Freedom Call - Stairway to Fairyland

Enviado por Marcapasos el Sáb, 29/11/2014 - 03:20
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1. Over the Rainbow (5:52)
2. Tears Falling (5:39)
3. Fairyland (05:30)
4. Shine On (05:44)
5. We are One (04:57)
6. Hymn to the Brave (04:02)
7. Tears of Taragon (06:56)
8. Graceland (05:39)
9. Holy Knight (05:00)
10. Another Day (05:50)

*Bonus Track*

11. Kingdom Come (04:49)

Hoy vamos a hablar de Freedom Call, una banda que, pese a no ser tan famosa o aclamada como sus compañeros europeos, sí que ha sabido dar sus buenas dosis musicales, no innovando de sobremanera, pero sí dando la oportunidad de ampliar la gama de bandas a disfrutar de los que degustamos nuestro (querido) Power Metal.

Procedente de Alemania, Freedom Call fue fundada en 1998 por Chris Bay y el mismísimo Daniel Zimmermann, batería por aquel entonces de los magnos Gamma ray. Tras reclutar a sus filas a Ilker Ersin (quien había participado anteriormente con Chris Bay en la banda Moon Doc) al bajo y, nada más ni nada menos, que Sascha Gerstner (guitarrista que, cuatro años más tarde, pasaría a formar parte de otro titán del Metal, Helloween), la primera alineación definitiva de Freedom Call vio la luz.
Finalmente, colocándose Chris Bay a la guitarra junto a Gerstner y al micrófono, y Zimmermann a su correspondiente batería, la banda pudo ver estrenada su obra debut, la aquí comentada: Stairway to Fairyland, disco que contó con la colaboración, en su producción, de Charlie Bauerfeind (Saxon, Blind Guardian, Primal Fear, Rage…).
¡Conozcamos los primeros pasos de Freedom Call!

Comenzamos con Over the Rainbow, track inicial que deja, desde sus primeros segundos, una esencia “keeper-hanseniana” total. Y es que, se percibe mucha influencia del Padre Hansen en Freedom Call (melodías, lírica, la voz de Bay… incluso el tío se parece bastante físicamente al voceras). Es un tema donde las guitarras y teclados (tocados también por Bay) nos inundan en su musicalidad, así como su deslumbrante estribillo y sentido épico.
Un breve solo de batería marca Zimmermann nos introduce a Tears Falling, tema que posee un sentimiento muy profundo, con buena participación de los coros, llevándonos por una travesía no menos que fantástica. El propio estribillo es el culmen de todo esto, siendo uno de los más brillantes del disco, Power de lo más dulce y gozoso.
Más pesada, y orientándose más hacia el medio tiempo, escuchamos Fairyland, que, si bien no posee las excelentes cualidades de sus dos predecesoras, sí que nos da la oportunidad de disfrutar de un “power-track” hecho y derecho, lleno de potentes riffs y sonidos de órgano en los teclados. Buen tema que podría pulirse un poco, no obstante.

Pasamos a Shine On, trallazo power en su máxima expresión, con bombásticos ritmos repletos de fantasía y momentos baládicos acompañados de piano que más tarde rompen de lo lindo, dando lo mejor de sí el tema.
Por su parte, We are One (clásico de la banda) hace muestra de esos teclados tan carácterísticos y un estribillo explosivo, altamente pegadizo y perfecto para realizar a coro. Un verdadero himno: we are one, until the end of time!
¡Toca la balada del disco! Llevando por título Hymn to the Brave, es un tema lento, pero apasionado y potente, repleto de coros épicos y melodías de guitarra que nos inundarán por completo. Otro himno para el contador.

Continuamos desentrañando el álbum con Tears of Taragon, la canción más larga del disco (casi siete minutos de duración). Resulta un perfecto ejemplo de armonía entre dureza y poderío guitarrístico y melodiosos movimientos de teclado, todo ello muy bien complementado con el alegre y épico estribillo, tan característico de su buen hacer de “happy metal”.
Debo decir que los dos siguientes temas que vienen ahora son los que menos atención llaman del disco, comenzando por Graceland, el cual, aunque comienza más o menos bien, y va cogiendo carrerilla por el camino correcto, queda finalmente desfavorecido por el pobre estribillo (algo similar a lo que ocurría con Fairyland). Por otra parte tenemos Holy Knight, canción que recoge mucho del Heavy Metal característico de Alemania, duros riffs y un estribillo más crudo, por así decirlo, eso sí, todo ello sin perder la estética que el álbum lleva manteniendo.
Freedom Call cierra finalmente las puertas de su debut con Another Day, la cual va ofreciendo, poco a poco, su contenido, liberando finalmente su melodioso estribillo, un desenlace perfecto para todo aquello que llevamos escuchando durante estos últimos 55 minutos.

No fueron los más originales de su escena, ni lo son ahora ni lo serán nunca, ni musicalmente (no abandonan el sonido “gammarayzado” ni a tirones) ni líricamente hablando (si bien no dejan de repetir su estilo lírico de la “unión entre metalheads-paz mundial-búsqueda de un futuro mejor, de tanto carácter “hanseniano”).
Pero, aún así, se las ingeniaron para lanzar un disco más que bueno, bastante variado en su propuesta (dentro de lo que cabe, quien se meta en este disco ya debe saber dónde se adentra, sorpresas tiene las justas), y encima bien realizado y masterizado (sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un debut), donde los “libertadores” demuestran que no son unos principiantes a la hora de tocar un instrumento.

También es cierto que Stairway to Fairyland tiene cierto toque sentimental, no sólo por ser lanzado en una época en la que el power gozaba de una salud excelente, sino por el hecho de que marcó a la propia banda el sendero a recorrer en el futuro (y los que gustamos de Freedom Call valoramos mucho este aspecto). Sacaron discos excelentes, y muchos otros que no lo eran tanto, pero, aún así, siempre fueron, son y serán ellos mismos, por muy obvio que sea el hecho de que no fueron los primeros ni los mejores en serlo. Objetivo conseguido por los germanos, dejar huella, han dejado, y eso es todo un logro.

Tan sólo cabe proclamar sus más que merecidos 3 cuernos, humildes, pero bien altos y orgullosos, para el primer llamado del deber de los teutones.

Chris Bay / Voz, guitarra y teclado
Sascha Gerstner / Guitarra
Ilker Ersin / Bajo
Dan Zimmermann / Batería

Sello
NTS Records