Eternal Tears of Sorrow - Sinner's Serenade

Enviado por hellfirehorns el Vie, 12/10/2018 - 00:48
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Eternas lágrimas de tristeza.

Imagina un pueblo de ocho mil habitantes, tan al norte de Finlandia que se puede considerar que el polo norte no está lejos. Imagina un pueblo en el que el frío polar forma parte de lo cotidiano, rodeado por bosques y lejos de los núcleos urbanos importantes. Imagina tu vida de adolescente en una población como esta. Ahora vuelve a leer la primera frase de este escrito.

Pudasjärvi es el nombre del paraje. Allí nacieron y crecieron Altti Veteläinen y Jarmo Puolakanaho. Ambos estudiaron en la misma escuela y, casi tanto por obligación como por devoción, decidieron unirse para formar una banda de música. Como ellos mismos argumentan, en un pueblo tan pequeño y apartado como Pudasjärvi, a parte de hacer deporte o tocar un instrumento no había mucho más que hacer.
Así que estos dos chavales finlandeses formaron su primera banda, llamada Andromeda, en el año 1992. Dos años más tarde, esa banda se convertiría en Eternal Tears of Sorrow, y estaría formada por Altti al bajo y la voz, Jarmo a la guitarra y Olli-Pekka Törrö a la otra guitarra. Ambos guitarras se ocupaban de los teclados. En cuanto a la batería, era un ordenador quien se hacía cargo de caja, bombo, timbales y platos, no disponiendo de una persona que se ocupara de enfundar las baquetas.
Ellos mismos describen los primeros 90 como una buena época. Un tiempo en el que, por cierto, compartían local de ensayo con unos amigos que tenían un grupo llamado Ancestor, que posteriormente renombraron como Kalmah.
Después de grabar dos demos en el año 1994, llamadas “The Seven Goddesses of Frost” y “Bard's Burial”, en el año 1997 se lanzaron a publicar su primer larga duración, “Sinner’s Serenade”, con la misma formación con la que comenzaron su andadura como Eternal Tears of Sorrow.

Amanecer.

Lo primero que nos muestra un álbum, normalmente, es su portada. En este caso Eternal Tears of Sorrow nos invitan a su colección de canciones a través de unos dibujos rupestres que seguramente provienen de las cuevas de Värikallio, ubicación que se encuentra a menos de dos horas en coche de Pudasjärvi. Ya desde la portada nos dejan ver que la cultura finlandesa va a tener un lugar importante en el disco. Sobre estas imágenes rupestres aparece el nombre del grupo, en rojo, en una tipografía algo infantil, que bien podría haber diseñado el hermano pequeño de Jarmo.
“Dawn” es lo primero que suena al pulsar el play. Se trata de una introducción simple de teclado, prácticamente ambiental, que se encarga de allanar el camino de la primera canción, orientándonos hacia los principales tonos que vamos a escuchar.

Otro más cae dormido.

Siguiendo las principales notas que hemos escuchado en “Dawn” comienza el metal. Inmediatamente entra la voz Altti; una voz gutural, grave, no muy pulida, que nos describe un cielo que se vuelve rojo y nos cuenta sobre una bruja que vivía en una colina. Mientras, el doble pedal de la batería programada nos destroza las cervicales. “Another One Falls Sleep” es un medio tiempo cargado de doble pedal y guitarras que dibujan melodías emotivas mientras rascan sus cuerdas sin parar. Después de la primera estrofa descubrimos la influencia de Edge of Sanity en este tema. A mitad de la canción, en su parte lenta, la influencia que aparece es la de Dismember. No es de extrañar, en un primer álbum, que la inspiración en otras bandas sea muy clara. Influencias a parte, en mi opinión estamos ante el mejor corte del álbum.

La ley de las llamas.

Una melodía de guitarra algo más alegre, casi folclórica, da inicio a otro medio tiempo llamado “The Law of the Flames”. En esta ocasión la batería programada prescinde del doble pedal, haciendo que el tema nos parezca más pausado. Esta melodía inicial de guitarra se va repitiendo durante toda la canción, jugando con distintas notas dentro del mismo patrón y la misma escala. A pesar de ello no se trata de una canción repetitiva, puesto que utilizan recursos que la amenizan, como la guitarra limpia acompañada por voces susurrantes. En el apartado letras, Altti nos habla sobre la quema de brujas, y de cómo hacían arder a mujeres inocentes por sospechas infundadas por rumores inspirados por el miedo.

Endecha.

Una endecha es una canción triste y de lamento, que en ocasiones se entona porque alguien ha muerto. Y de eso trata “Dirge”, pues describe la muerte en primera persona, desde el punto de vista de alguien que ya está camino al otro mundo, y nos cuenta de las dudas que tiene sobre lo que le espera. En algunas partes de este tema se recuperan los ritmos a doble pedal. Las guitarras no paran de dibujar melodías, más cambiantes que las que hemos escuchado hasta ahora. En este caso no se acogen a una melodía base sino que juegan con distintos dibujos melódicos. A pesar de su variedad, no consigue atrapar tanto como los dos temas anteriores, aunque tiene momentos realmente buenos.

En las aguas más profundas.

Solo Altti, Jarmo y Olli-Pekka saben realmente por qué nombraron “Into de Deepest Waters” a esta canción instrumental de dos minutos de duración. Puede que el motivo sea que sus melodías dibujan en nuestra mente a un navío vikingo navegando por el Golfo de Botnia; que su ritmo emula al balanceo de un barco, de izquierda a derecha, una y otra vez. Se trata de un tema simple, basado en la repetición de una melodía resultona sobre una guitarra rítmica constante y repetitiva, que no pasa de entonar dos acordes.

La serenata del pecador.

“Sinner’s Serenade” es un medio tiempo que comienza con unas notas de teclado tubular. La guitarra no tarda en entrar a lanzar las melodías de carácter festivo. Altti canta, con unos guturales algo tranquilos, sobre un cuervo y el viaje hacia la muerte, en una letra inspirada por la cultura escandinava, en la que esta ave tiene especial importancia.
Mi Dios, el viento maligno.
El siguiente tema del disco comienza con el sonido agudo de unos timbales, que parecen ser los del sonido de batería de un teclado Casio infantil, quizás tocados por la misma persona que diseñó las letras del grupo que se exhiben en la portada. Estos timbales se repiten durante casi toda la canción, mientras escuchamos unas melodías de guitarra arábicas, al más puro estilo Amorphis. “My God, The Evil Wind” vuelve a ser un medio tiempo, en el que las vuelven a ser muy vikingas, hablando de navegar por el mar y de dioses paganos.

Marcha.

Como su título dice, “March” comienza como una marcha. Sus primeros acordes y melodías son muy parecidos a los escuchados en “Into the Deepest Waters”. Llegados a este punto, esta canción no nos presenta nada nuevo y el disco se nos empieza a hacer algo largo. Las letras siguen la misma tónica y habla sobre una marcha nocturna de brujas, describiéndola con los detalles típicos del género.

El entierro de bardo.

Con “March” termina la colección de canciones que Eternal Tears of Sorrow compuso y grabó en el año 1997. A partir de aquí nos presentan tres canciones de su demo “Bard’s Burial” del año 1994. Las grabaciones son las mismas que aparecieron en la maqueta, aunque remezcladas para este álbum. Y sin duda se nota en lo primitivo del sonido y en la voz de Altti, que suena algo más inexperta, si cabe.
“Bard’s Burial” es la primera canción que nos presentan. Un tema de menos de dos minutos de unas melodías de cauce folclórico-festivo, durante los cuales Herra Veteläinen canta con una tonalidad que pretende ser gloriosa, diciendo que han venido al entierro del bardo para celebrar su último viaje a Walhalla.

El hijo del bosque.

La siguiente canción del disco aporta elementos distintos a lo escuchado hasta ahora, lo cual se agradece. Comienza con unos arpegios en una guitarra limpia a las que acompaña la otra guitarra dibujando melodías. Después la canción arranca, machacona, dejando a un lado la sobresaturación de melodías y centrándose en unas guitarras más rítmicas, acercándose al death metal. Estamos ante la canción más distinta del álbum, y la única que nos deja disfrutar de unos pequeños momentos de baterías y guitarras veloces. En cuanto a las letras, “The Son of the Forest” habla sobre el apego que le tienen al bosque, sintiéndose hijo de este.

Ojos vacíos.

En “Empty Eyes” volvemos a tener un medio tiempo cargado de melodías de guitarra repetitivas, que no cesan durante los casi seis minutos que dura la canción. En esta canción nos cuentan la historia de una niña loca, que baila todas las noches, y que termina muriendo. En la parte central del tema encontramos varias variaciones de melodías y de ritmos que aportan variedad al cierre del álbum, aunque demuestran algo de inexperiencia y de falta de definición de un criterio compositivo claro, típico de una maqueta.

Y así termina el debut discográfico de Eternal Tears of Sorrow. Un primer disco con un sonido muy primitivo (pues solo tuvieron cinco días para grabarlo y mezclarlo) y del que se pueden rescatar las dos primeras canciones. Y aunque no pasa a la historia como una obra maestra, como mínimo sienta las bases para la carrera musical de Eternal Tears of Sorrow y nos deja algunos buenos momentos de death/doom melódico nórdico. Tres cuernos bajos para la serenata del pecador (a pesar de su batería programada).

Altti Veteläinen: voz, bajo
Jarmo Puolakanaho: guitarra, teclados, programación de la batería
Olli-Pekka Törrö: guitarra, teclados, programación de la batería

Sello
X-Treme Records