Forgotten Woods - The Curse of Mankind

Enviado por Witchfyre el Lun, 30/11/2020 - 10:25
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No debemos menospreciar la hazaña del pionero, aquel que, por vez primera, se abre paso entre la espesura para allanar el camino a los que vienen detrás. Cierto es que este oscuro sendero ya había sido transitado por otros antes, básicamente un adolescente llamado Kristian Vikernes (cómo le debía joder el nombrecito de marras), cuyo genio sólo era superado por su inconsciencia, pero este de la desesperación era un territorio todavía algo inexplorado dentro de los confines del black metal cuando debutaron Forgotten Woods a golpe de 1994.

Quedaría ahora de puta madre si me tirase el rollo y os dijera que descubrí a estos noruegos en el 96 cuando editaron este álbum y bla bla bla pero, para qué, no tengo ninguna necesidad. En cambio, fueron otros, sus herederos, los que me llevaron hasta este yermo paraje. Corrían los primeros años de este milenio cuando se empezó a poner “de moda" cierta tendencia dentro de la música extrema que se vino a llamar black depresivo y explotaba la vertiente más autodestructiva y esquizoide de la psique humana. Fue entonces cuando, absorbido por los Shining, Forgotten Tomb, Silencer, Nyktalgia, Abyssic Hate, Wigrid, Krohm, Xasthur…, decidí aventurarme en las raíces del estilo y acabé dando con esa tríada “suicida” noruega formada por Manes, Strid y nuestros desgraciados protagonistas de hoy, Forgotten Woods (obviamente, ya llevaba unos años padeciendo las desventuras del amigo Vikernes a esas alturas y, en cierta medida, también estaba bastante familiarizado con los germanos Bethlehem). Con eso, más o menos, daría por zanjado el debate sobre los “esenciales" para entender de dónde le vino esa obsesión por la autodestrucción a un nutrido grupo de jovencitos metaleros con el cambio de milenio. Luego, se podrían dar otros nombres más marginales en un ejercicio de erudición, pero las claves andarían por ahí y no hace falta entrar más en profundidad.

The Curse of Mankind es un álbum que va a poner a prueba al oído poco entrenado. En primer lugar, ese sonido no entra a la primera. Decir que Forgotten Woods buscaron una propuesta sencilla y descarnada sería quedarme corto. Bien crudito y poco hecho, como en la cocina de vanguardia, esto huele a salmón noruego a medio cocinar. Esa batería suena totalmente desnuda, como grabada en un local de ensayo, y la atmósfera se consigue mediante el distorsionado desgarrar de unas guitarras que no buscan golpear, si no atormentar al oyente. Extrañamente, y a pesar de lo aparentemente inacabado del resultado final, la cosa realmente funciona y establece unos parámetros seguidos hasta la saciedad por bandas del estilo, con una apariencia de desaliño que no puede ser más que consciente. Que no os resulte extraño encontrar al batería trastabillándose en ocasiones o ciertas deficiencias de tempo, la precisión no es una prioridad para estos muchachos.

Por otro lado, The Curse of Mankind representa uno de esos retos poco accesibles que va a agotar la paciencia de más de uno. El cuarteto de las cercanías de Bergen hace de la monotonía un arte, llevando las enseñanzas de Vikernes hasta la extenuación, por ejemplo, en una The Starlit Waters/I, the Mountain que se alarga obsesivamente hasta los 18 minutos sin casi variaciones en su desarrollo. 18 minutos fruto de la más cruda inspiración, sin ponerse ningún tipo de límites y que parecen influidos por un estado de profundo éxtasis narcótico o psicotrópico. ¿Pura improvisación? Lo parece en ocasiones. ¿Influencia de la psicodelia? Hasta es posible. ¿Buscas excitantes experiencias y virtuosos alardes de técnica a gran velocidad? Huye despavorido, Forgotten Woods conseguirán su propósito empujándote al suicidio... por pura desesperación. Eres, en cambio, de los que consigue ver belleza en lo desagradable, de aquellos que disfrutan regodeándose en su propia míseria, The Curse of Mankind es para ti.

No sería, en cambio, esa Starlit Waters… la que elegiría para presentar a Forgotten Woods en sociedad, no, ese dudoso honor lo tendrían, a mi juicio, los estremecedores 12 minutos de Den Ansiktsløse. Desgarrador black metal con devaneos góticos (el de verdad, el de los 80, no esa mierda de metal sinfónico ultra pomposo de finales de los 90), es toda una lección para aquellos que piensan que las influencias de las bandas del llamado “black depresivo” deberían empezar y terminar con Burzum.

Oscurísimos e interminables arpegios capaces de sumirte en la más miserable de las melancolías, conmovedoras, a la par que sencillas, melodías de guitarra que recordarán, de lejos, a los primerísimos Katatonia y Paradise Lost, delicadas acústicas acompañadas de ambientales teclados, obsesivos y toscos riffs en la más pura tradición de aquellos impagables Burzum de los inicios, incluso los coros tan fantasmagóricos de En ring til aa herske planean por toda esa My Scars Hold Your Dreams… Obviamente se pueden trazar influencias en Forgotten Woods sin demasiado esfuerzo, pero su gran mérito reside en marcar la pauta a seguir, literalmente, por aquellas bandas que tan fuerte pegaron en los ámbitos “trues" hará cosa de 15/20 años. ¡Joder! Sí que pasa el tiempo, parece que hace nada de aquello. Y no queda ahí la cosa, si no mucho después una pandilla de lánguidos francesitos con expresión taciturna ponen de moda el shoegaze y el post punk entre la parroquia “depresiva", Forgotten Woods también se anticiparon a ellos con With Swans I'll Share My Thirst en la que hasta se atreven con una armónica. Casi nada…

Tan indigesto como la más desagradable de las especialidades de tu región, el mérito de una obra de arte como The Curse of Mankind va mucho más allá de sus valores puramente musicales. Una manifestación fruto de la expresividad más visceral que sólo puede surgir de mentes tan perturbadas como artísticamente comprometidas. Puede no gustar a todo el mundo, como seguro que tampoco lo hizo El Grito de su compatriota Edvard Munch cuando vio la luz a finales del s. XIX y para el que The Curse of Mankind bien podría suponer un equivalente musical. Seguramente incomprendido en su día, mucho me temo que no correrá mucha mejor suerte en esta ocasión. Afortunadamente, el black metal no es para todo el mundo y así debe ser. Cuatro cuernazos por mi parte, es posible que tú le pongas uno o dos, de ser así, es que no estás preparado para ellos.

- Olav Verland: guitarra y batería
- Rune Vedaa: bajo
- Thomas: voz solista
- Jamne: voces
- Roger: batería (My Scars Hold Your Dreams y The Velvet Room)

Músicos invitados:
- Reinhardt Toresen: coros y armónica

Sello
No Colours Records