécimo. Después de todo, auténticos pesos pesados de la escena como Jon Kristiansen o Erik Danielsson han alabado en algún momento está temprana hazaña del monarca Arioch.

Establecido desde la demo previa —Havoc— como el comandante en jefe de la nave Funera Mist tras la deserción o expulsión del resto de miembros, Arioch rompía con el esquema de Black Metal más o menos tradicional practicado en los primeros días de la banda para entregarse en cuerpo y alma a la violencia sónica total. La propuesta de Devilry coquéate sin tapujos con el satanismo más autodestructivo y representa, junto al Mystérion Tés Anomias de Ofermod y —en menor medida— el Fireborn de Malign, una de las primeras referencias de ese Black Metal Ortodoxo que ya se encontraba a la vuelta de la esquina.

Las letras resultan un tanto rudimentarias tal y como atestigua la inicial “The Devil’s Emissary”: «Hijos de la luz / Torturados debéis morir / Conocéis mi visión, sabéis porque / Pues lo que llamáis desastre, es el arte de nuestro señor». En retrospectiva es justo admitir como al amigo Arioch todavía le faltaba empaparse bastante del evangelio de Juan o la epístola de los Corintios para alcanzar el refinamiento lirico —sin caer en los excesos de unos Deathspell Omega— que exhibiría cinco años después en el fascinante Salvation.

Musicalmente el trabajo también carece de los condimentos extra musicales que abundan en obras posteriores —aquí no hay mostaza gregoriana como en “Sun of Hope” ni cátsup evangélico como en “Blessed Curse”— pero poco importa cuando la enjundia del asunto sesga almas del modo en que lo hacen “Bringer of Terror” o “Nightside Phantom”. Mención aparte merece la idóneamente titulada “Funeral Mist”, una remozada pieza de la demo Darkness que data de los tiempos previos al mandato dictatorial de Arioch. Es un tema que sorprende hacia su mitad con un momento melódico que es una puta delicia. Desde luego, hay cosas que son sencillamente imposibles de ocultar y el hecho de que los suecos tienen una mano especial para trabajar melodías, incluso cuando tratan de ser los más cafres del lugar, es una de ellas.

Finalmente está “The God Supreme”, una canción que curiosamente hace pocos años Arioch entono junto a los islandeses Misthyrming en lo que debe ser uno de los poquísimos momentos en los que este hombre ha interpretado en vivo material de Funeral Mist. El tema me deja un tanto descolocado por culpa de ese breve solo de batería que se marca Necromorbus luego del primer minuto y que me corta un poco el rollo. No obstante, no seré yo quien le regatee méritos al corte por semejante pecata minuta, especialmente cuando justo después de dicha concesión a las percusiones el dúo entra a degüello y ya no da respiro hasta empatar con esa coda cinematográfica que deja el ambiente cargado, viciado, apestando a cámara de tortura de la Santa Inquisición o a cualquier otro lugar que vuestra mente sea capaz de recrear bajo los efectos de esta divina pieza de arte.

Arioch: Voz, guitarra, bajo
Necromorbus: Batería

Sello
Shadow Records