Diabolical Masquerade - Nightwork

Enviado por MetalPriest el Vie, 05/01/2018 - 23:46
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1. Rider on the Bonez
2. Dreadventurouz
3. The Zkeleton Keys to the Dead
4. Thiz Ghoultimate Omen
5. All Onboard the Perdition Hearze!
6. The Eerie Obzidian Circuz
7. Haunted by Horror

Cuando se había fundado en 1993 el proyecto Diabolical Masquerade, no parecía que fuera a ir demasiado lejos, a pesar de las personalidades que estaban implicadas en el ajo. La sorpresa máxima fue cuando Blackheim echó al mundo el Ravendusk In My Heart y nos demostró que no sólo se las apañaba perfectamente para componer en solitario, sino que era capaz de hacerlo sensacionalmente y capaz de acompañar su música con una excelente historia conceptual. Aquel suceso en 1996 era tan solo el principio. Y es más: parecía que Diabolical Masquerade cogían ritmo y destreza. Porque un año más tarde, saldría el The Phantom Lodge, y otro más adelante, en 1998, lo haría el Nightwork. Tercer álbum por tercer año consecutivo de Blackheim y su proyecto de black metal Diabolical Masquerade.

La evolución de la agrupación era palpable en cada trabajo de estudio, y aunque no se notase un avance en demasía entre el Ravendusk y el Phanton Lodge, sí que lo hubo con más intensidad entre estos dos y el Nightwork ¿Por qué? Porque en esta tercera placa de Diabolical Masquerade se notaba una coherencia más clara y unos riffs y melodías más digeribles, incluso memorizables. Diabolical Masquerade incrementa su protagonismo en esas rítmicas tan pedregosas, contundentes y crujientes. No es un cambio a nivel musical excesivamente claro, pero sí que se nota un refinamiento, un enfoque nuevo en lo compositivo a pesar de utilizar las mismas herramientas. Y todo esto, sin olvidar las mejorías más obvias como lo son las baterías de Dan Swanö, las cuales alcanzan un nuevo nivel de profundidad y elaboración. El uso de teclados, que si bien no es superior, sí que tiene un uso algo más discreto, más ornamental y menos protagonístico. No se si se me entiende. Es sencillamente que los teclados y añadidos tienen un papel más equilibrado. Incluso esos detalles extras tienen un poco más de profundidad con la inclusión de flautas y violonchelos reales. En otras palabras: el proyecto va sonando más y más orgánico y refinado.

Sobre el enfoque del Nightwork planteado por Blackheim, hay que decir que conserva fenomenalmente esa fantasía y magia que caracteriza a Diabolical Masquerade, ¡Qué demonios! Hasta las melodías principales de cada una de las canciones son pura fantasía. Todo se ve más robusto y mejor proporcionado en Nightwork. Y lo más encantador que le noto yo como fan de las guitaras que soy, es que es un álbum de riffs, un trabajo cuyo máximo protagonismo radica en las hachas y en lo contundente de sus pasajes. Un poco en el estilo de Immortal y similares, pero con un plus extra de melodía y variedad. Por otro lado, el artwork, que nos representa el osario de Sedlec (República Checa), conjunta perfectamente con la música y mensaje que Blackheim trata de transmitir este álbum. La imagen, con sus luces y sus sombras mostrando ese inquietante panorama, es capaz de atrapar incluso a los menos incautos. De hecho, compararía el efecto de la portada con el afamado pozo en la película de “The Ring”, un atrape que te lleva directo a las tinieblas.

La inicial Rider on the Bonez (muy en sintonía con el artwork el título), nos define perfectamente a qué me refería con lo de las guitarras. Cada melodía o ataque que lanzan en esta opening… es definitivo. Un triunfo. Triunfo que… nos introduce con excepcional belleza a uno de los grandes álbumes que parió el black metal en 1998 junto al Supreme Immortal Art (Abigor), el Dead Like An Angel (Korova) o el Blodhemn (Enslaved). La canción Dreadventurouz, juega más con la mezcla y ecualización, atacándonos tanto por la derecha como por la izquierda con riffs espesos de puro pedrusconio, y esto, aderezado con teclados vampirescos de mucha clase. El desarrollo de esta Dreadventurouz a The Zkeleton Keyz to the Dead sucede con naturalidad, ofreciendo una solista indómita que parece resistirse a la tormenta que se desata en el resto del álbum. Diabolical Masquerade van viento en popa; haciendo un esfuerzo compositivo titánico y, como se merecen, triunfando.

Tal vez el arranque sinfónico-trepador arquetípico de Thiz Ghoultimate Omen sea capaz de despertarnos tibiamente de este mágico conjuro, pero la evolución de este cuarto track pone las cosas en su sitio a pesar de su claro enfoque “emperorista”. También ayuda que sea la canción más corta del Nightwork… Por otro lado, All Onboard the Perdition Hearze! es un claro ascenso a la excelencia, desde la intro cósmico/maléfico/astral pasando por los solos que va despidiendo Blackheim a lo largo de la pieza. Muy progresiva la Perdition Hearze esta. Vale la pena escuchársela a cualquier hora que se te ponga por delante; porque tiene tantos matices y enfoques tan ricos, que es imposible no tomarle devoción siendo un amante del black metal o (simplemente) del metal extremo.

La potente The Eerie Obzidian Circuz es posiblemente de las canciones más características del álbum debido a su uso de melodías disonantes y el trato del audio para rodearnos con sus riffs (atacando intermitentemente a izquierda y derecha a toda velocidad). Eerie es, sin lugar a dudas, una de las canciones más ambiciosas y eclécticas que jamás creó Blackheim en su fructuosa existencia, y ojo porque no es decir poco. No perdáis detalle a nada. Ni un instrumento. Ni un pasaje. Nada es desechable. Finalmente, Haunted by Horror cierra el Nightwork aportando ese toque épico que se busca en el desenlace de toda gran obra de arte... bien sea de la literatura, del cine, o como en este caso: de la música. Aún con todo, Haunted by Horror no tira por tierra la ocasión de juguetear (como sucede en casi todos los temas del álbum) con ciertas melodías o pasajes burlescos o satíricos, como tratando de poner contrapuntos a sus clímax musicales tan logrados.

Nightwork es un álbum de matices, de capas… uno de esos trabajos que te puede atrapar a la primera escucha pero que oculta muchísimo más en su interior para las visitas sucesivas. Sorprende por su fondo. Un poco como los icebergs ¿no? La mayor parte de su cuerpo, está oculta. Impresiona que pasase poco más de un año entre la salida de The Phantom Logde y la de este álbum que nos ocupa. Te hace pensar, sobre todo cuando te acuerdas de que tanto Blackheim como Dan Swanö tocaban en otros proyectos y tenían otros compromisos a parte de Diabolical Masquerade. Muchos de estos… a la altura o incluso más valorados que los propios Diabolical Masquerade. Este razonamiento nos lleva inexorablemente a la consiguiente conclusión: que Nightwork, a parte de ser un “trabajo nocturno”, es un trabajo clave: un "work of art".

Posteriormente, estos dos genios del metal compondrían el extravagante y polémico Death's Design (2001), y al poco, Diabolical Masquerade entraría en hibernación. Habrían pasado unos diez años activos hasta el carpetazo. Posiblemente algún día regresen… y sería uno de los regresos más emocionantes del metal extremo escandinavo. Pero por el momento, tenemos su legado. Sus cuatro álbumes de estudio. ...y este Nightwork de 1998… el mejor a mi gusto. El más asequible y elaborado.

Cinco cuernos. 9,5.

Blackheim: voz, guitarras, bajo, teclados y producción.

Músicos de Estudio:

Dan Swanö: batería, teclados, voces adicionales y producción.
Ingmar Döhn: violonchelo y bajos adicionales.
Marie Gaard Engberg: flauta.

Sello
Avantgarde Music