Fish - Sala Caracol, Madrid, 17-02-2015

Enviado por El Marqués el Mié, 18/02/2015 - 22:38
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1. Perfume River
2. Feast of Consequences
3. Manchmal
4. Arc of the Curve
5. High Wood
6. Crucifix Corner
7. The Gathering
8. Thistle Alley
9. The Leaving
10. Slainte Mhath
11. Vigil
12. Big Wedge
13. Windswept Thumb/Heart of Lothian
14. Incubus
15. The Company

Inicialmente programados para el pasado otoño, los shows de Fish en Barcelona y Madrid fueron aplazados para el final de la gira, y esta semana hemos podido disfrutar por fin de la presencia y la voz del gigante escocés en ambas ciudades, con set list idéntico en el que han predominado las canciones de su todavía reciente último Cd, unos pocos clásicos de su primer disco en solitario –el mejor de todos-, y tres perlas bien escogidas de Marillion, que justificaron de sobra el desplazamiento a la castiza sala Caracol, en la zona de Embajadores.

Derek William Dick, el hombre conocido como Fish “por las muchas horas que de joven pasaba leyendo en la bañera”, como ha contado él mismo en numerosas ocasiones, no necesita presentación, absolutamente todo lo que grabó con los Marillion de Rothery, Kelly, Trewavas, Mosley y Pointer en los 80 debería formar parte de la discoteca de cualquiera que presuma de ser melómano, la lista de canciones de calidad extraterrena que firmó con esos cinco tíos es abrumadora, su puesta en escena, el magnetismo, la belleza y la magia que aportó es inolvidable, y por momentos incluso superaba a la escenografía de las leyendas del Prog inglés de los 70 que tenemos todos en mente.

Ayer, sobre las tablas de esa sala que siendo generosos rozó los tres cuartos de entrada, no vimos casi nada de eso, sólo a una banda de acompañamiento cumplidora, que dejó todo el protagonismo al carismático frontman, al que se ve avejentado, con sus gafas de profesor progre y el pañuelo palestino, aunque conserva parte de ese aura tan personal y característica que siempre hizo que muchos le siguiéramos con veneración iconográfica.

Mientras sus cuatro acompañantes introducían musicalmente esa “Perfume River” que abre el interesante “A Feast of Consequences” (2013), el hombre que puso voz a “Grendel”, “Chelsea Monday”, “Fugazi” y tantas obras maestras, apareció caminando pesadamente desde la derecha hacia el centro del escenario, sencillo, con predominio de luces rojas, y la pantalla que en ese momento ofrecía el tétrico árbol timburtoniano que ilustra la portada de su último trabajo.

A partir de ese instante, lo esperado: Una primera parte dedicada a dicho disco, solo alternada por dos temas del anterior “The 13h Star”, para lo cual hay que remontarse a 2007 –las correctas “Arc of the Curve” y “Manchmal”-, y un largo discurso verbal centrado en el destino y en el carácter cíclico de la vida recordando su visita al lugar en que su abuelo combatió a los alemanes en la primera guerra mundial, para presentar los cinco temas enlazados que forman el núcleo de “A Feast…”, de “High Wood” a “The Leaving”, generando gracias a las proyecciones en la pantalla un ambiente antibelicista que casi dejaba en nada las parafernalias que monta Roger Waters sobre el mismo tema.

Estremecedor eso sí cuando inició esta fase del concierto recordando a los padres, madres, hijos, hermanos…que han sufrido la pérdida de seres queridos en las guerras, me trajo a la memoria cuando en las giras de los 80 introducía con palabras parecidas su majestuosa “Forgotten Sons”, la mejor canción en mi opinión de Marillion.

“Crucifix Corner” me parece la mejor de esas cinco piezas, y también quedó muy bien la siguiente “The Gathering”, con ese aire tan Jethro Tull que tienen las estrofas.

El público escuchaba con atención, con algún momento para el bostezo en el caso de quienes hubiéramos preferido una alternancia con temas más conocidos desde el principio, como ha hecho en otras ocasiones –en el show de la convención “Gone Fishing” de 2012 cuyo doble Cd/Dvd vendían ayer en el puesto de merchandising sin ir más lejos-, y en general con sumo respeto y silencio. Antes habíamos tenido ocasión de interactuar con él a voces que se escuchaban claramente desde la audiencia, y que respondía con su clásico humor ingenioso. No tardaron en pedirle “Assassing”, y contestó que no, por ser ésa “una canción de amor”, y el momento más cachondo de la noche tuvo lugar cuando gritó al estilo Coverdale: “Hola gente, puedo veros brillar desde aquí”, y siguió con un “Tú brillas, tú brillas, tú brillas, aquel del fondo brilla!”, señalando a unos cuantos calvorotas entre el público.

Eso sí, ventaja de estar entre gente entrada en años: allí nadie daba el coñazo con las camaritas y los móviles en alto, el público escuchaba y participaba del despliegue de un hombre que ya nunca escribirá páginas de gran brillantez en el negocio este del Rock and Roll, pero que se sigue esforzando y mantiene una voz mejor de lo esperado, cuando él mismo ha sido fumador y bebedor empedernido y reconoce que uno de los muchos motivos por los que no se plantea una reunión puntual siquiera con sus viejos compañeros es porque se ve incapaz de reproducir todos los agudos que hay en aquellas canciones.

El viaje al pasado estaba a punto de iniciarse, y sin pausa nos situamos en 1987, con el bufón de las cubiertas de los mejores discos de Marillion por fin en la pantalla, en su versión Bogart taciturno con sombrero que lucía en los días de “Clutching at Straws”, gracias a la estupenda y recordada “Slainte Mhath”, la canción que abría los shows en aquella gira, como quedó inmortalizado en el doble en vivo “The Thieving Magpie”. Cuántos recuerdos, casi lágrimas, mientras cantábamos aquellos “Take me awaaaaaay” entre guitarrazos.

Ahora sí sabíamos que lo mejor estaba por llegar, y bueno, sigue gustándole meter esa “Big Wedge” que considera tan resultona y pegadiza, pese a ser una de las más flojas de su ya lejano debut en solitario, y que pese a ello el público disfrutó por la marchilla que aporta, pero se le perdona todo por la colosal reconstrucción de la compleja “Vigil”, con sus extraordinarios crescendos, y la dificultad que entraña para cantarla, y sobre todo por la inclusión de unos pocos minutos, a modo de traca final, de ese regalo del cielo que es “Misplaced Childhood”, posiblemente el álbum comercial, en el buen sentido de la palabra, mejor escrito de todos los tiempos: “Windswept Thumb”, es decir, la quinta parte de “Bitter Suite”, y la maravillosa “Heart of Lothian” fueron las elegidas, y con ello el punto seguido al concierto.

Una pena que no cantara la coda final de este último tema, aquella bellísima estrofa que finalizaba con el verso lapidario “And the man in the mirror has sad eyes”, de mis momentos favoritos de la historia, aunque solo ver en la pantalla el dibujo del chaval tamborilero de la portada del disco del 85, junto a las columnas del monumento de Calton Hill, desde el que se divisa todo Edimburgo –leches, que ganas me están entrando de viajar-, ponía la piel de gallina.

Para el primer bis nada menos que “Incubus”, una de tantas piezas inmortales de la banda por la que se le recuerda, con imágenes vampíricas del “Nosferatu” de Murnau en la pantalla esta vez, y en el siguiente y último Encore, como dicen los ingleses, la preciosa “The Company”, con su bailecito celta que el artista se marcó invitándonos a seguirle, momento especialmente memorable para el borracho larguirucho con polo blanco que tenía a mi lado, que vio por fin la ocasión de dar la nota con una excusa fundada.

Poco más que contaros, que ya que no vamos a ver jamás a la formación clásica de Marillion on stage, es un buen recurso poder disfrutar durante hora y media del que fuera la voz y principal imagen de la mejor banda de Rock Progresivo de todos los tiempos surgida a partir de 1980.

Fish: Voz
Robin Boult: Guitarra
Steve Vantsis: Bajo
John Becks: Teclados
Gavin Griffiths: Batería