Eskorbuto - Demasiados enemigos...

Enviado por Onán el Jue, 22/04/2010 - 23:02
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1. Adiós reina mía
2. Presagio
3. Eskorbutín
4. Cosas de la vida
5. Únete al desorden
6. Emborráchate
7. Intolerable
8. En la luna
9. Nueva esperanza
10. No quiero cambiar
11. La mejor banda del mundo

Adiós, reina mía, parece que marcho de aquí. El último disco de Eskorbuto no puede empezar de manera más bella y a la vez más explícita. La poesía más o menos simbólica que sigue a estas palabras es digna de pasar a la historia junto a la obra de los más grandes, aquellos que juntan palabras con una intuición que no está al alcance de cualquiera. Cuando me marche, reina mía, no me olvidaré de ti, no me olvidaré de ti. La canción es de Josu, aunque la acertadísima voz de Jualma la eleva a lo más alto con esa mezcla de emoción, enfermedad, orgullo y desdramatización arrogante de cualquier cosa que tuviera entre manos, por trascendente que fuera. Aire casi despectivo, toses, glisandos certeros del bajo. Ahí quedó todo en esta especie de single eterno, de estremecedora foto fija. Murieron al cabo de muy poco, sí, (Los cielos se nublan, los cielos se nublan perdiendo el control...), pero dejaron hecho esto. Cuando más hechos polvo estaban.

Lo que sigue a esta canción inigualable es otro disco de Eskorbuto en una línea similar a la de Las más macabras de las vidas, aunque con el fuelle iracundo un poco más desinflado. Sigue presente la agresiva desesperación de Josu, pero circunscrita a un menor número de intervenciones vocales que suenan ya más desgastadas, menos "heroicas", no tan atinadas, y hacen que se agradezca la mayor presencia de la estupenda voz de Jualma, con su inimitable forma de transmitir. Quizá estaba realmente dicho ya casi todo con aquel intenso grito de rabia que planea como una sombra a lo largo de todo el disco anterior. O quizá simplemente había menos fuerzas, o las dos cosas.

Presagio consigue que el disco continúe fluyendo de manera lógica, y constituye una especie de oscuro puente muy bien colocado entre la despedida de Adiós reina mía, casi festiva al fin y al cabo, y otros cortes posteriores, más en el estilo típico del grupo. Como en el disco anterior, el cinismo queda postergado para un poco después. Primero había que poner los puntos sobre las íes. El título del tema no deja lugar a dudas sobre su contenido (como el propio título del disco), y menos aún la cita musical que hacen de Tragedia, un tema de su discografía anterior. La letra parece encontrar cierto tipo de consuelo en lo inevitable: y que nadie espere volverme a engañar...

Aquí llega Eskorbutín, el auténtico himno del disco, una especie de desordenada y aleatoria declaración de intenciones, una afirmación triunfal de no se sabe exactamente qué pero que entra hasta el fondo y se lee como un libro abierto. Empiezan a aparecer las primeras dosis de ese cinismo tan orgulloso y especial, preñado de un aire casi mítico. En esta época no ensayaban canciones de estos últimos discos, y no las tocaban en directo. Una auténtica lástima, teniendo algunas como ésta, que parece destinada a levantar muchos corazones al unísono. Emocionarnos sin necesidad de comprender por qué: eso que sólo los más grandes nos pueden brindar, sin necesidad incluso de que "comprendan" plenamente ellos mismos. Parecen actuar como sutiles catalizadores de algo que está en el aire, algo que entrevemos pero sólo unos pocos pueden asir y acercarnos.

Cosas de la vida nos trae por fin las maneras más tradicionales de Eskorbuto, aunque el grupo ya no era el mismo y su lucidez había ido aumentando exponencialmente. Aquí el cinismo exultante llega a sus cotas más altas, de la mano de una simpleza casi naíf en la expresión. Una joya. Como si la gran Gloria Fuertes enloqueciera y saliera a la calle blandiendo un AK-47. Se le habrían ocurrido rimas parecidas seguramente.

Después de haber sido llevados de la mano durante cuatro temas por la empática voz de Jualma, los dos cortes que siguen hacen que la garganta y las palabras de Josu nos lijen los tímpanos de manera un poco intempestiva, terminando la cara A como atragantados y con un gargajo negro en el gaznate. Únete al desorden, con su letra exasperante ante la que no sabe uno cómo reaccionar, y Emborráchate, en la que directamente nos invita a probar el alcohol de 96º, quizá habrían logrado armonizar su musicalidad y su crudo cinismo cantadas por otra voz que no se pasara tantos pueblos. Josu fue un fuera de serie como poeta, pero era la voz de Jualma la que en muchas ocasiones ponía de alguna manera las cosas en su sitio. Un ingrediente esencial. Con todo y con eso, no es difícil aprender a querer estas dos canciones: forman parte de un gran disco que merece la pena aceptar como un todo.

La cara B comienza de nuevo con la voz de Josu, aunque esta vez la filosofía que nos brinda en Intolerable, llena de certera misantropía, es de tal calidad que no hay nada que decir. La música, cabezona y entretenida, ayuda a un resultado agradable que esta vez consigue aunar de manera armoniosa lo desesperado con lo musical. Un gran tema que me recuerda un poco a los ambientes más lúcidos que creó Josu para Los demenciales chicos acelerados.

Más inspirado si cabe es lo que sigue, la maravillosa En la luna, de nuevo con ese punto mítico, atemporal, que tienen muchas canciones del grupo. Porque nena, sabrás que siempre estoy en la luna, y así seguiré. Autoafirmación más tranquila esta vez, más “de andar por casa”, pero no menos destinada a la sanación, al consuelo. Soy así. ¿Qué pasa? Lo que no sabía o podía verbalizar ante el espejo el enfermo personaje de Robert de Niro en Taxi driver. Lo contrario. Cosas así hacen de Eskorbuto algo verdaderamente balsámico, dulce, aunque en todo momento parezca o quisiera parecer que se hallaba en las antípodas de lo bueno. Esa especie de monstruosidad lírica que se atribuían no era tal, o como mucho constituía una pequeña parte del todo.

La canción que sigue, Nueva esperanza, me eriza el vello como las que más. La repetición interminable de la frase Nueva esperanza para los desesperados, como un salmo sobre la base estremecedora de cuatro acordes que se arrastran hasta el infinito, va dando paso de vez en cuando a unas breves estrofas, más enervadas, que despliegan breves perlas de la poesía más pura. Unas esperanzadoras, otras desesperantes hasta la náusea. Así, indistintamente, sin cortarse un pelo. Y de nuevo vuelve a arrastrarse el repetitivo estribillo una y otra vez, transmitiendo su mensaje ambiguo que habla de nueva esperanza pero lo hace de forma extrañamente lánguida, decaída. Los pelos como escarpias cada vez que Jualma vuelve a la carga con nuevas estrofas sobre esa enervante caja a tierra de Paco. Aquí estamos los desahuciados siendo tratados como esclavos. ¡Alcemos nuestro puño, alcemos nuestro rango! De verdad que una frase así no se le puede ocurrir a casi nadie, aunque pueda no parecer así.

Cuando el disco está a punto de acabar, inexplicablemente nos clavan la reposición de No quiero cambiar, una canción antigua (autoafirmación, etc) que se pasa mil pueblos cuando dice He visto violar y seguro que su hombre nunca se lo hizo mejor. No os conocí en persona, pero seguro que ni de lejos erais tan chungos como queríais hacer ver, amigos. Además eso ya estaba dicho, por qué repetirlo.

Sin embargo la frase final de la canción, Próximo tren con destino al infierno va a efectuar su salida (más cinismo en la voz de Jualma), hace que la cosa cobre pleno sentido. Porque esta vez era verdad. Se acabaron las bromas. Ahora sólo quedaba despedirse del todo, y de ello se encargó de nuevo Josu con la grandísma La mejor banda del mundo, una especie de fábula en que un grupo, en su estilo el mejor, cambia los instrumentos por armas. Resulta difícil no entender la trama de la canción como protagonizada por un alter ego de los propios Eskorbuto, y en la voz de Josu esta suposición tiene cierta ternura por las cosas que dice, rematadas por estas últimas palabras: Ya no gritan, disparan. Y es que no había ya necesidad de demostrar nada. Estaba todo más que claro, expresado en diez años gloriosos de trayectoria, cuya forzosa caducidad, (la heroína es una mierda, pero eso lo descubrieron demasiado tarde), no impidió su madurez más plena, sino que más bien la aceleró y consagró. Adiós para siempre, Josu, Jualma, algunos llevamos muy adentro lo que dejasteis grabado. Y gracias, ¡gracias!, por este esfuerzo final.

Josu Expósito: Voz, guitarras
Jualma Suárez: Voz, bajo
Pako: Batería

Sello
Matraka Diskak