The Firm - The Firm

Enviado por Stoned el Sáb, 26/03/2016 - 13:24
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Paul Rodgers. Ese señor que cada vez se parece más a Chuck Norris, ya saben, aquel que si juega un partido amistoso mueren diez personas, el mismo tipo que cuando corre con unas tijeras en la mano todo el mundo se hace daño menos él. Y que además hacía pelis ochenteras de mamporros, impartiendo justicia yanqui a base de demoledoras patadas voladoras. Ése.

Pues eso. Como buen amante del rock 70’s, tengo a Paul Rodgers como uno de mis vocalistas favoritos de esa época; es cierto que no he seguido sus andanzas en solitario, y quizá me pierda algo. No sé. Pero estoy casi seguro que el Rodgers más interesante, potente y electrizante ya lo tengo en mis discos de Bad Company y Free.

En el año 2008 vi en Madrid a Queen –o sea, Brian May y Roger Taylor- con Paul Rodgers como vocalista, una estrella por sí mismo, sí… pero con la labor de ponerse en el traje de Freddie Mercury, que es un personaje insustituible. Venga quién venga. El que se ponga en esos zapatos… ay, amigo mío. Estás en un serio aprieto del que te será difícil salir indemne, y no digamos ya triunfar. Pues aquella noche de noviembre Paul Rodgers triunfó, ganándose aún más mi respeto para los restos: sin pretender hacer de Mercury cantó maravillosamente en un despliegue totalmente sobrenatural; no hizo olvidar al eterno y llorado vocalista de la Reina, pero también se ganó sus merecidas ovaciones, y eso que sus compañeros eran un May por el que no pasan los años y un Taylor con el carisma totalmente intacto. Cantó, tocó el piano y la guitarra. Con dos huevos toreros. Y como los toreros, salió por la puerta grande del Palacio de los Deportes.

La colaboración de los miembros supervivientes de Queen con el vocalista de Middlesbrough conllevó la realización de dos giras mundiales –de las que salieron sendos CD+DVD- y fue incluso un poco más allá, ya que entre los tres compusieron y grabaron nuevo material, un disco publicado bajo el nombre de ”The Cosmos Rocks” (2008), que si bien no fue nada del otro jueves, al menos quedó algo bonito, como un intento de dar mayor seriedad y entidad al proyecto, que por desgracia no se repitió más.

Pero para Paul Rodgers la aventura con Queen no fue la primera colaboración ilustre que realizaría. A principios de los ochenta, tras la disolución de Bad Company, Rodgers cultivó una tardía amistad con otro insigne del hard rock británico sobre el que no hace falta añadir nada más: Jimmy Page. Ambos, decíamos, comenzaron una amistad que los llevaría durante esa época a visitarse mutuamente en sus mansiones de la campiña inglesa, visitas que solían terminar con los dos tocando todo tipo de instrumentos, cantando y comenzando a componer alguna cosilla. Paul Rodgers y Jimmy Page: dos de los mejores músicos de rock duro de la historia.

Todo indica a que se subieron juntos a un escenario por primera vez en 1983, en un concierto benéfico contra la esclerosis múltiple organizado por Ronnie Lane, bajista y vocalista –junto a un Rod Stewart con un obvio mayor protagonismo como cantante- de los maravillosos The Faces; el propio Ronnie padecía la terrible enfermedad, que le terminaría por llevar a la tumba una década después. Así pues, Page y Rodgers debieron llegar a la conclusión conjunta de que tenían magia, feeling, haciendo música juntos, y pensaron que valía la pena armar una banda. Banda que terminó bautizada como The Firm.

El resto de la formación quedó completada con dos músicos de prestigio que, si bien no eran (o fueron en el futuro) estrellas de la talla de Page o Rodgers, sí tuvieron una reputación más o menos mundial: a la batería Chris Slade, que fue miembro de AC/DC en “The Razors Edge” y su consiguiente gira –en la actualidad y tras los problemas con la justicia de Phil Rudd ha vuelto a recuperar el puesto- y Tonny Franklin al bajo y teclas, quien poco después ingresaría en los Blue Murder de John Sykes, además de ser músico habitual de grandes bandas y solistas del rock inglés de la época.

Así pues, tenemos una alineación de lujo. ¿Qué podía salir mal? The Firm grabaron dos discos, el primero homónimo (1985) y “Mean Bussines” (1986), con sus correspondientes giras por todo el mundo, que acabaron documentadas en forma de DVD’s y/o bootlegs.

De los dos trabajos de estudio que nos legaron The Firm, el más interesante es el primero, y eso que se muestra a todas luces insuficiente ante la conjunción de talentos que lo compuso y grabó; lo primero negativo es la producción: demasiado eco, demasiada indefinición, demasiada frialdad, demasiado plana. Una producción típica de la época, muy de esas bandas mainstream de los ochenta. De las dos estrellas principales de la banda –es decir, Page y Rodgers- destacará mucho más el segundo; a pesar de que el guitarrista de Led Zeppelin figura en los créditos de casi todas las canciones, no termina por tener un primer plano protagonista. O enfocándolo de otra manera: Jimmy Page, uno de los mejores y más influyentes guitarristas de todos los tiempos aparece más bien poco, y cuando lo hace no vemos ni rastro de ese legendario creador de riffs inmortales, de esos solos memorables que quedan fijados en la memoria del oyente para siempre. Jimmy Page ni está ni se le espera.

Y es que en ese mismo 1985, en el que se editó este debut de The Firm, Page estaba en una muy baja forma: según sus propias palabras, habría dejado el caballo –que le demacró a finales de los setenta, siendo seguramente su peor momento al menos como músico- a principios de la década de esos ochenta, pero lo sustituyó por una rica y variada dieta de alcohol. Ese mismo año, Jimmy Page reapareció como miembro de Led Zeppelin junto con sus compañeros supervivientes en el festival Live Aid –con el infumable Phil Collins a la batería- cinco años después de la muerte del llorado Bonzo. Uno de los platos fuertes y más esperados del festival. Pues bien, la actuación fue un absoluto desastre: no era solo que Collins no se supiese las canciones –no habían ensayado ni un solo minuto- ni que el inefable Plant desafinase bien a gusto, con absoluta pasión, es que nuestro querido Page se subió al escenario con un tremendo pedal que le hizo equivocarse continuamente, tocar envuelto en una pesada nube de efectos de guitarra para disimular sus fallos y pelearse con diferentes elementos del escenario –como el pie de micro- de tal moña que llevaba. Así pues, los Zeppelin tiraron por el sumidero gran parte del prestigio que habían acaparado en los gloriosos setenta en apenas veinte minutos… ante los ojos de miles de millones de personas de todo el mundo que siguieron la actuación por televisión.

Así pues, como decíamos Page estaba en un bajísimo momento de forma, y eso se nota en este primer disco de The Firm, en el que Paul Rodgers destaca bastante más que su compañero. Si bien no hay ningún tema realmente malo, la mediocridad envuelve prácticamente todo el álbum. Aún con todo, el debut de la banda deja algún buen momento, alguna buena canción, alguna guitarra de Page que no está del todo mal, y muy buenas partes vocales de Paul. Me quedo con “Radiactive”, “Money Can’t Buy” y las dos que cierran el LP, seguramente las más destacables: “Satisfaction Guaranteed”, con una bonita melodía y un Page en más o menos buena forma, y “Midnight Moonlight”, un largo tema que el guitarrista rescató del cajón de sastre de Led Zeppelin, y que data de las sesiones de “Physical Graffiti”. Una rareza para los acérrimos del la banda inglesa.

Podemos decir que si hubiese sido otra banda la que hubiera editado este disco, quizá no lo consideraría tan deficiente, pero teniendo delante semejante potencial es exigible algo más: es como si te compras un Audi bueno y te tira como un Dacia Sandero: pues oye, no. Devuélveme el dinero. El Dacia puede estar bien, puede hasta gustarme, pero situándolo en su contexto. Al Audi hay que pedirle más, que para eso te estás dejando los billetazos, ¿no?

Algunos años después, ya en los noventa, Jimmy Page intentó un proyecto similar a The Firm, en este caso acompañándose de otro de los grandes vocalistas del rock británico: David Coverdale. Juntos grabaron un disco que no fue demasiado mejor que este debut de The Firm, aunque si algo más inspirado. Pero igualmente fallido.

Y es que ya se sabe, a veces unir dos cosas que te gustan mucho no tiene por qué dar un resultado satisfactorio…

Paul Rodgers: Voz, guitarra
Jimmy Page: Guitarra
Chris Slade: Batería, percusión
Tony Franklin: Bajo, teclados, coros

Sello
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